La pre­gun­ta del millón: ¿A dón­de fue a parar el dine­ro per­di­do con la cri­sis finan­cie­ra? por IAR Noticias

Duran­te la cri­sis de los mer­ca­dos finan­cie­ros, el dine­ro no se eva­po­ra. Sólo pasa de unas manos a otras median­te un meca­nis­mo de ofer­ta y deman­da (mane­ja­do por los súper gru­pos con­tro­la­do­res del mer­ca­do) que pri­me­ro des­va­lo­ri­za el pre­cio de las accio­nes para com­prar­las y lue­go las reva­lo­ri­za para venderlas.

Infor­me especial
Manuel Frey­tas (*)
[email protected]​iarnoticias.​com

En cua­tro sema­nas con­ti­nua­das de «cri­sis bur­sá­til», de Wall Street has­ta Tokio pasan­do por Lon­dres, Frank­furt y París, los prin­ci­pa­les mer­ca­dos de accio­nes inter­na­cio­na­les mues­tran caí­das ver­ti­gi­no­sas, entre el 30% y el 50% en rela­ción a su nivel un año atrás, seña­lan medios especializados.

Sola­men­te en el cur­so de una sema­na, Wall Street lle­gó a per­der USA 2.5 billo­nes en valo­res de coti­za­ción en el mer­ca­do. No hay cifras pre­ci­sas sobre las pér­di­das que sufrie­ron las bol­sas mun­dia­les des­de el agra­va­mien­to de la cri­sis finan­cie­ra, pero hay quie­nes sos­tie­nen que los núme­ros supe­ra­rían los US$ 20 billo­nes, que se «per­die­ron» en valo­res accio­na­rios (más ade­lan­te vere­mos que no es lite­ral­men­te así).

Dine­ro «poten­cial»

Cuan­do se refie­ren a la baja de accio­nes bur­sá­ti­les los ana­lis­tas del sis­te­ma hablan de «pér­di­das», dejan­do la sen­sa­ción de una «eva­po­ra­ción del dine­ro» que en la reali­dad no existe.

Las accio­nes son «dine­ro de papel» (accio­nes de empre­sas o ban­cos) que adquie­ren su valor de mer­ca­do en la diná­mi­ca del sube y baja de las bol­sas. De mane­ra tal, que en las bol­sas no se pier­de dine­ro en for­ma direc­ta, sino que se pier­de valor de mer­ca­do de las accio­nes empresariales.

El pre­si­den­te del Ban­co Cen­tral Euro­peo (BCE), Jean-Clau­de Tri­chet, con­si­de­ra que «muchos miles de millo­nes de dóla­res o de euros eran arti­fi­cia­les antes de la correc­ción» bur­sá­til, los eco­no­mis­tas rela­ti­vi­zan las can­ti­da­des que se mane­jan y dicen que el dine­ro está aún ahí.

«Cuan­do deci­mos que miles de miles de millo­nes se per­die­ron, se tra­ta de un abu­so de len­gua­je. Lo que debe­ría­mos decir es que el valor en el mer­ca­do accio­na­rio bajó varios miles de miles de millo­nes de dóla­res, lo que es total­men­te dife­ren­te», dijo el bri­tá­ni­co John Slo­man, de la Uni­ver­si­dad de Bris­tol cita­do por AFP.

Para los eco­no­mis­tas los mer­ca­dos bur­sá­ti­les no tie­nen una valo­ri­za­ción abso­lu­ta. «El valor de un acti­vo depen­de siem­pre de la rela­ción entre la ofer­ta y la deman­da. Es el pre­cio que usted obtie­ne tal día, si usted deci­de ven­der, y sólo con­cier­ne las accio­nes nego­cia­das, no las que siguen en car­te­ra», sub­ra­yó John Sloman.

El nor­te­ame­ri­cano Robert Shi­ller, de la Uni­ver­si­dad de Yale, hace el mis­mo aná­li­sis. «Ima­gí­ne­se que un día usted le pide a una agen­cia que le cal­cu­le el valor de su casa si quie­re ven­der­la. Al día siguien­te va a otra agen­cia y ésta le da un valor infe­rior en 10 por cien­to. ¿Per­dió usted dine­ro? Pues no, usted tie­ne toda­vía los bille­tes en el bol­si­llo o en su cuen­ta de ban­co», expli­có a la agen­cia Asso­cia­ted Press.

