Com­pren­ded a Corea por Stephen Gowans

«Che Gue­va­ra visi­tó Pyong­yang en 1965 y comen­tó a la pren­sa que Corea del Nor­te era un mode­lo al que Cuba revo­lu­cio­na­ria debia aspirar.«1

Corea del Nor­te es un país ridi­cu­li­za­do y ultra­ja­do de mane­ra cons­tan­te. Su líder, Kim Jon-il, es demo­ni­za­do por la dere­cha y ‑excep­to Gue­va­ra en 1965 y sus defen­so­res hoy- tam­bién por la izquier­da. Decla­ran que Kim es un demen­te, aun­que nadie apor­ta evi­dén­cias que demues­tren ese diag­nós­ti­co. Seme­ja que por el hecho de hacer todo el mun­do esta afir­ma­ción, esta ya tie­ne que ser cier­ta. De tener ese vis­ta­zo lumi­no­so del Che podria ser un icono de la izquier­da, como dice Bru­ce Cumings.2
Por el con­tra­rio, el regor­de­cho Kim fue con­ver­ti­do en una cari­ca­tu­ra, un Dr. Evil con un mal cor­te de pelo y ves­ti­do con ropa de hos­pi­tal. El país que él pre­si­de, tan sinies­tro cómo él, es un peli­gro, eso dicen, para la paz y la segu­ri­dad inter­na­cio­na­les, ofus­ca­do como está en pro­vo­car una gue­rra nuclear. Nos cuen­tan que los años de pési­ma ges­tión eco­nó­mi­ca hicie­ron de Corea del Nor­te un caso per­di­do y que sus ciu­da­da­nos, nom­bra­dos pri­sio­ne­ros en el mejor de los casos, pasan ham­bre y son repri­mi­dos por un dic­ta­dor sin pie­dad.

Muchí­si­ma gen­te pue­de reci­tar el cate­cis­mo anti Corea del Nor­te – esta­do-pri­sión, rei­no del ermi­ta­ño, pária internacional‑, aun­que todos ellos con­fe­sa­rían que la infor­ma­ción que tie­nen sobre el país, apar­te de las cari­ca­tu­ras ofre­ci­das por los medios, es pau­pé­rri­ma o inexis­ten­te. Esto siem­pre fue así. Ya en 1949, Anna Loui­se Strong tuvo que escri­bir que «exis­te un pobre cono­ci­mien­to públi­co sobre el país y la mayor par­te de los titu­la­res más que des­cri­bir, defor­man los hechos.«3

Por su ban­da, Cumings cali­fi­ca las infor­ma­cio­nes de la pren­sa esta­dou­ni­den­se sobre Corea del Nor­te como «no infor­ma­ti­vos, no fia­bles, a menu­do sen­sa­cio­na­lis­tas y engañosos».
Uno de los moti­vos por los que los titu­la­res defor­man, inclu­so hoy, espe­cial­men­te hoy, pue­de ser resu­mi­do en un silo­gis­mo. Cuan­do la Segun­da Gue­rra Mun­dial lle­ga al Pací­fi­co, era en gran par­te una lucha entre los intere­ses eco­nó­mi­cos domi­nan­tes de los Esta­dos Undi­dos y los intere­ses eco­nó­mi­cos domi­nan­tes de Japón por el con­trol del Océano Pací­fi­co, inclui­da la penín­su­la coreana.
Japón había ocu­pa­do Corea des­de 1910 has­ta 1945, año en el que fue expus­la­do por la resis­tén­cia core­na, sien­do una de sus prin­ci­pa­les figu­ras el fun­da­dor de Corea del Nor­te, Kim Il-sung, y por la entra­da de la Unión Sovié­ti­ca en la gue­rra en el Pacífico.
Des­pués de la ren­di­ción de Tókio, los Esta­dos Uni­dos inten­ta­ron asen­tar el domi­nio sobre las anti­guas pose­sio­nes colo­nia­les japo­ne­sas, entre ellas Corea. El esta­do gue­rri­lle­ro con­du­ci­do por Kim tras­to­có esos pro­yec­tos. Las ricas famí­lias capi­ta­lis­tas que domi­nan tan­to la polí­ti­ca exte­rior esta­dou­ni­den­se como los medios de comu­ni­ca­ción, reco­no­cen que Corea del Nor­te es una ame­na­za para sus intereses.En la Repú­bli­ca Popu­lar Demo­crá­ti­ca de Corea (DPRK) no habia sítio para el libre cám­bio, la empre­sa per­so­nal y el capi­tal de los Esta­dos Uni­dos. Esto per­mi­tió pros­pe­rar al país, pro­por­cio­nan­do un refe­ren­te anta­gó­ni­co al capi­ta­lis­mo nor­te­ame­ri­cano, refe­ren­te que otros paí­ses podían copiar y que revo­lu­cio­na­rios como el Che vie­ron como un mode­lo en el que inspirarse.
Los titu­la­res enga­ñan, más que infor­mar, por­que Corea del Nor­te está con­tra los intere­ses de esos que los escriben.
