61 años de Revo­lu­ción en Corea por Juan Nogueira

Duran­te este año 2009, la Revo­lu­ción Cuba­na ha alcan­za­do los 50 años de his­to­ria y ayer, 1 de octu­bre, la Repú­bli­ca Popu­lar Chi­na cum­plía 60. Sin embar­go, sin que mucha gen­te en Occi­den­te se die­se cuen­ta, duran­te el pasa­do mes de sep­tiem­bre, la Repú­bli­ca Popu­lar Demo­crá­ti­ca de Corea cum­plió 61 años, lo que la con­vier­te en el Esta­do revo­lu­cio­na­rio más lon­ge­vo de los que ofi­cial­men­te exis­ten. Duran­te estos 61 años, Corea ha atra­ve­sa­do perio­dos de cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co impre­sio­nan­tes y una bru­tal cri­sis eco­nó­mi­ca duran­te los años 90; ha vivi­do dos gue­rras y un lar­go perio­do de paz arma­da; se ha enfren­ta­do al prin­ci­pal impe­rio del mun­do y ha inten­ta­do reuni­fi­car el país por vía pací­fi­ca. Pero prin­ci­pal­men­te, Corea del Nor­te ha tra­ta­do de cons­truir el socia­lis­mo con sus pro­pias fuerzas.

En cier­ta mane­ra, la Revo­lu­ción Corea­na recuer­da a la Cuba­na: los dos son paí­ses blo­quea­dos y cer­ca­dos por el impe­ria­lis­mo, con una Revo­lu­ción naci­da en la lucha gue­rri­lle­ra y que con­si­gue sobre­vi­vir a la con­tra­rre­vo­lu­ción en la Unión Sovié­ti­ca. Sin embar­go, mien­tras Cuba des­pier­ta las sim­pa­tías de gran par­te de los revo­lu­cio­na­rios del mun­do occi­den­tal, Corea es la gran des­co­no­ci­da. Inclu­so en el caso de muchas per­so­nas de izquier­das, se pre­fie­re recha­zar la Revo­lu­ción Corea­na des­de el des­co­no­ci­mien­to, antes que con­se­guir infor­ma­ción y defenderla.

Real­men­te, es difí­cil defen­der a Corea en medio de la gigan­tes­ca cam­pa­ña de des­in­for­ma­ción lle­va­da a cabo por el impe­ria­lis­mo, pero el inter­na­cio­na­lis­mo pro­le­ta­rio es uno de nues­tros prin­ci­pios y, por eso, debe­mos hacer el esfuer­zo de des­mon­tar el mito que se ha cons­trui­do en torno a este pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio, aun­que para ello deba­mos hacer fren­te a muchos luga­res comu­nes y a muchos pre­jui­cios que están muy asentados.

En este artícu­lo tra­to de ofre­cer una infor­ma­ción deta­lla­da sobre tres momen­tos his­tó­ri­cos cla­ve para com­pren­der Corea: la Corea de antes de la Revo­lu­ción, la Revo­lu­ción Corea­na y la situa­ción actual. Al final de toda la expo­si­ción, plan­teo la cues­tión de por qué los revo­lu­cio­na­rios debe­mos defen­der y soli­da­ri­zar­nos con el pro­ce­so de cons­truc­ción socia­lis­ta en Corea. Empie­zo con Corea, antes de la Revolución.

Corea, antes de la Revolución

La res­tos más anti­guos halla­dos en Corea datan del 3000 a.C., lo que con­vier­te a este país en una de las civi­li­za­cio­nes más anti­guas sobre el pla­ne­ta. Ori­gi­na­ria­men­te, Corea estu­vo divi­di­da en tres rei­nos: Kogur­yo, Paek­je y Silla. El pri­mer rei­no uni­fi­ca­do para toda Corea fue el rei­no de Kor­yo, un régi­men que se man­tu­vo casi duran­te 500 años. Este régi­men feu­dal fue ‑has­ta el siglo XX- el momen­to de máxi­mo apo­geo de Corea.

A fina­les del siglo XIV, hubo un cam­bio dinás­ti­co en el rei­no de Kor­yo, en favor de los Ri. Los Ri gober­na­ron Corea duran­te 600 años. Si algo mar­có este lar­go perio­do fue la inva­sión japo­ne­sa en 1592. Esta gue­rra de 7 años, cono­ci­da en Corea como la Gue­rra Patrió­ti­ca Imjin, ter­mi­nó con una vic­to­ria corea­na sobre los inva­so­res, pero al pre­cio de ago­tar total­men­te al país.

Des­de enton­ces, Corea se con­vir­tió en un rei­no estan­ca­do y rece­lo­so del mun­do exte­rior. Nadie salía ni entra­ba del país sin per­mi­so del Empe­ra­dor. Vio­lar esta nor­ma esta­ba cas­ti­ga­do con la pena de muer­te. Corea comen­zó a ser cono­ci­da como el “Rei­no Hermitaño”.

Entre el siglo XVII y XIX, Corea per­ma­ne­ció ais­la­da, con un úni­co socio inter­na­cio­nal: Chi­na. A su vez, Chi­na se apro­ve­cha­ba de la debi­li­dad de su veci­na para impo­ner­le con­di­cio­nes de vasallaje.

Sin embar­go, a media­dos del siglo XIX, Chi­na era ya un Impe­rio en decli­ve, divi­di­da en zonas de influen­cia por las poten­cias Occi­den­ta­les. La debi­li­dad de la pro­tec­to­ra con­vir­tió a Corea en una pre­sa fácil para el Imperialismo.

En Agos­to de 1866, Esta­dos Uni­dos envió el buque de gue­rra Gene­ral Sher­man a tra­vés del río Tae­dong, has­ta Pyong­yang. La pre­sen­cia del buque pre­ten­día ame­na­zar a los corea­nos y obli­gar­les a abrir­se al comer­cio exte­rior. Los corea­nos, poco acos­tum­bra­dos al mun­do exte­rior, tuvie­ron una reac­ción vio­len­ta. Tras una serie de tri­ful­cas, una masa de corea­nos enfu­re­ci­dos incen­dió el bar­co y expul­só a los nor­te­ame­ri­ca­nos. Otras inter­ven­cio­nes simi­la­res de poten­cias extran­je­ras fue­ron igual­men­te rechazadas.

En 1871, los corea­nos levan­ta­ron en Pyong­yang una “lápi­da con­tra la con­ci­lia­ción”, que lan­za una seria adver­ten­cia: “Acon­se­ja­mos a todas las gene­ra­cio­nes futu­ras que ceder ante la inva­sión de los bár­ba­ros occi­den­ta­les es con­ci­liar con ellos, y acep­tar­lo es ven­der la Patria”. Este orgu­llo nacio­nal, que osci­la entre el anti­im­pe­ria­lis­mo y el cho­vi­nis­mo, es uno de los ras­gos más carac­te­rís­ti­cos de la Corea pre-revolucionaria.

En diciem­bre de 1884, hubo un gol­pe de Esta­do en Corea. El gol­pe pre­ten­día una moder­ni­za­ción capi­ta­lis­ta de las estruc­tu­ras feu­da­les del país. Sin embar­go, el caos interno fue uti­li­za­do por Japón para inter­ve­nir en Corea, lo que fue con­tes­ta­do por una revuel­ta cam­pe­si­na que con­se­guió domi­nar la mayor par­te del país.

Japón ter­mi­nó reti­ran­do sus tro­pas de Corea, para lue­go inva­dir defi­ni­ti­va­men­te la Penín­su­la a par­tir de 1905, tras derro­tar mili­tar­men­te a su rival en la zona: Rusia. Comien­za enton­ces un bru­tal perio­do de 40 años de régi­men colonial.

Por lo tan­to, para com­pren­der la his­to­ria de Corea antes de la Revo­lu­ción, hay que seña­lar dos momen­tos his­tó­ri­cos impor­tan­tes: la monar­quía de los Ri y la colo­ni­za­ción japo­ne­sa, duran­te la pri­me­ra mitad del siglo XX.

La opre­sión colonial

Tras la ocu­pa­ción defi­ni­ti­va de Corea en 1905, Japón trans­for­mó el país en una colo­nia. El Minis­tro de Gue­rra japo­nés ‑Tera­uchi- fue nom­bra­do pri­mer Gober­na­dor Gene­ral de Corea, bajo admi­nis­tra­ción mili­tar. A su lle­ga­da a la penín­su­la dijo “Los corea­nos deben optar entre obe­de­cer las leyes japo­ne­sas o morir.” Y lo cumplió.

Los japo­ne­ses se pro­pu­sie­ron la extin­ción com­ple­ta de todo ras­go de la cul­tu­ra y carác­ter nacio­nal de los corea­nos. Se des­tru­ye­ron tem­plos, se pro­fa­na­ron tum­bas de los reyes fun­da­do­res de las dinas­tías corea­nas y se hizo una revi­sión com­ple­ta de la his­to­rio­gra­fía. Uno de los pro­yec­tos más bur­dos de los japo­ne­ses fue “des­cu­brir” res­tos arqueo­ló­gi­cos nipo­nes en sue­lo coreano, tra­tan­do de legi­ti­mar a tra­vés de la his­to­ria su ocu­pa­ción militar.

Nipo­ni­zar Corea fue una tarea difí­cil, debi­do al tra­di­cio­nal orgu­llo nacio­nal coreano y a las gran­des dife­ren­cias cul­tu­ra­les entre ambos paí­ses. Por eso, el Impe­rio Japo­nés se vio obli­ga­do a tomar medi­das drás­ti­cas, como la prohi­bi­ción de hablar en públi­co coreano. Tam­bién se adop­ta­ron varios decre­tos, que hicie­ron que las ciu­da­des corea­nas fue­ron renom­bra­das con nom­bres japo­ne­ses y que todos los ape­lli­dos corea­nos se niponizasen.

Todas estas medi­das cul­tu­ra­les fue­ron acom­pa­ña­das por una bes­tial explo­ta­ción eco­nó­mi­ca. Millo­nes de corea­nos fue­ron lle­va­dos en con­di­cio­nes más o menos for­zo­sas a tra­ba­jar a Japón en los tra­ba­jos más duros, mien­tras toda la Penín­su­la Corea­na se trans­for­ma­ba en una gigan­tes­ca fábri­ca de armas para la inva­sión japo­ne­sa de China.

Los corea­nos no sólo fabri­ca­ban las balas con las que sus inva­so­res eje­cu­ta­ban a los revo­lu­cio­na­rios y patrio­tas, sino que tam­bién fue­ron for­za­dos a ser­vir en el Ejér­ci­to Japo­nés. Den­tro de las fuer­zas arma­das, los corea­nos siem­pre ocu­pa­ban gra­dos jerár­qui­ca­men­te infe­rio­res a los de los japoneses.

Las muje­res corea­nas tam­bién fue­ron for­za­das a ser­vir en el Ejér­ci­to Impe­rial, pero no como sol­da­dos, sino como pros­ti­tu­tas y escla­vas sexua­les. Se cal­cu­la que en 40 años de régi­men colo­nial, cer­ca de 200’000 muje­res corea­nas pasa­ron por los cuar­te­les japoneses.

La lis­ta de agra­vios es casi inter­mi­na­ble. Ante todos ellos, el 1 de mar­zo de 1919 esta­lló la pri­me­ra gran revuel­ta anti-japo­ne­sa. Este movi­mien­to de libe­ra­ción nacio­nal se pro­lon­gó has­ta fina­les de año y en él par­ti­ci­pa­ron 2 millo­nes de corea­nos. Sin embar­go, en aquel momen­to no exis­tía una van­guar­dia orga­ni­za­da de la lucha y el movi­mien­to cayó en el espontaneísmo.

El Par­ti­do Comu­nis­ta de Corea, fun­da­do pocos años des­pués, no tuvo una implan­ta­ción real en el país has­ta la derro­ta de Japón en 1945, debi­do a la situa­ción de clan­des­ti­ni­dad y a la lucha inter­na entre facciones.

En 1930 se fun­da la Liga Juve­nil Comu­nis­ta y dos años más tar­de, la gue­rri­lla coman­da­da por Kim Il Sung: el Ejér­ci­to Popu­lar Revo­lu­cio­na­rio de Corea.

Sin embar­go, las con­di­cio­nes de lucha eran muy com­pli­ca­das. Los corea­nos se enfren­ta­ban a eje­cu­cio­nes suma­rias y encar­ce­la­mien­to por deli­tos de “terro­ris­mo”. Las cár­ce­les japo­ne­sas en Corea y Man­chu­ria (Chi­na) no tenían nada que envi­diar a los cam­pos nazis. Inclu­so en una de las pri­sio­nes expe­ri­men­ta­ron con pri­sio­ne­ros armas quí­mi­cas y bacteriológicas.

La ocu­pa­ción japo­ne­sa de Corea es uno de los epi­so­dios más sal­va­jes de impo­si­ción y exter­mi­nio pla­ni­fi­ca­do de una nación. Es tam­bién una his­to­ria des­co­no­ci­da y olvi­da­da. Pero esto no debe hacer­nos per­der la pers­pec­ti­va de que los horro­res de la opre­sión japo­ne­sa fue­ron uno de los mayo­res moto­res de la Revo­lu­ción coreana.

Estruc­tu­ra social en la Corea pre-revolucionaria

El Rei­no de Corea era un esta­do asiá­ti­co típi­ca­men­te feu­dal. El abor­ta­do pro­nun­cia­mien­to de 1884 fue el úni­co inten­to real de una Revo­lu­ción Bur­gue­sa en la península.

