Las «dos caras» del lobby judío: El antes y el des­pués de Bush

Cuan­do se refie­ren al lobby judío (al que lla­man lobby pro-israe­lí) la mayo­ría de los exper­tos y ana­lis­tas hablan de un gru­po de fun­cio­na­rios y tec­nó­cra­tas de la dere­cha fun­da­men­ta­lis­ta, en cuyas manos está el dise­ño y la eje­cu­ción de la polí­ti­ca mili­tar norteamericana.

A este lobby judío (de dere­cha con­ser­va­do­ra) se le atri­bu­ye el obje­ti­vo estra­té­gi­co per­ma­nen­te de impo­ner la agen­da mili­tar y los intere­ses polí­ti­cos y geo­po­lí­ti­cos del gobierno y el Esta­do de Israel en la polí­ti­ca exte­rior de EEUU.

Como defi­ni­ción, el lobby es una gigan­tes­ca maqui­na­ria de pre­sión eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca que ope­ra simul­tá­nea­men­te en todos los esta­men­tos del poder ins­ti­tu­cio­nal esta­dou­ni­den­se: Casa Blan­ca, Con­gre­so, Pen­tá­gono, Depar­ta­men­to de Esta­do, CIA y agen­cias de la comu­ni­dad de inte­li­gen­cia, entre los mas importantes.

Como obje­ti­vo estra­té­gi­co per­ma­nen­te, el lobby judío orien­ta sus accio­nes a impo­ner la agen­da mili­tar y los intere­ses polí­ti­cos y geo­po­lí­ti­cos del gobierno y el Esta­do de Israel en la polí­ti­ca exte­rior de EEUU, valién­do­se de fun­cio­na­rios y lobbys­tas que ope­ran sobre las estruc­tu­ras del Esta­do norteamericano.

A tra­vés del lobby judío («por dere­cha») el Esta­do mili­ta­ris­ta de Israel con­si­gue impo­ner sus pro­pias estra­te­gias en la agen­da exte­rior nor­te­ame­ri­ca­na, prin­ci­pal­men­te en el Con­se­jo de Segu­ri­dad de la ONU, don­de se mime­ti­za con las posi­cio­nes ofi­cia­les de la repre­sen­ta­ción de Washing­ton en ese orga­nis­mo cla­ve de la polí­ti­ca internacional.

Con esa misión el lobby tie­ne ins­ta­la­dos fun­cio­na­rios cla­ves en los cen­tros de deci­sión de la Casa Blan­ca, el Con­gre­so, el Pen­tá­gono y el Depar­ta­men­to de Esta­do y las redes y agen­cias de la comu­ni­dad de inte­li­gen­cia estadounidense.

Según Petras, el poder del lobby pro-Israel, que inclu­ye al AIPAC, la Con­fe­ren­cia de Pre­si­den­tes, los PAC y cien­tos de orga­ni­za­cio­nes loca­les for­ma­les e infor­ma­les, se ve incre­men­ta­do por su influen­cia y hege­mo­nía sobre el Con­gre­so, los medios de comu­ni­ca­ción de masas, las ins­ti­tu­cio­nes finan­cie­ras, los fon­dos de pen­sio­nes y las orga­ni­za­cio­nes fun­da­men­ta­lis­tas cristianas.

Los tec­nó­cra­tas del lobby (neo­cons) pro­vie­nen prin­ci­pal­men­te del lobby sio­nis­ta de Israel, la dere­cha cris­tia­na, los think-tanks, las fun­da­cio­nes y los gran­des con­sor­cios mediá­ti­cos ‑dia­rios y cade­nas tele­vi­si­vas y radia­les- que inte­gran la logia empre­sa­rial con­tra­tis­ta del Com­ple­jo Mili­tar Industrial.

El lobby judío en EEUU adqui­rió fuer­za y gran capa­ci­dad de influen­cia en la polí­ti­ca nor­te­ame­ri­ca­na hacia Orien­te Medio tras la gue­rra ára­be-israe­lí de 1967, cuan­do se creó el Ame­ri­can-Israel Public Affairs Com­mit­tee (AIPAC) y la doc­tri­na Nixon con­vir­tió a Israel en el gen­dar­me regio­nal del poder mili­tar esta­dou­ni­den­se en la región.

Entre los inte­gran­tes más sobre­sa­lien­tes del lobby (nuclea­dos alre­de­dor de las figu­ras polí­ti­cas del vice­pre­si­den­te Dick Che­ney, y del secre­ta­rio de Defen­sa Donald Rums­feld) sobre­sa­le el ex secre­ta­rio adjun­to de defen­sa, Paul Wol­fo­witz (hoy pre­si­den­te del Ban­co Mun­dial) para muchos el ver­da­de­ro «cere­bro».

Otros miem­bros des­ta­ca­dos del gru­po son Dou­glas Feith, el ex núme­ro tres en el Pen­tá­gono, Lewis «Scoo­ter» Libby, ex jefe de gabi­ne­te del vice­pre­si­den­te Dick Che­ney, John R. Bol­ton, emba­ja­dor de EEUU en la ONU, y Elliott Abrams, a car­go de la polí­ti­ca de Medio Orien­te en el Con­se­jo Nacio­nal de Seguridad.

Tam­bién son inte­gran­tes des­ta­ca­dos James Wool­sey, ex direc­tor de la CIA, autor de la ope­ra­ción que inten­tó vin­cu­lar a Sad­dam Hus­sein con el 11‑S y con las car­tas con ántrax en EE.UU; y Richard Per­le, que renun­ció a su car­go de ase­sor del depar­ta­men­to de Defen­sa tras un escán­da­lo empresarial.

Una vez que aban­do­nan sus car­gos en la admi­nis­tra­ción esta­dou­ni­den­se pasan a desem­pe­ñar­se en los think-tanks (gabi­ne­tes estra­té­gi­cos) como el Ame­ri­can Enter­pri­se Ins­ti­tu­te (AEI), y el Cen­tro de Estu­dios Estra­té­gi­cos e Inter­na­cio­na­les (CSIS, por sus siglas en inglés), des­de los cua­les siguen ope­ran­do ideas y nego­cios para el lobby des­de la fun­ción privada.