Mi pers­pec­ti­va no es la de la corrien­te prin­ci­pal o la de los inver­sio­nis­tas, ban­que­ros y famí­lias ricas. No apo­yo las san­cio­nes, ni la gue­rra, ni el desar­me de Corea, y tam­po­co la polí­ti­ca de Washing­ton sobre Corea del Nor­te. Cuan­do el New York Times soli­ci­tó a John Bol­ton, emba­ja­dor esta­dou­ni­den­se en la ONU, una expli­ca­ción al por menor de la pos­tu­ra de Washin­gron con res­pe­to a la DPRK, Bol­ton «des­pués de rebus­car en un estan­te, cogió un volu­men inti­tu­la­do El Fin de Corea del Nor­te y, gol­pean­do la mesa con él, dijo: Esta es nues­tra política.«4
La acu­sa­ción de tolé­mia no es otra cosa que una mane­ra de dar cre­di­bi­li­dad a la absur­da afir­ma­ción de que Corea del Nor­te es un peli­gro para el mun­do. No lo es. La úni­ca ame­na­za que repre­sen­ta Corea del Nor­te es la de una fuer­te defen­sa pro­pia a los pro­yec­tos de los Esta­dos Uni­cos exis­ten­tes des­de hace mucho tiem­po de domi­nar la penín­su­la corea­na, de una for­ma o de otra.
Las raí­ces de la II Gue­rra Mundial 
Japón colo­ni­zó Corea en 1910. Duran­te los siguien­tes 35 años Corea fue una enor­me fuen­te de bene­fí­cios para los indus­tria­les y los finan­cie­ros japo­ne­ses, bene­fí­cios que pro­ve­nían de la san­gre y del sufri­mien­to de los corea­nos. Milla­res de corea­nos y corea­nas fue­ron lle­va­dos a Japón como tra­ba­ja­do­res for­za­dos o como escla­vas sexua­les. Mas Japón no podia domi­nar la penín­su­la sólo.
Con­ta­ban con la ayu­da de terra­te­nien­tes e indus­tria­les corea­nos ricos que, años más tar­de tam­bién apo­ya­rían al gobierno de ocu­pa­ción esta­dou­ni­den­se y, poco des­pués, ocu­pa­rían los pues­tos lla­ve en el esta­do surcoreano.
Aun­que Pearl Har­bor mar­có el comien­zo for­mal de las hos­ti­li­da­des arma­das entre Japón y los Esta­dos Uni­dos, lo cier­to es que los dos paí­ses ya habían comen­za­do el con­flic­to mucho antes que el ata­que a Pearl Har­bor. Los dos pro­cu­ra­ban domi­nar los paí­ses del Pací­fi­co orien­tal y ase­gu­rar sus rique­zas median­te mono­po­lios. Tokio lle­vó a cabo una polí­ti­ca exte­rior agre­si­va y expan­sio­nis­ta, apo­ya­da en las armas, para expul­sar a las otras fuer­zas impe­ria­lis­tas de la región. Los Esta­dos Uni­dos, ya con una posi­ción domi­nan­te en las Fili­pi­nas, Guam, Hawái y Samoa, bus­ca­ron una puer­ta abier­ta para sus expor­ta­do­res e inver­sio­nis­tas en la Chi­na. Con las dos poten­cias per­si­guien­do el papel domi­nan­te, era inevi­ta­ble que, antes o des­pués, habían rema­ta­do en guerra.
Una vez que explo­tó for­mal­men­te la gue­rra, Washing­ton tenía delan­te suya una pers­pec­ti­va seduc­to­ra. Si Japón era derro­ta­do, sus colo­nias pasa­rían a los Esta­dos Uni­dos, qui­zás no como colo­nias abso­lu­tas, pero sí como terri­tó­rios en los que ten­dría la voz domi­nan­te. En otras pala­bras, un final posi­ti­vo para los Esta­dos Uni­dos de la gue­rra repre­sen­ta­ria todo lo que estos habían bus­ca­do antes del comien­zo de esta.
Poco des­pués de Pearl Har­bor, el Minis­té­rio de Asun­tos Exte­rio­res esta­dou­ni­den­se comen­zó a jugar con la idea de esta­be­le­cer una admi­nis­tra­ción fidu­ciá­ria en la Corea de pos­gue­rra. El deba­te giró en torno a si una rela­ción de fidei­co­mi­so daría a Washing­ton sufi­cien­te influén­cia en los asun­tos corea­nos de la pos­gue­rra. La idea de una admi­nis­tra­ción fidu­ciá­ria mul­ti­la­te­ral de Corea fue apre­sen­ta­da a bri­tá­ni­cos y fran­ce­ses en 1943, pero los dos esta­dos se nega­ron, temien­do que había debi­li­ta­do sus pro­pios imperios.
Una divi­sión de auto­ría norteamericana
No fue­ron los corea­nos quie­nes bisec­cio­na­ron la penín­su­la por el pare­le­lo 38. Fue­ron los nor­te­ame­ri­ca­nos. El 10 de agos­to de 1945, dos días des­pués de que los sovié­ti­cos habían entra­do en la penín­su­la corea­na, dos coro­ne­les nor­te­ame­ri­ca­nos, Den Rusk y Char­les Bones­teel, reci­bie­ron la orden de divi­dir Corea en dos zonas de ocu­pa­ción: una nor­te­ame­ri­ca­na y otra sovié­ti­ca. Eli­gie­ron el para­le­lo 38 cómo línea divi­só­ria, dan­do­le a los Esta­dos Uni­dos el con­trol de la capi­tal, Seúl. Los sovié­ti­cos acep­ta­ron la divi­sión con la con­di­ción de tener una zona de ocu­pa­ción sovié­ti­ca en el nor­te de Japón. Los nor­te­ame­ri­ca­nos se negaron.