«Los Esta­dos con­ta­bi­li­zan el dine­ro dis­po­ni­ble suman­do bille­tes y pie­zas en cir­cu­la­ción, así como los depó­si­tos que la gen­te tie­ne en el ban­co. Esta medi­da no refle­ja para nada las fluc­tua­cio­nes coti­dia­nas de los mer­ca­dos bur­sá­ti­les», argu­men­tó Robert Shi­ller, quien reco­no­ce que es «difí­cil y con­tro­ver­ti­do» dis­tin­guir rique­za y valor del mercado.

Es pare­ci­do con las bol­sas. Nadie pier­de dine­ro en el sen­ti­do estric­to del tér­mino. No hay mis­te­rio, el dine­ro está ahí toda­vía. Es el mer­ca­do el que pier­de valor», agre­gó.

Robert Shi­ller lo resu­me así: la noción de que uno pier­de un mon­tón de dine­ro siem­pre que baja la bol­sa es una «fala­cia». Acla­ra que el pre­cio de una acción nun­ca ha sido lo mis­mo que el dine­ro. Es sim­ple­men­te «la mejor pre­sun­ción» de lo que vale la acción.

El pro­ble­ma empie­za cuan­do pien­sa que ese dine­ro poten­cial es lo mis­mo que el dine­ro en su car­te­ra o en su cuen­ta corrien­te. «Eso es un gran error», dijo el pro­fe­sor de eco­no­mía de la Uni­ver­si­dad de Har­vard Dale Jorgenson.

Esto da la razón al ex mag­na­te nor­te­ame­ri­cano Robert Sar­noff, muer­to en 1997, para quien las finan­zas son sólo «el arte de pasar el dine­ro de mano en mano, has­ta hacer­lo des­apa­re­cer».

Nada se pier­de, solo se recicla

En resu­men, en las jor­na­das «negras» que vie­nen expe­ri­men­tan­do los mer­ca­dos del dine­ro, billo­nes de dóla­res no se eva­po­ra­ron sino que sola­men­te se pasa­ron de unas manos a otras ( y siem­pre según el valor que deter­mi­na el mer­ca­do, y no en for­ma direc­ta ) median­te el meca­nis­mo de com­pra y ven­ta de acciones. 

El dine­ro (dura­men­te las «cri­sis» o las «bur­bu­jas» capi­ta­lis­tas) no des­apa­re­ce, solo pasa de un bol­si­llo a otro, y se con­cen­tra cada vez más por­que cada vez son menos los gru­pos gana­do­res que con­tro­lan todo el capi­tal circulante. 

¿Que quie­re decir esto, extra­po­la­do a la cri­sis financiera? 

Que cuan­do las accio­nes de empre­sas o ban­cos se des­va­lo­ri­zan sus acti­vos y car­te­ras de clien­tes no des­apa­re­cen, solo pier­de valor de coti­za­ción en el mer­ca­do por su des­va­lo­ri­za­ción bur­sá­til. Una vez que las com­pran a pre­cio de rema­te, los súper gru­pos «recom­pran» sus accio­nes y le res­ti­tu­yen su valor per­di­do de mer­ca­do. De esta mane­ra, en el sis­te­ma capi­ta­lis­ta nada se pier­de: Solo se reci­cla y cam­bia de dueño.

Es como si una vivien­da coti­za­se sus accio­nes en bol­sa: Su pre­cio se des­va­lo­ri­za o sube, pero la vivien­da sigue estan­do. Lo que cam­bia y fluc­túa es su valor de mer­ca­do con­for­me a la «capi­ta­li­za­ción» o «des­ca­pi­ta­li­za­ción» bursátil.

O sea que las las empre­sa y ban­cos, con sus acti­vos físi­cos y finan­cie­ros, que coti­zan en bol­sa no des­apa­re­cen, solo cam­bian sus valo­res de mer­ca­do que pue­den subir o bajar, con­for­me la com­pra o la ven­ta de sus acciones. 

Una «cri­sis finan­cie­ra» como la que esta­mos vivien­do, es antes que nada un reci­cla­mien­to de la ren­ta­bi­li­dad capi­ta­lis­ta: Lo que esta­ba en un casi­lle­ro, se tras­la­da a otro. Lo que esta­ba en Merrill Lynch se reci­cló en el table­ro con­ta­ble de Bank Of Amé­ri­ca que com­pró a la enti­dad semiquebrada.