En el momen­to de la inva­sión japo­ne­sa, la éli­te domi­nan­te era la aris­to­cra­cia ‑terra­te­nien­te y mili­tar- y la monar­quía. Los japo­ne­ses man­tie­nen en un pri­mer momen­to a los monar­cas corea­nos y res­pe­tan sus ins­ti­tu­cio­nes de for­ma sim­bó­li­ca. De esta mane­ra, con­si­guen un lar­go pro­ce­so de nego­cia­ción con los monar­cas, mien­tras toman posi­cio­nes mili­ta­res y des­ar­man al ejér­ci­to real.

Con la aris­to­cra­cia mili­tar fue­ra de jue­go, Japón expul­sa a los monar­cas corea­nos y pro­gre­si­va­men­te des­pla­za a los terra­te­nien­tes nati­vos de las mejo­res tie­rras. Las anti­guas éli­tes corea­nas renun­cian al poder casi sin opo­ner nin­gu­na lucha.

Bajo el régi­men colo­nial, el modo de pro­duc­ción domi­nan­te sigue sien­do de tipo feu­dal. La pre­sen­cia japo­ne­sa refuer­za algu­nos de los aspec­tos ideo­ló­gi­cos más carac­te­rís­ti­cos del feu­da­lis­mo, como es la sumi­sión y el vasa­lla­je. En todo momen­to, la pobla­ción cam­pe­si­na reba­sa el 75% sobre el total.

Sin embar­go, Japón intro­du­ce tam­bién en Corea gran­des fábri­cas capi­ta­lis­tas, sobre todo cen­tra­das en la pro­duc­ción de arma­men­to y quí­mi­cos. Esto crea un inci­pien­te pro­le­ta­ria­do urbano en núcleos indus­tria­les como Hamhung (en la cos­ta noro­rien­tal de Corea) y Seúl.

Al mis­mo tiem­po, las con­di­cio­nes de explo­ta­ción en muchas oca­sio­nes son de pura escla­vi­tud, aun­que como com­ple­men­to a la estruc­tu­ra capi­ta­lis­ta, no como estruc­tu­ra domi­nan­te de la sociedad.

Por lo tan­to, pode­mos defi­nir Corea como un régi­men feu­dal con ele­men­tos capi­ta­lis­tas, intro­du­ci­dos a tra­vés de un sis­te­ma colonial.

El sub­de­sa­rro­llo

Todos los impe­ria­lis­mos son simi­la­res en esen­cia, pero varían en for­ma. Espe­cial­men­te, varían en cuan­to a las ideo­lo­gías con las que tra­tan de legi­ti­mar­se. El Impe­rio Bri­tá­ni­co “expan­día la demo­cra­cia y la civi­li­za­ción”, mien­tras que Esta­dos Uni­dos “pro­te­ge los dere­chos huma­nos”. Pero, a fin de cuen­tas, todos per­si­guen un mis­mo obje­ti­vo de domi­na­ción y expan­sión de capitales.

En el caso del Impe­ria­lis­mo Japo­nés, la jus­ti­fi­ca­ción era la crea­ción de un espa­cio de “co-pros­pe­ri­dad en Asia”. En este sen­ti­do, uno de los gran­des mitos crea­dos en esa épo­ca fue que Japón racio­na­li­zó la eco­no­mía corea­na y la desarrolló.

Es cier­to que la eco­no­mía corea­na par­tía de un nivel de atra­so con­si­de­ra­ble. Sin embar­go, Japón no per­si­guió en Corea más que sus pro­pios intere­ses. Las fábri­cas y obras de infra­es­truc­tu­ra crea­das por los japo­ne­ses en Corea no guar­da­ban una pro­por­cio­na­li­dad ni ser­vían a la eco­no­mía corea­na, sino a los intere­ses impe­ria­lis­tas japoneses.

De esta mane­ra, la prin­ci­pal línea de ferro­ca­rril en Corea, se ins­ta­ló des­de el puer­to de Pusan, al sur, has­ta Sinui­ju, en la fron­te­ra con Chi­na. Los trans­por­tes ferro­via­rios a tra­vés de esta línea per­mi­tían un rápi­do des­pla­za­mien­to de tro­pas des­de Japón a Pusan y de Pusan a Chi­na. Sin embar­go, esta red de ferro­ca­rril no se comu­ni­ca­ba con la indus­tria del este del país, ins­ta­la­do en la cos­ta orien­tal pre­ci­sa­men­te para expor­tar toda la pro­duc­ción hacia Japón.

El 94% de las impor­ta­cio­nes y el 93% de las expor­ta­cio­nes de Corea se rea­li­za­ban con Japón, crean­do una estruc­tu­ra pro­duc­ti­va total­men­te dependiente.

La mayor par­te del PIB se pro­du­cía en la agri­cul­tu­ra, con gran­des des­igual­da­des de desa­rro­llo entre las dife­ren­tes pro­vin­cias. Las par­tes más desa­rro­lla­das eran Seúl y Pusan, hoy en Corea del Sur, y la par­te orien­tal de Corea del Norte.

La pobre­za

Las con­di­cio­nes de vida bajo el régi­men japo­nés eran de extre­ma pobre­za. Lejos de mejo­rar, la situa­ción de la gran masa cam­pe­si­na corea­na empeo­ró duran­te los 40 años de sis­te­ma colo­nial, debi­do a los reclu­ta­mien­tos, a las con­fis­ca­cio­nes de tie­rras, los impues­tos (tras pasar todos los impues­tos, el cam­pe­sino sólo reci­bía un 30% del valor de su cose­cha) y las accio­nes puni­ti­vas con­tra aldeas ente­ras, por cola­bo­rar con la gue­rri­lla. Los anti­guos terra­te­nien­tes habían sido des­pla­za­dos en favor de sus homó­lo­gos japo­ne­ses. Ade­más, el Esta­do Japo­nés se reser­vó una par­te de las tie­rras con fines bélicos.

En las ciu­da­des, los corea­nos eran ciu­da­da­nos de segun­da, con un régi­men muy simi­lar al del apartheid suda­fri­cano. Las infra­es­truc­tu­ras moder­nas eran de uso exclu­si­vo para japoneses.

La espe­ran­za de vida para los corea­nos era en 1940 de 38’4 años y en 1944, la mor­ta­li­dad infan­til alcan­za­ba la increí­ble cifra de 204’0‰ . Las epi­de­mias pro­vo­ca­ban cifras altí­si­mas de muer­tos, debi­do a las malas con­di­cio­nes higié­ni­cas y a la fal­ta de infra­es­truc­tu­ra sani­ta­ria. Pyong­yang, una de las prin­ci­pa­les urbes del país, con­ta­ba tan sólo con 480 camas de hos­pi­tal, repar­ti­das entre 4 peque­ños hospitales.

La mayor par­te del país no esta­ba elec­tri­fi­ca­do, las ciu­da­des eran prin­ci­pal­men­te de made­ra y con una defi­cien­te red de alcan­ta­ri­lla­do. Los corea­nos eran aje­nos a las comu­ni­ca­cio­nes, el depor­te o la cul­tu­ra. Inclu­so las nece­si­da­des más bási­cas ‑ali­men­ta­ción, vivien­da y ves­ti­men­ta- esta­ban cubier­tas de for­ma muy deficiente.

El pro­ble­ma del analfabetismo

La situa­ción de la Edu­ca­ción bajo el Impe­rio Japo­nés era nefas­ta. Sólo en el terri­to­rio del nor­te de Corea, 2’300’000 per­so­nas no sabían leer ni escri­bir, sobre una pobla­ción total de 9 millo­nes de personas.

Había dos sis­te­mas de edu­ca­ción para­le­los, uno para corea­nos y otro para japo­ne­ses. Los corea­nos no tenían dere­cho a ingre­sar en la Uni­ver­si­dad. De hecho, en el momen­to de la inde­pen­den­cia del país, sólo 9 corea­nos tenían estu­dios superiores.

Aun­que exis­tía un sis­te­ma públi­co de edu­ca­ción para corea­nos, sólo el 4’6% de los niños en edad esco­lar esta­ban matri­cu­la­dos. Para muchas fami­lias cam­pe­si­nas, la escue­la más cer­ca­na esta­ba a muchos kiló­me­tros de distancia

La red públi­ca era de pago y muy redu­ci­da. Por ejem­plo, en Pyong­yang exis­tían tan sólo dos escue­las espe­cia­li­za­das, tres secun­da­rias y algu­nas pro­fe­sio­na­les y pri­ma­rias. No había uni­ver­si­dad ni siquie­ra para los estu­dian­tes japoneses.

Un ejem­plo bas­tan­te cla­ri­fi­ca­dor es el siguien­te: en el ins­ti­tu­to de secun­da­ria Nº3 de Pyong­yang, de 971 alum­nos, nin­guno era de fami­lia cam­pe­si­na o de cla­se obre­ra. La edu­ca­ción, por lo tan­to, era un pri­vi­le­gio de clase.

En la Corea colo­nial se dio un curio­so caso: el cie­rre de todas las escue­las pri­va­das corea­nas. Las escue­las pri­va­das eran peque­ños cen­tros diri­gi­dos por uno o varios pro­fe­so­res y que no se some­tían al pro­gra­ma lec­ti­vo japo­nés. Si en 1910 exis­tían 2’200 escue­las de este tipo, en 1919 el núme­ro se había redu­ci­do a 737. Once años des­pués, en toda la penín­su­la ape­nas había 47 escue­las privadas.

La Edu­ca­ción japo­ne­sa bus­ca­ba con­ver­tir a los corea­nos en “suje­tos del Impe­rio”. Las cla­ses eran en japo­nés y se estu­dia­ba este idio­ma como “len­gua mater­na”. La Geo­gra­fía y la His­to­ria tra­ta­ban sobre el Impe­rio Japo­nés y no sobre Corea. Ade­más, Reli­gión y Moral eran dos asig­na­tu­ra­les troncales.

Los japo­ne­ses pusie­ron “ase­so­res” en las escue­las, que a par­tir de 1941 pasa­ron a ser exclu­si­va­men­te mili­ta­res. Los alum­nos debían usar uni­for­mes mili­ta­res y reci­bían ins­truc­ción para la gue­rra, sien­do reclu­ta­dos muchos de ellos.

Por últi­mo, los méto­dos de ense­ñan­za de basa­ban en la repe­ti­ción memo­rís­ti­ca y en el cas­ti­go físico.

El pro­ble­ma de la tierra

Mien­tras Corea per­ma­ne­ció uni­da, el país se divi­día entre un sur llano y agrí­co­la y un nor­te poco pobla­do y mine­ro. Sin embar­go, en ambas par­tes del país, exis­tía un gra­ve pro­ble­ma de dis­tri­bu­ción de la tie­rra. Cer­ca del 50% de las tie­rras eran pro­pie­dad de unas pocas fami­lias terra­te­nien­tes, liga­das al poder polí­ti­co japo­nés. Estas tie­rras eran tra­ba­ja­das por jor­na­le­ros sin tie­rra y, sobre todo, bajo el sis­te­ma de arriendo.

En el nor­te, el pro­ble­ma se agra­va­ba por la esca­sa super­fi­cie cul­ti­va­ble: menos del 19% de la tie­rra es ara­ble, la mayor par­te de la super­fi­cie son bos­ques y montañas.

Esto hace que, para ser ren­ta­ble, la explo­ta­ción de la tie­rra se deba dar con la apli­ca­ción de tec­no­lo­gía y medios inten­si­vos. Sin embar­go, el agro de la Corea pre-revo­lu­cio­na­ria care­ce de elec­tri­ci­dad, fer­ti­li­zan­tes, maqui­na­ria (inclu­yen­do trac­to­res) y sis­te­mas moder­nos de irri­ga­ción. A los terra­te­nien­tes no les intere­sa desa­rro­llar la agri­cul­tu­ra, pues viven de ren­tas, y los cam­pe­si­nos no pue­den desa­rro­llar­la, por­que care­cen de recursos.

La Revo­lu­ción Coreana

Para el obje­ti­vo de este artícu­lo, creo que no es tan impor­tan­te una expli­ca­ción deta­lla­da de cómo se hizo la Revo­lu­ción en Corea, como sí lo son sus efec­tos, es decir, qué se ha logra­do tras 61 años de cons­truc­ción del socia­lis­mo. Por eso, tra­ta­ré de hacer una bre­ve rese­ña, únicamente.

Los acto­res más impor­tan­tes de la revo­lu­ción corea­na fue­ron el pue­blo coreano ‑a tra­vés de sus orga­ni­za­cio­nes clandestinas‑, la gue­rri­lla del EPRC y las tro­pas del Ejér­ci­to Rojo soviético.

La lucha revo­lu­cio­na­ria con­clu­yó en 1945, con la vic­to­ria sobre Japón. Has­ta el para­le­lo 38, las tro­pas sovié­ti­cas ocu­pa­ron las prin­ci­pa­les ciu­da­des. Cuan­do los gue­rri­lle­ros y los sovié­ti­cos se des­ple­ga­ron sobre el terri­to­rio libe­ra­do, se encon­tra­ron con que el pro­pio pue­blo coreano ya esta­ba crean­do un nue­vo órgano de poder: el comi­té popu­lar. Los gue­rri­lle­ros vie­ron el poten­cial de este nue­vo tipo de orga­ni­za­ción popu­lar y comen­za­ron a exten­der­lo por todas las ciu­da­des y villas.

