La Bata­lla de Copenha­gue por Hugo Cha­vez

I

Copenha­gue fue el esce­na­rio de una bata­lla his­tó­ri­ca en el mar­co de la XV Con­fe­ren­cia del Con­ve­nio Mar­co de las Nacio­nes Uni­das sobre el Cam­bio Cli­má­ti­co. Mejor dicho: en la bella y neva­da capi­tal de Dina­mar­ca, comen­zó una bata­lla que no con­clu­yó el vier­nes 18 de diciem­bre de 2009. Quie­ro reite­rar­lo: Copenha­gue fue ape­nas el comien­zo de la bata­lla deci­si­va por la sal­va­ción del pla­ne­ta. Bata­lla en el terreno de las ideas y en el de la pra­xis.

El bra­si­le­ño Leo­nar­do Boff, gran teó­lo­go de la libe­ra­ción y una de las voces más auto­ri­za­das en mate­ria eco­ló­gi­ca, en un artícu­lo medu­lar, titu­la­do Lo que está en jue­go en Copenha­gue, dejó escri­tas estas pala­bras ple­nas de luci­dez y valen­tía: ¿Qué podría­mos espe­rar de Copenha­gue? Ape­nas esta sen­ci­lla con­fe­sión: así como esta­mos no pode­mos con­ti­nuar. Y un pro­pó­si­to sim­ple: Vamos a cam­biar de rum­bo.

A eso fui­mos, pre­ci­sa­men­te, a Copenha­gue: a bata­llar por un cam­bio de rum­bo en nom­bre de Vene­zue­la y en nom­bre de la Alian­za Boli­va­ria­na. Y más aún: en defen­sa de la cau­sa de la huma­ni­dad y, para decir­lo con el Pre­si­den­te Evo Mora­les, en defen­sa de los dere­chos de la Pacha­ma­ma, de la Madre Tie­rra.

Sabia­men­te lo dijo el mis­mo Evo, quien jun­to a este ser­vi­dor, le tocó asu­mir la voce­ría de la Alian­za Boli­va­ria­na: Aquí está en deba­te, si vamos a vivir o vamos a morir.

Todas las mira­das del mun­do se con­cen­tra­ron en Copenha­gue: la XV Con­fe­ren­cia sobre el Cam­bio Cli­má­ti­co nos per­mi­tió cali­brar de qué fibra esta­mos hechos, dón­de habi­ta la espe­ran­za y qué pode­mos hacer para fun­dar lo que el Liber­ta­dor Simón Bolí­var defi­nie­ra como el equi­li­brio del uni­ver­so; un equi­li­brio que nun­ca podrá alcan­zar­se den­tro del sis­te­ma-mun­do capi­ta­lis­ta.

II

Antes de nues­tra lle­ga­da a Copenha­gue, el blo­que afri­cano, res­pal­da­do por el Gru­po de los 77, se había encar­ga­do de denun­ciar que los paí­ses ricos esta­ban des­en­ten­dién­do­se del Pro­to­co­lo de Kyo­to, esto es, del úni­co ins­tru­men­to inter­na­cio­nal que exis­te para luchar con­tra el calen­ta­mien­to glo­bal: el úni­co que impo­ne san­cio­nes a los Esta­dos indus­tria­li­za­dos y pro­te­ge a los paí­ses en desa­rro­llo.
Nece­sa­rio es reco­no­cer que la bata­lla ya se había ini­cia­do en las calles de Copenha­gue, con la juven­tud en la van­guar­dia pro­tes­tan­do y pro­po­nien­do: pude ver y sen­tir, des­de mi arri­bo a la capi­tal dane­sa el 16 de diciem­bre, la fuer­za his­tó­ri­ca de otro mun­do que, para la juven­tud, ya no sólo es posi­ble sino que es abso­lu­ta­men­te nece­sa­rio.

III

En Copenha­gue, des­de un prin­ci­pio, las car­tas que­da­ron sobre la mesa a la vis­ta de todos. De un lado, las car­tas de la mez­quin­dad y la insen­sa­tez bru­tal del capi­ta­lis­mo que no da su bra­zo a tor­cer en defen­sa de su lógi­ca: la lógi­ca del capi­tal, que sólo deja muer­te y des­truc­ción a su paso cada vez más ace­le­ra­do.

Del otro lado, las car­tas del recla­mo de los Pue­blos por la dig­ni­dad huma­na, la sal­va­ción del pla­ne­ta y por un cam­bio radi­cal, no del cli­ma, sino del sis­te­ma-mun­do que nos ha colo­ca­do al bor­de de una catás­tro­fe eco­ló­gi­ca y social sin pre­ce­den­tes.

De un lado, los triun­fa­do­res de una civi­li­za­ción mer­can­til y uti­li­ta­ria, esto es, los “civi­li­za­dos” que des­de hace mucho tiem­po se olvi­da­ron del ser, para apos­tar cie­ga­men­te a un tener, cada vez más insa­cia­ble.

Del otro lado, los “bár­ba­ros” que segui­mos empe­ña­dos en creer, y en luchar por ello, que, cam­bian­do radi­cal­men­te de lógi­ca, se pue­de maxi­mi­zar el bien­es­tar humano, mini­mi­zan­do los impac­tos ambien­ta­les y eco­ló­gi­cos; que sos­te­ne­mos la impo­si­bi­li­dad de defen­der los dere­chos huma­nos, como lo plan­tea­ra el com­pa­ñe­ro Evo Mora­les, si no se defien­den antes los dere­chos de la Madre Tie­rra; que actua­mos con el fir­me pro­pó­si­to de dejar­les pla­ne­ta y por­ve­nir a nues­tras des­cen­den­cias.