Median­te el «res­ca­te finan­cie­ro», los Esta­dos impe­ria­les USA-UE reci­cla­ron una nue­va «bur­bu­ja» ganan­cial no ya con dine­ro espe­cu­la­ti­vo pro­ve­nien­te del sec­tor pri­va­do, sino que ponen com­pul­si­va­men­te los recur­sos públi­cos al ser­vi­cio de un nue­vo ciclo de ren­ta­bi­li­dad capi­ta­lis­ta al mar­gen de una ascen­den­te cri­sis de la eco­no­mía real que mar­cha por vía paralela.

Median­te el jue­go del «sube y baja» en las bol­sas, los gru­pos súper con­cen­tra­dos que con­tro­lan el mer­ca­do, pri­me­ro «des­va­lo­ri­zan» el valor de mer­ca­do de empre­sas y ban­cos para com­prar­los bara­tos, y lue­go los «reva­lo­ri­zan» para que­dar­se con la diferencia.

Es decir, los gru­pos súper con­cen­tra­dos que com­pran las accio­nes en baja, no pier­den dine­ro con su pre­cio deva­lua­do, sino que las com­pran bara­to para lue­go ven­der­las caras

Hay un sec­tor peque­ños inver­so­res (los lla­ma­dos «aho­rris­tas» o espe­cu­la­do­res pri­va­dos menos diver­si­fi­ca­dos) que sufren el emba­te de la des­va­lo­ri­za­ción con menor para­guas de con­ten­ción que los gran­des gru­pos de espe­cu­la­do­res que con­tro­lan el mer­ca­do, a los que la des­ca­pi­ta­li­za­ción les afec­ta como una deva­lua­ción de su dine­ro con menos capa­ci­dad para recuperarse.

Cuan­do se habla de una pér­di­da teó­ri­ca de US$ 8,300 billo­nes en base a las cifras del Indi­ce Com­pues­to Wilshi­re 5000 de Dow Jones (que obser­va las accio­nes de unas 5,000 empre­sas esta­dou­ni­den­ses), o en las bol­sas euro­peas o asiá­ti­cas, hay que tener en cuen­ta que más del 80% de las ope­ra­cio­nes de las pla­zas glo­ba­li­za­das de espe­cu­la­ción finan­cie­ra están con­cen­tra­das por los super-gru­pos que se deglu­ten entre sí des­va­lo­ri­zan­do las accio­nes, com­pran­do bara­to, y lue­go uno de ellos absor­be al otro.

La fala­cia de la «ofer­ta» y la «deman­da»

Según la teo­ría ofi­cial, las accio­nes en los mer­ca­dos bur­sá­ti­les bajan o suben, según la diná­mi­ca de la «ofer­ta» y la «deman­da». Y, de acuer­do con esa teo­ría, los tér­mi­nos del inter-jue­go entre «ofer­ta» y «deman­da» son «libres», como corres­pon­de a las reglas fun­cio­na­les del «libre mercado».

Pero, en reali­dad esto es fal­so por una razón prin­ci­pal: La «ofer­ta» y la «deman­da» está mane­ja­da por gru­pos finan­cie­ros súper con­cen­tra­dos que mane­jan los mer­ca­dos bur­sá­ti­les por medio de la «com­pra» o la «ven­ta masi­va» de accio­nes: Cuan­do «com­pran» masi­va­men­te las accio­nes suben, y cuan­do ven­den masi­va­men­te las accio­nes bajan.

Los mer­ca­dos bur­sá­ti­les se mane­jan como las casas de rema­te públi­co: Sólo un peque­ño gru­po hege­mó­ni­co (que se dispu­ta las com­pras) con­tro­la la tota­li­dad de las «ofer­tas» y esta­ble­ce sus bases, actuan­do como un car­tel for­ma­dor del pre­cio de las acciones.

La diná­mi­ca del «sube y baja» de las bol­sas está deter­mi­na­da y regu­la­da por una rela­ción mate­má­ti­ca entre la masa de capi­tal que «com­pra» (sube) y la masa de capi­tal que «ven­de» (baja) , por lo cual el pro­ce­so está con­tro­la­do por los gru­pos con mayor capa­ci­dad finan­cie­ra que con­cen­tran la mayo­ría de las ope­ra­cio­nes bur­sá­ti­les en Wall Street y el res­to de las bol­sas mundiales.