Un gobierno orga­ni­za­do por corea­nos para corea­nos, esta­ble­ci­dos en Seul, fue fun­da­do unas sema­nas des­pués de la ren­di­ción de Japón. Se lla­mó Repú­bli­ca Popu­lar de Corea, naci­da del Comi­té para la Pre­pa­ra­cion de la Inde­pen­dén­cia de Corea y de los Comi­tés Popu­la­res del Cam­po. A pesar de sus pre­ten­sio­nes de ser un ejem­plo de demo­crá­cia, los Esta­dos Uni­dos recha­za­ron reco­no­cer al gobierno y tra­ba­ja­ron acti­va­men­te para repri­mir­lo. Para los nor­te­ame­ri­ca­nos la Repú­bli­ca Popu­lar de Corea tenía dos fallos: pri­me­ro, no era res­pon­sa­ble ante Washing­ton; y segun­do, tenía una fuer­te influen­cia comunista.
En vez de per­mi­tir pros­pe­rar al gobierno nati­vo recien crea­do, los Esta­dos Uni­dos esta­ble­cie­ron lo que venían plan­tean­do des­de 1943: un regi­men de ocu­pa­ción mili­tar esta­dou­ni­den­se. El gobierno, que duró has­ta 1948, esta­ba com­pues­to por corea­nos har­tos de la ocu­pa­ción extran­je­ra que que­rian una Corea inde­pen­dien­te, uni­fi­ca­da, y no sepa­ra­da arti­fi­cial­men­te, con una par­te sur ocu­pa­da por un poder extran­je­ro que pre­ten­día ser la voz prin­ci­pal en los asun­tos coreanos.
Invi­ta­dos inoportunos 
A los tres meses de la ocu­pa­ción, el gober­na­dor mili­tar esta­dou­ni­den­se, Gene­ral John Hod­ge, notó que el resen­ti­mien­to con­tra los nor­te­ame­ri­ca­nos cre­cía, y que los sur­co­rea­nos abo­ga­ban por su inde­pen­dén­cia. El tér­mino «pro-ame­ri­cano», como comen­tó el gober­na­dor, se había con­ver­ti­do en equi­va­len­te al de «pro-japo­nés», «trai­dor» o «cola­bo­ra­cio­nis­ta». Avi­só que no había que igno­rar el sen­ti­mien­to anti­nor­te­ame­ri­cano de los corea­nos y que el sur era una tie­rra fer­til para el comu­nis­mo. Tam­bién, que tenían la Unión Sovié­ti­ca como inspiración.
Las opi­nio­nes de Hod­ge fue­ron repe­ti­das por Edwin Pau­ley, un ami­go del Pre­si­den­te esta­dou­ni­den­se Harry Tru­man. Este envió la Pau­ley la Corea en 1946 para hacer un aná­li­sis sobre el terreno. Pau­ley que­dó alar­ma­do. «El comu­nis­mo pue­de desa­rro­llar­se aquí mejor que en prá­ti­ca­men­te cual­quer lugar del mun­do», le comen­tó a Tru­man. Al con­tra­rio que los sovié­ti­cos, que tuvie­ron que pasar por un perio­do duro de indus­tria­li­za­ción para trans­for­mar una pau­pé­rri­ma eco­no­mía indus­trial en una indús­tria colo­sal, los Comi­tés Popu­la­res, de influen­cia comu­nis­ta, podian expro­priar a los japo­ne­ses las fábri­cas, los cami­nos de hie­rro, los ser­vi­cios públi­cos y las indús­trias de recur­sos natu­ra­les, y diri­gir­los en bene­fí­cio de todos des­de lo pri­me­ro la dice. Una eco­no­mia indus­tria­li­za­da en las manos de los comu­nis­tas ser­vi­ria como ejem­plo poten­cial de los méri­tos del socia­lis­mo y, lo que aun­que era más impor­tan­te, impe­di­ría a los inver­sio­nis­tas nor­te­ame­ri­ca­nos el encen­di­do a estos mis­mos recur­sos. ¿De que valía ven­cer a los japo­ne­ses, si no podía dis­fru­tar del botín de guerra?
Colo­nia­lis­mo japo­nés sin japoneses
Los Esta­dos Uni­dos, en su pri­mer año de ocu­pa­ción, supri­mie­ron los Comi­tés Popu­la­res crea­dos. Hod­ge reclu­tó corea­nos que habían ser­vi­do en el Ejér­ci­to Impe­rial Japo­nés como per­so­nal de una escue­la de ofi­cia­les de len­gua ingle­sa. En 1948, se había for­ma­do un ejér­ci­to sur­co­reano, com­pues­to por seis divi­sio­nes con­du­ci­das por anti­guos ofi­cia­les de las tro­pas japo­ne­sas. Uno de los ofi­cia­les, Kim Sok-won, había sido con­de­co­ra­do por Hirohi­to por sus méri­tos en la lucha con­tra las gue­rri­llas corea­nas en Man­chu­ria. Hod­ge tam­bién for­mó un cuer­po de poli­cía, en el que el 85% de sus miem­bros eran anti­guos miem­bros de la poli­cia colo­nial. Esta poli­cia fue encar­ga­da de aca­bar con los Comi­tés Popu­la­res for­ma­dos en las dis­tin­tas localidades.
Des­pués de la derro­ta de Mus­so­li­ni en Itá­lia, los nor­te­ame­ri­ca­nos ins­ta­la­ron a un cola­bo­ra­dor que con­ti­nuó muchas de las polí­ti­cas de Mus­so­li­ni. Los ita­lia­nos lla­ma­ron al nue­vo régi­men, ins­ta­la­do por los nor­te­ame­ri­ca­nos, fas­cis­mo sin Mus­so­li­ni. Del mis­mo modo, en el sul de la penín­sul corea­na, los nor­te­ame­ri­ca­nos habían impues­to un colo­nia­lis­mo japo­nés sin japoneses.