El dine­ro para la finan­cia­ción de las estruc­tu­ras ope­ra­ti­vas del lobby («por dere­cha») pro­vie­ne de las mega­cor­po­ra­cio­nes, petro­le­ras, arma­men­tis­tas, tec­no­ló­gi­cas, finan­cie­ras, que hacen nego­cios tan­to con el Com­ple­jo Mili­tar Indus­trial como con Wall Street, y tam­bién de fun­da­cio­nes con­ser­va­do­ras al esti­lo de Brad­ley y Olin que uti­li­zan las for­tu­nas lega­das a tal fin por mag­na­tes que ya deja­ron este mundo.

El mayor víncu­lo entre los think-tanks con­ser­va­do­res y el lobby de Israel es el Ins­ti­tu­to Judío de Asun­tos de Segu­ri­dad Nacio­nal (JINSA, por sus siglas en inglés) de Washing­ton, que apo­ya al Likud, y que invo­lu­cra a muchos exper­tos no-judíos de Defen­sa, quie­nes hacen cons­tan­tes via­jes a Israel en carác­ter de con­sul­ti­vos de los hal­co­nes de los gobier­nos sio­nis­tas de turno en el Esta­do de Israel.

El Ins­ti­tu­to Judío para Asun­tos de la Segu­ri­dad Nacio­nal (Jin­sa), que fue fun­da­do en 1976, fue fusio­na­do con otro gru­po, el Cen­tro para la Polí­ti­ca de Segu­ri­dad (CSP), y posee una impre­sio­nan­te jun­ta direc­ti­va que inclu­ye al vice­pre­si­den­te, Dick Che­ney, y los neo­con­ser­va­do­res Paul Wol­fo­witz, Richard Per­le, el sub­se­cre­ta­rio de Esta­do, John Bol­ton, el sub­se­cre­ta­rio de Defen­sa, Dou­glas Feith, Michael Ledeen, la anti­gua emba­ja­do­ra en las Nacio­nes Uni­das Jean­ne J. Kirk­pa­trick, Stephen Bryen, Joshua Murav­chik, Euge­ne Ros­tow y el ex direc­tor de la CIA James Wool­sey, ade­más de varios gene­ra­les y almi­ran­tes retirados.

El gru­po de fun­cio­na­rios y tec­nó­cra­tas del lobby «por dere­cha» se apo­de­ró de la admi­nis­tra­ción Bush hijo por medio del vice­pre­si­den­te Dick Che­ney, una espe­cie de tutor polí­ti­co de W., cuan­do éste esta­ba a car­go de la tran­si­ción pre­si­den­cial (el perío­do entre la elec­ción en noviem­bre y el acce­so al poder en enero).

Che­ney, ase­so­ra­do en las som­bras por su socio y ami­go el ex pre­si­den­te Geor­ge Bush, padre de W., se valió de esa cir­cuns­tan­cia para colo­car en la pri­me­ra línea de admi­nis­tra­ción repu­bli­ca­na a los más repu­tados inte­lec­tua­les y tec­nó­cra­tas del lobby judío «por derecha».

Des­de ese espa­cio cla­ve empe­za­ron a cons­truir las nue­vas coor­de­na­das de la polí­ti­ca exte­rior del Impe­rio y dise­ña­ron la nue­va estra­te­gia colo­ni­za­do­ra del Esta­do nor­te­ame­ri­cano: las gue­rras pre­ven­ti­vas con­tra el «eje del mal», plas­ma­das en el papel por la hal­co­na negra Con­do­leez­za Rice.

En esa orien­ta­ción estra­té­gi­ca el lobby («por dere­cha») empe­zó a cons­truir las teo­rías cons­pi­ra­ti­vas sobre Bin Laden y el «terro­ris­mo ame­na­zan­te» que sir­vie­ron para jus­ti­fi­car la inva­sión a Afga­nis­tán tras el 11‑S, y lue­go la inva­sión a Irak.

Las teo­rías e hipó­te­sis de con­flic­to jus­ti­fi­ca­to­rias de esa inva­sio­nes fue­ron ela­bo­ra­das por el lobby judío en la Ofi­ci­na de Pla­nes Espe­cia­les (una estruc­tu­ra para­le­la a la CIA y a los orga­nis­mo de inte­li­gen­cia) , en vin­cu­la­ción direc­ta con el equi­po con­du­ci­do por la enton­ces ase­so­ra en Segu­ri­dad Nacio­nal de Bush, Con­do­leez­za Rice, que com­po­nían jun­to con Che­ney y Powell (hoy reti­ra­do) la pri­me­ra línea de influen­cia en la Casa Blan­ca.

Des­de allí el lobby cons­tru­yó las prin­ci­pa­les teo­rías legi­ti­ma­do­ras de la nue­va inva­sión a Irak en base a infor­mes fal­sos como lo fue, por ejem­plo, la infor­ma­ción pro­vis­ta a Bush sobre las armas quí­mi­cas de Sad­dam, y sus pre­sun­tas vin­cu­la­cio­nes con la orga­ni­za­ción Al Qae­da de Bin Laden.

Expe­rien­cia que le valió el mote de «fabri­ca de men­ti­ras» con que se cono­ce a esta ofi­ci­na invi­si­ble del lobby en el Pentágono.

Actual­men­te el lobby neo­con con sus jefes polí­ti­cos, Dick Che­ney y Donald Rums­feld, incre­men­ta su pre­sión sobre la Casa Blan­ca para que orde­ne accio­nes mili­ta­res pun­tua­les con­tra Irán y Siria, bási­ca­men­te bom­bar­deos «selec­ti­vos» como los rea­li­za­dos en Irak antes de la invasión.

El lobby judío («por dere­cha») impul­sa abier­ta­men­te la inter­ven­ción mili­tar en todo el mapa de Medio Orien­te para eli­mi­nar «la ame­na­za ára­be a Israel», y sos­tie­ne que Israel y Tur­quía son los úni­cos ver­da­de­ros Esta­dos-nacio­nes de la región y han esta­do pro­nos­ti­can­do la desin­te­gra­ción de algu­nos Esta­dos ára­bes des­de la pri­me­ra Gue­rra del Golfo.

Su «biblia» fun­cio­nal se con­den­sa en un docu­men­to del año1996 titu­la­do «Un cam­bio níti­do: una nue­va estra­te­gia para ase­gu­rar el terri­to­rio nacio­nal,» escri­to por el gru­po JINSA para acon­se­jar al enton­ces pri­mer minis­tro entran­te israe­lí Ben­ja­min Netanyahu.
 
