El mun­do medio siglo des­pués por Fidel Cas­tro

Al cum­plir­se hace dos días el 51 ani­ver­sa­rio del triun­fo de la Revo­lu­ción, acu­die­ron a mi men­te los recuer­dos de aquel 1º de Enero de 1959. Nin­guno de noso­tros ima­gi­nó nun­ca la pere­gri­na idea de que trans­cu­rri­do medio siglo, que pasó volan­do, lo esta­ría­mos recor­dan­do como si fue­ra ayer.


Duran­te la reu­nión en el cen­tral Orien­te, el 28 de diciem­bre de 1958, con el Coman­dan­te en Jefe de las fuer­zas enemi­gas, cuyas uni­da­des éli­tes esta­ban cer­ca­das y sin esca­pe alguno, este reco­no­ció su derro­ta y ape­ló a nues­tra gene­ro­si­dad para bus­car una sali­da deco­ro­sa al res­to de sus fuer­zas. Cono­cía de nues­tro tra­to humano a los pri­sio­ne­ros y heri­dos sin excep­ción algu­na. Acep­tó el acuer­do que le pro­pu­se, aun­que le adver­tí que las ope­ra­cio­nes en cur­so pro­se­gui­rían. Pero via­jó a la capi­tal e ins­ti­ga­do por la emba­ja­da de Esta­dos Uni­dos pro­mo­vió un gol­pe de Esta­do.


Nos pre­pa­rá­ba­mos para los com­ba­tes de ese día 1º de Enero, cuan­do en la madru­ga­da lle­gó la noti­cia de la fuga del tirano. Se impar­tie­ron órde­nes al Ejér­ci­to Rebel­de de no admi­tir el alto al fue­go y con­ti­nuar los com­ba­tes en todos los fren­tes. A tra­vés de Radio Rebel­de se con­vo­có a los tra­ba­ja­do­res a una Huel­ga Gene­ral Revo­lu­cio­na­ria, secun­da­da de inme­dia­to por toda la nación. El inten­to gol­pis­ta fue derro­ta­do, y en horas de la tar­de de ese mis­mo día nues­tras tro­pas vic­to­rio­sas pene­tra­ron en San­tia­go de Cuba.


El Che y Cami­lo reci­bie­ron ins­truc­cio­nes de avan­zar rápi­da­men­te por la carre­te­ra, en vehícu­los moto­ri­za­dos con sus ague­rri­das fuer­zas, hacia La Caba­ña y el Cam­pa­men­to Mili­tar de Colum­bia. El ejér­ci­to adver­sa­rio, gol­pea­do en todos los fren­tes, no ten­dría capa­ci­dad de resis­tir. El pro­pio pue­blo suble­va­do, ocu­pó los cen­tros de repre­sión y las esta­cio­nes de poli­cía. El día 2, en horas de la tar­de, acom­pa­ña­do por una peque­ña escol­ta, me reu­ní en un esta­dio de Baya­mo con más de dos mil sol­da­dos de los tan­ques, arti­lle­ría e infan­te­ría moto­ri­za­da, con­tra los cua­les había­mos esta­do com­ba­tien­do has­ta el día ante­rior. Por­ta­ban toda­vía su arma­men­to. Nos había­mos gana­do el res­pe­to del adver­sa­rio con nues­tros auda­ces, pero huma­ni­ta­rios méto­dos de gue­rra irre­gu­lar. De este modo, en solo cua­tro días ‑des­pués de 25 meses de gue­rra que reini­cia­mos con unos pocos fusiles‑, alre­de­dor de cien mil armas de aire, mar y tie­rra y todo el poder del Esta­do que­da­ron en manos de la Revo­lu­ción. En solo pocas líneas rela­to lo ocu­rri­do aque­llos días hace 51 años.


Comen­zó enton­ces la prin­ci­pal bata­lla: pre­ser­var la inde­pen­den­cia de Cuba fren­te al impe­rio más pode­ro­so que ha exis­ti­do, y que nues­tro pue­blo libró con gran dig­ni­dad. Me com­pla­ce hoy obser­var a aque­llos que por enci­ma de increí­bles obs­tácu­los, sacri­fi­cios y ries­gos, supie­ron defen­der a nues­tra Patria, y en estos días, jun­to a sus hijos, sus padres y sus seres más que­ri­dos, dis­fru­tan la ale­gría y las glo­rias de cada nue­vo año.