Las bol­sas, son una «super­es­truc­tu­ra» (por fue­ra de la eco­no­mía real) de com­pe­ten­cia ínter capi­ta­lis­ta entre gru­pos súper con­cen­tra­dos que se dispu­tan una masa cir­cu­lan­te de accio­nes bur­sá­ti­les cuyo pre­cio está fija­do por la ley de la «ofer­ta» (com­pra de accio­nes) y la «deman­da» (ven­ta de acciones).

En con­clu­sión, la diná­mi­ca del «sube y baja» de las bol­sas no está regu­la­da por la ley de la «ofer­ta» y la «deman­da» sino por la masa de con­cen­tra­ción capi­ta­lis­ta-finan­cie­ra que com­pra o ven­de accio­nes, direc­cio­nan­do las bajas o las subas en los mercados.

Los mer­ca­dos bur­sá­ti­les no son «libres» (como esta­ble­ce el mito del «libre comer­cio») sino ins­ti­tu­cio­nes mer­can­ti­les que fun­cio­nan suje­tas a la ley de la ofer­ta y la deman­da mane­ja­da por los gru­pos que hege­mo­ni­zan el con­trol y la infor­ma­ción sobre su funcionamiento. 

En con­se­cuen­cia, en las bol­sas solo se «ofer­ta» (se ven­de) o se «deman­da» (se com­pra) aque­llo que los gru­pos hege­mó­ni­cos y con­tro­la­do­res quieren.

Las bol­sas (y las accio­nes) suben o bajan aten­dien­do a una diná­mi­ca mar­ca­da por los intere­ses de los con­tro­la­do­res del mer­ca­do financiero. 

La diná­mi­ca de la «com­pra» y «ven­ta»

Por lo tan­to, los mer­ca­dos bur­sá­ti­les no son regu­la­dos por la ofer­ta y la deman­da, sino por la com­pe­ten­cia capi­ta­lis­ta entre los súper gru­pos que hege­mo­ni­zan la com­pra y ven­ta de accio­nes en Wall Street (que con­cen­tra la mayo­ría de las ope­ra­cio­nes mun­dia­les y mar­ca ten­den­cia) y en los mer­ca­dos bur­sá­ti­les. Para dar un ejem­plo: En Wall Street se coti­zan accio­nes por un mon­to supe­rior al con­jun­to de las bol­sas europeas.

Su obje­ti­vo es pre­ci­so y deter­mi­na­do: Gene­rar un pro­ce­so de quie­bras y, con­se­cuen­te­men­te una cri­sis del sis­te­ma finan­cie­ro, que posi­bi­li­te la depre­cia­ción a nive­les lími­tes de los acti­vos y accio­nes empre­sa­ria­les que lue­go los gru­pos más súper con­cen­tra­dos (los ope­ra­do­res de la «cri­sis») com­pra­rán a pre­cio de rema­te.

En con­se­cuen­cia, si que hay que­brar a Leh­man Brothers o a Merrill Lynch para con­cen­trar súper acti­vos en Ban Of Amé­ri­ca o Mor­gan Cha­se, se hacen bajar (median­te rumo­res e infor­ma­ción mani­pu­la­da) las accio­nes de estos dos gigan­tes, y lue­go de su quie­bra (como con­se­cuen­cia de la depre­cia­ción de sus accio­nes) serán com­pra­dos a pre­cio de rema­te o se fusio­na­rán en otra sigla. 

La diná­mi­ca de los mer­ca­dos bur­sá­ti­les, las «pér­di­das» y las «ganan­cias» se rigen por dos movi­mien­tos esenciales:

1) Des­va­lo­ri­za­ción: Los gran­des gru­pos «inver­so­res» (espe­cu­la­do­res ins­ti­tu­cio­na­les) «des­va­lo­ri­zan» las accio­nes de empre­sas y ban­cos (y con­se­cuen­te­men­te su pre­cio en dine­ro) para com­pra sus acti­vos finan­cie­ros y físi­cos a pre­cio de ganga. 

2) Reva­lo­ri­za­ción: Lue­go de deglu­tir­se a los que­bra­dos median­te fusio­nes o com­pras, los súper gru­pos «gana­do­res» (que mane­jan a tra­vés de rumo­res y de infor­ma­ción mani­pu­la­da, el «sube y baja» de los mer­ca­dos) «reva­lo­ri­zan» las accio­nes de la empre­sa o el ban­co com­pra­do, res­ti­tu­yen­do y superan­do su valor de capi­ta­li­za­ción ori­gi­nal.