Las tro­pas sovié­ti­cas se detu­vie­ron en el para­le­lo 38, debi­do al acuer­do al que habían lle­ga­do con Esta­dos Uni­dos para des­ar­mar al ejér­ci­to japo­nés. Sin embar­go, para ese enton­ces, el ejér­ci­to nor­te­ame­ri­cano esta­ba aún lejos de Corea y sólo lle­ga­ron tres sema­nas des­pués de la libe­ra­ción de Corea.

En teo­ría, la pre­sen­cia de ambos ejér­ci­tos (nor­te­ame­ri­cano y sovié­ti­co) sólo tenía un sen­ti­do: libe­rar Corea, crear las con­di­cio­nes para que los corea­nos pudie­sen regir­se a sí mis­mos ‑a tra­vés de una demo­cra­ti­za­ción y de elec­cio­nes gene­ra­les para todo el país- y retirarse.

Sin embar­go, Esta­dos Uni­dos lle­gó a Corea cuan­do su pre­sen­cia era ya irre­le­van­te para la libe­ra­ción del país y su pro­pó­si­to nun­ca fue la demo­cra­ti­za­ción. Cuan­do los nor­te­ame­ri­ca­nos lle­ga­ron, Corea del Sur era un her­vi­de­ro social, don­de los comi­tés popu­la­res se habían exten­di­do de for­ma autó­no­ma y con­tro­la­ban la situa­ción. Esta­dos Uni­dos repri­mió los comi­tés y devol­vió a sus pues­tos a los anti­guos gen­dar­mes del régi­men colo­nial. Una nue­va dic­ta­du­ra había naci­do, en la mitad de un país que que­ría ser inde­pen­dien­te y per­ma­ne­cer unido.

Mien­tras las Unión Sovié­ti­ca reti­ra­ba sus últi­mas tro­pas de Corea en 1948, Esta­dos Uni­dos aún sigue man­te­nién­do­las a día de hoy. Las elec­cio­nes gene­ra­les para todo el país nun­ca se han cele­bra­do y Corea del Sur se man­tie­ne aún hoy como un régi­men sin legi­ti­mi­dad his­tó­ri­ca y pro­duc­to de la inge­nie­ría polí­ti­ca impe­ria­lis­ta en Asia Oriental.

Por lo tan­to, la Revo­lu­ción en Corea ‑que nació como lucha inde­pen­den­tis­ta- es un pro­ce­so incon­clu­so: la mitad del país aún está ocu­pa­da por el impe­ria­lis­mo; el socia­lis­mo sólo se cons­tru­ye des­de 1948 en una par­te del territorio.

La Revo­lu­ción en Corea del Nor­te, a gran­des rasgos

A gran­des ras­gos, pode­mos divi­dir la his­to­ria de la Revo­lu­ción en Corea en los siguien­tes gran­des periodos:

Perio­do Momen­to Histórico
1945 – 1950 Desa­rro­llo Pacífico
1950 – 1953 Gue­rra de Corea
1954 – 1956 Reconstrucción
1956 – 1967 Cons­truc­ción bases Socialismo
1967 – 1990 Cons­truc­ción Socia­lis­mo desarrollado
1990 – 1995 Perio­do de estancamiento
1995 – 1997 Cri­sis Económica
1997 – 2007 Déca­da de Recuperación
2008 – 2012 Crea­ción de una poten­cia socia­lis­ta próspera

Tras la libe­ra­ción, los corea­nos atra­ve­sa­ron el perio­do de Desa­rro­llo Pací­fi­co. Fue un bre­ve momen­to entre dos gue­rras ‑la Gue­rra de Inde­pen­den­cia con­tra Japón y la Gue­rra de Corea con­tra Esta­dos Uni­dos- en el que comen­za­ron nume­ro­sas reformas.

Se lle­va a cabo la tan ansia­da refor­ma agra­ria, la refor­ma labo­ral, la nacio­na­li­za­ción de las indus­trias, la ley de igual­dad de sexos,… etc Todo esto alte­ró ‑de for­ma radi­cal y en un bre­ve perio­do de tiem­po- las estruc­tu­ras de cla­se que impe­ra­ban en Corea del Nor­te. El entu­sias­mo era gene­ral y esto tuvo un mar­ca­do efec­to en los pri­me­ros pla­nes eco­nó­mi­cos. El plan de 1947 se sobre­pa­só en un 2’5%, el de 1948 en un 2’9% y el de 1949 en un 2’8%.

Y enton­ces lle­gó la Gue­rra de Corea. Para el nor­te, la gue­rra supu­so la des­truc­ción casi total de su eco­no­mía. Más de 370’000 hec­tá­reas de tie­rra fue­ron daña­das (el 40% de la tie­rra ara­ble), la pro­duc­ción meta­lúr­gi­ca se redu­jo en un 90% y la de quí­mi­cos en un 78%. En Pyong­yang, el 97% de los edi­fi­cios fue­ron des­trui­dos duran­te la gue­rra. Sin embar­go, la gue­rra tuvo dos efec­tos posi­ti­vos ines­pe­ra­dos: supu­so la hui­da de la mayor par­te de los ele­men­tos reac­cio­na­rios y un sen­ti­mien­to de gran uni­dad entre gobierno revo­lu­cio­na­rio y pueblo.

El perio­do de recons­truc­ción, entre 1953 y 1956, no sólo es un momen­to de mila­gro eco­nó­mi­co ‑en el que Corea supera los nive­les de antes de la gue­rra- sino tam­bién de avan­ce. Duran­te estos años, Corea logra que todos los alum­nos en edad esco­lar cur­sen la Edu­ca­ción pri­ma­ria y comien­za en el cam­po la segun­da refor­ma agra­ria: el pro­ce­so de cooperativización.

En 1956 fina­li­za la recons­truc­ción de post-gue­rra, con un sobre­cum­pli­mien­to del plan del 22%. El cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co indus­trial es del 42% cada año, pasán­do­se de una pro­duc­ción de 700’000 tone­la­das de car­bón a 3’908’000; de 4’000 tone­la­das de fer­ti­li­zan­tes a 190’000; y así en todos los sec­to­res de la economía.

La cons­truc­ción de las bases del socia­lis­mo: el movi­mien­to Chollima

En 1956 comien­za la siguien­te fase de desa­rro­llo: la cons­truc­ción de las bases del socia­lis­mo. Duran­te este año, cam­bia el mode­lo de desa­rro­llo con uno de los mayo­res hitos de la cons­truc­ción del socia­lis­mo en Corea: el movi­mien­to Chollima.

Cho­lli­ma es un caba­llo ala­do, capaz de reco­rrer en un día lo que una per­so­na nor­mal tar­da­ría mil días en reco­rrer. Es un héroe míti­co de la cul­tu­ra corea­na. Cho­lli­ma es uti­li­za­do por la direc­ción revo­lu­cio­na­ria de Corea en 1956 como metá­fo­ra de lo que el país nece­si­ta: avan­zar cada día, lo que cada país avan­za en mil.

En 1956 esta­lla­ron dos cri­sis en Corea, una exter­na y otra inter­na. La exter­na sur­ge por el con­flic­to con la Unión Sovié­ti­ca, con quien Corea man­te­nía una estre­cha rela­ción. La Unión Sovié­ti­ca pre­ten­día que Corea se inte­gra­se den­tro del blo­que comer­cial del CAME, incor­po­rán­do­se a la divi­sión inter­na­cio­nal socia­lis­ta del tra­ba­jo. Corea, por con­tra, pre­fe­ría man­te­ner­se como miem­bro obser­va­dor y desa­rro­llar una eco­no­mía auto­su­fi­cien­te. La dele­ga­ción sovié­ti­ca cri­ti­ca en el Ter­cer Con­gre­so del Par­ti­do del Tra­ba­jo de Corea la polí­ti­ca eco­nó­mi­ca nor­co­rea­na y el comer­cio entre los dos paí­ses comien­za a declinar.

El dis­cur­so sovié­ti­co en el Con­gre­so del PTC crea una cri­sis inter­na. Den­tro del PTC se for­ma una fac­ción que inten­ta derri­bar a Kim Il Sung, apro­ve­chan­do un via­je inter­na­cio­nal. Sin embar­go, la enor­me uni­dad del Comi­té Cen­tral en torno a la línea polí­ti­ca y al lide­raz­go de Kim Il Sung, impi­de el triun­fo de esta fac­ción, que es expul­sa­da del Partido.

Corea se incor­po­ra como miem­bro obser­va­dor al CAME un año des­pués, pero la línea auto­su­fi­cien­te es la domi­nan­te des­de diciem­bre de 1956. Sin ayu­da téc­ni­ca ni comer­cio con la Unión Sovié­ti­ca, Corea se ve obli­ga­da a recu­rrir a sus pro­pias fuer­zas, como des­de un prin­ci­pio había desea­do. Y es a par­tir de este momen­to cuan­do el Par­ti­do del Tra­ba­jo de Corea deci­de ape­lar úni­ca­men­te a su pro­pia cla­se obrera.

Kim Il Sung se pone a la cabe­za de este pro­yec­to y visi­ta la Side­rúr­gi­ca de Kang­son. Allí se reu­nie con los obre­ros y expli­ca la situa­ción polí­ti­ca y eco­nó­mi­ca del país. La con­sig­na es cam­biar todo lo que debie­se ser cam­bia­do, crear nue­vas nor­mas, par­ti­ci­par, inno­var, sen­tir­se due­ños del des­tino de la fábri­ca y del país.

A esta visi­ta, siguie­ron otras muchas a los cen­tros pro­duc­ti­vos más impor­tan­tes del país. Estas visi­tas se con­ver­ti­rían en una cons­tan­te del tipo de lide­raz­go nor­co­reano a todos los nive­les y siguen prac­ti­cán­do­se hoy (por ejem­plo, Kim Jong Il lle­va este año más de 100 visi­tas a impor­tan­tes cen­tros del país).

Ante el éxi­to impre­sio­nan­te de las visi­tas, la pren­sa comen­zó a publi­ci­tar­lo y a lla­mar a todos los obre­ros del país a seguir el ejem­plo y, en junio de 1958, la Asam­blea Popu­lar Supre­ma lan­zó el movi­mien­to de masas Cho­lli­ma. El movi­mien­to Cho­lli­ma com­bi­na pla­ni­fi­ca­ción y entu­sias­mo cons­cien­te, es par­ti­ci­pa­ción e inno­va­ción diri­gi­da hacia un obje­ti­vo estra­té­gi­co. A dife­ren­cia del movi­mien­to sta­ja­no­vis­ta, Cho­lli­ma no ofre­cía incen­ti­vos mate­ria­les, sino políticos.

El obje­ti­vo de esos años era una mayor auto­su­fi­cien­cia a tra­vés del desa­rro­llo de la indus­tria pesa­da, base del res­to de sec­to­res de la eco­no­mía. La pro­duc­ción de máqui­na­ria indus­trial, aspec­to cen­tral de la indus­tria­li­za­ción, pasó de un 1’6% del PIB al 21’3%. Tam­bién se mul­ti­pli­có la pro­duc­ción de metal. La pro­duc­ción indus­trial cre­ció a un rit­mo del 44% cada año duran­te los cin­co años del Plan Quin­que­nal, un cre­ci­mien­to inclu­so supe­rior al que Corea tuvo cuan­do su eco­no­mía reci­bía ayu­das del cam­po socialista.

Las indus­trias loca­les incre­men­ta­ron su par­ti­ci­pa­ción en el pro­duc­ción indus­trial bru­to des­de el 12’8% en 1956 has­ta el 31’9% en 1960. Esto se reali­zó, sobre todo, a tra­vés de la ini­cia­ti­va local de la pobla­ción cam­pe­si­na, que levan­tó peque­ñas fábri­cas para explo­tar recur­sos y opor­tu­ni­dad exis­ten­tes a nivel de base. Cana­li­zar la crea­ti­vi­dad y la ini­cia­ti­va de las bases fue una de las cla­ves de este impre­sio­nan­te movimiento.

Para hacer­se una idea de la impor­tan­cia de la movi­li­za­ción popu­lar, bas­ta con mirar las cifras. Duran­te el Plan Quin­que­nal, la inver­sión esta­tal en indus­tria se repar­tió en 82’6% a la indus­tria pesa­da y 17’4% a la indus­tria lige­ra. Sin embar­go, la indus­tria pesa­da se mul­ti­pli­có en 3’6 veces, mien­tras que la lige­ra en 3’3 veces.

Por todo esto, en pleno Pyong­yang se cons­tru­yó una esta­tua a Cho­lli­ma, en home­na­je a lo que se con­vir­tió en “línea gene­ral de la cons­truc­ción del socia­lis­mo en Corea”. Un tra­ba­ja­dor apa­re­ce sen­ta­do sobre un caba­llo ala­do, sos­te­nien­do un libro, que repre­sen­tan las ideas revo­lu­cio­na­rias. La Side­rúr­gi­ca de Kang­son, don­de nació el movi­mien­to, fue renom­bra­da como Side­rúr­gi­ca Chollima.

Chong­san-ri y Dean, otra for­ma pecu­liar de socialismo

El movi­mien­to Cho­lli­ma tenía como bases las ini­cia­ti­vas y esfuer­zos de la base. Esto cho­có con la mane­ra de diri­gir y orga­ni­zar la Eco­no­mía que exis­tía en Corea has­ta el momento.

