Los polí­ti­cos de izquier­da y la tor­tu­ra por Fran­cis­co Larrau­ri

Cuan­do una ope­ra­ción poli­cial aca­ba con los dete­ni­dos en el hos­pi­tal debi­do a la tor­tu­ra y es defi­ni­da como buen tra­ba­jo por Alfre­do Pérez-Rubal­ca­ba; cuan­do en Cata­lun­ya, el con­se­ller de Gober­na­ción del tri­par­ti­to pro­gre­sis­ta y de izquier­das pone los abo­ga­dos del Depar­ta­men­to a tra­ba­jar para defen­der a sus guar­dias acu­sa­dos de tor­tu­ra; cuan­do la izquier­da en la opo­si­ción, inclui­do el Par­ti­do Comu­nis­ta Espa­ñol, sucum­ben al silen­cio impues­to; cuan­do la jus­ti­cia ava­la sin pes­ta­ñear el tra­ba­jo de la Guar­dia Civil per­mi­tien­do la inco­mu­ni­ca­ción cues­tio­na­da des­de ins­tan­cias inter­na­cio­na­les como la situa­ción idó­nea para tor­tu­rar, el cán­cer de la tor­tu­ra se expan­de trans­ver­sal­men­te en la socie­dad.

Enton­ces fácil­men­te se pro­pa­ga a otros nive­les y alcan­za otras dis­ci­pli­nas como el dere­cho, la medi­ci­na, psi­co­lo­gía, psi­quia­tría, medi­ci­na legal… lo que pue­de con­ver­tir a los res­pec­ti­vos pro­fe­sio­na­les en cóm­pli­ces del daño. Las dis­ci­pli­nas son neu­tras pero no lo son los médi­cos, psi­có­lo­gos, psi­quia­tras, abo­ga­dos, foren­ses… que se deba­ten con los pro­ble­mas éti­cos entre opo­si­ción y obe­dien­cia en un pri­mer perio­do, pasan­do a for­mar par­te del vic­ti­ma­rio cuan­do miran hacia otro lado y olvi­dan el jura­men­to hipo­crá­ti­co o las pro­me­sas del códi­go éti­co de los pro­fe­sio­na­les. La man­cha corrup­ta se expan­de rápi­da­men­te.

Cuan­do el psi­có­lo­go de una cár­cel, por ejem­plo, es un ex guar­dia licen­cia­do apa­re­ce el peli­gro de la per­ver­sión de la pro­fe­sión a favor de fines que nada tie­nen que ver con la úni­ca tarea que le asig­na la éti­ca a este pro­fe­sio­nal: la de curar. En este caso, el meca­nis­mo de adap­ta­ción tam­bién lo expli­ca la psi­co­lo­gía. Con la con­vi­ven­cia o inmer­sión en deter­mi­na­do gru­po, se pro­pi­cia gene­ral­men­te un cam­bio de acti­tud y pos­te­rior­men­te una iden­ti­fi­ca­ción con los valo­res del gru­po en el cual se con­vi­ve, lo que faci­li­ta gene­ral­men­te la pos­te­rior jus­ti­fi­ca­ción de las actua­cio­nes gru­pa­les abe­rran­tes. Con todos los apa­ra­tos del sis­te­ma de un Gobierno de izquier­das, inclui­da la opo­si­ción de los comu­nis­tas ofi­cia­les al ser­vi­cio de la inmu­ni­dad y de la impu­ni­dad de la tor­tu­ra, pode­mos decir que la izquier­da espa­ño­la ha logra­do la fun­cio­na­li­za­ción de la tor­tu­ra, con sus corres­pon­dien­tes pre­mios, insig­nias y reco­no­ci­mien­tos ofi­cia­les a pesar de que el tor­men­to haya ter­mi­na­do en ase­si­na­to. Como la tor­tu­ra se esta­ble­ce como ins­tru­men­to regla­do y sis­te­má­ti­co de la repre­sión, ‑reco­no­ci­mien­to de la fun­ción- varios guar­dias invo­lu­cra­dos en tor­tu­ras y par­tí­ci­pes en ope­ra­cio­nes atro­ces han sido ascen­di­dos por los gobier­nos socia­lis­tas a pues­tos cla­ves. La ter­gi­ver­sa­ción intere­sa­da, cuan­do no la fal­se­dad, tie­nen como con­se­cuen­cia esta inmu­ni­dad y impu­ni­dad que, jun­to al favo­re­ci­do olvi­do, com­par­te toda la izquier­da espa­ño­la.

La fun­cio­na­li­za­cion de la tor­tu­ra se imple­men­ta en Eus­kal Herria en el mar­co de un sis­te­ma monár­qui­co ampa­ra­do por una demo­cra­cia cons­ti­tu­cio­nal y tam­bién orgá­ni­ca en que se esta­ble­ce la con­di­ción míni­ma y nece­sa­ria para decla­rar en la Audien­cia Nacio­nal. El rela­to de las tor­tu­ras que han hecho los 34 jóve­nes arres­ta­dos antes de decla­rar ante Gran­de-Mar­las­ka es demo­le­dor. Pero que es una con­di­ción míni­ma y nece­sa­ria lo demues­tran las deten­cio­nes que se pro­du­cen en los casos de pre­sen­ta­ción volun­ta­ria a las puer­tas de la Audien­cia Nacio­nal espa­ño­la. Recien­te­men­te, el caso de Aina­ra Bake­dano, dete­ni­da a 50 metros del juz­ga­do e inco­mu­ni­ca­da pos­te­rior­men­te, es muy pro­pio. El teo­re­ma de las izquier­das espa­ño­las que­da defi­ni­do pues: para decla­rar en la Audien­cia de Madrid es con­di­ción nece­sa­ria estar some­ti­do a inco­mu­ni­ca­ción; cuan­do les gol­pean no pue­den defen­der­se, cuan­do las­ci­va­men­te satis­fa­cen haza­ñas mas­cu­li­nas con los cuer­pos de las dete­ni­das tam­po­co se pue­den resis­tir, y han de poder demos­trar al juez espe­cial que están redu­ci­dos a meros núme­ros y por enci­ma de todo deben olvi­dar que eran seres huma­nos.

La mis­ma fun­cio­na­li­za­cion reve­la por qué se pue­de impu­tar por acción o por omi­sión el deli­to de tor­tu­ra que aún sigue sien­do per­se­gui­do en Euro­pa, a per­so­nas de pres­ti­gio y alta jerar­quía espa­ño­la sobre quie­nes nadie hubie­ra sos­pe­cha­do ser capa­ces de tales crí­me­nes. La tor­tu­ra tras­cien­de del dere­cho penal y muchas otras pro­fe­sio­nes com­par­ten cul­pas. La estam­pa de los monos que se tapan la boca, los oídos y los ojos se com­par­te aquí de mane­ra alar­man­te jun­to con la fal­ta de con­cien­cia que hace gala toda la izquier­da. La impu­ni­dad que ofre­ce la izquier­da ante la jus­ti­cia a los res­pon­sa­bles máxi­mos por la tor­tu­ra vie­ne acom­pa­ña­da de una fal­ta de con­cien­cia éti­ca en amplios sec­to­res de la socie­dad de los que se nutre pre­ci­sa­men­te la izquier­da ofi­cial. Si esta impu­ni­dad avan­za la socie­dad sin con­cien­cia se impon­drá sin reme­dio, muy a pesar de la tan cacarea­da éti­ca de la izquier­da.

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