En nada se pare­cen, sin embar­go, los días de hoy a los de ayer. Vivi­mos una épo­ca nue­va que no tie­ne pare­ci­do con nin­gu­na otra de la his­to­ria. Antes los pue­blos lucha­ban y luchan toda­vía con honor por un mun­do mejor y más jus­to, pero hoy tie­nen que luchar, ade­más, y sin alter­na­ti­va posi­ble, por la pro­pia super­vi­ven­cia de la espe­cie. No sabe­mos abso­lu­ta­men­te nada si igno­ra­mos esto. Cuba es, sin duda, uno de los paí­ses polí­ti­ca­men­te más ins­trui­do del pla­ne­ta; había par­ti­do del más bochor­no­so anal­fa­be­tis­mo, y lo que es peor: nues­tros amos yan­kis y la bur­gue­sía aso­cia­da a los due­ños extran­je­ros eran los pro­pie­ta­rios de las tie­rras, los cen­tra­les azu­ca­re­ros, las plan­tas de pro­duc­tos de bie­nes de con­su­mo, los alma­ce­nes, los comer­cios, la elec­tri­ci­dad, los telé­fo­nos, los ban­cos, las minas, los segu­ros, los mue­lles, los bares, los hote­les, las ofi­ci­nas, las casas de vivien­da, los cines, las impren­tas, las revis­tas, los perió­di­cos, la radio, la nacien­te tele­vi­sión y todo cuan­to tuvie­ra un valor impor­tan­te.


Los yan­kis, apa­ga­das las ardien­tes lla­mas de nues­tras bata­llas por la liber­tad, se habían arro­ga­do la tarea de pen­sar por un pue­blo que tan­to luchó por ser due­ño de su inde­pen­den­cia, sus rique­zas y su des­tino. Nada en abso­lu­to, ni siquie­ra la tarea de pen­sar polí­ti­ca­men­te, nos per­te­ne­cía. ¿Cuán­tos sabía­mos leer y escri­bir? ¿Cuán­tos lle­gá­ba­mos siquie­ra al sex­to gra­do? Lo recuer­do espe­cial­men­te un día como hoy, por­que ese era el país que se supo­nía per­te­ne­cía a los cuba­nos. No cito más cosas, por­que ten­dría que incluir muchas más, entre ellas las mejo­res escue­las, los mejo­res hos­pi­ta­les, las mejo­res casas, los mejo­res médi­cos, los mejo­res abo­ga­dos. ¿Cuán­tos éra­mos los que tenía­mos dere­cho a ello? ¿Quié­nes poseía­mos, sal­vo excep­cio­nes, el dere­cho natu­ral y divino de ser admi­nis­tra­do­res y jefes?


Nin­gún millo­na­rio o suje­to rico, sin excep­ción, deja­ba de ser jefe de Par­ti­do, Sena­dor, Repre­sen­tan­te o fun­cio­na­rio impor­tan­te. Esa era la demo­cra­cia repre­sen­ta­ti­va y pura que impe­ra­ba en nues­tra Patria, excep­to que los yan­kis impu­sie­ran a su anto­jo tira­nue­los des­pia­da­dos y crue­les, cuan­do con­ve­nía más a sus intere­ses para defen­der mejor sus pro­pie­da­des fren­te a cam­pe­si­nos sin tie­rra y obre­ros con o sin tra­ba­jo. Como ya nadie habla siquie­ra de eso, me aven­tu­ro a recor­dar­lo. Nues­tro país for­ma par­te de los más de 150 que cons­ti­tu­yen el Ter­cer Mun­do, que serán los pri­me­ros aun­que no los úni­cos des­ti­na­dos a sufrir las increí­bles con­se­cuen­cias si la huma­ni­dad no toma con­cien­cia cla­ra, cier­ta y bas­tan­te más rápi­da de lo que ima­gi­na­mos de la reali­dad y con­se­cuen­cias del cam­bio cli­má­ti­co oca­sio­na­do por el hom­bre, si no se logra impe­dir­lo a tiem­po.