El Par­ti­do del Tra­ba­jo de Corea era cons­cien­te de ello y comen­zó a bus­car for­mas de trans­for­mar la orga­ni­za­ción y estruc­tu­ra de direc­ción de la eco­no­mía. En 1960, Kim Il Sung deci­dió visi­tar por sí mis­mo una coope­ra­ti­va, para vivir y tra­ba­jar con los coope­ra­ti­vis­tas y poder detec­tar los fallos de fun­cio­na­mien­to. Eli­gió la coope­ra­ti­va Chong­san-ri, en las afue­ras de Pyong­yang, por ser una gran­ja con un nivel de desa­rro­llo bajo.

Kim Il Sung per­ma­ne­ció 15 días en la coope­ra­ti­va, super­vi­san­do el tra­ba­jo de direc­ción y corri­gien­do algu­nos méto­dos inco­rrec­tos, para agi­li­zar e incre­men­tar la comu­ni­ca­ción entre dife­ren­tes áreas de tra­ba­jo. Espe­cial­men­te, tra­ba­jó el papel de las célu­las del par­ti­do den­tro de la coope­ra­ti­va. Duran­te 1960, Kim Il Sung visi­ta­ría 39 veces Chong­san­ri, para com­pro­bar cómo se apli­ca­ban los cam­bios y papra traer nue­vas iniciativas.

Toda la meto­do­lo­gía ela­bo­ra­da duran­te sus visi­tas pasó a deno­mi­nar­se el méto­do y espí­ri­tu de Chong­san-ri y se sis­te­ma­ti­zó, crean­do un nue­vo esque­ma de tra­ba­jo agrí­co­la en el país.

El méto­do Chong­san-ri enfa­ti­za la impor­tan­cia de que los órga­nos supe­rio­res se rela­cio­nen con los infe­rio­res. De hecho, se exi­ge, como tarea de los órga­nos supe­rio­res, bajar has­ta los pues­tos de tra­ba­jo del infe­rior y cono­cer la reali­dad y los pro­ble­mas existentes.

El méto­do Chong­san-ri con­si­de­ra que la labor fun­da­men­tal es la labor polí­ti­ca con los tra­ba­ja­do­res y cam­pe­si­nos. La par­ti­ci­pa­ción de las masas en todo el pro­ce­so de deci­sión es fun­da­men­tal para invo­lu­crar­las. Tam­bién es nece­sa­rio cana­li­zar su entu­sias­mo para lle­var ade­lan­te las tareas, pri­man­do la movi­li­za­ción popu­lar sobre el tra­ba­jo meca­ni­co y burocrático.

Por últi­mo, el méto­do Chong­san-ri tam­bién pro­po­ne incen­ti­vos mate­ria­les (pri­mas, sala­rios extra) por obje­ti­vos, pero nun­ca de mane­ra indi­vi­dual. Se pre­mia a los sub-gru­pos de tra­ba­jo, que son peque­ñas uni­da­des de tra­ba­jo de has­ta 15 per­so­nas con tareas muy con­cre­tas. Esto per­mi­te cono­cer quién tra­ba­ja bien y quién no y que el pro­pio gru­po corri­ja a los que tie­nen un tra­ba­jo menos efi­cien­te. Pre­mian­do a todo el sub-gru­po se tra­ta de evi­tar el indi­vi­dua­lis­mo, a la vez que se fomen­ta la coope­ra­ción para con­se­guir deter­mi­na­dos objetivos.

Kim Il Sung resu­mía así el méto­do Chongsan-ri:

“Los aspec­tos esen­cia­les del méto­do Chong­san-ri son que los órga­nos supe­rio­res ayu­dan a los infe­rio­res, los supe­rio­res asis­ten a sus infe­rio­res y siem­pre bajan al lugar de tra­ba­jo para cono­cer las con­di­cio­nes reales que exis­ten y dar solu­cio­nes correc­tas a los pro­ble­mas. Este méto­do prio­ri­za la labor polí­ti­ca, es decir, tra­ba­jar siem­pre con la gen­te en todas sus acti­vi­da­des, dan­do vía libre al entu­sias­mo cons­cien­te y a la ini­cia­ti­va crea­do­ra de las masas para ase­gu­rar el cum­pli­mien­to de las tareas revolucionarias.”

Un año des­pués, Kim Il Sung repi­te el expe­ri­men­to en la Plán­ta de Maqui­na­ria Eléc­tri­ca Daean. El sis­te­ma Daean se ale­ja del tra­di­cio­nal mode­lo de direc­ción sovié­ti­co, que daba res­pon­sa­bi­li­dad indi­vi­dual por la direc­ción de las empre­sas industriales.

Bajo el sis­te­ma Daean, la direc­ción de la fábri­ca se divi­de en tres áreas: el comi­té del par­ti­do, el depar­ta­men­to téc­ni­co (es decir, los inge­nie­ros y exper­tos) y la admi­nis­tra­ción de la fábri­ca, que res­pon­de ante la Asam­blea de Obreros.

El sis­te­ma Dean ve como esen­cial la par­ti­ci­pa­ción obre­ra y la direc­ción y movi­li­za­ción polí­ti­ca del par­ti­do revo­lu­cio­na­rio. Res­ta impor­tan­cia a la direc­ción admi­nis­tra­ti­va de la fábri­ca, pero sin qui­tar­le com­pe­ten­cias a los exper­tos técnicos.

Es una racio­na­li­za­ción que se edi­fi­ca sobre las nece­si­da­des reales que sur­gen con la apli­ca­ción del Movi­mien­to Cho­lli­ma. No sólo se bus­ca­ba fomen­tar la par­ti­ci­pa­ción y el entu­sias­mo cons­cien­te, sino ser capa­ces de cana­li­zar­lo den­tro de la pla­ni­fi­ca­ción cen­tra­li­za­da. De ahí, el papel cen­tral del comi­té del par­ti­do den­tro de la fábrica.

Este comi­té se eli­ge en Con­fe­ren­cia de entre todas las célu­las de la fábri­ca, con un deba­te abier­to y la par­ti­ci­pa­ción de todos los obre­ros, no sólo los mili­tan­tes. El Comi­té debe ase­gu­rar una direc­ción colec­ti­va, como requi­si­to esen­cial para poder ejer­cer sus funciones.

Los méto­dos Chong­san-ri y Daean se con­vir­tie­ron, des­de enton­ces, en las bases de la orga­ni­za­ción polí­ti­ca y eco­nó­mi­ca de Corea. Pro­gre­si­va­men­te, los méto­dos de pla­ni­fi­ca­ción y orga­ni­za­ción se fue­ron per­fec­cio­nan­do, pero las líneas polí­ti­cas bási­cas son las reco­gi­das en estos dos métodos.

De hecho, el artícu­lo 15 de la Cons­ti­tu­ción dice lo siguien­te: “El Esta­do apli­ca la línea de masas y mate­ria­li­za en todos sus tra­ba­jos el espí­ri­tu y el méto­do Chong­san­ri, con­sis­ten­tes en que los [órga­nos] supe­rio­res ayu­dan a los subal­ter­nos, se com­pe­ne­tran con las masas para encon­trar­les la solu­ción a los pro­ble­mas y esti­mu­lan su entu­sias­mo cons­cien­te dan­do prio­ri­dad a la labor polí­ti­ca, la labor para con la gente”

El con­trol popu­lar: las bases de la demo­cra­cia socialista

En Corea, la par­ti­ci­pa­ción de los tra­ba­ja­do­res y coope­ra­ti­vis­tas a todos los nive­les es fun­da­men­tal. Es impo­si­ble com­pren­der el espí­ri­tu demo­crá­ti­co y socia­lis­ta de los órga­nos de poder en Corea si no se entien­de que estos órga­nos no son sólo cáma­ras de repre­sen­tan­tes, sino enti­da­des que lle­van a cabo un tra­ba­jo polí­ti­co y per­mi­ten la par­ti­ci­pa­ción cons­tan­te de las masas. Es decir, los órga­nos rom­pen con el esque­ma­tis­mo del par­la­men­ta­ris­mo bur­gués. Si úni­ca­men­te vié­se­mos en el orga­ni­gra­ma polí­ti­co de Corea una serie de ins­ti­tu­cio­nes ele­gi­das por sufra­gio, esta­ría­mos que­dán­do­nos con una par­te muy reducida.

Es muy impor­tan­te la par­ti­ci­pa­ción de los tra­ba­ja­do­res en su cen­tro pro­duc­ti­vo o coope­ra­ti­va. Cada coope­ra­ti­va y cada fábri­ca tie­ne los siguien­tes órga­nos de direc­ción: la Sesión Ple­na­ria o Con­fe­ren­cia de Dele­ga­dos, el Comi­té de Direc­ción y el Comi­té de Supervisión.

Sesión Ple­na­ria o Con­fe­ren­cia de Delegados

El órgano legis­la­ti­vo supe­rior es la asam­blea de todos los tra­ba­ja­do­res de la empre­sa o de la coope­ra­ti­va. Una con­vo­ca­to­ria de Sesión Ple­na­ria se rea­li­za a todos los miem­bros y para ser legí­ti­ma ha de con­tar con la par­ti­ci­pa­ción de al menos la mitad más uno.

En algu­nas oca­sio­nes, la Sesión Ple­na­ria pue­de ser sus­ti­tui­da por una Con­fe­ren­cia de dele­ga­dos si la mayo­ría de miem­bros no van a poder acu­dir a la sesión (por ejem­plo, en el caso de las coope­ra­ti­vas, en los picos de tra­ba­jo de la cose­cha,…). Se eli­gen dele­ga­dos y al menos dos ter­cios de los mis­mos han de acu­dir a la con­fe­ren­cia para que ésta sea legítima.

La Sesión Ple­na­ria y la Con­fe­ren­cia de Dele­ga­dos tie­nen la mis­ma legi­ti­mi­dad y las mis­mas funciones:
 Legis­lar todo lo rela­ti­vo a la pro­duc­ción, cons­truc­ción, dis­tri­bu­ción, inter­cam­bio, cré­di­to, edu­ca­ción, fon­dos de bien­es­tar, salud, esta­do anual de las cuen­tas y dis­tri­bu­ción de los salarios.
 Orga­ni­zar los equi­pos de tra­ba­jo y los obje­ti­vos de producción.
 Diri­gir las rela­cio­nes de la fábri­ca o la coope­ra­ti­va con otras ins­ti­tu­cio­nes, como pue­dan ser las esta­cio­nes de maqui­na­ria agraria.
 Auto­ri­dad para admi­tir, expul­sar y san­cio­nar a los miem­bros de la cooperativa.

Comi­té de Dirección

Es el órgano eje­cu­ti­vo, encar­ga­do de lle­var a cabo todas las reso­lu­cio­nes adop­ta­das en la Sesión Ple­na­ria o la Con­fe­ren­cia de Dele­ga­dos. Se eli­ge un Comi­té de Direc­ción cada año, a tra­vés de voto secre­to. No es nece­sa­rio per­te­ne­cer a nin­guno de los tres par­ti­dos polí­ti­cos exis­ten­tes en Corea para ser ele­gi­do miem­bro del Comi­té de Dirección.

El Comi­té cuen­ta con entre 9 y 26 miem­bros elec­tos. De entre ellos, se eli­ge un pre­si­den­te, dos vice­pre­si­den­tes y un jefe téc­ni­co, que gene­ral­men­te es un exper­to y se encar­ga de intro­du­cir y super­vi­sar todos los aspec­tos tecnológicos.

El Comi­té se reune ordi­na­ria­men­te dos veces al mes y ges­tio­na y super­vi­sa la pro­duc­ción, las finan­zas e incen­ti­va la vida cul­tu­ral y mate­rial de los trabajadores.

Comi­té de Supervisión

Super­vi­sa todas las acti­vi­da­des del Comi­té de Direc­ción, inclu­yen­do la ges­tión, las finan­zas, los cré­di­tos y alcan­zar las metas de pro­duc­ción. Está for­ma­do por entre 5 y 15 miem­bros, ele­gi­dos por voto secre­to. Miem­bros de una mis­ma fami­lia no pue­den per­te­ne­cer al Comi­té de Direc­ción y al Comi­té de Supervisión.

Por otro lado, la mis­ma Cons­ti­tu­ción reco­no­ce el dere­cho de todo a ciu­da­dano a”presentar su que­ja o peti­ción. El Esta­do debe pro­cu­rar que las que­jas y peti­cio­nes sean ana­li­za­das y res­pon­di­das impar­cial­men­te según lo esta­ble­ci­do en las leyes.” (art. 69). Exis­ten cen­tros esta­ta­les don­de los ciu­da­da­nos pue­den recla­mar sus dere­chos, pre­sen­tar que­jas y hacer solicitudes.

Final­men­te, la par­ti­ci­pa­ción en la vida públi­ca está ase­gu­ra­da a tra­vés de las orga­ni­za­cio­nes de masas (sin­di­ca­tos, orga­ni­za­cio­nes cul­tu­ra­les, femi­nis­tas, juve­ni­les,…) y a tra­vés de las elec­cio­nes a las asam­bleas de todos los nive­les. En cada lugar se hacen reunio­nes y deba­tes abier­tos a tra­vés de los que se nomi­nan can­di­da­tos. Una vez ele­gi­do un can­di­da­to por cada uni­dad terri­to­rial, se hace una elec­ción de una lis­ta úni­ca, con los can­di­da­tos de todo el país, para reafir­mar la uni­dad y el apo­yo en torno al socia­lis­mo. Par­ti­ci­pan en las elec­cio­nes todo ciu­da­dano con 17 años o más, ya resi­da den­tro o fue­ra de Corea. Los corea­nos resi­den­tes en Japón tie­nen tam­bién dere­cho a voto y a ser elegidos.

