El tra­ba­jo de la Ertzain­tza en Hen­daia (Edi­to­rial de Gara)

Tal y como solían rei­vin­di­car los res­pon­sa­bles polí­ti­cos de la Ertzain­tza en ante­rio­res eta­pas, la Poli­cía auto­nó­mi­ca es una poli­cía «inte­gral», lo que vie­ne a que­rer decir que es un Cuer­po de Segu­ri­dad del Esta­do espa­ñol más entre otros. Su afán por equi­pa­rar­se a Guar­dia Civil y Poli­cía Nacio­nal les ha lle­va­do a supe­rar­los en algu­nos terre­nos. En defi­ni­ti­va, la fun­ción de la Ertzain­tza en tie­rras vas­cas, al igual que la del res­to de Cuer­pos y Fuer­zas de Segu­ri­dad del Esta­do, con­sis­te en labo­res de con­tra­in­sur­gen­cia y repre­sión, no en garan­ti­zar dere­chos y liber­ta­des. La ima­gen social de ese cuer­po está ínti­ma­men­te liga­da a car­gas con­tra mani­fes­ta­cio­nes, a deten­cio­nes y ope­ra­cio­nes con­tra la izquier­da aber­tza­le, a hos­ti­ga­mien­to con­tra jóve­nes y movi­mien­tos socia­les… Cuan­do alguien hace refe­ren­cia a un ertzai­na poca gen­te pien­sa, inclu­so entre quie­nes la defien­den, en sus ope­ra­cio­nes anti­dro­ga o en su ser­vi­cio al ciu­da­dano en apu­ros, sino que recu­pe­ra de su memo­ria imá­ge­nes de la Bri­ga­da Espe­cial actuan­do con­tra el pue­blo al que dice defen­der. Esto enor­gu­lle­ce­rá a algu­nos, pero debe­ría ser cau­sa de ver­güen­za para quie­nes la han lle­va­do has­ta este lugar.

Esto es algo que, «E góti­ca» y glo­bos son­da arri­ba o aba­jo, no ha cam­bia­do con la alter­nan­cia en el Gobierno de Lakua. Aten­dien­do a una peti­ción his­tó­ri­ca del PNV que es posi­ble que aho­ra cri­ti­quen por limi­ta­da, los actua­les res­pon­sa­bles de Inte­rior de Madrid y Gas­teiz, Alfre­do Pérez Rubal­ca­ba y Rodol­fo Ares, acor­da­ron ayer una mayor coor­di­na­ción de la Ertzain­tza con el res­to de poli­cías y su pre­sen­cia en la comi­sa­ría de Hen­daia.

El mis­mo día en el que Rubal­ca­ba y Ares mos­tra­ban en públi­co su sin­to­nía, un gru­po de repre­sen­tan­tes de orga­ni­za­cio­nes de dere­chos huma­nos, agen­tes polí­ti­cos y perio­dis­tas de París se com­pro­me­tían a «hacer lo que esté en su mano» para acla­rar lo suce­di­do con el mili­tan­te vas­co Jon Anza, des­apa­re­ci­do des­de hace ocho meses. La Ertzain­tza podría mos­trar su «inte­gri­dad» hacien­do lo pro­pio. Pero, como se ha dicho, ésa no es su fun­ción.

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