Este docu­men­to abre­va en las raí­ces de la «teo­ría de los bolos» del Orien­te Medio, según la cual un gol­pe diri­gi­do con­tra Irak podría derri­bar varios regí­me­nes ára­bes del Medio Oriente.
 
La mis­ma teo­ría la repi­ten aho­ra ponien­do en el cen­tro a Irán y Siria, y a las orga­ni­za­cio­nes radi­ca­li­za­das ára­bes que com­ba­ten a la ocu­pa­ción mili­tar de EE.UU. en Irak.

Has­ta aquí, hemos des­crip­to resu­mi­da­men­te al lobby judío «de dere­cha» como un gru­po estra­té­gi­co de fun­cio­na­rios y tec­nó­cra­tas «ultra­de­re­chis­tas» que (infil­tra­do en la admi­nis­tra­ción Bush, y des­de el 11‑S) orien­ta sus accio­nes a impo­ner la agen­da mili­tar y los intere­ses polí­ti­cos y geo­po­lí­ti­cos del gobierno y el Esta­do de Israel en la polí­ti­ca exte­rior de EEUU.

Pero esta ver­sión del lobby (recrea­da por los exper­tos) está incom­ple­ta, le fal­ta un capí­tu­lo.

El lobby «por izquierda»

Curio­sa­men­te los exper­tos, tan­to de izquier­da como de dere­cha, (sal­vo James Petras) sólo se ocu­pan del lobby judío neo­con­ser­va­dor de la admi­nis­tra­ción Bush, sin nin­gu­na men­ción de otras admi­nis­tra­cio­nes ante­rio­res, como la del demó­cra­ta Clin­ton, por ejemplo.

¿Aca­so el lobby judío es un inven­to exclu­si­vo de la dere­cha fun­da­men­ta­lis­ta que hoy con­tro­la la Casa Blanca?

¿Por­qué cuan­do se habla del lobby judío en «ver­sión con­ser­va­do­ra» se omi­te, aun­que sea como refe­ren­cia com­ple­men­ta­ria, su «ver­sión libe­ral» imple­men­ta­da duran­te las admi­nis­tra­cio­nes demó­cra­tas, prin­ci­pal­men­te de Car­ter y de Clinton?

¿Aca­so con las admi­nis­tra­cio­nes demó­cra­tas se detie­ne la acción del lobby judío sobre la Casa Blan­ca y las estruc­tu­ras ins­ti­tu­cio­na­les del poder estadounidense?

¿Aca­so con las admi­nis­tra­cio­nes demó­cra­tas se detie­nen las inva­sio­nes mili­ta­res de EEUU por con­quis­tas de mer­ca­dos y apro­pia­ción de recur­sos natu­ra­les, como las rea­li­za­das por Bush y su admi­nis­tra­ción en Irak y Afganistán?

Al libe­ra­lis­mo de los demó­cra­tas, en EEUU, se lo deno­mi­na «izquier­da». Y al lobby judío que ope­ra duran­te esas admi­nis­tra­cio­nes (com­ple­men­ta­rias de la dere­cha con­ser­va­do­ra) habría que lla­mar­lo, por lógi­ca con­se­cuen­cia, lobby judío «de izquier­da».

O por lo menos hacer una refe­ren­cia, cuan­do se habla del lobby judío «de dere­cha», que el mis­mo lobby que hoy ope­ra con la dere­cha con­ser­va­do­ra de Bush (con otros nom­bres) ope­ra simul­tá­nea­men­te tan­to en las estruc­tu­ras del Par­ti­do Repu­bli­cano como del Par­ti­do Demó­cra­ta, y de sus res­pec­ti­vas admi­nis­tra­cio­nes cuan­do lle­gan a la Casa Blanca.

Por ejem­plo: nin­gún ana­lis­ta se pre­gun­tó que hacia Samuel Ber­ger, el jefe polí­ti­co del lobby judío que se movía en la órbi­ta de la admi­nis­tra­ción Clin­ton, como prin­ci­pal ase­sor del can­di­da­to demó­cra­ta John Kerry en la últi­ma elec­ción presidencial .

Ber­ger, un sio­nis­ta libe­ral «de izquier­da», fue ase­sor de segu­ri­dad nacio­nal duran­te la pre­si­den­cia de Bill Clin­ton, pero has­ta ser des­cu­bier­to roban­do pape­les secre­tos se desem­pe­ña­ba como prin­ci­pal con­se­je­ro en temas de segu­ri­dad del can­di­da­to demó­cra­ta John Kerry.

Samuel Ber­ger, William Cohen y Made­lei­ne Albright cum­plie­ron, duran­te la admi­nis­tra­ción de Bill Clin­ton, las mis­mas fun­cio­nes para el lobby judío libe­ral «de izquier­da» que hoy cum­plen Dick Che­ney, Donald Rums­feld y Con­do­leez­za Rice en la admi­nis­tra­ción Bush.

Pero de eso los ana­lis­tas no hablan, solo se ocu­pan de los fun­cio­na­rios hal­co­nes de Bush que hoy repre­sen­tan al lobby «por derecha».

Des­de sus pues­tos en la Casa Blan­ca los sio­nis­tas judíos «de izquier­da» Ber­ger, Albright y Cohen, tuvie­ron una par­ti­ci­pa­ción cla­ve en los bom­bar­deos y pos­te­rior inva­sión de EEUU a Yugos­la­via lan­za­da por la admi­nis­tra­ción Clin­ton con la com­pli­ci­dad mili­tar de la OTAN, en mar­zo de 1999.

El trío tam­bién fue el impul­sor prin­ci­pal de las ope­ra­cio­nes aéreas anglo esta­dou­ni­den­ses sobre la lla­ma­da «zona de exclu­sión» de Irak, las que cau­sa­ron miles de muer­tos por las bom­bas y por los efec­tos cola­te­ra­les de la radia­ción con ura­nio empo­bre­ci­do entre la pobla­ción civil.

Esta hoja en su pron­tua­rio no les impi­de a los sio­nis­tas «por izquier­da», Ber­ger y a Albright, pre­sen­tar­se hoy (sin nin­gún cues­tio­na­mien­to de los ana­lis­tas y de la pren­sa del sis­te­ma ) como opo­si­to­res «demo­crá­ti­coacé­rri­mos a las prác­ti­cas mili­ta­ris­tas «uni­la­te­ra­les» de Bush en terri­to­rio iraquí.