No me can­sa­ré de repe­tir­lo a los cua­tro vien­tos: la úni­ca alter­na­ti­va posi­ble y via­ble es el socia­lis­mo. Lo dije en cada una de mis inter­ven­cio­nes ante todos los repre­sen­tan­tes del mun­do con­gre­ga­dos en Copenha­gue, la cita mun­dial más impor­tan­te en los últi­mos dos­cien­tos años: no hay otro camino, si que­re­mos dete­ner esta carre­ra des­al­ma­da y envi­le­ci­da que sólo nos pro­me­te la ani­qui­la­ción total.

¿Por qué le temen tan­to los civi­li­za­dos a un pro­yec­to que aspi­ra la cons­truc­ción de la feli­ci­dad com­par­ti­da? Le temen, hable­mos cla­ro, por­que la feli­ci­dad com­par­ti­da no gene­ra ganan­cia. De allí la luci­dez meri­dia­na de aque­lla gran con­sig­na de la pro­tes­ta calle­je­ra de Copenha­gue que hoy habla por millo­nes: “Si el cli­ma fue­ra un ban­co, ya lo habrían sal­va­do”.

Los “civi­li­za­dos” no toman las medi­das que deben tomar, por­que eso, sen­ci­lla­men­te, los obli­ga­ría a cam­biar radi­cal­men­te su voraz mode­lo de vida, sig­na­do por el con­fort egoís­ta y eso no habi­ta en sus fríos cora­zo­nes, que sólo pal­pi­tan al rit­mo del dine­ro.

Por eso, el impe­rio lle­gó a últi­ma hora, el 18 de diciem­bre, a ofre­cer miga­jas a mane­ra de chan­ta­je y así lavar la cul­pa­bi­li­dad mar­ca­da en su ros­tro. Fren­te a esta estra­te­gia del bol­si­llo lleno, se escu­chó por Dina­mar­ca la voz cla­ra y valien­te de la pen­sa­do­ra hin­dú Van­da­na Shi­va dicien­do una gran ver­dad: “Creo que es hora de que Esta­dos Uni­dos deje de ver­se a sí mis­mo como donan­te y comien­ce a reco­no­cer­se como con­ta­mi­na­dor: un con­ta­mi­na­dor debe pagar una com­pen­sa­ción por los daños y debe pagar su deu­da eco­ló­gi­ca. No se tra­ta de cari­dad. Se tra­ta de jus­ti­cia”.

Debo decir­lo: en Copenha­gue se aca­bó defi­ni­ti­va­men­te la ilu­sión Oba­ma. Que­dó con­fir­ma­do en su con­di­ción de jefe del impe­rio y “Pre­mio Nóbel de la Gue­rra”. El enig­ma de los dos Oba­ma ha que­da­do resuel­to.

El vier­nes 18 lle­ga­ba a su fin sin un acuer­do demo­crá­ti­ca­men­te con­sen­sua­do: Oba­ma mon­ta­ba tin­gla­do apar­te, en una nue­va vio­la­ción de los pro­ce­di­mien­tos de la ONU, por lo que nos vimos obli­ga­dos a impug­nar cual­quie­ra reso­lu­ción que no pase por el res­pe­to a la vigen­cia del Pro­to­co­lo de Kyo­to. Res­pe­tar y poten­ciar Kyo­to es nues­tra divi­sa.

No fue posi­ble un acuer­do en Copenha­gue por la fal­ta de volun­tad polí­ti­ca de los paí­ses ricos: los pode­ro­sos del mun­do, los hiper­de­sa­rro­lla­dos, que no quie­ren ceder en sus patro­nes de pro­duc­ción y con­su­mo tan insen­sa­tos como sui­ci­das. “El mun­do a la mier­da, si se atre­ven a ame­na­zar mis pri­vi­le­gios y mi esti­lo de vida”, es lo que pare­cen reite­rar con su con­duc­ta: ésta es la dura ver­dad que no quie­ren oír de quie­nes sí actua­mos bajo el impe­ra­ti­vo his­tó­ri­co y cate­gó­ri­co de cam­biar de rum­bo.

Copenha­gue no es un fin, lo reite­ro, sino un comien­zo: se han abier­to las puer­tas para un deba­te uni­ver­sal sobre cómo sal­var al pla­ne­ta, a la vida en el pla­ne­ta. La bata­lla con­ti­núa.

IV

Nos tocó con­me­mo­rar el 179 ani­ver­sa­rio de la des­apa­ri­ción físi­ca de nues­tro Liber­ta­dor en un acto del más hon­do con­te­ni­do revo­lu­cio­na­rio: me refie­ro al Encuen­tro de la Alian­za Boli­va­ria­na con los movi­mien­tos socia­les de Dina­mar­ca el 17 diciem­bre. Allí pude sen­tir, una vez más, que Bolí­var ya no sólo es ban­de­ra vene­zo­la­na y nues­tro­ame­ri­ca­na, sino que es cada vez más, líder uni­ver­sal.

Es su heren­cia viva y com­ba­tien­te, encar­na­da hoy en la Alian­za Boli­va­ria­na, que se está hacien­do mun­do: la heren­cia que nos lle­vó a Copenha­gue a dar la bata­lla por la Patria Gran­de, que es, al mis­mo tiem­po, dar­la por la cau­sa de la huma­ni­dad.

En reali­dad y en ver­dad: ¡Bolí­var vive! En Copenha­gue con­fir­mé que está más vivo que nun­ca.

Y aho­ra sí Ven­ce­rá.

¡Aho­ra sí Ven­ce­re­mos!

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