La lis­ta uni­fi­ca­da sue­le con­tar con una par­ti­ci­pa­ción y un apo­yo supe­rior al 90% y en la Asam­blea Popu­lar Supre­ma la mayo­ría de dipu­tados son polí­ti­cos no pro­fe­sio­na­les y de cla­se obre­ra o cam­pe­si­na. Entre los dipu­tados hay hom­bres y muje­res, mili­tan­tes de los tres par­ti­dos, repre­sen­tan­tes de la Juven­tud y de todas las orga­ni­za­cio­nes de masas, per­so­nas de la cul­tu­ra,… etc

Es impor­tan­te enten­der que, más allá del pro­ce­di­mien­to por el que se eli­gen, lo que ver­da­de­ra­men­te hace socia­lis­ta y demo­crá­ti­co el sis­te­ma es el com­pro­mi­so que los órga­nos de poder tie­nen con los intere­ses de la cla­se obre­ra y el pueblo.

Las refor­mas agrarias

Como ya he comen­ta­do ante­rior­men­te, la pro­pie­dad de la tie­rra era uno de los gran­des pro­ble­mas de la Corea pre-revo­lu­cio­na­ria. Los terra­te­nien­tes, que supo­nían el 4% de la pobla­ción, poseían el 58’2% de las tie­rras ocupadas.

Por eso, una de las rei­vin­di­ca­cio­nes cam­pe­si­nas era la redis­tri­bu­ción de las tie­rras. En mar­zo de 1946, menos de un año des­pués de inde­pen­den­cia, el gobierno revo­lu­cio­na­rio decre­tó la pri­me­ra refor­ma agraria.

La pri­me­ra refor­ma agra­ria siguió la con­sig­na: “la tie­rra para quién la tra­ba­ja”. Se con­fis­ca­ron tie­rras de los cola­bo­ra­cio­nis­tas (1’3% sobre el total de tie­rras redis­tri­bui­das), gobierno japo­nés (11’3%), tie­rras per­ma­nen­te­men­te en arrien­do (62’1%), orga­ni­za­cio­nes reli­gio­sas (1’5%) y toda pro­pie­dad supe­rior a 5 hec­tá­reas (23’8%).

Se prohi­bió la ven­ta y alqui­ler de las tie­rras redis­tri­bui­das y se can­ce­la­ron las deu­das de los cam­pe­si­nos con los terra­ter­nien­tes. La redis­tri­bu­ción las lle­va­ron a cabo los Comi­tés Popu­la­res ‑órga­nos de poder local- y los Comi­tés Agra­rios ‑ele­gi­dos en asam­blea de campesinos.

La refor­ma tam­bién redu­cía la cuan­tía de los impues­tos has­ta un 25% del valor de la cose­cha. 724’522 fami­lias se bene­fi­cia­ron de la redis­tri­bu­ción, reci­bien­do alre­de­dor de 1 millón de hec­tá­reas de tie­rra, sobre el 1’800’000 hec­tá­reas cul­ti­va­bles con las que con­ta­ba Corea del Norte.

Los anti­guos terra­te­nien­tes tam­bién reci­bie­ron par­ce­las, pero en una pro­vin­cia dife­ren­te a la de su lugar de ori­gen. Fue la úni­ca refor­ma agra­ria de todo Asia que se reali­zó sin derra­ma­mien­to de sangre.

Sin embar­go, los efec­tos de la refor­ma se vie­ron afec­ta­dos por la des­truc­ción de la gue­rra, que entre 1950 y 1953 devas­tó el país. La gue­rra abre dos pro­ce­sos en el agro nor­co­reano: por un lado, se crean algu­nas coope­ra­ti­vas de ayu­da mutua para hacer fren­te a la esca­sez de mate­ria­les y medios, por otro lado, el gobierno coreano hace fren­te a la esca­sez de ali­men­tos toman­do en pro­pie­dad el 8’5% de las tie­rras, con lo que adquie­re una expe­rien­cia muy útil en cues­tio­nes de dirección.

En 1953 fina­li­za la gue­rra e, inme­dia­ta­men­te, el gobierno revo­lu­cio­na­rio comien­za a impul­sar la coope­ra­ti­vi­za­ción. La coope­ra­ti­vi­za­ción se da en tres eta­pas: expe­ri­men­tal (1953−54), prin­ci­pal (1954−56) y de con­so­li­da­ción (56−58).

En la eta­pa expe­ri­men­tal, se creó una coope­ra­ti­va con cam­pe­si­nos pobres en cada kun (muni­ci­pio). El Esta­do las uti­li­zó como gran­jas mode­lo en las que apli­có las téc­ni­cas de la agri­cul­tu­ra moder­na (trac­to­res, fer­ti­li­zan­tes, elec­tri­fi­ca­ción,…) y envió ayu­da des­de la ciu­dad en los picos de las cose­chas. El ren­di­mien­to en estas coope­ra­ti­vas fue muy supe­rior al que tenían antes del pro­ce­so. Esto supu­so un fuer­te impac­to para los cam­pe­si­nos del kun, que vie­ron por sí mis­mos las ven­ta­jas de la cooperativización.

En cuan­to las gran­jas mode­lo estu­vie­ron asen­ta­das, se lan­zó el movi­mien­to a esca­la total hacia la coope­ra­ti­vi­za­ción. Median­te un fuer­te tra­ba­jo mili­tan­te y una inten­sa cam­pa­ña de movi­li­za­ción polí­ti­ca, los cam­pe­si­nos comen­za­ron a crear coope­ra­ti­vas en todo el terri­to­rio del país. Se dio a ele­gir entre tres mode­los de coope­ra­ti­va a los cam­pe­si­nos, cada uno con dife­ren­tes gra­dos de colec­ti­vis­mo. Ya des­de el pri­mer año de la coope­ra­ti­vi­za­ción, el 54% de los cam­pe­si­nos optó por las gran­jas colec­ti­vas de tipo socia­lis­ta, lo que demues­tra el entu­sias­mo que exis­tía en Corea bajo este movimiento.

Ade­más, duran­te este pro­ce­so, la pro­duc­ción no se resin­tió ape­nas. La pro­duc­ción de arroz bajó lige­ra­men­te entre 1953 y 1954, pero el glo­bal de pro­duc­ción de cereal entre 1953 y 1958 aumen­tó des­de 2’327 millo­nes de tone­la­das has­ta 3’7 millo­nes de tone­la­das: un incre­men­to sin pre­ce­den­tes en la his­to­ria del país. ¿Cómo fue posi­ble? Sólo median­te un apo­yo guber­na­men­tal des­de el prin­ci­pio del pro­ce­so. Las obras de infra­es­truc­tu­ra duran­te este perio­do fue­ron enor­mes, dupli­cán­do­se el núme­ro de hec­tá­reas irri­ga­das. Tam­bién aumen­tó el núme­ro de esta­cio­nes de trac­to­res, pasan­do de 15 a 70. De esta mane­ra, no se enten­dió la agri­cul­tu­ra como una fuen­te de acu­mu­la­ción para la indus­tria­li­za­ción, sino como una de las “pier­nas” sobre las que debía “cami­nar” el país.

En la ter­ce­ra eta­pa de la coope­ra­ti­vi­za­ción, se fun­die­ron las coope­ra­ti­vas en uni­da­des más gran­des, para dis­tri­buir mejor los cua­dros y faci­li­tar la meca­ni­za­ción, apro­ve­chan­do las ven­ta­jas de la agri­cul­tu­ra de gran escala.

Una déca­da más tar­de, en los años 60, el Par­ti­do del Tra­ba­jo de Corea aprue­ba las Tesis Rura­les, que serán las últi­mas gran­des modi­fi­ca­cio­nes de la estruc­tu­ra agra­ria del país. Con ellas, la agri­cul­tu­ra nor­co­rea­na se vuel­ve inten­si­va, requi­si­to bási­co para un país con tan sólo un 18% de terreno cul­ti­va­ble y que bus­ca la auto­su­fi­cien­cia. Duran­te los siguien­tes 25 años, el nor­te de Corea se con­ver­ti­rá en uno de los terri­to­rios con una agri­cul­tu­ra más inten­si­va, a tra­vés de la meca­ni­za­ción casi total de la agri­cul­tu­ra, el uso de fer­ti­li­zan­tes y la elec­tri­fi­ca­ción com­ple­ta del país.

Con las Tesis Rura­les, se des­cen­tra­li­za y da poder al kun (muni­ci­pio). Esta des­cen­tra­li­za­ción no va con­tra la pla­ni­fi­ca­ción, sino que la refuer­za, dan­do mayor rea­lis­mo y apro­ve­chan­do mejor las opor­tu­ni­da­des y recur­sos loca­les. Los órga­nos de poder esta­ta­les se entien­den des­de el cen­tra­lis­mo demo­crá­ti­co. Por eso, se cuen­ta cons­tan­te­men­te con la opi­nión y la par­ti­ci­pa­ción del poder local, pero en últi­ma ins­tan­cia, las deci­sio­nes cen­tra­les son obli­ga­to­rias para todos. Por eso, se con­si­gue una armo­nía entre los intere­ses de todo el país y las posi­bi­li­da­des de la base.

Con las Tesis Rura­les, se apro­ve­chan los recur­sos loca­les y se satis­fa­cen sus nece­si­da­des. Esto se tra­du­ce en un esfuer­zo por lle­var la vida urba­na al cam­po. Cada kun agru­pa 20 coope­ra­ti­vas, 15.000 hec­tá­reas de tie­rras cul­ti­va­das, unas 10 indus­trias loca­les y una o dos indus­trias cen­tra­les a car­go del gobierno central.

Ade­más, las Tesis Rura­les tam­bién intro­du­je­ron un cam­bio impor­tan­te en la estruc­tu­ra de tra­ba­jo. Se crea­ron varios gru­pos de tra­ba­jo en cada coope­ra­ti­va. Cada gru­po de tra­ba­jo se espe­cia­li­za en una tarea: fru­tas, vege­ta­les, ani­ma­les, seri­cul­tu­ra,… Se orga­ni­zan en fun­ción de las habi­li­da­des indi­vi­dua­les de cada miem­bro y de la pro­xi­mi­dad geo­grá­fi­ca, bus­can­do siem­pre incre­men­tar al máxi­mo la efi­cien­cia. Cada gru­po de tra­ba­jo tie­ne entre 50 y 100 miembros.

A par­tir de 1965, todos los gru­pos de tra­ba­jo pasa­ron a con­tar con sub-gru­pos, encar­ga­dos de tareas mucho más espe­cí­fi­cas. Todas las per­so­nas per­te­ne­cien­tes a un gru­po de tra­ba­jo tra­ba­jan en un sub-gru­po, com­pues­to por entre 10 y 20 tra­ba­ja­do­res. Los sub-gru­pos de tra­ba­jo pasa­ron a estar encar­ga­dos de unas tie­rras, unas tareas y unos intru­men­tos de pro­duc­ción. De esta mane­ra, se pasó a valo­rar el tra­ba­jo dia­rio no en fun­ción de gru­pos amplios de 50 o 100 per­so­nas, sino de gru­pos redu­ci­dos con tareas muy con­cre­tas. La valo­ra­ción no es exclu­si­va­men­te indi­vi­dual, sino fun­da­men­tal­men­te colec­ti­va. De esta mane­ra, todos se preo­cu­pan por el resul­ta­do final del tra­ba­jo. Ade­más, se pre­mia no sólo cum­plir una cuo­ta de pro­duc­ción sino la cali­dad del pro­duc­to y la eficiencia.

Todo esto, creó una agri­cul­tu­ra inten­si­va en Corea que fue superan­do sus pro­pios records año a año. La cose­cha de cereal en 1960 fue de 3’8 millo­nes de tone­la­das y alcan­zó los 8 millo­nes de tone­la­das en 1976. Tres años más tar­de, la cifra ascen­dió a 9 millo­nes de tone­la­das. En 1984 se alcan­za­ron los 10 millo­nes de tone­la­das, un autén­ti­co hito que con­ver­tía a Corea del Nor­te ‑que había par­ti­do de con­di­cio­nes de enor­me mise­ria y con muy malas con­di­cio­nes para la agri­cul­tu­ra- en un país auto­su­fi­cien­te en cuan­to a alimentación.

La Medi­ci­na Socialista

Des­de 1954, toda la medi­ci­na en Corea es gra­tui­ta. Esto inclu­ye con­sul­ta, aná­li­sis, tra­ta­mien­tos, inter­ven­cio­nes qui­rúr­gi­cas, comi­das, hos­pi­ta­li­za­ción, sana­to­rios,… etc

El sis­te­ma sani­ta­rio está esta­ble­ci­do a todos los nive­les, con cen­tros nacio­na­les, pro­vin­cia­les, de ciu­dad, dis­tri­ta­les y de las coope­ra­ti­vas. Tam­bién exis­ten clí­ni­cas en los cen­tros de tra­ba­jo, inclu­yen­do fábri­cas, ofi­ci­nas y gran­jas. Exis­ten nume­ro­sos cen­tros espe­cia­li­za­dos. Sin duda, den­tro de ellos, los más des­ta­ca­dos son los de mater­ni­dad, pedia­tría y geriá­tri­cos, con nume­ro­sas clí­ni­cas en todo el país. Sin embar­go, tam­bién exis­ten cen­tros espe­cia­li­za­dos en onco­lo­gía, salud esto­ma­cal, salud repro­duc­ti­va y sexual,… etc

El ser­vi­cio asis­ten­cial no se redu­ce a los hos­pi­ta­les, sino que tam­bién tie­nen una estruc­tu­ra zonal: muchos médi­cos tra­ba­jan fue­ra de los cen­tros hos­pi­ta­la­rios y están encar­ga­do de un deter­mi­na­do núme­ro de pacien­tes, asig­na­dos por un cri­te­rio terri­to­rial. Ya en los años 60, cada uno de estos médi­cos era res­pon­sa­ble de 600 ciu­da­da­nos. Bajo este sis­te­ma, los gale­nos acu­den regu­lar­men­te a com­pro­bar la salud de los habi­tan­tes, no sólo des­de una pers­pec­ti­va cura­ti­va, sino espe­cial­men­te pre­ven­ti­va: con­di­cio­nes de vida, con­di­cio­nes de tra­ba­jo, aspec­tos higié­ni­cos, aspec­tos cul­tu­ra­les,… etc El médi­co se con­vier­te en un agi­ta­dor en cuan­to a cues­tio­nes de higie­ne y con­di­cio­nes de vida.