Exper­to en con­tra­te­rro­ris­mo, Ber­ger fue una pie­za cla­ve en la «apor­ta­ción de prue­bas» para las denun­cias sobre «irre­gu­la­ri­da­des» come­ti­das por la admi­nis­tra­ción Bush duran­te los aten­ta­dos terro­ris­tas del 11‑S for­mu­la­das por Richard Clar­ke, las que fue­ron uti­li­za­das mediá­ti­ca­men­te para com­pli­car elec­to­ral­men­te al actual pre­si­den­te de EEUU.

La admi­nis­tra­ción de Clin­ton inva­dió paí­ses y ase­si­nó a tanta o más gen­te que Bush, y sin embar­go la pren­sa impe­ria­lis­ta lo pre­sen­ta hoy como un ino­fen­si­vo play boy, o como un moderno cru­za­do (algo cho­lu­lo) de la demo­cra­cia ame­ri­ca­na ocu­pa­do en escri­bir libros para chi­cos o pre­sen­tar sus memo­rias con un éxi­to edi­to­rial millonario.

Según James Petras, » Bajo el pre­si­den­te Clin­ton, el impe­rio esta­dou­ni­den­se se expan­dió mucho más allá de las fron­te­ras de cual­quier otro pre­si­den­te des­de Harry Tru­man. Des­de los paí­ses bál­ti­cos a los Bal­ca­nes, siguien­do hacia la par­te meri­dio­nal de lo que antes era la URSS, EE.UU. ha esta­ble­ci­do una can­ti­dad de esta­dos clien­tes, que son o nue­vos miem­bros de la OTAN o «Aso­cia­dos por la Paz» (clien­tes en espera)».

Para Petras, «El esti­lo de cons­truc­ción del impe­rio de Clin­ton com­bi­na­ba la pene­tra­ción eco­nó­mi­ca abier­ta y el reclu­ta­mien­to de nue­vos clien­tes polí­ti­cos con la inter­ven­ción mili­tar y de inte­li­gen­cia encu­bier­ta.

«Este últi­mo méto­do fue uti­li­za­do sea para refor­zar la influen­cia sobre regí­me­nes en desin­te­gra­ción o para soca­var a regí­me­nes inde­pen­dien­tes, o para ven­cer en la com­pe­ten­cia con­tra com­pe­ti­do­res euro­peos o japo­ne­ses, usan­do el espio­na­je eco­nó­mi­co de alto nivel, el lla­ma­do Pro­yec­to Eche­lon», seña­la Petras.

A este caba­lle­ro, Bill Clin­ton, la social­de­mo­cra­cia «pro­gre­sis­ta» inter­na­cio­nal, alia­da de los demó­cra­tas y del lobby judío «por izquier­da, pre­sen­ta como un este­reo­ti­po «demo­crá­ti­co» a Bush.

Los demó­cra­tas y el lobby judío «libe­ral» de la era Clin­ton fue­ron los inven­to­res de los bom­bar­deos «qui­rúr­gi­cos», tér­mino con el que se defi­nió el uso inten­si­vo de misi­les y bom­bas «inte­li­gen­tes» diri­gi­dos por sis­te­ma láser, con el que se ini­ció la era de la supre­ma­cía de los ata­ques aéreos como méto­do de con­quis­ta mili­tar, cuyo módu­lo expe­ri­men­tal fue Yugoslavia.

Duran­te la ges­tión de Clin­ton comen­za­ron las pri­me­ras ope­ra­cio­nes encu­bier­tas de la CIA para ase­si­nar o derro­car a Sad­dam Hus­sein, uti­li­zan­do a los mis­mos fun­cio­na­rios títe­res que hoy gobier­nan para Bush en Irak, y que enton­ces se pre­sen­ta­ban en Lon­dres y en Washing­ton como la «opo­si­ción a Sad­dam en el exilio».

Tras la apro­ba­ción en 1998 por el Con­gre­so de EEUU de la deno­mi­na­da Acta de Libe­ra­ción de Irak, la Admi­nis­tra­ción Clin­ton se dedi­có a «fabri­car» prue­bas de inte­li­gen­cia fal­sas y una opo­si­ción al ex líder ira­quí, con el pro­pó­si­to de des­ti­tuir­lo o de legi­ti­mar una inva­sión mili­tar y un cam­bio de régi­men interno en el país.

El lobby judío, a tra­vés de Samuel Ber­ger jun­to con el secre­ta­rio de Defen­sa, William Kohen, fue­ron fir­mes impul­so­res tan­to del gru­po terro­ris­ta de Iyav Alla­wi (ex pri­mer minis­tro de Irak) como con el de Amhed Cha­la­bi, quie­nes con­si­guie­ron cuan­tio­sos recur­sos del Pen­tá­gono y de la CIA para ase­si­nar a Sad­dam Hus­sein y pre­pa­rar el terreno para la inva­sión militar.

El lobby judío de Clinton

El Washing­ton Ins­ti­tu­te for Near East Policy (WINEP), crea­do en 1985 bajo la res­pon­sa­bi­li­dad del que has­ta enton­ces había sido el direc­tor del AIPAC, Mar­tin Indyk, desem­pe­ñó, duran­te la admi­nis­tra­ción Clin­ton el mis­mo rol de «think tank» del lobby neo­con­ser­va­dor que hoy desem­pe­ña el Ins­ti­tu­to Judío para Asun­tos de la Segu­ri­dad Nacio­nal (JINSA) en el gobierno de los hal­co­nes de Bush.

Ambas son una rama de AIPAC, la orga­ni­za­ción de pre­sión sio­nis­ta más pode­ro­sa de EEUU y de todo el pla­ne­ta capitalista.

Y como dato rele­van­te indi­ca­dor de la fun­ción com­ple­men­ta­ria de ambos lobbys judíos (el de dere­cha con los repu­bli­ca­nos, y el de izquier­da con los demó­cra­tas) bas­te men­cio­nar que el direc­tor fun­da­dor de WINEP, Mar­tin Indyk, había sido antes direc­tor de inves­ti­ga­ción del Comi­té de Asun­tos Públi­cos Esta­dou­ni­den­se-Israe­lí (AIPAC).