Nues­tros medios se comu­ni­ca­ción masi­va han dedi­ca­do espa­cios a des­cri­bir los efec­tos de los cam­bios cli­má­ti­cos. Los hura­ca­nes de cre­cien­te vio­len­cia, las sequías y otras cala­mi­da­des natu­ra­les, han con­tri­bui­do igual­men­te a la edu­ca­ción de nues­tro pue­blo sobre el tema. Un hecho sin­gu­lar, la bata­lla en torno al pro­ble­ma cli­má­ti­co que tuvo lugar en la Cum­bre de Copenha­gue, ha con­tri­bui­do al cono­ci­mien­to del inmi­nen­te peli­gro. No se tra­ta de un ries­go lejano para el siglo XXII, sino para el XXI, ni lo es tam­po­co solo para la segun­da mitad de este, sino para las pró­xi­mas déca­das, en las que ya comen­za­ría­mos a sufrir sus peno­sas con­se­cuen­cias.


Tam­po­co se tra­ta de una sim­ple acción con­tra el impe­rio y sus secua­ces, que en esto, como en todo, tra­tan de impo­ner sus estú­pi­dos y egoís­tas intere­ses, sino de una bata­lla de opi­nión mun­dial que no se pue­de dejar a la espon­ta­nei­dad ni al capri­cho de la mayo­ría de sus medios de comu­ni­ca­ción. Es una situa­ción que por for­tu­na cono­cen millo­nes de per­so­nas hon­ra­das y valien­tes en el mun­do, una bata­lla a librar con las masas y en el seno de las orga­ni­za­cio­nes socia­les e ins­ti­tu­cio­nes cien­tí­fi­cas, cul­tu­ra­les, huma­ni­ta­rias, y otras de carác­ter inter­na­cio­nal, muy espe­cial­men­te en el seno de las Nacio­nes Uni­das, don­de el Gobierno de Esta­dos Uni­dos, sus alia­dos de la OTAN y los paí­ses más ricos tra­ta­ron de ases­tar, en Dina­mar­ca, un gol­pe frau­du­len­to y anti­de­mo­crá­ti­co con­tra el res­to de los paí­ses emer­gen­tes y pobres del Ter­cer Mun­do.


En Copenha­gue, la dele­ga­ción cuba­na, que asis­tió jun­to a otras del ALBA y el Ter­cer Mun­do, se vio obli­ga­da a una lucha a fon­do ante los increí­bles acon­te­ci­mien­tos que se ori­gi­na­ron con el dis­cur­so del pre­si­den­te yan­ki, Barack Oba­ma, y del gru­po de Esta­dos más ricos del pla­ne­ta, deci­di­dos a des­man­te­lar los com­pro­mi­sos vin­cu­lan­tes de Kyo­to ‑don­de hace más de 12 años se dis­cu­tió el pelia­gu­do pro­ble­ma- y a hacer caer el peso de los sacri­fi­cios sobre los paí­ses emer­gen­tes y los sub­de­sa­rro­lla­dos, que son los más pobres y a la vez los prin­ci­pa­les sumi­nis­tra­do­res de mate­rias pri­mas y recur­sos no reno­va­bles del pla­ne­ta a los más desa­rro­lla­dos y opu­len­tos.


En Copenha­gue, Oba­ma se pre­sen­tó el últi­mo día de la Con­fe­ren­cia, ini­cia­da el 7 de diciem­bre. Lo peor de su con­duc­ta fue que, cuan­do tenía ya deci­di­do enviar 30 mil sol­da­dos a la car­ni­ce­ría de Afga­nis­tán ‑un país de fuer­te tra­di­ción inde­pen­den­tis­ta, al que ni siquie­ra los ingle­ses en sus mejo­res y más crue­les tiem­pos pudie­ron some­ter- asis­tió a Oslo para reci­bir nada menos que el Pre­mio Nobel de la Paz. A la capi­tal norue­ga lle­gó el 10 de diciem­bre, don­de pro­nun­ció un dis­cur­so hue­co, dema­gó­gi­co y jus­ti­fi­ca­ti­vo. El 18, que era la fecha de la últi­ma sesión de la Cum­bre, se apa­re­ció en Copenha­gue, don­de pen­sa­ba per­ma­ne­cer ini­cial­men­te solo 8 horas. El día ante­rior habían lle­ga­do la Secre­ta­ria de Esta­do y un gru­po selec­to de sus mejo­res estra­te­gas.


