Jui­cio a un comu­nis­ta por Jon Odriozola

Pérez Mar­tí­nez, un esca­yo­lis­ta de pro­fe­sión, qué vul­gar, como el padre de Jesu­cris­to, que era un puto car­pin­te­ro, sin con­tar los años de pri­sión que pur­gó en Fran­cia, tam­bién por la cara, está en Alca­lá-Meco des­de noviem­bre de 2000. El dia­rio «El País», un rota­ti­vo de extre­ma izquier­da como se sabe en los men­ti­de­ros, publi­có este titu­lar por aque­llas fechas: «La Poli­cía no tie­ne datos para impli­car direc­ta­men­te al Cama­ra­da Are­nas en aten­ta­dos». Se refe­ría a aten­ta­dos de los GRAPO y, en con­cre­to, al secues­tro del empre­sa­rio zara­go­zano Publio Cor­dón en 1995, y actual­men­te en para­de­ro des­co­no­ci­do, al menos oficialmente.

La Audien­cia Nacio­nal (AN) lo absol­vió ‑a Are­nas- de cual­quier res­pon­sa­bi­li­dad en aquel secues­tro. Pero los fami­lia­res de Cor­dón recu­rrie­ron la sen­ten­cia ‑un recur­so de casa­ción- ante el Tri­bu­nal Supre­mo (TS) que, esta vez sí, lo con­de­nó por, agá­rren­se, «comi­sión por omi­sión» (o sea, en román pala­dino, por no hacer nada), diz­que por no haber evi­ta­do el secuestro.

Algo demen­cial y abe­rran­te en juris­pru­den­cia pena­lís­ti­ca. Por no hablar del Dere­cho Penal de autor, como vié­ra­mos en el obse­si­vo caso de Iña­ki de Jua­na Chaos o ate usted esa mos­ca por el rabo lue­go de sacar el cone­jo de la chis­te­ra. Cier­ta­men­te ridícu­lo y son­ro­jan­te para per­so­nas con dos dedos de fren­te, indi­fe­ren­tes o epi­ce­nas pero a las que no se les insul­ta a la inte­li­gen­cia, aun­que no pilla de nue­vas a las per­so­nas toreadas.

Entre­mos aho­ra en su pro­pio terreno pro­ce­sal con la bara­ja mar­ca­da. El jui­cio del 3 de diciem­bre con­tra Pérez Mar­tí­nez está plan­tea­do por el fis­cal de una mane­ra tajan­te y des­com­pli­ca­da: él es el jefe de los GRAPO. Una tesis que siem­pre les ha sali­do mal en la Audien­cia Nacio­nal, pero siem­pre tie­nen lue­go al Tri­bu­nal Supre­mo para inven­tar irra­cio­na­les ori­gi­na­li­da­des que cau­san el asom­bro ‑y el espan­to- del mun­do jurí­di­co como, repi­to, esa joya que pasa­rá al Aran­za­di penal de la «comi­sión por omi­sión». En Eus­kal Herria sabe­mos algo de esto. No es ya el «entorno» de ETA, sino que pue­des per­te­ne­cer a ETA… sin tú saber­lo. O cómo comer­se marro­nes sin cata ni cala. De risa si no fue­ra por la gra­ve­dad de la situa­ción. Ya sabía­mos que la «jus­ti­cia» es de cla­se, pero igno­rá­ba­mos a qué gra­dos de moli­cie pue­de lle­gar la putrefacción.

Pero es que, ade­más, en el col­mo de la impos­tu­ra jurí­di­co-bur­gue­sa, la «comi­sión por omi­sión» era una res­pues­ta a una pre­gun­ta ¡que nadie había plan­tea­do! A lo lar­go de todo el pro­ce­so. Por tan­to, incum­ple el prin­ci­pio de con­gruen­cia pro­ce­sal: entras acu­sa­do de una cosa y te con­de­nan por otra dis­tin­ta. Genial. Algo que no tie­ne precedentes.

Y aho­ra la guin­da de este esper­pen­to. Las úni­cas prue­bas incri­ma­no­to­rias son los infor­mes de la Guar­dia Civil que, en tiem­pos de Fran­co, no valían como prue­ba y, qué cosa, aho­ra sí: son el non plus ultra de las prue­bas y el aca­bó­se. El CSI en acción.

Resu­mien­do: la Audien­cia Nacio­nal le absuel­ve ‑ya ten­dría que estar en la calle según sus pro­pias leyes y más con las dolen­cias físi­cas que padece‑, pero la fami­lia de Cor­dón recu­rre y el Tri­bu­nal Supre­mo dice: no es el jefe de los GRAPO, de acuer­do, pero hay, adi­vi­nen, «comi­sión por omi­sión». Ancha es Cas­ti­lla y viva la virgen.

Ya lo dijo la rei­na en «Ali­cia en el País de las Mara­vi­llas»: «Pri­me­ro se con­de­na al reo y lue­go se hace el juicio».

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