Como ya había­mos dicho y como seña­la­ra Petras, el poder del lobby pro-Israel, que lide­ra el AIPAC, la Con­fe­ren­cia de Pre­si­den­tes, los PAC y cien­tos de orga­ni­za­cio­nes loca­les for­ma­les e infor­ma­les, incre­men­tan su influen­cia y hege­mo­nía sobre el Con­gre­so, los medios de comu­ni­ca­ción de masas, las ins­ti­tu­cio­nes finan­cie­ras, los fon­dos de pen­sio­nes y las orga­ni­za­cio­nes fun­da­men­ta­lis­tas cristianas.

En 1993, tras adqui­rir la ciu­da­da­nía esta­dou­ni­den­se, Indyk se con­vir­tió en ase­sor espe­cial del pre­si­den­te Clin­ton y direc­tor para Orien­te Medio del Con­se­jo de Segu­ri­dad Nacio­nal. Más tar­de fue nom­bra­do emba­ja­dor en Israel y sub­se­cre­ta­rio de Esta­do para Orien­te Medio y el Sudes­te Asiático.

El WINEP hoy es diri­gi­do por Den­nis Ross, que actuó como coor­di­na­dor del pre­si­den­te Clin­ton en el pro­ce­so de paz de Orien­te Medio. Entre los inves­ti­ga­do­res y el per­so­nal que com­par­te con otros ins­ti­tu­tos neo­con­ser­va­do­res se encuen­tran Robert Satloff (direc­tor de polí­ti­ca), Patrick Claw­son (direc­tor de inves­ti­ga­ción), Michael Rubin y Mar­tin Kramer.

Fue el WINEP quien impul­só la con­cep­ción estra­té­gi­ca nor­te­ame­ri­ca­na de Israel como gen­dar­me del Medio Orien­te y alia­do impres­cin­di­ble de EEUU con­tra la «expan­sión del isla­mis­mo» y de los Esta­dos «terro­ris­tas» en el mun­do árabe.

Los ope­ra­ti­vos del lobby judío de la admi­nis­tra­ción Clin­ton fue­ron los ade­lan­ta­dos de las teo­rías y estra­te­gias para el Medio Orien­te que lue­go pusie­ron en prác­ti­ca los hal­co­nes sio­nis­tas de la era Bush hijo.

Los tec­nó­cra­tas y fun­cio­na­rios del WINEP esta­ban entre los con­se­je­ros más pró­xi­mos al pre­si­den­te Clin­ton en la cum­bre que nego­cia­ba la paz entre pales­ti­nos e israe­líes, en Camp David, en julio de 2000.

La dele­ga­ción nor­te­ame­ri­ca­na seguía al pie de la letra las posi­cio­nes del pri­mer minis­tro israe­lí Ehud Barak, sin ofre­cer pro­pues­tas inde­pen­dien­tes para la reso­lu­ción del con­flic­to, tal como hoy lo hacen los inte­gran­tes del lobby neo­con que con­tro­la la polí­ti­ca exte­rior de Bush en Medio Oriente.

Ade­más, el lobby sio­nis­ta de la era Clin­ton impul­só el caso de mayor abu­so de poder en la his­to­ria esta­dou­ni­den­se con el per­dón pre­si­den­cial otor­ga­do para Mark Rich, un mul­ti­mi­llo­na­rio fugi­ti­vo en la lis­ta de los Más Bus­ca­dos del FBI, que había renun­cia­do a su ciu­da­da­nía esta­dou­ni­den­se antes de pagar los impues­tos que debía.

El gobierno de Clin­ton, influi­do por el lobby de pre­sión sio­nis­ta ini­ció los bom­bar­deos pre­ven­ti­vos con­tra Irak des­oyen­do el lla­ma­do de quie­nes pedían que cesa­ran las san­cio­nes eco­nó­mi­cas que mata­ban a seis mil niños cada mes.

Estas pre­ci­sio­nes y evi­den­cias his­tó­ri­cas prue­ban, entre otras cosas, que el lobby judío no es pro­pie­dad ni crea­ción «exclu­si­va» de los hal­co­nes de Bush, sino que res­pon­de a dos líneas con­ver­gen­tes del sio­nis­mo capi­ta­lis­ta tras­na­cio­nal que pro­yec­ta su influen­cia en la Casa Blan­ca, tan­to con admi­nis­tra­cio­nes demó­cra­tas como republicanas.

La cate­dral del poder sionista
(O la madre de todos los lobbys)

A los ana­lis­tas (escan­da­li­za­dos por el lobby judío dere­chis­ta de Che­ney y Rums­feld) no les mere­ció nin­gún comen­ta­rio el hecho de que la can­di­da­tu­ra del demó­cra­ta Kerry fue­ra impul­sa­da por el lobby judío libe­ral «de izquier­da», encar­na­do por la cre­ma de empre­sa­rios y finan­cis­tas de Wall Street, entre los que se con­ta­ban, entre otros, Geor­ge Soros, David Roc­ke­fe­ller  y Warren Buf­fet, el segun­do hom­bre más rico del pla­ne­ta des­pués de Bill Gates.

Todos ellos nota­bles inte­gran­tes de la Comi­sión Tri­la­te­ral, his­tó­ri­co bas­tión del lobby judío libe­ral «por izquierda».

La Comi­sión Tri­la­te­ral, fun­da­da por ini­cia­ti­va de David Rockfe­ller en julio de 1973, con­so­li­da la alian­za entre el poder de las tras­na­cio­na­les, el de las finan­zas y el de la polí­ti­ca, gra­cias a una red de influen­cias cuyas rami­fi­ca­cio­nes se extien­den a los prin­ci­pa­les sec­to­res de la socie­dad esta­dou­ni­den­se y mundial.

Entre sus prin­ci­pa­les «cere­bros» fun­da­do­res se encuen­tra Zbig­niew Brze­zins­ki, arti­cu­la­dor estra­té­gi­co de la polí­ti­ca exte­rior de Car­ter, gurú «ideo­ló­gi­co» del lobby sio­nis­ta que acom­pa­ñó a Clin­ton, y men­tor doc­tri­na­rio en las som­bras de la cam­pa­ña elec­to­ral de Kerry.

