Ber­ta Cáce­res, líder del Movi­mien­to Femi­nis­tas en Resis­ten­cia «“Las cla­ses medias altas vota­ron en masa”

protesta_berta_caceresBer­ta Cáce­res no apa­ren­ta sus 38 años, tam­po­co es fácil adi­vi­nar que es madre de cua­tro hijos. Menos aún, una de las diri­gen­tes más com­ba­ti­vas de la Resis­ten­cia hon­du­re­ña. Pero no bien se lar­ga a hablar, la dul­zu­ra de las fac­cio­nes de su ros­tro y la ama­bi­li­dad de sus ges­tos se pier­den en la deses­pe­ra­ción y la frus­tra­ción del rela­to.

“Se están lega­li­zan­do las vio­la­cio­nes a los dere­chos huma­nos y van a ser tiem­pos difí­ci­les”, pro­nos­ti­có la líder del movi­mien­to Femi­nis­tas en Resis­ten­cia y una vete­ra­na diri­gen­te del Copinh, el Con­se­jo Cívi­co de Orga­ni­za­cio­nes Popu­la­res e Indí­ge­nas de Hon­du­ras.

De paso por Bue­nos Aires para par­ti­ci­par de la segun­da Con­fe­ren­cia Inter­na­cio­nal por la Abo­li­ción de las Bases Mili­ta­res Extran­je­ras Ber­ta Cáce­res tuvo tim­po de hablar del primr gol­pe de esta­do de Oba­ma. La rati­fi­ca­ción del gol­pe que votó el miér­co­les el Con­gre­so no la había ni sor­pren­di­do ni depri­mi­do. “Era lógi­co”, seña­ló entre resig­na­da y desin­te­re­sa­da, mien­tras ter­mi­na­ba su desa­yuno.

A Cáce­res no le intere­sa dis­cu­tir sobre el acuer­do que no fue ni las nego­cia­cio­nes que no lle­ga­ron a nin­gún lado. En los últi­mos meses le tocó reco­rrer comi­sa­rías bus­can­do a tres de sus o­nce her­ma­nos. A su her­ma­na mayor la tor­tu­ra­ron, y aun­que logró sacar­la de la cár­cel, toda­vía está pro­ce­sa­da por sedi­ción. Los mili­ta­res y los gol­pis­tas cono­cen su nom­bre, pero aun así su mira­da está pues­ta en el futu­ro. Es lo úni­co que le que­da.
–¿Las deten­cio­nes y la repre­sión dis­mi­nu­ye­ron cuan­do ter­mi­na­ron las mani­fes­ta­cio­nes masi­vas en las calles?

–La Resis­ten­cia dejó de movi­li­zar­se masi­va­men­te, pero aumen­tó su tra­ba­jo orga­ni­za­ti­vo en las comu­ni­da­des. Mirá, noso­tros nos pará­ba­mos enfren­te de la Uni­ver­si­dad Peda­gó­gi­ca y no podía­mos cami­nar ni media cua­dra que ya nos empe­za­ban a gol­pear, a tirar gases. Por eso cam­bia­mos, pero la repre­sión tam­bién cam­bió. La dic­ta­du­ra empe­zó a hacer ata­ques direc­tos a los barrios para que la gen­te se die­ra cuen­ta de que esta­mos vivien­do en un Esta­do de sitio real. Los barrios se habían orga­ni­za­do para mani­fes­tar­se a la noche, en la supues­ta segu­ri­dad de sus barrios y entre sus veci­nos. ¿Qué hicie­ron los mili­ta­res? Ellos se metie­ron y repri­mie­ron de for­ma tre­men­da a los jóve­nes. Des­pués de repri­mir, gol­pear y tor­tu­rar a los jóve­nes que esta­ban al fren­te de las barri­ca­das, se fue­ron casa por casa tiran­do gases lacri­mó­ge­nos, como si estu­vie­ran repar­tien­do dia­rios. No les impor­ta nada, si hay niños, ancia­nos o enfer­mos. Rom­pie­ron una puer­ta tras otras has­ta plan­tar el terror en los barrios. Y como si no fue­ra sufi­cien­te, en poco tiem­po logra­ron ins­ta­lar la cul­tu­ra del ore­jis­mo (infor­man­tes). Pue­de ser un vecino cual­quie­ra… se han cons­trui­do casi un ejér­ci­to de ore­jas.

–¿La dic­ta­du­ra logró pola­ri­zar y divi­dir en todos los sec­to­res de la socie­dad hon­du­re­ña?