Lo pri­me­ro que hizo Oba­ma fue selec­cio­nar a un gru­po de invi­ta­dos que reci­bie­ron el honor de acom­pa­ñar­lo a pro­nun­ciar un dis­cur­so en la Cum­bre. El Pri­mer Minis­tro danés, que pre­si­día la Cum­bre, com­pla­cien­te y adu­lón, le cedió la pala­bra al gru­po que ape­nas reba­sa­ba 15 per­so­nas. El jefe impe­rial mere­cía hono­res espe­cia­les. Su dis­cur­so fue una mez­cla de edul­co­ra­das pala­bras ali­ña­das con ges­tos tea­tra­les, que ya abu­rren a quie­nes, como yo, se asig­na­ron la tarea de escu­char­lo para tra­tar de ser obje­ti­vos en la apre­cia­ción de sus carac­te­rís­ti­cas e inten­cio­nes polí­ti­cas. Oba­ma impu­so a su dócil anfi­trión dina­mar­qués que solo sus invi­ta­dos podían hacer uso de la pala­bra, aun­que él, tan pron­to pro­nun­ció las suyas, hizo “mutis por el foro” por una puer­ta tra­se­ra, como duen­de que esca­pa de un audi­to­rio que le había hecho el honor de escu­char con inte­rés.


Con­clui­da la lis­ta auto­ri­za­da de ora­do­res, un indí­ge­na ayma­ra de pura cepa, Evo Mora­les, pre­si­den­te de Boli­via, que aca­ba­ba de ser reelec­to con el 65% de los votos, exi­gió el dere­cho a usar la pala­bra, que le fue con­ce­di­da ante el aplau­so abru­ma­dor de los pre­sen­tes. En solo nue­ve minu­tos expre­só pro­fun­dos y dig­nos con­cep­tos que res­pon­dían a las pala­bras del ausen­te Pre­si­den­te de Esta­dos Uni­dos. Acto segui­do se levan­tó Hugo Chá­vez para soli­ci­tar hablar en nom­bre de la Repú­bli­ca Boli­va­ria­na de Vene­zue­la; a quien pre­si­día la sesión no le que­dó otra alter­na­ti­va que con­ce­der­le tam­bién el uso de la pala­bra, que uti­li­zó para impro­vi­sar uno de los más bri­llan­tes dis­cur­sos que le he escu­cha­do. Al con­cluir, un mar­ti­lla­zo puso fin a la insó­li­ta sesión.


El ocu­pa­dí­si­mo Oba­ma y su séqui­to no tenían, sin embar­go, un minu­to que per­der. Su gru­po había ela­bo­ra­do un Pro­yec­to de Decla­ra­ción, reple­to de vague­da­des, que era la nega­ción del Pro­to­co­lo de Kyo­to. Des­pués que salió pre­ci­pi­ta­da­men­te de la ple­na­ria, se reu­nió con otros gru­pos de invi­ta­dos que no lle­ga­ban a 30, nego­ció en pri­va­do y en gru­po; insis­tió, men­cio­nó cifras millo­na­rias de bille­tes ver­des sin res­pal­do en oro, que cons­tan­te­men­te se deva­lúan y has­ta ame­na­zó con mar­char­se de la reu­nión sí no se acce­día a sus deman­das. Lo peor fue que se tra­tó de una reu­nión de paí­ses super­ri­cos a la que invi­ta­ron a varias de las más impor­tan­tes nacio­nes emer­gen­tes y a dos o tres pobres, a las cua­les some­tió el docu­men­to, como quien pro­po­ne: ¡Lo tomas o lo dejas!