La Comi­sión Tri­la­te­ral (CT) repre­sen­ta­ba la sín­te­sis del pro­yec­to que venía a ter­mi­nar con los resi­duos ideo­ló­gi­cos del capi­ta­lis­mo con­ser­va­dor tra­di­cio­nal, des­ti­na­do a morir a pla­zo fijo jun­to con la Gue­rra Fría y la URSS.

El «nue­vo orden» tri­la­te­ra­lis­ta (para­do­jal­men­te impul­sa­do por los vie­jos con­sor­cios del impe­rio nor­te­ame­ri­cano) esta­ba deli­nea­do por la nue­va cla­se diri­gen­te de la era nuclear y espacial.

Bill Clin­ton, como James Car­ter y el res­to de los pre­si­den­tes nor­te­ame­ri­ca­nos de las últi­mas cin­co déca­das, salie­ron de las entra­ñas del Coun­cil on Foreign Rela­tions (CFR) , la Comi­sión Tri­la­te­ral y el Bil­der­berg Group, colum­nas ver­te­bra­les del poder sio­nis­ta capi­ta­lis­ta trasnacional.

El Coun­cil on Foreign Rela­tions (CFR) con­for­ma una pode­ro­sa orga­ni­za­ción cen­tra­li­za­do­ra del capi­ta­lis­mo tras­na­cio­nal a nivel pla­ne­ta­rio, de muy bajo per­fil públi­co, y de alta efec­ti­vi­dad, inte­gra­da por unos 3.600 miem­bros del más alto nivel, pres­ti­gio e influen­cia en sus res­pec­ti­vas dis­ci­pli­nas y ámbi­tos de poder, tan­to en EEUU como en Europa.

Inte­gra en su seno una red ver­te­bra­do­ra del capi­ta­lis­mo sio­nis­ta tras­na­cio­na­li­za­do expre­sa­do en el domi­nio abru­ma­dor de un redu­ci­do núme­ro de empre­sas trans­na­cio­na­les de dimen­sio­nes gigan­tes­cas, mayo­res que Esta­dos, sobre la pro­duc­ción, el comer­cio y las finan­zas mundiales.

La con­cen­tra­ción del capi­tal mun­dial en estos mega-gru­pos o mega-com­pa­ñías, en una pro­por­ción aplas­tan­te, que impli­ca modi­fi­ca­cio­nes de todo tipo, en la eco­no­mía, en la socie­dad, en la vida polí­ti­ca, en la cul­tu­ra, etc., es segu­ra­men­te el aspec­to más defi­ni­to­rio de la glo­ba­li­za­ción impues­ta por el poder mun­dial del capi­ta­lis­mo impe­rial sionista.

Este capi­ta­lis­mo trans­na­cio­nal «sin fron­te­ras» asen­ta­do en dos pila­res fun­da­men­ta­les: la espe­cu­la­ción finan­cie­ra infor­ma­ti­za­da (con asien­to terri­to­rial en Wall Street ) y la tec­no­lo­gía mili­tar-indus­trial de últi­ma gene­ra­ción (cuya expre­sión máxi­ma de desa­rro­llo se con­cen­tra en el Com­ple­jo Mili­tar Indus­trial de EEUU) se expre­sa tota­li­za­da­men­te en la estruc­tu­ra fun­cio­nal de Coun­cil on Foreign Rela­tions (CFR)

El obje­ti­vo cen­tral expan­si­vo de este capi­ta­lis­mo sio­nis­ta tras­na­cio­na­li­za­do es el con­trol y el domi­nio de recur­sos natu­ra­les y sis­te­mas eco­nó­mi­co – pro­duc­ti­vos, que sus defen­so­res y teó­ri­cos lla­man «polí­ti­cas de mercado».

El capi­ta­lis­mo trans­na­cio­nal, a esca­la glo­bal, es el due­ño de los esta­dos y sus recur­sos y sis­te­mas eco­nó­mi­co- pro­duc­ti­vos, no sola­men­te del mun­do depen­dien­te, sino tam­bién de los paí­ses capi­ta­lis­tas centrales.

Por lo tan­to los gobier­nos depen­dien­tes y cen­tra­les son geren­cias de encla­ve ( por izquier­da o dere­cha) que con varian­tes dis­cur­si­vas eje­cu­tan el mis­mo pro­gra­ma eco­nó­mi­co y las mis­mas líneas estra­té­gi­cas de con­trol polí­ti­co y social.

El lobby judío de Washing­ton (por izquier­da o por dere­cha) pla­ni­fi­ca todo el nivel de las ope­ra­cio­nes del capi­ta­lis­mo tras­na­cio­nal, pero el dise­ño de la estra­te­gia está en la cabe­za de los gran­des char­mans y eje­cu­ti­vos que se sien­tan en el cón­cla­ve del Con­sen­so de Washing­ton, ins­tan­cia eje­cu­ti­va del «poder real».

Bush y sus hal­co­nes mili­ta­ris­tas, como lo fue­ron Clin­ton y su trou­pe ban­ca­ria , son ope­ra­do­res cir­cuns­tan­cia­les de las nece­si­da­des estra­té­gi­cas de este capi­ta­lis­mo sio­nis­ta tras­na­cio­na­li­za­do que, más allá de sus fal­sas com­pe­ten­cias inter­nas entre «hal­co­nes» y «mode­ra­dos», entre lobby de «dere­cha» y lobby de «izquier­da», fun­cio­na en una inter­ac­ción eco­nó­mi­ca – cien­tí­fi­ca – tec­no­ló­gi­ca – mili­tar totalizada.

Clin­ton, Rubin, y el Con­sen­so de Washing­ton lan­za­ron (en la déca­da de los 90) la «bur­bu­ja finan­cie­ra» de libre mer­ca­do y capi­ta­lis­mo sin fron­te­ras, con el «sis­te­ma demo­crá­ti­co» estan­da­ri­za­do como estra­te­gia de domi­nio en todo el pla­ne­ta, prin­ci­pal­men­te en el patio tra­se­ro latinoamericano.

Pero tam­bién (uti­li­zan­do la cara «mili­ta­ris­ta» del Impe­rio) la admi­nis­tra­ción demó­cra­ta de Clin­ton lan­zó la inva­sión mili­tar a Yugos­la­via con el obje­ti­vo de expan­dir el capi­ta­lis­mo hacia los ex paí­ses comu­nis­tas de Euro­pa del Este.