Por eso, en Corea se hace mucho hin­ca­pié en la medi­ci­na pre­ven­ti­va. De la medi­ci­na occi­den­tal cri­ti­can que es exclu­si­va­men­te cura­ti­va y basa­da en inter­ve­nir o eli­mi­nar cuan­do ya exis­te una pato­lo­gía. En Corea, tra­tan de for­ta­le­cer a los sanos y pre­ve­nir que con­trai­gan enfermedades.

Ade­más, se han hecho nume­ro­sos estu­dios sobre la medi­ci­na tra­di­cio­nal asiá­ti­ca, bus­can­do fun­da­men­tos cien­tí­fi­cos que per­mi­tan apli­ca­cio­nes a la medi­ci­na con­tem­po­rá­nea. Gra­cias a ello, se han con­se­gui­do méto­dos para curar defi­cien­cias ocu­la­res, neu­ral­gia, cálcu­lo biliar, hemo­rra­gia cere­bral, que­ma­du­ras gra­ves,… sin los efec­tos inva­si­vos sobre el orga­nis­mo que pro­vo­ca la medi­ci­na occidental.

No sólo eso, sino que muchas de las enfer­me­da­des que sufri­mos en Occi­den­te se ori­gi­nan en las diná­mi­cas de vida y tra­ba­jo que nos impo­ne el capi­ta­lis­mo. Por eso, el reme­dio úni­ca­men­te pue­de estar en fomen­tar unas con­di­cio­nes salu­da­bles. Esto es impo­si­ble bajo el capi­ta­lis­mo, pero no en el socia­lis­mo. Cito sólo un ejem­plo: en Corea, todo tra­ba­ja­dor tie­ne la posi­bi­li­dad de ir de for­ma gra­tui­ta a spas y sanatorios.

Una vida acti­va en cuan­to a depor­tes y otras acti­vi­da­des, tam­bién con­tri­bu­ye a la salud de los coreanos.

Exis­ten nume­ro­sos cen­tros de inves­ti­ga­ción espe­cia­li­za­dos en Cien­cias Médi­cas, así como labo­ra­to­rios far­ma­ceú­ti­cos, de dis­tin­to tama­ño. Por ejem­plo, en Pyong­yang exis­te un labo­ra­to­rio de gran enver­ga­du­ra y dece­nas de labo­ra­to­rios media­nos y pequeños.

En 1945, en Corea exis­tían 85 hos­pi­ta­les. 18 años des­pués, y a pesar de la gue­rra, sólo en Corea del Nor­te, ya se habían cons­trui­do 500 hos­pi­ta­les más. En 1944, por cada 10’000 habi­tan­tes, había 1,2 camas de hos­pi­tal; en 1986, el núme­ro ascen­día a 135’9. En 1944, había 0,5 médi­cos por cada 10’000 habi­tan­tes, en 1995 el núme­ro ascen­día a 29’7.

Todo esto hizo que la espe­ran­za de vida ascen­die­se de los 38’4 años a 74’5 en 1995. Ade­más, se han con­se­gui­do erra­di­car enfer­me­da­des epi­dé­mi­cas como el cóle­ra, la ence­fa­li­tis o el tífus. Des­de 1958, no exis­ten enfer­me­da­des vené­reas y Corea del Nor­te es el úni­co rin­cón del pla­ne­ta sin nin­gún caso regis­tra­do de SIDA.

El logro tie­ne más méri­to, cono­cien­do las difí­ci­les con­di­cio­nes cli­má­ti­cas, el blo­queo inter­na­cio­nal y la con­ti­nua ame­na­za de gue­rra, que hace que se ten­gan que des­viar nume­ro­sos recur­sos en gas­tor militares.

La Edu­ca­ción

La Edu­ca­ción siem­pre for­mó par­te del pro­yec­to comu­nis­ta para Corea. Bajo el régi­men colo­nial, los corea­nos eran apar­ta­dos sis­te­má­ti­ca­men­te de la mayor par­te de los tra­mos de la ense­ñan­za. Como con­se­cuen­cia, cuan­do Corea del Nor­te con­si­guió la inde­pen­den­cia, tan sólo 9 per­so­nas tenían estu­dios supe­rio­res, mien­tras 2’3 millo­nes sufrían el analfabetismo.

En noviem­bre de 1945, el gobierno pro­vi­sio­nal revo­lu­cio­na­rio deci­dió abrir un Bureau de Edu­ca­ción. Se pusie­ron las bases del sis­te­ma de edu­ca­ción demo­crá­ti­ca, que se defi­nió como un dere­cho uni­ver­sal con la mis­ma posi­bi­li­dad de acce­so para todas las per­so­nas, «inde­pen­dien­te­men­te del lugar de pro­ce­den­cia, el géne­ro y con igual edu­ca­ción para igual edad.» Entre las pri­me­ras medi­das del gobierno estu­vo la de recon­ver­tir varias empre­sas en fábri­cas de lápices.

Se revi­só com­ple­ta­men­te el pro­gra­ma esco­lar y se intro­du­je­ron mate­rias nun­ca vis­tas en la his­to­ria de Corea: aque­llas que bus­ca­ban la for­ma­ción físi­ca y esté­ti­ca de los jóve­nes. Se revi­só la meto­do­lo­gía, inci­dien­do en for­mar un sen­ti­do crí­ti­co y crea­ti­vo, a tra­vés de la per­sua­sión y no de la impo­si­ción. La nue­va ley de edu­ca­ción garan­ti­zó que nin­gún niño tuvie­se su escue­la a más de 4 km de su lugar de residencia.

La pri­me­ra gran cam­pa­ña edu­ca­ti­va fue la alfa­be­ti­za­ción. Para ello, se movi­li­zó a todo el país. Muchos tra­ba­ja­do­res y cam­pe­si­nos dona­ron dine­ro para cons­truir escue­las, mien­tras que los polí­ti­cos de los dife­ren­tes par­ti­dos y otras per­so­nas de la admi­nis­tra­ción se ofre­cie­ron a ense­ñar en estas escue­las. En la pri­ma­ve­ra de 1949, una inmen­sa mul­ti­tud decla­ró en Pyong­yang que Corea del Nor­te era el pri­mer terri­to­rio en Asia libre de anal­fa­be­tis­mo. Mien­tras tan­to, 11 millo­nes de per­so­nas seguían pade­cien­do esa lacra en Corea del Sur.

Duran­te la gue­rra, se cons­tru­ye­ron miles de escue­las sub­te­rrá­neas y, en cuan­to la situa­ción se esta­bi­li­zó en el fren­te, muchos sol­da­dos vol­vie­ron a sus estudios.

Tras el fin de la con­tien­da, se hizo un esfuer­zo gigan­tes­co por cons­truir una nue­va red edu­ca­ti­va de pri­ma­ria y secun­da­ria. En 1956, el 100% de los alum­nos en edad esco­lar pudie­ron ser matri­cu­la­dos en pri­ma­ria y, dos años más tar­de, todos fue­ron admi­ti­dos tam­bién en secun­da­ria. Ese mis­mo año, toda la ense­ñan­za fue decla­ra­da gra­tui­ta, inclu­yen­do mate­rial de tex­to, excur­sio­nes, acti­vi­da­des extra­es­co­la­res y socio-polí­ti­cas… etc

En los años 60, la Edu­ca­ción en Corea se vuel­ve téc­ni­ca. La inver­sión esta­tal en infra­es­truc­tu­ra edu­ca­ti­va cre­ció y los minis­te­rios rela­cio­na­dos con la pro­duc­ción pasa­ron a incluir en sus pre­su­pues­tos una par­te dedi­ca­da a dotar a la ense­ñan­za de todo tipo de obje­tos y maqui­nas de la tec­no­lo­gía más recien­te. La Edu­ca­ción obli­ga­to­ria dura en ese momen­to 9 años.

En los años 70, se extien­de la dura­ción de la Ense­ñan­za obli­ga­to­ria a 11 años y se aprue­ban las Tesis de la Edu­ca­ción Socia­lis­ta. La edu­ca­ción tie­ne des­de enton­ces un obje­ti­vo capi­tal: for­mar revo­lu­cio­na­rios, dota­dos de un fuer­te sen­ti­do crí­ti­co, crea­ti­vo y de inde­pen­den­cia. Se rom­pe con la cla­se magis­tral y el aula como úni­ca for­ma de ense­ñan­za y se bus­ca que los alum­nos vivan y expe­ri­men­ten por sí mismos.

Jue­ga un papel muy impor­tan­te la Liga de la Juven­tud Socia­lis­ta, que agru­pa a la mayo­ría de jóve­nes del país y orga­ni­za todo tipo de acti­vi­da­des socio-polí­ti­cas. No se corri­gen los malos com­por­ta­mien­tos a tra­vés de la san­ción o el cas­ti­go, sino a tra­vés de la crí­ti­ca y la autocrítica.

Ade­más de los 11 años de edu­ca­ción obli­ga­to­ria, en Corea, los más peque­ños dis­fru­tan de jar­di­nes de infan­cia y casas cuna total­men­te gra­tui­tos. Exis­ten más de 60 Pala­cios de los Niños y los Esco­la­res en todo el país, que son cen­tros gigan­tes­cos para todo tipo de acti­vi­da­des extra­es­co­la­res (músi­ca, depor­te, pin­tu­ra, tea­tro), sin nin­gún cos­te. Hay escue­las espe­cia­li­za­das para niños con difi­cul­ta­des, super­do­ta­dos y talentosos.

En Corea, la pri­me­ra uni­ver­si­dad se creó en 1946, en Pyong­yang. La Uni­ver­si­dad Kim Il Sung es, a día de hoy, una gigan­tes­ca ciu­dad uni­ver­si­ta­ria den­tro de la capi­tal, con 15 facul­ta­des, más de 100 cáte­dras, 60 gabi­ne­tes de estu­dio, 10 ins­ti­tu­tos de inves­ti­ga­ción, áreas cul­tu­ra­les y depor­ti­vas y más de 12’000 estu­dian­tes. Si bajo el perio­do colo­nial Corea no tenía nin­gu­na uni­ver­si­dad, en 1994 ya había 280. Más de 2 millo­nes de per­so­nas se han licen­cia­do en las dis­tin­tas uni­ver­si­da­des del país. La mayor par­te del res­to de per­so­nas, ha estu­dia­do otras moda­li­da­des de estu­dios superiores.

Ade­más, la edu­ca­ción en Corea no es úni­ca­men­te un perio­do con­cre­to de la vida de todo ciu­da­dano, sino que exis­te una impor­tan­te red de cen­tros de edu­ca­ción para adul­tos. Inclu­yen cla­ses por la tar­de y noc­tur­nas, cur­sos por corres­pon­den­cia, ins­ti­tu­tos de fábri­ca y nume­ro­sas posi­bi­li­da­des para com­bi­nar tra­ba­jo y estu­dios. Todo esto ha teni­do una enor­me impor­tan­cia a lo lar­go de la his­to­ria de Corea, ya que el país par­tía de una situa­ción de com­ple­to retra­so. Median­te cam­pa­ñas masi­vas de edu­ca­ción para adul­tos, se con­si­guió pri­me­ro que todo el mun­do obtu­vie­se un cer­ti­fi­ca­do de gra­dua­do pri­ma­rio y, des­pués, de gra­dua­do secundario.

A par­tir de 1980, el obje­ti­vo de Corea es inte­lec­tua­li­zar a toda la socie­dad. ¿Cómo? Un ejem­plo: en 1981, 126 mine­ros de la mina Kum­san reci­bie­ron edu­ca­ción supe­rior en la moda­li­dad de estu­dio sin apar­tar­se de la pro­duc­ción. Reci­bie­ron el títu­lo de auxi­liar de inge­nie­ro. Todos los gra­dua­dos reci­bie­ron per­mi­so para apar­tar­se de la pro­duc­ción duran­te un año y com­ple­tar sus estu­dios en cur­sos espe­cí­fi­cos pre­pa­ra­dos por la Facul­tad de Tec­no­lo­gía de la Uni­ver­si­dad de Ryongyang.

Se abrie­ron nume­ro­sos cen­tros, entre los que des­ta­can la Biblio­te­ca de la Uni­ver­si­dad Kim Chaek o el Gran Pala­cio de Estu­dios del Pue­blo, gigan­tes­ca biblio­te­ca con más de 600 salas y 30 millo­nes de libros.