Tal decla­ra­ción con­fu­sa, ambi­gua y con­tra­dic­to­ria ‑en cuya dis­cu­sión no par­ti­ci­pó para nada la Orga­ni­za­ción de Nacio­nes Unidas‑, el Pri­mer Minis­tro danés tra­tó de pre­sen­tar­la como Acuer­do de la Cum­bre. Ya esta había con­clui­do su perío­do de sesio­nes, casi todos los Jefes de Esta­do, de Gobierno y Minis­tros de Rela­cio­nes Exte­rio­res se habían mar­cha­do a sus res­pec­ti­vos paí­ses, y a las tres de la madru­ga­da, el dis­tin­gui­do Pri­mer Minis­tro danés lo pre­sen­tó al ple­na­rio, don­de cien­tos de sufri­dos fun­cio­na­rios que des­de hacía tres días no dor­mían, reci­bie­ron el engo­rro­so docu­men­to ofre­cién­do­les solo una hora para ana­li­zar­lo y deci­dir su apro­ba­ción.


Allí se incen­dió la reu­nión. Los dele­ga­dos no habían teni­do siquie­ra tiem­po de leer­lo. Varios soli­ci­ta­ron la pala­bra. El pri­me­ro fue el de Tuva­lu, cuyas islas que­da­rán bajo las aguas si se apro­ba­ba lo que allí se pro­po­nía; lo siguie­ron los de Boli­via, Vene­zue­la, Cuba y Nica­ra­gua. El enfren­ta­mien­to dia­léc­ti­co a las 3 de aque­lla madru­ga­da del 19 de diciem­bre es digno de pasar a la his­to­ria, si la his­to­ria dura­ra mucho tiem­po des­pués del cam­bio cli­má­ti­co.


Como gran par­te de lo ocu­rri­do se cono­ce en Cuba, o está en las pági­nas Web de Inter­net, me limi­ta­ré sólo a expo­ner en par­te las dos répli­cas del can­ci­ller cubano, Bruno Rodrí­guez, dig­nas de ser con­sig­na­das para cono­cer los epi­so­dios fina­les de la tele­no­ve­la de Copenha­gue, y los ele­men­tos del últi­mo capí­tu­lo que toda­vía no han sido publi­ca­dos en nues­tro país.


“Señor Pre­si­den­te (Pri­mer Minis­tro de Dina­mar­ca)… El docu­men­to que usted varias veces afir­mó que no exis­tía, apa­re­ce aho­ra. Todos hemos vis­to ver­sio­nes que cir­cu­lan de mane­ra subrep­ti­cia y que se dis­cu­ten en peque­ños con­ci­liá­bu­los secre­tos, fue­ra de las salas en que la comu­ni­dad inter­na­cio­nal, a tra­vés de sus repre­sen­tan­tes, nego­cia de una mane­ra trans­pa­ren­te.”


“Sumo mi voz a la de los repre­sen­tan­tes de Tuva­lu, Vene­zue­la y Boli­via. Cuba con­si­de­ra extre­ma­da­men­te insu­fi­cien­te e inad­mi­si­ble el tex­to de este pro­yec­to apó­cri­fo…”


“El docu­men­to que usted, lamen­ta­ble­men­te, pre­sen­ta no con­tie­ne com­pro­mi­so alguno de reduc­ción de emi­sio­nes de gases de efec­to inver­na­de­ro.


“Conoz­co las ver­sio­nes ante­rio­res que tam­bién, a tra­vés de pro­ce­di­mien­tos cues­tio­na­bles y clan­des­ti­nos, se estu­vie­ron nego­cian­do en corri­llos cerra­dos que habla­ban, al menos, de una reduc­ción del 50% para el año 2050…”


“El docu­men­to que usted pre­sen­ta aho­ra, omi­te, pre­ci­sa­men­te, las ya magras e insu­fi­cien­tes fra­ses cla­ve que aque­lla ver­sión con­te­nía. Este docu­men­to no garan­ti­za, en modo alguno, la adop­ción de medi­das míni­mas que per­mi­tan evi­tar una gra­ví­si­ma catás­tro­fe para el pla­ne­ta y la espe­cie huma­na.”


“Este ver­gon­zo­so docu­men­to que usted trae es tam­bién omi­so y ambi­guo en rela­ción con el com­pro­mi­so espe­cí­fi­co de reduc­ción de emi­sio­nes por par­te de los paí­ses desa­rro­lla­dos, res­pon­sa­bles del calen­ta­mien­to glo­bal por el nivel his­tó­ri­co y actual de sus emi­sio­nes, y a quie­nes corres­pon­de apli­car reduc­cio­nes sus­tan­cia­les de mane­ra inme­dia­ta. Este papel no con­tie­ne una sola pala­bra de com­pro­mi­so de par­te de los paí­ses desa­rro­lla­dos.”