El Coun­cil on Foreign Rela­tions, como ya se dijo, con­for­ma la red ver­te­bra­do­ra cen­tral de este capi­ta­lis­mo tras­na­cio­na­li­za­do y «sin fronteras».

Sus redes se expre­san a tra­vés de una mul­ti­pli­ci­dad de orga­ni­za­cio­nes dedi­ca­das a pro­mo­ver el actual mode­lo glo­bal, entre las que se cuen­tan principalmente: 
The Hud­son Ins­ti­tu­te, The RAND Cor­po­ra­tion
, The Broo­kings Ins­ti­tu­tion, The Tri­la­te­ral Com­mis­sion, The World Eco­no­mic Forum, Aspen Ins­ti­tu­te, Ame­ri­can Enter­pri­se Ins­ti­tu­te, Deu­ts­che Gesells­chaft für Aus­wär­ti­gen Poli­tik, Bil­der­berg Group, Cato Ins­ti­tu­te, Taves­tock ins­ti­tu­te, y el Car­ne­gie Endow­ment for Inter­na­tio­nal Pea­ce, entre otros.

Todos estos think tanks o «ban­cos de cere­bros», reúnen a los mejo­res tec­nó­cra­tas, cien­tí­fi­cos y estu­dio­sos en sus res­pec­ti­vos cam­pos, egre­sa­dos de los las uni­ver­si­da­des de EEUU, Euro­pa y de todo el res­to del mundo.

Su fun­ción tác­ti­ca y estra­té­gi­ca con­sis­te en iden­ti­fi­car ame­na­zasopor­tu­ni­da­des del entorno mun­dial, eva­luar las fuer­zasdebi­li­da­des de los intere­ses agru­pa­dos den­tro del CFR, y rea­li­zar amplios pla­nes estra­té­gi­cos, tác­ti­cos y ope­ra­ti­vos en todos los ámbi­tos don­de ope­ra la estruc­tu­ra del capi­ta­lis­mo trasnacional.

El CFR nuclea a los más altos direc­ti­vos de ins­ti­tu­cio­nes finan­cie­ras, colo­sos indus­tria­les y medios de comu­ni­ca­ción social, a inves­ti­ga­do­res y aca­dé­mi­cos, a ofi­cia­les mili­ta­res de máxi­ma jerar­quía, y a polí­ti­cos, fun­cio­na­rios públi­cos y deca­nos de uni­ver­si­da­des, facul­ta­des y cen­tros de estudios.

Los dis­tin­tos nive­les ope­ra­ti­vos del sio­nis­mo capi­ta­lis­ta tras­na­cio­nal, des­de tec­nó­cra­tas, eje­cu­ti­vos y gran­des «char­man» del Con­sen­so de Washing­ton (expre­sión máxi­ma del poder capi­ta­lis­ta real) con asien­to en Nue­va York, están con­te­ni­dos y expre­sa­do­sen el Coun­cil on Foreign Relations.

Son miem­bros del CFR una par­te mayo­ri­ta­ria de los pre­si­den­tes, geren­tes y accio­nis­tas de las empre­sas For­tu­ne 500 que en su con­jun­to mane­jan casi el 80% de la eco­no­mía esta­dou­ni­den­se, emplean a más de 25 millo­nes de per­so­nas, y tie­nen un valor de mer­ca­do que equi­va­le a dos veces y media el PBI de los Esta­dos Unidos. 

Las “For­tu­ne 500” son las 500 mayo­res empre­sas de los Esta­dos Uni­dos de acuer­do al ran­king que anual­men­te publi­ca la revis­ta “For­tu­ne”. 

Des­de su fun­da­ción, en 1945, el CFR tuvo como voce­ro a la publi­ca­ción inter­na­cio­nal más pres­ti­gio­sa e influ­yen­te en mate­ria de aná­li­sis geo­po­lí­ti­co: Foreign Affairs. Los exper­tos sos­tie­nen que «lo que hoy se publi­ca en “Foreign Affairs” se trans­for­ma maña­na en la polí­ti­ca exte­rior ofi­cial de los Esta­dos Uni­dos».

En el CFR se con­cen­tra todo el poder mediá­ti­co del lobby judío sio­nis­ta (por dere­cha y por izquier­da): CNN, CBS, NBC, The New York Times, The Daily Tele­graph, Le Figa­ró, The Eco­no­mist, The Wall Street Jour­nal, Le Mon­de, The Washing­ton Post, Time, News­week, US News & World Report, Busi­ness Week, RTVE, etc, todos en manos de redes empre­sa­ria­les que inte­gran el CFR.

En tér­mi­nos ope­ra­ti­vos el CFR con­for­ma un pode­ro­so cen­tro de aná­li­sis y pla­nea­mien­to geo­po­lí­ti­co y estra­té­gi­co del capi­ta­lis­mo impe­rial sio­nis­ta en sus fase tras­na­cio­na­li­za­da y globalizada.

Tam­bién son miem­bros inte­gran­tes del CFR las gran­des uni­ver­si­da­des y facul­ta­des como Har­vard, MIT Mas­sa­chus­sets Ins­ti­tu­te of Tech­no­logy, Colum­bia, Johns Hop­kins, Prin­ce­ton, Yale, Stan­ford, y Chica­go, entre otras, des­de don­de egre­san la mayo­ría de los pro­fe­sio­na­les que cubren los 150 pues­tos cla­ve de la admi­nis­tra­ción esta­dou­ni­den­se, inclu­yen­do los car­gos más rele­van­tes en sus fuer­zas armadas.