A tra­vés de todos estos esfuer­zos, Corea ha con­se­gui­do trans­for­mar com­ple­ta­men­te el nivel cul­tu­ral y téc­ni­co del país, pasan­do de ser un país con ara­dos roma­nos a enviar saté­li­tes al espa­cio y cons­truir reac­to­res nucleares.

Otros logros de la Revo­lu­ción en Corea

Duran­te sus 61 años de his­to­ria, al Repú­bli­ca Popu­lar Demo­crá­ti­ca de Corea ha logra­do muchas con­quis­tas para su pue­blo. Vamos a repa­sar algu­nas de ellas:

En Corea, todo el mun­do tie­ne dere­cho al tra­ba­jo: no exis­te des­em­pleo. Se ase­gu­ran con­di­cio­nes labo­ra­les esta­bles en los tra­ba­jos que cada cual eli­ge libre­men­te y para los que es apto. La jor­na­da es de 8 horas, con posi­bi­li­dad de reduc­ción para deter­mi­na­dos casos. Se garan­ti­za el dere­cho al tra­ba­jo, las vaca­cio­nes paga­das y la estan­cia en esta­ble­ci­mien­tos cul­tu­ra­les y casas de des­can­so y sana­to­rios a expen­sas del Esta­do. Las empre­sas cuen­tan con equi­pos depor­ti­vos, cul­tu­ra­les y de ocio.

Exis­ten pen­sio­nes por vejez, enfer­me­dad e inva­li­dez. Los ancia­nos y los niños huér­fa­nos reci­ben cui­da­do gra­tui­to a car­go del Esta­do. La edad de jubi­la­ción son los 60 años para los hom­bres y los 55 para las muje­res, de for­ma volun­ta­ria. Los ex-com­ba­tien­tes de la Revo­lu­ción y de la gue­rra con­tra el impe­ria­lis­mo reci­ben pro­tec­ción espe­cial por par­te del Estado.

En Corea del Nor­te se enfren­ta­ron al pro­ble­ma de ves­tir a toda la pobla­ción, tarea que no esta­ba resuel­ta cuan­do se fun­dó la Repú­bli­ca Popu­lar Demo­crá­ti­ca. El pro­pó­si­to des­de el ini­cio fue ser auto­su­fi­cien­tes en la pro­duc­ción tex­til, lo que podía entrar en con­tra­dic­ción con la auto­su­fi­cien­cia ali­men­ta­ria, pues la esca­sa super­fi­cie cul­ti­va­ble hacía que fue­se nece­sa­rio ele­gir entre cul­ti­var cerea­les o cul­ti­var algo­dón. La solu­ción que encon­tró Corea fue desa­rro­llar una fibra sin­té­ti­ca a par­tir de la antra­ci­ta: el vina­lón. La antra­ci­ta es muy abun­dan­te en todo el país, por lo que Corea pudo resol­ver simul­tá­nea­men­te el pro­ble­ma de la ali­men­ta­ción y de la vestimenta.

Ade­más, se han hecho muchos avan­ces en resol­ver el pro­ble­ma de la vivien­da, que es asig­na­da por el Esta­do a cam­bio de un peque­ño alqui­ler. En Corea abun­dan las gran­des torres de apar­ta­men­tos, con vivien­das uni­fa­mi­lia­res gran­des; gene­ral­men­te, por enci­ma de los 100 metros cua­dra­dos. Las vivien­das cam­pe­si­nas son gra­tui­tas y no es nece­sa­rio pagar nin­gún alquiler.

Tam­bién, el Esta­do sub­si­dia la ali­men­ta­ción, los libros, la ropa esco­lar y del tra­ba­jo, los via­jes para acti­vi­da­des socio-polí­ti­cas,… etc Los pre­cios son úni­cos en todo el país, de for­ma que el mis­mo artícu­lo tie­ne el mis­mo pre­cio en todo el terri­to­rio. Ade­más, la varia­ción de pre­cios se rea­li­za gene­ral­men­te una vez al año y es míni­ma, crean­do una sen­sa­ción de estabilidad.

En el país, fun­cio­nan de for­ma esta­ble muchas orga­ni­za­cio­nes socia­les de masas. En ellas par­ti­ci­pan de for­ma volun­ta­ria gran can­ti­dad de corea­nos. Ya en los años 80, la Fede­ra­ción Gene­ral de Sin­di­ca­tos con­ta­ba con más de 1’600’000 miem­bros. La Unión de Tra­ba­ja­do­res Agrí­co­las, por su par­te, con­ta­ba con 1’300’000, mien­tras que la Unión de Muje­res Demo­crá­ti­cas agru­pa­ba enton­ces a 200’000 mili­tan­tes. Ade­más, exis­ten todo tipo de orga­ni­za­cio­nes juve­ni­les, cul­tu­ra­les, de artis­tas, pro­fe­sio­na­les, de soli­da­ri­dad inter­na­cio­na­lis­ta, estu­dian­ti­les, reli­gio­sas, por la paz, jurídicas,…

Corea es el úni­co país del mun­do en el que no exis­ten impues­tos. Esta medi­da se tomó en abril de 1974 y era una de las prin­ci­pa­les luchas que habían lle­va­do a cabo los cam­pe­si­nos. De esta mane­ra, el Esta­do se finan­cia úni­ca­men­te a tra­vés de las empre­sas esta­ta­les y el comer­cio exterior.

Por otro lado, Corea es un país con una alta pro­tec­ción del Medio Ambien­te. Exis­ten comi­tés de pro­tec­ción del Medio Ambien­te a todos los nive­les y en todas las zonas del país. Pyong­yang es un ejem­plo de ciu­dad lle­na de zonas ver­des. De hecho, al menos cada seís metros hay un árbol y a cada ciu­da­dano le corres­pon­den más de 48 metros cua­dra­dos de zona de ver­de, lo que la con­vier­te en la ciu­dad con más zona ver­de por habi­tan­te del pla­ne­ta. Expul­sa tres veces más oxí­geno del que consume.

Sin tra­tar de hacer un repa­so com­ple­to, estos son algu­nos de los dere­chos y de las con­quis­tas del socia­lis­mo coreano en sus 61 años de his­to­ria. Pasa­mos aho­ra a ana­li­zar las tareas actua­les de la Revolución.

La Revo­lu­ción Corea­na hoy

Para enten­der la Revo­lu­ción Corea­na hoy es nece­sa­rio ana­li­zar el perio­do que le pre­ce­de: la cri­sis de los años 90. Duran­te el perio­do 1953 – 1990, Corea vivió una lar­ga sen­da de cre­ci­mien­to inin­te­rrum­pi­do. A par­tir de 1991 comien­za un estan­ca­mien­to, que tras 1995 se con­vier­te en cri­sis abier­ta y rece­sión eco­nó­mi­ca. En 1998, tras los tres años más difí­ci­les para la Revo­lu­ción ‑más inclu­so que los años de la Gue­rra- el país comien­za de nue­vo a recu­pe­rar­se. Sólo en 2008 el país reto­ma la ofen­si­va y con­si­gue poner en mar­cha un plan quin­que­nal de cre­ci­mien­to, el ter­ce­ro de su his­to­ria, que pre­ten­de cons­truir las bases de una futu­ra poten­cia eco­nó­mi­ca y científica.

La cri­sis de los años 90

El gran pro­ble­ma que lle­va a Corea a una cri­sis sin pre­ce­den­tes fue la agri­cul­tu­ra. El desa­rro­llo agrí­co­la siem­pre ha sido pro­ble­má­ti­co en la par­te nor­te de Corea, ya que es una zona muy poco pro­pi­cia para esta acti­vi­dad, debi­do a los invier­nos lar­gos y a que las tie­rras son mon­ta­ño­sas y poco fér­ti­les. De hecho, mien­tras Corea fue un país uni­do, el sur era quien abas­te­cía de ali­men­tos a la par­te nor­te de Corea.

El reto de la Revo­lu­ción Corea­na no fue sólo desa­rro­llar una agri­cul­tu­ra moder­na sobre una base natu­ral inade­cua­da, sino con­ver­tir a Corea en un país auto-sufi­cien­te en la pro­duc­ción de cerea­les. Para ello, las inver­sio­nes agrí­co­las fue­ron masi­vas: trac­to­res, elec­tri­fi­ca­ción, fer­ti­li­zan­tes, meca­ni­za­ción,… Se con­for­ma una agri­cul­tu­ra inten­si­va que con­si­gue algu­nos de los mayo­res ren­di­mien­tos por hec­tá­rea del mun­do. Es decir, Corea del Nor­te no sólo con­si­gue mul­ti­pli­car su cose­cha total, sino en una hec­tá­rea en Corea se con­si­gue más pro­duc­ti­vi­dad que en la mayo­ría de países.

Por ejem­plo, la pro­duc­ción de arroz por hec­tá­rea en 1980, según la FAO, era la siguiente:

País Kilo­gra­mos de arroz por hectárea
Media mun­dial 2’451
Esta­dos Uni­dos 4’935
Japón 5’128
Unión Sovié­ti­ca 4’217
Chi­na 4’163
Corea del Sur 4’918
Corea del Nor­te 6’000

Entre 1965 y 1990, el agro nor­co­reano cre­ció a una media de un 5’1% cada año, mien­tras el res­to del mun­do cre­cía a una media de un 2’2%. Esto con­vier­te a Corea del Nor­te en una excep­ción entre los paí­ses subdesarrollados.

Sin embar­go, el mode­lo de agri­cul­tu­ra nor­co­reano es auto­de­pen­dien­te, es decir, el ren­di­mien­to agrí­co­la depen­de com­ple­ta­men­te del cons­tan­te sumi­nis­tro de pro­duc­tos indus­tria­les: fer­ti­li­zan­tes, maqui­na­ria, elec­tri­ci­dad,… etc.

En 1991, cae la Unión Sovié­ti­ca, dos años des­pués de la con­tra­rre­vo­lu­ción en los paí­ses socia­lis­tas del Este de Euro­pa. Los anti­guos paí­ses socia­lis­tas rom­pen uni­la­te­ral­men­te todos los con­tra­tos comer­cia­les con Corea del Nor­te, que pier­de a sus prin­ci­pa­les socios inter­na­cio­na­les. El pro­ble­ma se vuel­ve muy gra­ve por­que para Corea del Nor­te des­apa­re­ce su fuen­te de abas­te­ci­mien­to de petróleo.

Sin petró­leo, se para­li­zan los trac­to­res y se difi­cul­ta el trans­por­te. Ade­más, los hidro­car­bu­ros son nece­sa­rios en la pro­duc­ción de deter­mi­na­dos quí­mi­cos y fer­ti­li­zan­tes. Todo esto supo­ne un impor­tan­te con­tra­tiem­po para Corea, que sin embar­go, con­si­gue man­te­ner una pro­duc­ti­vi­dad ele­va­da a tra­vés de la movi­li­za­ción de los trabajadores.

La prin­ci­pal solu­ción se encuen­tra en bus­car impor­ta­cio­nes de petró­leo en el exte­rior. Varios son los paí­ses dis­pues­tos a ven­der petró­leo a Corea, como es el caso de Irán. Sin embar­go, Esta­dos Uni­dos sabe que Corea está heri­da y tra­ta de apro­ve­char esta oca­sión úni­ca e irre­pe­ti­ble para abor­tar el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio. Por eso, bajo la excu­sa de las supues­tas “cone­xio­nes terro­ris­tas” del “régi­men de Pyong­yang” y de las “ambi­cio­nes nuclea­res”, ini­cia un blo­queo naval que impi­de a los bar­cos corea­nos abas­te­cer al país.

Las san­cio­nes y el impe­ria­lis­mo son dos de los fac­to­res sine qua non de la cri­sis de los años 90. A día de hoy, Corea ya ha esta­ble­ci­do sis­te­mas para esqui­var las san­cio­nes y abas­te­cer­se de un míni­mo de mate­rias pri­mas. Sin embar­go, la cri­sis de los años 90 pilló a Corea sin nin­gún tipo de pre­vi­sión y sin divi­sas internacionales.

Si todos los fac­to­res ante­rior­men­te des­cri­tos ‑caí­da de los prin­ci­pa­les socios comer­cia­les, blo­queo eco­nó­mi­co y una agri­cul­tu­ra muy depen­dien­te de mate­rias pri­mas de las que se care­ce- ya son sufi­cien­tes para deses­qui­li­brar cual­quier eco­no­mía, en Corea a todo esto se le sumó un cuar­to fac­tor: tres años segui­dos de catás­tro­fes natu­ra­les, que devas­tan las cose­chas y la infra­es­truc­tu­ra agrícola.

Esto pro­vo­ca que entre 1995 y 1998 haya tres años de tra­ge­dia en Corea, con una redu­ci­da car­ti­lla de abas­te­ci­mien­to, cor­tes con­ti­nuos de elec­tri­ci­dad y la emi­gra­ción fami­lias corea­nas a Chi­na, por el empeo­ra­mien­to de la situa­ción eco­nó­mi­ca. Se dan muer­tes, pero no por ina­ni­ción, sino por el efec­to que una mala ali­men­ta­ción tie­ne sobre per­so­nas de por sí débi­les (ancia­nos, enfer­mos cró­ni­cos,…). Las cifras están muy lejos de lo que el sen­sa­cio­na­lis­mo occi­den­tal cuen­ta con fines propagandísticos.