Rebe­lión en el sur

Pron­to bro­ta una rebe­lión en el sur, en la que tam­bién par­ti­ci­pa un impor­tan­te movi­men­to gue­ri­lle­ro. Antes de 1948, la mayor par­te de las aldeas del inte­rior están ya con­tro­la­das por la gue­rri­lla, que cuen­ta con un gran­de apo­yo popu­lar. En oto­ño de 1948, la gue­rri­lla libe­ra Yosu, pro­vo­can­do rebe­lio­nes en otras ciu­da­des. El Comi­té Popu­lar fue res­tau­ra­do, se izó la ban­de­ra nor­co­rea­na y se pro­me­tió fide­li­dad al nor­te. Un perió­di­co rebel­de recla­mó la redis­tri­bu­ción de la tie­rra, la pur­ga de los cola­bo­ra­cio­nais­tas en pues­tos ofi­cia­les y una Corea unificada.
Mien­tras el gobierno mili­tar esta­dou­ni­den­se per­mi­tia nomi­nal­men­te la mili­tán­cia en orga­ni­za­cio­nes de izquier­da, la poli­cia con­si­de­ra­ba que los «trai­do­res» mere­cian la pri­sión o un tiro. En 1948, la dra­co­nia­na Ley de Segu­ri­dad Nacio­nal fue uti­li­za­da para aco­rra­lar la 200.000 corea­nos sim­pa­ti­zan­tes con el nor­te y con el comu­nis­mo. Un año des­pués, 30.000 comu­nis­tas esta­ban pre­sos y 70.000 en cam­pos de con­cen­tra­ción. El sur, con la su repre­sión sobre la izquier­da, comen­za­ba a pare­cer­se a la Ita­lia de los años 20 y a la Ale­ma­nia de los 30. Poco tar­da­ria en cre­cer aun más el parecido.
Medi­das enér­gi­cas con­tra la rebe­lión fue­ron toma­das por los Esta­dos Uni­dos, que había cedi­do for­mal­men­te el con­trol del ejér­ci­to sul­co­reano. Sin embar­go, por acuer­do secre­to, los mili­ta­res sur­co­rea­nos per­ma­ne­cian a las órde­nes de los nor­te­ame­ri­ca­nos. Inclu­so hoy, en caso de gue­rra, el ejér­ci­to de Corea del Sur esta­ria bajo direc­ción norteamericana.
Washing­ton reclu­ta a un pode­ro­so anticomunista

Corea había sido his­tó­ri­ca­men­te una socie­dad divi­di­da entre una éli­te adi­ne­ra­da y una masa de agri­cul­to­res pobres. Los Esta­dos Uni­dos inter­vi­nie­ron a favor de esa mino­ría acau­da­la­da y con­tra las masas cam­pe­si­nas, per­pe­tuan­do los privilegios.
La CIA, en un infor­me de 1948, afir­ma­ba que Corea del Sur se había divi­di­do en el con­flic­to entre «un movi­men­to inde­pen­den­tis­ta popu­lar, que encon­tró su for­ma de expre­sión con la crea­ción de los Comi­tés Popu­la­res» con­du­ci­do por «comu­nis­tas que basan su dere­cho a gober­nar en su lucha de resis­ten­cia con­tra los japo­ne­ses», y una mino­ría de dere­chas apo­ya­da por los Esta­dos Uni­dos que mono­po­li­zó las rique­zas del país y cola­bo­ró con el Japón imperial.
Debi­do a la impo­pu­la­ri­dad de la dere­cha, era impo­si­ble pro­po­ner a sus repre­sen­tan­tes para unas elec­cio­nes. Por lo que los EEUU bus­ca­ron exi­lia­dos no comu­nis­tas, cuya ausen­cia del país evi­ta­ba cual­quier rela­ción con el cola­bo­ra­cio­nis­mo. Syng­man Rhee, un feroz anti­co­mu­nis­ta, fue el nomi­na­do para impul­sar el pro­yec­to de futu­ro yan­qui. Rhee había vivi­do en los Esta­dos Uni­dos duran­te 40 años, doc­to­rán­do­se en la Uni­ver­si­dad de Prin­ce­ton y casan­do con una norteamericana.
Un per­fil total­men­te dife­ren­te al de Kim Il-sung, fun­da­dor de Corea del Nor­te y líder duran­te los años 30 de la resis­ten­cia a los ocu­pan­tes japoneses.
Cumings obser­va que «duran­te casi cua­tro déca­das Corea del Sur fue diri­gi­da por ofi­cia­les mili­ta­res y buró­cra­tas que sir­vie­ron a los mis­mos diri­gen­tes japo­ne­ses a los que Kim y sus cama­ra­das com­ba­tie­ron duran­te la déca­da de los 30.«5
La Gue­rra de Corea, 1945 – 1953
La his­to­ria ofi­cial seña­la el año 1950 como el prin­ci­pio de la Gue­rra de Corea. Sin embar­go, Hugh Dea­ne deja bien cla­ro en su obra «La Gue­rra de Corea, 1945 – 1953» que «para los nor­te­ame­ri­ca­nos la gue­rra comen­zó en 1950. Para los corea­nos comen­zó en 1945», año en el que lle­ga­ron los nor­te­ame­ri­ca­nos e ini­cia­ron la eli­mi­na­ción de la nacien­te admi­nis­tra­ción coreana6.