El dine­ro des­va­lo­ri­za­do de las accio­nes de Merrill Linch, cuan­do las mis­mas se reva­lo­ri­cen, pasa­rán a los bol­si­llos de Bank Of Amé­ri­ca. De mane­ra tal, que las pér­di­das de capi­ta­li­za­ción por baja de accio­nes en el mar­ca­do accio­na­rio, duran el tiem­po que dura la baja y se reanu­da la ten­den­cia alcis­ta (mani­pu­la­da por los que tam­bién mani­pu­lan las bajas). 

Las accio­nes empre­sa­ria­les y ban­ca­rias se com­pran des­va­lo­ri­za­das y lue­go se las reva­lo­ri­za, median­te el mis­mo meca­nis­mo (de mani­pu­la­ción bur­sá­til) con que se las desvalorizó.

O sea que, duran­te la cri­sis de los mer­ca­dos finan­cie­ros, el dine­ro no se eva­po­ra. Solo pasa de unas manos a otras median­te un meca­nis­mo de ofer­ta y deman­da (mane­ja­do por los súper gru­pos con­tro­la­do­res del mer­ca­do) que des­va­lo­ri­za el pre­cio de las accio­nes para com­prar­la y lue­go las reva­lo­ri­za para venderlas.

Pero en esta diná­mi­ca nada se pier­de, sino que se reci­cla. En otras pala­bras, cam­bian las deno­mi­na­cio­nes pero los accio­nis­tas y los geren­cia­do­res (que son «anó­ni­mos») con­ti­núan con una mayor con­cen­tra­ción de accio­nes en sus bolsillos. 

En pri­mer lugar, y como con­cep­to cen­tral: La lla­ma­da «cri­sis finan­cie­ra», es una cri­sis acti­va­da y con­tro­la­da en todos sus resor­tes esen­cia­les por medio del «rumor» y la infor­ma­ción mani­pu­la­da que hacen subir o bajar las accio­nes en Wall Street y las prin­ci­pa­les pla­zas finan­cie­ras del Imperio. 

La quie­bra en cade­na de ban­cos o de ins­ti­tu­cio­nes finan­cie­ras es indu­ci­da, mani­pu­la­da y estra­té­gi­ca­men­te ope­ra­da para pro­du­cir un reci­cla­mien­to de la ren­ta­bi­li­dad finan­cie­ra (en cri­sis con el colap­so sub­pri­me) y una recon­ver­sión del sis­te­ma finan­cie­ro que cen­tra­li­ce el con­trol y el fun­cio­na­mien­to del sis­te­ma capi­ta­lis­ta median­te una mayor con­cen­tra­ción de la rique­za (ley dar­wi­nia­na del capitalismo). 

O sea que el dine­ro no se per­dió en des­ca­pi­ta­li­za­ción de mer­ca­do, sola­men­te pasó de unas manos a otras.

Las accio­nes empre­sa­ria­les y ban­ca­rias se com­pran des­va­lo­ri­za­das y lue­go se las reva­lo­ri­za, median­te el mis­mo meca­nis­mo (de mani­pu­la­ción bur­sá­til) con que se las desvalorizó.

Es decir que, duran­te la cri­sis de los mer­ca­dos finan­cie­ros, el dine­ro no se eva­po­ra. Solo pasa de unas manos a otras median­te un meca­nis­mo de ofer­ta y deman­da (mane­ja­do por los súper gru­pos con­tro­la­do­res del mer­ca­do) que des­va­lo­ri­za el pre­cio de las accio­nes para com­prar­la y lue­go las reva­lo­ri­za para venderlas.

De esta mane­ra se cum­ple el axio­ma núme­ro uno del sio­nis­mo finan­cie­ro que con­tro­la Wall Street: Com­prar bara­to y ven­der caro.

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(*) Manuel Frey­tas es perio­dis­ta, inves­ti­ga­dor y ana­lis­ta, espe­cia­lis­ta en inte­li­gen­cia y comu­ni­ca­ción estra­té­gi­ca. Es uno de los auto­res más difun­di­dos y refe­ren­cia­dos en la Web.
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