–Está bien pola­ri­za­da la situa­ción. Fíje­se lo que pasó el 29 noviem­bre en ese cir­co que hicie­ron. Nun­ca las cla­ses medias altas habían sali­do a votar en tan­ta can­ti­dad. Ellos fue­ron los que hicie­ron fila para votar. En los barrios, don­de se acu­mu­la la mayo­ría de la pobla­ción, ahí la mayo­ría se que­dó en sus casas. Yo estu­ve en Tegu­ci­gal­pa y des­pués cru­cé todas las comu­ni­da­des del orien­te del país has­ta lle­gar a Paraí­so (ciu­dad cer­ca­na a la fron­te­ra con Nica­ra­gua). Era un
desier­to, un des­pre­cio de la gen­te a ese cir­co. Hubo barrios que no deja­ron que entra­ran las urnas, en otros no vota­ron más que el 20 o el 30 por cien­to de los veci­nos. Pero fue una situa­ción muy difí­cil. La repre­sión en la sema­na ante­rior a las elec­cio­nes fue dura, durí­si­ma, y el día de las elec­cio­nes eran miles de sol­da­dos, reser­vis­tas y poli­cías.

–Y a pesar de eso casi ni se escu­cha­ron denun­cias en los últi­mos días…

–Es que la dic­ta­du­ra es muy inte­li­gen­te y no pone a los mili­ta­res fren­te a las cáma­ras de los medios inter­na­cio­na­les. Pero yo lo vi. En Tegu­ci­gal­pa había tan­ques con ame­tra­lla­do­ras 60, oiga bien, ¡ame­tra­lla­do­ras 60! ¿Para qué lo nece­si­tan si somos un pue­blo de-sar­ma­do, pobre? Y eso no pasó sola­men­te en Tegu­ci­gal­pa, sino en todo el país. Yo no soy de Tegu­ci­gal­pa, soy de un lugar que se lla­ma La Espe­ran­za, una región indí­ge­na en la par­te suroc­ci­den­tal del país.
En mi pue­blo, tres sema­nas antes de las elec­cio­nes andu­vie­ron con tan­que­tas y ame­tra­lla­do­ras. Pri­me­ro lle­ga­ron unos fun­cio­na­rios gol­pis­tas para derri­bar una pla­ca de agra­de­ci­mien­to al pue­blo cubano por su ayu­da des­pués del hura­cán Mitch. Se la lle­va­ron y pusie­ron una en honor de Miche­let­ti y las fuer­zas arma­das. Al día siguien­te lle­ga­ron 800 reser­vis­tas y detrás de ellos, Romeo Váz­quez Veláz­quez (jefe de las fuer­zas arma­das) con Miche­let­ti para inau­gu­rar la pla­ca.

Dos días des­pués pasó el can­di­da­to pre­si­den­cial libe­ral Elvin San­tos y 48 horas des­pués tenía que venir el otro can­di­da­to, Por­fi­rio Pepe Lobo, pero no pudo por­que le orga­ni­za­mos una mani­fes­ta­ción gran­de.

–¿Cómo sigue la Resis­ten­cia aho­ra que el gol­pe está total­men­te con­su­ma­do?

–Noso­tros como movi­mien­to, una fuer­za polí­ti­ca y social, tene­mos desa­fíos impor­tan­tes. Uno de ellos es reade­cuar, reaco­mo­dar la fuer­za social y la expe­rien­cia que hemos adqui­ri­do en una nue­va corre­la­ción de fuer­zas polí­ti­co-elec­to­ra­les para enca­mi­nar la con­vo­ca­to­ria a una Asam­blea Nacio­nal Cons­ti­tu­yen­te Popu­lar y Demo­crá­ti­ca. Ese es aho­ra uno de los pun­tos vita­les de la Resis­ten­cia; sólo una Cons­ti­tu­yen­te pue­de rever­tir ver­da­de­ra­men­te el gol­pe de Esta­do. Los gol­pis­tas se equi­vo­ca­ron por­que cre­ye­ron que la resis­ten­cia popu­lar iba a durar sola­men­te cua­tro días, pero el pue­blo hon­du­re­ño dio un paso de madu­rez. Aho­ra sí sabe la impor­tan­cia que tie­ne una Asam­blea Cons­ti­tu­yen­te para recu­pe­rar sobe­ra­nía popu­lar, todo tipo de dere­chos y refun­dar el país. Lo impor­tan­te es dar­le con­ti­nui­dad a lo que veni­mos hacien­do y tam­bién tra­ba­jar por la cons­truc­ción de una alter­na­ti­va polí­ti­co-elec­to­ral. Los gol­pis­tas no se van a que­dar cómo­dos, les vamos a dar un dolor de cabe­za.

Publi­ca­do por Géne­ro con Cla­se   

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