Los dos ban­dos qui­sie­ron la gue­rra, aun­que por moti­vos bien dis­tin­tos. Para el nor­te, la gue­rra era sim­ple­men­te el siguien­te capí­tu­lo en la lucha por la inde­pen­den­cia y la libe­ra­ción de la domi­na­ción extran­je­ra. La gue­rra había comen­za­do en 1945 cuan­do los EEUU ate­rri­za­ron en Inchon y comen­za­ron la repre­sión sobre la Repú­bli­ca Popu­lar recién crea­da. O, expre­sa­do de otro modo, la gue­rra había comen­za­do en 1910 con la colo­ni­za­ción de los japo­ne­ses. 1945 mar­có sim­ple­men­te un cam­bio de ocu­pan­te. Para el sur, la razón de la gue­rra era ampliar al nor­te el sis­te­ma de seño­río feu­dal estadounidense.
Los dos ban­dos efec­tua­ron incur­sio­nes a tra­vés de la línea divi­so­ria arti­fi­cial dibu­ja­da por los EEUU en el pare­le­lo 38, y que los sovié­ti­cos habían acei­ta­do. Aun­que sería absur­do hablar de vio­la­cio­nes de la fron­te­ra por par­te del nor­te. ¿Podían los corea­nos inva­dir Corea?
El Minis­tro bri­tá­ni­co de Tra­ba­jo, Richard Sto­kes, reco­no­cía el absur­do de esto en una car­ta a Ernest Bevan: «En la Gue­rra Civil Ame­ri­ca­na, los ame­ri­ca­nos nun­ca tole­ra­rían la crea­ción de una línea ima­gi­na­ria entre las fuer­zas del nor­te y las del sur, y pode­mos dedu­cir cual sería la reac­ción si los bri­tá­ni­cos inter­vi­nie­sen cla­ra­men­te del lado con­fe­de­ra­do. En Amé­ri­ca exis­tía un con­flic­to no solo entre dos gru­pos de ame­ri­ca­nos, tam­bién entre dos sis­te­mas eco­nó­mi­cos con­tra­rios, como en el caso coreano.»
Los sis­te­mas eco­nó­mi­cos con­tra­rios en Corea eran; en el sur, un sis­te­ma que per­pe­tuó la rique­za y el poder en una dimi­nu­ta cla­se de pro­pie­ta­rios, com­pra­do­res y cola­bo­ra­cio­nis­tas japo­ne­ses, y en el nor­te, un sis­te­ma que lan­zó refor­mas de gran­de alcan­ce des­ti­na­das a la gran­de mayo­ría. Mas redu­cir el con­flic­to la una lucha entre sis­te­mas eco­nó­mi­cos com­pe­ti­do­res es per­der par­te de la his­to­ria. Tam­bién era un con­flic­to entre libe­ra­ción nacio­nal y neocolonialismo.
En el momen­to en el que la gue­rra con­si­guió una nue­va fase, en 1950, con el empu­je de las fuer­zas del nor­te en el sur, Kim Il-sung recla­mó la res­tau­ra­ción de los Comi­tés Popu­la­res. Las fuer­zas del nor­te no encon­tra­ron nin­gu­na resis­ten­cia popu­lar. Cuan­do se recu­pe­ró Seúl, el Comi­té Popu­lar fue rápi­da­men­te refun­da­do, con­du­ci­do por corea­nos del sur. Los Comi­tés Popu­la­res apa­re­cie­ron en todas par­tes, como cin­co años antes, comen­zan­do un pro­yec­to de refor­ma agra­ria radical.
La libe­ra­ción del sur duró poco tiem­po. Con el boi­cot de la Unión Sovié­ti­ca a la ONU, en pro­tes­ta por la nega­ti­va de esta a otor­gar­le un pues­to en el Con­se­jo de Segu­ri­dad a la Chi­na socia­lis­ta, los Esta­dos Uni­dos logra­ron ase­gu­rar el apo­yo de la ONU para una «acción poli­cial» en Corea. En 1953, los muer­tes corea­nos en la gue­rra ascen­dían a tres millo­nes, y todos los edi­fi­cios supe­rio­res a un piso de altu­ra esta­ban des­tro­za­dos por las bom­bas esta­dou­ni­den­ses. Los sobre­vi­vien­tes vivían en madrigueras.
Es sig­ni­fi­ca­ti­vo, aun­que rara­men­te comen­ta­do, que el bom­bar­deo aéreo de civi­les fue el méto­do carac­te­rís­ti­co de la gue­rra emplea­do por los pode­res impe­ria­lis­tas y, des­de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, por los Esta­dos Uni­dos. El pri­mer bom­bar­deo aéreo sig­ni­fi­ca­ti­vo fue el rea­li­za­do por el gobierno labo­ris­ta inglés en 1924 con­tra ciu­da­des de Irak7. Des­pués fue el bom­bar­deo nazi de Ger­ni­ka y, poco des­pués, los bom­bar­deos masi­vos de Ale­ma­nia, Ingla­te­rra y los Esta­dos Uni­dos en la Segun­da Gue­rra Mun­dial. En Corea, los Esta­dos Uni­dos deja­ron caer más bom­bas que la soma total duran­te la Segun­da Gue­rra Mun­dial, con­tan­do los dos ban­dos. Los avio­nes de com­ba­te esta­dou­ni­den­ses tam­bién arro­ja­ron más napalm en Corea que años des­pués en Vietnam.
Los enfren­ta­mien­tos se estan­ca­ron a la altu­ra del para­le­lo 38, esta­ble­cién­do­se un alto el fue­go, no antes de que los EEUU des­tru­ye­ran embal­ses que pro­por­cio­na­ban el 75% del agua des­ti­na­da a la pro­duc­ción agrí­co­la del nor­te, un cla­ro cri­men de gue­rra. Nun­ca fue decla­ra­do el fin de la gue­rra, y los EEUU y la par­te nor­te de Corea per­ma­ne­cen téc­ni­ca­men­te en gue­rra. Pyong­yang pro­cu­ró en muchas oca­sio­nes nor­ma­li­zar la situa­ción con los Esta­dos Uni­dos, más sus ten­ta­ti­vas de hallar la paz siem­pre fue­ron recha­za­das (el Minis­tro de Asun­tos Exte­rio­res Colin Powel dijo la Corea en 2003 que «no hace­mos pac­tos de no agre­sión o fir­ma­mos tra­ta­dos de esa naturaleza.»