“…Su papel, señor Pre­si­den­te, es el acta de defun­ción del Pro­to­co­lo de Kyo­to, que mi dele­ga­ción no acep­ta.”


“La dele­ga­ción cuba­na desea hacer énfa­sis en la pre­emi­nen­cia del prin­ci­pio de ‘res­pon­sa­bi­li­da­des comu­nes, pero dife­ren­cia­das’, como con­cep­to cen­tral del futu­ro pro­ce­so de nego­cia­cio­nes. Su papel no dice una pala­bra de eso.”


“La dele­ga­ción de Cuba reite­ra su pro­tes­ta por las gra­ves vio­la­cio­nes de pro­ce­di­mien­to que se han pro­du­ci­do en la con­duc­ción anti­de­mo­crá­ti­ca del pro­ce­so de esta con­fe­ren­cia, espe­cial­men­te, median­te la uti­li­za­ción de for­ma­tos de deba­te y de nego­cia­ción, arbi­tra­rios, exclu­yen­tes y dis­cri­mi­na­to­rios…”


“Señor Pre­si­den­te, le soli­ci­to for­mal­men­te que esta decla­ra­ción sea reco­gi­da en el infor­me final sobre los tra­ba­jos de esta lamen­ta­ble y bochor­no­sa 15 Con­fe­ren­cia de las Par­tes.”


Lo que nadie podría ima­gi­nar es que, des­pués de otro lar­go rece­so y cuan­do ya todos pen­sa­ban que solo fal­ta­ban los trá­mi­tes for­ma­les para dar por con­clui­da la Cum­bre, el Pri­mer Minis­tro del país sede, ins­ti­ga­do por los yan­kis, haría otro inten­to de hacer pasar el docu­men­to como con­sen­so de la Cum­bre, cuan­do no que­da­ban ni siquie­ra Can­ci­lle­res en el ple­na­rio. Dele­ga­dos de Vene­zue­la, Boli­via, Nica­ra­gua y Cuba, que per­ma­ne­cie­ron vigi­lan­tes e insom­nes has­ta el últi­mo minu­to, frus­tra­ron la pos­tre­ra manio­bra en Copenha­gue.


No con­clui­ría, sin embar­go, el pro­ble­ma. Los pode­ro­sos no están habi­tua­dos, ni admi­ten resis­ten­cia. El 30 de diciem­bre la Misión Per­ma­nen­te de Dina­mar­ca ante Nacio­nes Uni­das, en Nue­va York, infor­mó cor­tés­men­te a nues­tra Misión en esa ciu­dad que había toma­do nota del Acuer­do de Copenha­gue del 18 de diciem­bre de 2009, y adjun­ta­ba copia avan­za­da de esa deci­sión. Tex­tual­men­te afir­mó: “…el Gobierno de Dina­mar­ca, en su cali­dad de Pre­si­den­te de la COP15, invi­ta a las Par­tes de la Con­ven­ción a infor­mar por escri­to a la Secre­ta­ría de la UNFCCC, lo antes posi­ble, su volun­tad de aso­ciar­se al Acuer­do de Copenha­gue.”


Esta sor­pre­si­va comu­ni­ca­ción moti­vó la res­pues­ta de la Misión Per­ma­nen­te de Cuba ante Nacio­nes Uni­das, en la que “…recha­za de plano la inten­ción de hacer apro­bar, por vía indi­rec­ta, un tex­to que fue obje­to de repu­dio de varias dele­ga­cio­nes, no sólo por su insu­fi­cien­cia ante los gra­ves efec­tos del cam­bio cli­má­ti­co, sino tam­bién por res­pon­der exclu­si­va­men­te a los intere­ses de un redu­ci­do gru­po de Esta­dos.”