Como ejem­plo del poder «tota­li­za­dor» del CFR, se pue­de citar algu­nos miem­bros des­ta­ca­dos del mis­mo como David Roc­ke­fe­ller, Henry Kis­sin­ger, Bill Clin­ton, Zbig­niew Brze­zins­ki, Geor­ge H.W. Bush, la ex-secre­ta­ria de esta­do Made­lei­ne Albright, el espe­cu­la­dor sio­nis­ta Geor­ge Soros, el juez de la cor­te supre­ma Stephen Bre­yer, Lau­ren­ce A. Tisch (pre­si­den­te de la cade­na Lowes/​CBS), el ex secre­ta­rio de Esta­do Colin Powell, Jack Welsh (pre­si­den­te de Gene­ral Elec­tric Com­pany), W. Tho­mas John­son (pre­si­den­te de CNN y hoy direc­tor de Aol/­Ti­me-War­ner), Kathe­ri­ne Graham (falle­ci­da pre­si­den­ta del gru­po Washing­ton Post /​News­week /​Inter­na­tio­nal Herald Tri­bu­ne), Richard Che­ney (vice­pre­si­den­te de EE. UU., ex-secre­ta­rio de defen­sa de Geor­ge Bush (padre), y ex-pre­si­den­te de la petro­le­ra Halli­bur­ton), Samuel “Sandy” Ber­ger (ex ase­sor del pre­si­den­te Clin­ton en segu­ri­dad nacio­nal), John M. Deu­tch (ex-direc­tor de la CIA del pre­si­den­te Clin­ton), Alan Greens­pan (ex pre­si­den­te del Ban­co de la Reser­va Fede­ral), Stan­ley Fis­cher (ex-direc­tor geren­te del Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal y actual direc­tor del Citi­Group), Anne Krue­ger (ex vice­di­rec­to­ra del FMI), James D. Wol­fen­sohn (ex pre­si­den­te del Ban­co Mun­dial), Paul Volc­ker (pre­si­den­te del CS First Bos­ton Bank y ex-gober­na­dor de la Reser­va Fede­ral), John Reed (direc­tor y ex-pre­si­den­te de Citi­Group); los eco­no­mis­tas Jef­frey Sachs, Les­ter Thu­row, Mar­tin Feld­manRichard N. Cooper, el ex-secre­ta­rio del Teso­ro, ex-pre­si­den­te de Gold­man Sachs y actual co-Chair­man de Citi­Group, Robert E. Rubin, el pre­si­den­te de IBM, Louis V. Gerst­ner,  el dipu­tado repu­bli­cano, Newt Gin­grich, y la ase­so­ra del pre­si­den­te Bush en segu­ri­dad nacio­nal, Con­do­lee­za Rice, el repre­sen­tan­te comer­cial de Bush Robert Zoe­llick, Elliot Abrams, William Perry, Mark Fal­coff, Paul Wol­fo­witz (cere­bro del lobby judío «de dere­cha» y actual pre­si­den­te del Ban­co Mun­dial) , Richard N. Per­le, y Richard Armi­ta­ge, entre muchos otros.

Los cita­dos per­so­na­jes con­for­man las «dos caras» del lobby judío que con­tro­la las estruc­tu­ras ope­ra­ti­vas y estra­té­gi­cas del capi­ta­lis­mo sio­nis­ta tras­na­cio­nal que hege­mo­ni­za los recur­sos natu­ra­les y los sis­te­mas eco­nó­mi­cos-pro­duc­ti­vos a lo lar­go y a lo ancho del planeta.

Para quien quie­ra inves­ti­gar su exis­ten­cia real, pue­de visi­tar la sede del CFR en la resi­den­cial Park Ave­nue esqui­na calle 68 de la ciu­dad de Nue­va York, don­de podrá obte­ner un ejem­plar de su Memo­ria y Balan­ce en el que figu­ran des­crip­cio­nes ofi­cia­les de sus acti­vi­da­des y la nómi­na de sus más de 3.600 miembros.
 

En sín­te­sis:

El lla­ma­do lobby judío (por «dere­cha» y por «izquier­da) esta con­for­ma­do por una estruc­tu­ra de estra­te­gas y tec­nó­cra­tas que ope­ran las redes indus­tria­les, tec­no­ló­gi­cas, mili­ta­res, finan­cie­ras y mediá­ti­cas del capi­ta­lis­mo tras­na­cio­nal exten­di­do por los cua­tro pun­tos car­di­na­les del planeta.

El lobby judío no res­pon­de sola­men­te al Esta­do de Israel (como afir­man los ana­lis­tas de la «cara dere­chis­ta» de los neo­cons) sino a un poder mun­dial sio­nis­ta que es el due­ño del Esta­do de Israel tan­to como del Esta­do nor­te­ame­ri­cano, y del res­to de los Esta­dos con sus recur­sos natu­ra­les y sis­te­mas económico-productivos.

El lobby no sola­men­te está en la Casa Blan­ca sino que abar­ca todos los nive­les de las ope­ra­cio­nes del capi­ta­lis­mo tras­na­cio­nal, cuyo dise­ño estra­té­gi­co está en la cabe­za de los gran­des char­mans y eje­cu­ti­vos de ban­cos y con­sor­cios mul­ti­na­cio­na­les que se sien­tan en el Con­sen­so de Washing­ton y se repar­ten el pla­ne­ta como si fue­ra un pastel.

Este dise­ño del poder mun­dial, inter­ac­ti­vo y tota­li­za­do, se con­cre­ta median­te una red infi­ni­ta de aso­cia­cio­nes y vasos comu­ni­can­tes entre el capi­tal finan­cie­ro, indus­trial y de ser­vi­cios que con­vier­te a los paí­ses y gobier­nos en geren­cias de enclave.

Ni la izquier­da ni la dere­cha hablan de este poder «tota­li­za­do» por la sen­ci­lla razón de que ambas están fusio­na­das (a modo de alter­na­ti­vas fal­sa­men­te enfren­ta­das) a los pro­gra­mas y estra­te­gias del capi­ta­lis­mo tras­na­cio­nal que con­tro­la el planeta.

Mien­tras no se arti­cu­le un nue­vo sis­te­ma de com­pren­sión estra­té­gi­ca (una «ter­ce­ra posi­ción» revo­lu­cio­na­ria del saber y el cono­ci­mien­to) el poder mun­dial que con­tro­la el pla­ne­ta segui­rá per­pe­tuán­do­se en las fal­sas opcio­nes de «izquier­da» y «dere­cha».

Y el lobby judío de «dere­cha» de Bush y los hal­co­nes repu­bli­ca­nos será sus­ti­tui­do ‑como está pre­vis­to- por el lobby judío «de izquier­da» de los demó­cra­tas libe­ra­les en una con­ti­nui­dad estra­té­gi­ca de las mis­mas líneas rec­to­ras del Impe­rio sio­nis­ta mundial.

Y el mun­do (de no mediar un vira­je estra­té­gi­co del sis­te­ma de com­pren­sión) segui­rá como has­ta aho­ra: alie­na­do y con el cere­bro dividido.

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Share on Facebook
Share on Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.