La eco­no­mia de Corea del Nor­te avanza
Dejan­do al mar­gen los años de gue­rra y los siguien­tes tres años de recu­pe­ra­ción, Corea del Nor­te expe­ri­men­tó un cre­ci­men­to supe­rior al sur des­de 1940 has­ta media­dos de los años 60. Tan impre­sio­na­do que­dó el Che des­pués de una visi­ta a Pyong­yang, que decla­ró que Corea del Nor­te era un mode­lo a lo que Cuba debia aspirar.
La indus­tria en el nor­te cre­ció un 25% duran­te los 10 años pos­te­rio­res a la gue­rra, y un 14% des­de 1965 has­ta 1978. Los fun­cio­ná­rios esta­dou­ni­den­ses esta­ban enor­me­men­te preo­cu­pa­dos por la eco­no­mia de Corea del Sur, que iba retra­sa­da, levan­tan­do dudas sobre los méri­tos del pro­yec­to dere­chis­ta y neo­co­lo­nial de Washing­ton en Corea. En 1980, la capi­tal nor­co­rea­na, Pyong­yang, era una de las ciu­da­des más efi­cien­tes de Ásia. Seúl, por su ban­da, era una inmen­sa barria­da flan­quea­da de fábri­cas don­de la explo­ta­ción haría pali­de­cer al pro­pio Engels, com­ple­ta­da con una pobla­ción sin vivienda.
Impa­cien­te por pre­sen­tar el sis­te­ma eco­nó­mi­co del sul como supe­rior al del nor­te, Washing­ton per­mi­tió que la Repú­bli­ca de Corea empren­die­ra un vigo­ro­so pro­gra­ma de pla­ni­fi­ca­ción indus­trial apo­ya­do en una pared de tari­fas y sub­ven­cio­nes, al tiem­po que posi­bi­li­ta­ba el encen­di­do de la indus­tria sur­co­rea­na al mer­ca­do mun­dial. Enor­mes ayu­das fue­ron inver­ti­das en el país. Japón entre­gó 800 millo­nes de dóla­res en sub­ven­cio­nes y emprés­ti­tos cómo com­pen­sa­ción a los 35 años de domi­na­ción colo­nial, en una épo­ca en la que las expor­ta­cio­nes sur­co­rea­nas sólo lle­ga­ban a 200 millo­nes de dóla­res. Y como com­pen­sa­ción al envio de 50.000 sol­da­dos para luchar y morir del lado esta­dou­ni­den­se en Viet­nam, Washing­ton pagó más de mil millo­nes de dóla­res de 1965 a 1970, can­ti­dad igual al 8% del PBI del sur.
El ejér­ci­to nor­te­ame­ri­cano fir­mó impor­tan­tes con­tra­tos con las empre­sas sur­co­rea­nas, y Viet­nam absor­bió casi toda la pro­duc­ción de ace­ro del sur (pro­du­ci­do por una ace­ria cons­trui­da con la ayu­da de los 800 millo­nes de dóla­res de Japón).
En el tocan­te al nor­te, exis­tie­ron erro­res de cálcu­lo. Pyong­yang enco­le­ri­zó a los sovié­ti­cos al ini­cio de los años 60, al decan­tar­se del lado chino duran­te el con­flic­to ruso-chino. Como ven­gan­za, la URSS para­li­zó las ayu­das al nor­te. Si bien la ayu­da sovié­ti­ca podía no ser tan impor­tan­te como la ayu­da de los EEUU y Japón al sur, duran­te su inte­rrup­ción (fue res­tau­ra­da más tar­de) fre­nó la mar­cha del cre­ci­men­to del nor­te. Pyong­yang, en los años 70, comen­zó a tener pro­ble­mas con las deu­das al tener que com­prar deter­mi­na­dos pro­duc­tos en fábri­cas ocidentales.
Como resul­ta­do de la pla­ni­fi­ca­ción indus­trial del sur, su mode­lo de impor­ta­ción, sus ele­va­das tari­fas que actua­ban como barre­ras, y las ayu­das de los EEUU y Japón, la eco­no­mia del sur ade­lan­tó al del nor­te a mea­dos de los años 80.
De todos mane­ras, aun­que decre­ció el cre­ci­men­to eco­nó­mi­co en el nor­te, la dife­rén­cia en el nível de vida entre lo sur­co­reano medio y el nor­co­reano medio nun­ca fue tan gran­de como los pro­pa­gan­dis­tas de Corea del Sur que­rian hacer creer. Y el nor­te tenía sus atrac­ti­vos. Cuan­do los bie­nes con­su­mi­bles eran pocos, las nece­si­da­des dia­rias esta­ban abun­dan­te­men­te satis­fe­chas a pre­cios sub­ven­cio­na­dos. Cumings seña­la un infor­me de la CIA que reco­no­ce vários logros del nor­te: «sien­ten cari­ño com­pa­si­vo por los niños en gene­ral y los huér­fa­nos de gue­rra en par­ti­cu­lar; cam­bio radi­cal en la posi­ción de las muje­res, vivien­da gra­tui­ta, asis­ten­cia médi­ca gra­tui­ta, medi­ci­na pre­ven­ti­va gra­tui­ta, mor­ta­li­dad infan­til y espe­ran­za de vida com­pa­ra­bles a los índi­ces de los paí­ses más avan­za­dos has­ta el recien­te perio­do de hambre.«8
Corea del Sur: un esta­do fascista
En el sur tam­bién exis­tía un movi­men­to de izquier­da, anti-impe­ria­lis­ta y anti­co­lo­nial como en el nor­te. La úni­ca dife­ren­cia era que, mien­tras en la par­te nor­te los sovié­ti­cos per­mi­tie­ron que este movi­men­to había pros­pe­ra­do has­ta for­mar un esta­do, en la par­te sur, los Esta­dos Uni­dos y sus gui­ño­les tra­ba­ja­ron a des­ta­jo para supri­mir­lo. De hecho, la his­to­ria de la polí­ti­ca en el sur duran­te la mayor par­te de la pos­gue­rra pue­de ser enten­di­da como la polí­ti­ca de con­te­ner a la izquier­da con los mis­mos méto­dos que habían emplea­do Mus­so­li­ni en los años 20 y Hitler en los 30.