A su vez, ori­gi­nó una car­ta del Vice­mi­nis­tro Pri­me­ro del Minis­te­rio de Cien­cia, Tec­no­lo­gía y Medio Ambien­te de la Repú­bli­ca de Cuba, Doc­tor Fer­nan­do Gon­zá­lez Ber­mú­dez, al Sr. Yvo de Boer, Secre­ta­rio Eje­cu­ti­vo de la Con­ven­ción Mar­co de las Nacio­nes Uni­das sobre Cam­bio Cli­má­ti­co, algu­nos de cuyos párra­fos trans­cri­bi­mos:


“Hemos reci­bi­do con sor­pre­sa y preo­cu­pa­ción la Nota que el Gobierno de Dina­mar­ca cir­cu­la­ra a las Misio­nes Per­ma­nen­tes de los Esta­dos miem­bros de las Nacio­nes Uni­das en Nue­va York, que usted segu­ra­men­te cono­ce, median­te la cual se invi­ta a los Esta­dos Par­tes de la Con­ven­ción Mar­co de las Nacio­nes Uni­das sobre Cam­bio Cli­má­ti­co a infor­mar a la Secre­ta­ría Eje­cu­ti­va, por escri­to, y a su más pron­ta con­ve­nien­cia, su deseo de aso­ciar­se al deno­mi­na­do Acuer­do de Copenha­gue.”


“Hemos obser­va­do, con preo­cu­pa­ción adi­cio­nal, que el Gobierno de Dina­mar­ca comu­ni­ca que la Secre­ta­ría Eje­cu­ti­va de la Con­ven­ción inclui­rá, en el infor­me de la Con­fe­ren­cia de las Par­tes efec­tua­da en Copenha­gue, un lis­ta­do de los Esta­dos Par­tes que hubie­ran mani­fes­ta­do su volun­tad de aso­ciar­se con el cita­do Acuer­do.”


“A jui­cio de la Repú­bli­ca de Cuba, esta for­ma de actuar cons­ti­tu­ye una bur­da y repro­ba­ble vio­la­ción de lo deci­di­do en Copenha­gue, don­de los Esta­dos Par­tes, ante la evi­den­te fal­ta de con­sen­so, se limi­ta­ron a tomar nota de la exis­ten­cia de dicho docu­men­to.”


“Nada de lo acor­da­do en la 15 COP auto­ri­za al Gobierno de Dina­mar­ca a adop­tar esta acción y, mucho menos, a la Secre­ta­ría Eje­cu­ti­va a incluir en el infor­me final un lis­ta­do de Esta­dos Par­tes, para lo cual no tie­ne man­da­to.”


“Debo indi­car­le que el Gobierno de la Repú­bli­ca de Cuba recha­za de la mane­ra más fir­me este nue­vo inten­to de legi­ti­mar por vía indi­rec­ta un docu­men­to espu­rio y reite­rar­le que esta for­ma de actuar com­pro­me­te el resul­ta­do de las futu­ras nego­cia­cio­nes, sien­ta un peli­gro­so pre­ce­den­te para los tra­ba­jos de la Con­ven­ción y lesio­na en par­ti­cu­lar el espí­ri­tu de bue­na fe con que las dele­ga­cio­nes debe­rán con­ti­nuar el pro­ce­so de nego­cia­cio­nes el pró­xi­mo año.”, con­clu­yó el Vice­mi­nis­tro Pri­me­ro de Cien­cia, Tec­no­lo­gía y Medio Ambien­te de Cuba.


Muchos cono­cen, espe­cial­men­te los movi­mien­tos socia­les y las per­so­nas mejor infor­ma­das de las ins­ti­tu­cio­nes huma­ni­ta­rias, cul­tu­ra­les y cien­tí­fi­cas, que el docu­men­to pro­mo­vi­do por Esta­dos Uni­dos cons­ti­tu­ye un retro­ce­so de las posi­cio­nes alcan­za­das por los que se esfuer­zan en evi­tar una colo­sal catás­tro­fe para nues­tra espe­cie. Sería ocio­so repe­tir aquí cifras y hechos que lo demues­tran mate­má­ti­ca­men­te. Los datos cons­tan en las pági­nas Web de Inter­net y están al alcan­ce del núme­ro cre­cien­te de per­so­nas que se intere­san por el tema.