En 1960, las pro­tes­tas de estu­dian­tes y pro­fe­so­res de la par­te sur, obli­ga­ron a huir a Rhee. Con Rhee había sido, tuvie­ron lugar las pri­me­ras elec­cio­nes de tipo occi­den­tal. En estas altu­ras, la eco­no­mia del nor­te supe­ra­ba a la del sur, y Kim Il-sung abo­ga­ba por una Corea con­fe­de­ral. Su pro­pues­ta con­tó con uno amplio apo­yo en el sur, don­de la izquier­da, des­pués de la repre­sión de la épo­ca de Rhee, con­ta­ba de nue­vo con fuer­za y ame­na­za­ba con derri­bar el régi­men neo­co­lo­nia­lis­ta proestadounidense.
Un año más tar­de, Park Chung Hee coman­dó un gol­pe mili­tar para fre­nar a la izquier­da, inau­gu­ran­do una dic­ta­du­ra mili­tar que duró tres déca­das y que ase­gu­ró la con­ti­nui­dad del sis­te­ma eco­nó­mi­co apo­ya­do por los EEUU. El gobierno recién pro­cla­ma­do supli­có a los nor­te­ame­ri­ca­nos que habían impe­di­do el triun­fo de los gol­pis­tas, mas sus súpli­cas no fue­ron aten­di­das. Washing­ton no sólo no hizo nada por fre­nar el gol­pe sino que reco­no­ció de inme­dia­to el nue­vo régi­men mili­tar, dán­do­le su apoyo.
Park Chung Hee prohi­bió toda acti­vi­dad polí­ti­ca, cerró el par­la­men­to y adop­tó ofi­cial­men­te un anti­co­mu­nis­mo agre­si­vo. Una ley anti­co­mu­nis­ta fue pro­mul­ga­da, decla­rán­do­se qué todos los paí­ses socia­lis­tas, espe­cial­men­te la DPRK, eran esta­dos enemi­gos. Esta ley era apre­ta­da al vése­lo Pac­to Anti­co­min­tern fir­ma­do por la Ale­ma­nia nazi, por la Itá­lia fas­cis­ta y por el Japón mili­ta­ris­ta. Tan extre­mo era el anti­co­mu­nis­mo, que los cen­so­res orde­na­ron borrar las fotos del líder de Corea del Nor­te que apa­re­cian en las edi­cio­nes inter­na­cio­na­les del Times. Asi­mis­mo, en las escue­las comen­zó un pro­gra­ma de adoc­tri­na­men­to anti­co­mu­nis­ta, bus­can­do impe­dir que en las nue­vas gene­ra­cio­nes bro­ta­ran sim­pa­tías por el comu­nis­mo y por la DPRK. El nor­te, sus líde­res y su sis­te­ma eco­nó­mi­co, fue demonizado.
En 2005, The New York Times publi­có un repor­ta­je sobre sur­co­rea­nos que tra­ba­jan con nor­co­rea­nos en la zona indus­trial de Kae­song: «Algu­nos sur­co­rea­nos dicen sen­tir apu­ro al tra­ba­jar jun­to con nor­co­re­naos, por­que la edu­ca­ción feroz­men­te anti­co­mu­nis­ta de Corea del Sur incul­có en ellos que los corea­nos del nor­te eran peli­gro­sos y mal­va­dos. En Corea del Nor­te, sin embar­go, los pro­gra­mas edu­ca­ti­vos ade­más de seña­lar el papel títe­re del gobierno de Corea del Sur, gui­ño­les de los nor­te­ame­ri­ca­nos, enfa­ti­zan que los sur­co­rea­nos son her­ma­nas y hermanos.«9
En el nor­te habia alo­ja­mien­to de bal­de, asis­ten­cia sani­ta­ria gra­tui­ta, igual­dad de dere­chos para las muje­res y amis­tad con los com­pa­trio­tas de la otra ban­da del para­le­lo 38; en el sur, no exis­tía nin­gún segu­ro médi­co, nin­gu­na red de pro­tec­ción social, las horas de tra­ba­jo más lar­gas del mun­do indus­trial, sala­rios mise­ra­ble­men­te bajos y adoc­tri­na­mien­to en el cul­to al odio y al mie­do a los com­pa­trio­tas septentrionales.
En el nor­te, los pro­pie­ta­rios y los terra­te­nen­tes corea­nos duran­te la ocu­pa­ción japo­ne­sa fue­ron pur­ga­dos de las posi­cio­nes de poder; en el sur, la mis­ma cla­se de cola­bo­ra­do­res que habían ser­vi­do a los japo­ne­ses antes, esta­ban en el poder. En enero de 2005, Roh Moo Hyun, el pre­si­den­te de la Repú­bli­ca de Corea, se que­ja­ba de la inca­pa­ci­dad del sur para aca­bar «con la abe­rra­ción his­tó­ri­ca que supo­ne que las famí­lias que lucha­ron por la inde­pen­dén­cia de la nación habían pade­ci­do la pobre­za duran­te tres gene­ra­cio­nes, mien­tras que las famí­lias cola­bo­ra­cio­nis­tas con los japo­ne­ses habían dis­fru­ta­do del éxi­to duran­te tres generaciones.«10
Los pro­ble­mas eco­nó­mi­cos del norte
El colap­so de los mer­ca­dos de expor­ta­ción del nor­te con la que­da del blo­que socia­lis­ta, una série de catás­tro­fes natu­ra­les, el blo­queo eco­nó­mi­co cons­tan­te de los Esta­dos Uni­dos y el des­vio de los esca­sos recu­ros a la defen­sa mili­tar, debi­li­ta­ron seve­ra­men­te la eco­no­mía de la DPRK des­de la caí­da del Muro de Berlín.
Bajo Gor­ba­chov, los sovié­ti­cos pro­cu­ra­ron su nue­vo rol bajo el ampa­ro de los Esta­dos Uni­dos, lo que impli­có tam­bién aban­do­nar a sus vie­jos alia­dos. El comer­cio sovié­ti­co con Corea del Nor­te se para­li­zó des­de 1988 has­ta 1992, y el sumi­nis­tro de petró­leo fue redu­ci­da seve­ra­men­te en 1991.
Las polí­ti­cas de Gor­va­chov arrui­na­ron las eco­no­mias de los esta­dos socia­lis­tas, hun­dien­do, pri­me­ro en el caos y des­pués en el aban­dono, al blo­que socia­lis­ta. Los mer­ca­dos de expor­ta­ción del nor­te des­apa­re­cie­ron, pri­van­do a Pyong­yang de la mone­da extran­je­ra que pre­ci­sa­ba para impor­tar el car­bón y el petró­leo. La insu­fi­cién­cia de petró­leo pro­vo­có un duro gol­pe a la agri­cul­tu­ra (la maqui­ná­ria no podia fun­cio­nar) y a la indus­tria quí­mi­ca. La impo­si­bi­li­dad de pro­du­cir fer­ti­li­zan­tes fue otro gol­pe con­tra la agri­cul­tu­ra, que pro­vo­có la esca­sez de ali­men­tos, acen­tua­da por una série de secas y lle­nas en la mitad de los años 90.
Ante la limi­ta­ción de sus mer­ca­dos exte­rio­res ‑un pro­ble­ma acre­cen­ta­do hoy por las san­cio­nes del Con­se­jo de Segu­ri­dad de la ONU y por las manio­bras de Washing­ton para ais­lar Corea del Nor­te del sis­te­ma finan­cie­ro mun­dial- la DPRK se con­vir­tió en el mayor expor­ta­dor de misi­les balís­ti­cos, lo que le sumi­nis­tró la mone­da extran­je­ra nece­sa­ria para las impor­ta­cio­nes esenciales.
Con las fábri­cas y la maqui­na­ria agrí­co­la tra­ba­jan­do por deba­jo de sus capa­ci­da­des, Pyong­yang luchó para crear una defen­sa crei­ble con­tra las con­tí­nuas ame­na­zas de los Esta­dos Uni­dos. El Pen­tá­gono había intro­du­ci­do arma­men­to nuclear en la par­te sur des­pués de 1953. Dece­nas de milla­res de sol­da­dos esta­dou­ni­den­ses per­ma­ne­cian en la penín­su­la corea­na, y otros tan­tos fue­ron des­ple­ga­dos en el cer­cano Japón. Los buques de gue­rra ame­ri­ca­nos patru­lla­ban las aguas de los lími­tes terri­to­ria­les de la DPRK, los bom­bar­de­ros nuclea­res efec­tua­ban prác­ti­cas de tiro y avio­nes espías sobre­vo­la­ban el espa­cio aéreo de una Corea del Nor­te amenazada.
Con el fin de la Gue­rra Fria, las ame­na­zas cre­cie­ron. El 30% del pre­su­pues­to mili­tar yan­qui era des­ti­na­do a Corea.

1 Bru­ce Cumings, “Korea’s Pla­ce in the Sun: A Modern His­tory (Upda­ted Edi­tion),” W.W. Nor­ton & Com­pany, 2005;
p. 404. Todas las refe­ren­cias his­tó­ri­cas pro­ce­den de esta obra o de Bru­ce Cumings, “North Korea: Another Country,” The New Press, 2004.
2 Cumings es cate­drá­ti­co de His­tó­ria en la Uni­ver­si­dad de Chicago.
3 Anna Loui­se Strong, “In North Korea: First Eye-Wit­ness Report,” Soviet Rus­sia Today, New York, 1949.
4 “Absent from the Korea Talks: Bush’s Hard-Liner,» The New York Times, 2 de setem­bro, 2003.
5 Bru­ce Cumings, “We look at it and see our­sel­ves,” Lon­don Review of Books, 15 de diciem­bre, 2005.
6 Hugh Dea­ne, “The Korean War: 1945 – 1953,” Chi­na Books & Perio­di­cals, San Fran­cis­co, 1999.
7 R. Pal­me Dutt, “Pro­blems of Con­tem­po­rary His­tory,” Inter­na­tio­nal Publishers, New York.
8 New York Times, 13 de agos­to, 2003.
9 New York Times, 8 de febre­ro, 2005.

10 New York Times, 5 de enero, 2005.

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