La teo­ría con que se defien­de la adhe­sión al docu­men­to es ende­ble e impli­ca un retro­ce­so. Se invo­ca la idea enga­ño­sa de que los paí­ses ricos apor­ta­rían una míse­ra suma de 30 mil millo­nes de dóla­res en tres años a los paí­ses pobres para sufra­gar los gas­tos que impli­que enfren­tar el cam­bio cli­má­ti­co, cifra que podría ele­var­se a 100 mil por año en el 2020, lo que en este gra­ví­si­mo pro­ble­ma, equi­va­le a espe­rar por las calen­das grie­gas. Los espe­cia­lis­tas cono­cen que, esas cifras son ridí­cu­las e inacep­ta­bles por el volu­men de las inver­sio­nes que se requie­ren. El ori­gen de tales sumas es vago y con­fu­so, de modo que no com­pro­me­ten a nadie.


¿Cuál es el valor de un dólar? ¿Qué sig­ni­fi­can 30 mil millo­nes? Todos sabe­mos que des­de Bret­ton Woods, en 1944, has­ta la orden pre­si­den­cial de Nixon en 1971 ‑impar­ti­da para echar sobre la eco­no­mía mun­dial el gas­to de la gue­rra geno­ci­da con­tra Viet Nam‑, el valor de un dólar, medi­do en oro, se fue redu­cien­do has­ta ser hoy apro­xi­ma­da­men­te 32 veces menor que enton­ces; 30 mil millo­nes sig­ni­fi­can menos de mil millo­nes, y 100 mil divi­di­dos por 32, equi­va­len a 3 125, que no alcan­zan en la actua­li­dad ni para cons­truir una refi­ne­ría de petró­leo de media­na capa­ci­dad.


Si los paí­ses indus­tria­li­za­dos cum­plie­ran algu­na vez la pro­me­sa de apor­tar a los que están por desa­rro­llar­se el 0,7 por cien­to del PIB ‑algo que sal­vo con­ta­das excep­cio­nes nun­ca hicieron‑, la cifra exce­de­ría los 250 mil millo­nes de dóla­res cada año.


Para sal­var los ban­cos el gobierno de Esta­dos Uni­dos gas­tó 800 mil millo­nes, ¿Cuán­to esta­ría dis­pues­to gas­tar para sal­var a los 9 mil millo­nes de per­so­nas que habi­ta­rán el pla­ne­ta en el 2050, si antes no se pro­du­cen gran­des sequías e inun­da­cio­nes pro­vo­ca­das por el mar debi­do al des­hie­lo de gla­cia­res y gran­des masas de aguas con­ge­la­das de Groen­lan­dia y la Antár­ti­da?


No nos deje­mos enga­ñar. Lo que Esta­dos Uni­dos ha pre­ten­di­do con sus manio­bras en Copenha­gue es divi­dir al Ter­cer Mun­do, sepa­rar a más de 150 paí­ses sub­de­sa­rro­lla­dos de Chi­na, India, Bra­sil, Sudá­fri­ca y otros con los cua­les debe­mos luchar uni­dos para defen­der, en Bonn, en Méxi­co o en cual­quier otra con­fe­ren­cia inter­na­cio­nal, jun­to a las orga­ni­za­cio­nes socia­les, cien­tí­fi­cas y huma­ni­ta­rias, ver­da­de­ros Acuer­dos que bene­fi­cien a todos los paí­ses y pre­ser­ven a la huma­ni­dad de una catás­tro­fe que pue­de con­du­cir a la extin­ción de nues­tra espe­cie.


El mun­do posee cada vez más infor­ma­ción, pero los polí­ti­cos tie­nen cada vez menos tiem­po para pen­sar.


Las nacio­nes ricas y sus líde­res, inclui­do el Con­gre­so de Esta­dos Uni­dos, pare­cen estar dis­cu­tien­do cuál será el últi­mo en des­apa­re­cer.


Cuan­do Oba­ma haya con­clui­do las 28 fies­tas con que se pro­pu­so cele­brar estas Navi­da­des, si entre ellas está inclui­da la de los Reyes Magos, qui­zás Gas­par, Mel­chor y Bal­ta­sar le acon­se­jen lo que debe hacer.


Rue­go me excu­sen la exten­sión. No qui­se divi­dir en dos par­tes esta Refle­xión. Pido per­dón a los pacien­tes lec­to­res.

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