La direc­ción nor­co­rea­na impul­sa un plan para salir de la cri­sis, basa­do en cua­tro estra­te­gias fundamentales:

a) Bús­que­da a toda cos­ta del fin del blo­queo eco­nó­mi­co inter­na­cio­nal y mayor par­ti­ci­pa­ción en el comer­cio inter­na­cio­nal. En este mar­co es en el que se esta­ble­cen las con­ver­sa­cio­nes a seís ban­das para la des­nu­clea­ri­za­ción de Corea: Corea des­man­te­la su arma­men­to nuclear a cam­bio del fin del blo­queo, para así com­prar de for­ma nor­mal petró­leo y las mate­rias pri­mas que requie­ra su desarrollo.

b) Plan eco­nó­mi­co a medio y lar­go pla­zo para la auto-sufi­cien­cia ener­gé­ti­ca, mini­mi­zan­do la eco­no­mía depen­dien­te del petró­leo. Son muy impor­tan­te las gran­des obras de infra­es­truc­tu­ra rural, como los cana­les por gra­vi­ta­ción natu­ral (el agua avan­za por la incli­na­ción del canal, no por bom­beo eléc­tri­co; algu­nos de estos cana­les tie­nen entre 80 y 200 km de lar­go) y las gran­des pre­sas hidro­eléc­tri­cas, prin­ci­pal fuen­te de ener­gía eléctrica.

c) Reto­ques en el mode­lo agra­rio, mini­mi­zan­do el papel de los fer­ti­li­zan­tes quí­mi­cos (por la difi­cul­tad para obte­ner algu­nos y por su efec­to ero­si­vo) y uti­li­zan­do en sus­ti­tu­ción abo­nos natu­ra­les. Se intro­du­cen nue­vos cul­ti­vos (espe­cial­men­te, el cul­ti­vo de la pata­ta en zonas mon­ta­ño­sas) y se des­cen­tra­li­zan algu­nos aspec­tos de direc­ción agrícola.

d) Con­ti­nuis­mo en la estra­te­gia gene­ral de desa­rro­llo socia­lis­ta, aun­que enfo­can­do más la eco­no­mía hacia la expor­ta­ción, para obte­ner divi­sas con las que finan­ciar la impor­ta­ción de petró­leo y otras mate­rias primas.

Esta es la base de la polí­ti­ca eco­nó­mi­ca nor­co­rea­na entre 1998 y 2007. Vamos a ver aho­ra el actual Plan Quinquenal.

El Plan 2008 – 2012: la cons­truc­ción de una poten­cia socia­lis­ta próspera

En 2008 – 2012 es el Ter­cer Plan Quin­que­nal de la his­to­ria nor­co­rea­na. El obje­ti­vo del plan es situar el nor­te de Corea a las puer­tas de ser una poten­cia eco­nó­mi­ca, par­tien­do del hecho de que actual­men­te ya ha alcan­za­do un alto sta­tus en el ámbi­to mili­tar y en el político.

Para con­ver­tir­se en poten­cia eco­nó­mi­ca, el plan prio­ri­za el desa­rro­llo tec­no­ló­gi­co y cien­tí­fi­co y bus­ca actua­li­zar toda la pro­duc­ción nor­co­rea­na al nivel téc­ni­co de los paí­ses más avan­za­dos. Se hace espe­cial hin­ca­pié en la ple­na infor­ma­ti­za­ción de todos los pro­ce­sos productivos.

En segun­do lugar, se plan­tea la nece­si­dad del desa­rro­llo ener­gé­ti­co. Tras la cri­sis de los años 90, Corea del Nor­te no ha logra­do abas­te­cer al 100% sus nece­si­da­des ener­gé­ti­cas. Por eso, la indus­tria y las vivien­das tie­nen elec­tri­ci­dad duran­te las 24 horas del día, pero el ser­vi­cio de ilu­mi­na­ción noc­tur­na en las ciu­da­des ‑por ejem­plo- aún es inter­mi­ten­te. En 2008 se con­clu­ye­ron gran­des pre­sas hidro­eléc­tri­cas como la Cen­tral Hidro­elec­tri­ca No.1 Juven­tud Rye­song­gang, la Cen­tral Hidro­elec­tri­ca Juven­tud de Won­san y la Cen­tral Hidro­elec­tri­ca de Nyong­won. Sin embar­go, la cons­truc­ción de nue­vas pre­sas está en mar­cha, como la de Hui­chón, en el norte.

Jun­to a la indus­tria eléc­tri­ca, otros tres sec­to­res se con­si­de­ran cla­ve para el desa­rro­llo eco­nó­mi­co nor­co­reano: la mine­ria del car­bón, la meta­lur­gia y el trans­por­te ferro­via­rio. Son las cua­tro bases de la auto­su­fi­cien­cia económica.

Final­men­te, una cuar­ta tarea prio­ri­ta­ria es la reso­lu­ción defi­ni­ti­va del auto­abas­te­ci­mien­to ali­men­cio. Corea es aje­na des­de hace ya muchos años a la esca­sez de ali­men­tos, pero la difi­cul­tad para obte­ner fer­ti­li­zan­tes y com­bus­ti­ble, sigue man­te­nien­do los nive­les pro­duc­ti­vos por deba­jo de las gran­des cose­chas de los años 80. El Esta­do lle­va años ponien­do en mar­cha un plan de gran­des inver­sio­nes rura­les, que inclu­ye cana­les, repa­ra­ción de los sis­te­mas de rega­díos ‑que en la prác­ti­ca cubren el 100% del área cul­ti­va­ble del país‑, y la recons­truc­ción y moder­ni­za­ción total de los pue­blos. La gran­ja Taehong­dan y la Gran­ja Coope­ra­ti­va de Migok han sido recons­trui­das com­ple­ta­men­te y edi­fi­ca­das como nue­vas gran­jas mode­lo, para ser­vir como ejem­plo para la moder­ni­za­ción de todo el agro nor­co­reano. Taehong­dan y Migok son hoy los mode­los de gran­ja socia­lis­ta de Corea.

Otras muchas tareas se van a abor­dar duran­te los pró­xi­mos años, como la cons­truc­ción masi­va de vivien­das, el desa­rro­llo de una edu­ca­ción inter­ac­ti­va, la cons­truc­ción de nue­vas pis­ci­fac­to­rías, el énfa­sis en la cul­tu­ra y los depor­tes,… etc Sin embar­go, las prin­ci­pa­les, son la moder­ni­za­ción tec­no­ló­gi­ca, los cua­tro sec­to­res eco­nó­mi­cos cla­ve y la alimentación.

Las prin­ci­pa­les vías son las mis­mas de siem­pre: el colec­ti­vis­mo, la eco­no­mía pla­ni­fi­ca­da y la movi­li­za­ción de la con­cien­cia polí­ti­ca de la cla­se obre­ra. Se refuer­za, ade­más, la cen­tra­li­za­ción económica.

De hecho, en un acto lleno de sim­bo­lis­mo, Kim Jong Il visi­tó en diciem­bre de 2008 la Side­rúr­gi­ca de Kan­son, la mis­ma en la que comen­zó en los años 50 el movi­mien­to Cho­lli­ma. En su dis­cur­so, Kim Jong Il recor­dó los éxi­tos de enton­ces y pidió que se encen­die­ra de nue­vo la “lla­ma revo­lu­cio­na­ria”. En Corea, la línea de masas y la movi­li­za­ción del tra­ba­jo volun­ta­rio siguen sien­do aspec­tos cen­tra­les del socialismo.

Sin embar­go, el Plan 2008 – 2012 incor­po­ra tam­bién algu­nos aspec­tos más cues­tio­na­bles. Por ejem­plo, una de las vías hacia la moder­ni­za­ción eco­nó­mi­ca es la aper­tu­ra de empre­sas mix­tas en sec­to­res de tec­no­lo­gía pun­ta. Este es un requi­si­to para acce­der a tec­no­lo­gía occidental.

Cer­ca de la fron­te­ra, se ha crea­do una zona de explo­ta­ción con­jun­ta entre Corea del Nor­te y Corea del Sur, que sir­ve a Pyong­yang como una gigan­tes­ca fuen­te de divi­sas inter­na­cio­na­les y una vía para expor­tar mer­can­cías elu­dien­do el bloqueo.

Tam­bién se han reno­va­do la impor­tan­cia de los cua­dros y exper­tos den­tro de la tec­no­lo­gía, en el mar­co del esfuer­zo por moder­ni­zar tec­no­ló­gi­ca­men­te la producción.

Final­men­te, está en mar­cha la aper­tu­ra de la pri­me­ra uni­ver­si­dad con pro­fe­so­ra­do extran­je­ro, para for­mar cua­dros en sec­to­res cla­ve de la Eco­no­mía moderna.

Todo esto, nece­sa­ria­men­te, no impli­ca una renun­cia al socia­lis­mo, como no lo sig­ni­fi­có la NEP en la Unión Sovié­ti­ca o las refor­mas del Perio­do Espe­cial a Cuba. Pero es inne­ga­ble que Corea es una for­ta­le­za cer­ca­da por el impe­ria­lis­mo y que éste inten­ta­rá apro­ve­char las ren­di­jas que aho­ra se abren. La vigi­lan­cia revo­lu­cio­na­ria es un fac­tor fun­da­men­tal en este momen­to his­tó­ri­co de la revo­lu­ción y, por el momen­to, pare­ce que los nor­co­rea­nos se lo están toman­do en serio.

Un ejem­plo bas­tan­te ilus­tra­ti­vo fue un inci­den­te ocu­rri­do en la zona de explo­ta­ción mix­ta, en el que un pro­vo­ca­dor sur­co­reano tra­tó de con­se­guir “deser­cio­nes” de tra­ba­ja­do­res del nor­te hacia el sur. Lejos de acep­tar su pro­pues­ta, los tra­ba­ja­do­res denun­cia­ron al pro­vo­ca­dor, que aca­bó dete­ni­do y oca­sio­nan­do un pro­ble­ma diplo­má­ti­co entre las dos Coreas.

Ade­más, Corea ha cui­da­do mucho que las empre­sas mix­tas no supon­gan des­igual­da­des entre la pobla­ción del nor­te. De esta mane­ra, las cor­po­ra­cio­nes extran­je­ras pagan una can­ti­dad en divi­sas al Esta­do coreano, pero es éste quien abo­na a los tra­ba­ja­do­res su sala­rio, con esca­las sala­ria­les simi­la­res a las del res­to del país y con los mis­mos dere­chos y prestaciones.

Es impo­si­ble saber si Corea ten­drá éxi­to al lidiar con los peli­gros de esta peque­ña eco­no­mía de mer­ca­do. La volun­tad de pre­ser­var ante todo el socia­lis­mo es cla­ra, tan­to en el pue­blo como en los líde­res. Pero algu­nas expe­rien­cias his­tó­ri­cas en otros paí­ses nos aler­tan del peli­gro que tie­ne el flu­jo de dine­ro extran­je­ro, inclu­so entre las socie­da­des más apa­ren­te­men­te inco­rrup­ti­bles. En cual­quier caso, 61 años de Revo­lu­ción hacen que los corea­nos merez­can, al menos, el bene­fi­cio de la duda.

La bata­lla de los 150 días

Duran­te este año 2009, Corea comen­zó la “Bata­lla de los 150 días”, un plan ins­pi­ra­do en el movi­mien­to Cho­lli­ma y que inten­ta movi­li­zar la par­ti­ci­pa­ción y el esfuer­zo volun­ta­rios de todo el país duran­te 150 días. Este movi­mien­to ha lle­ga­do a cada empre­sa y cada gran­ja del país, para inten­tar “abrir la bre­cha del cam­bio” hacia la poten­cia económica.

Para ello, cada célu­la del par­ti­do ha toma­do ini­cia­ti­vas, pero tam­bién todas las orga­ni­za­cio­nes artis­ti­cas, gru­pos de pro­pa­gan­da artis­ti­ca y de agi­ta­cion artis­ti­ca movil. La pri­me­ra de las fun­cio­nes en empre­sas se dio en el Com­ple­jo auto­mo­vi­lis­ti­co Sun­gri, a las que siguie­ron giras por la Fabri­ca de Trac­to­res Kum Song, el Com­ple­jo de Vina­lon 8 de Febre­ro, el Com­ple­jo de Maqui­na­ria de Ryong­song, el Com­ple­jo de Abo­nos de Hun­gnam, el Com­ple­jo de Maqui­na­ria Pesa­da Daean,… etc

Sobre este obje­ti­vo se están vol­can­do, por lo tan­to, orga­ni­za­cio­nes polí­ti­cas, artís­ti­cas, cul­tu­ra­les y de pro­pa­gan­da, en un esfuer­zo con­jun­to para con­se­guir ace­le­rar el desa­rro­llo económico.

Los resul­ta­dos no se han hecho espe­rar: el Com­ple­jo Side­rúr­gi­co de Kang­son (Cho­lli­ma) ha supe­ra­do en un 6% su cuo­ta, la extrac­ción de car­bón a nivel esta­tal supera en un 17.8% la del años pasa­do a estas altu­ras de año, se está lle­van­do a cabo un plan de refo­res­ta­ción masi­vo gra­cias a la ini­cia­ti­va volun­ta­ria de la gen­te y se están reno­van­do y mejo­ran­do la orga­ni­za­ción de la mayo­ría de plan­tas eléc­tri­cas del país.

De esta mane­ra, no sería de extra­ñar que este año se supe­ra­sen los índi­ces de cre­ci­mien­to pre­vis­tos, que el año pasa­do ya fue­ron del 7%.

Con­clu­sión

¿Por qué debe­mos ser soli­da­rios con el socia­lis­mo coreano? En pri­mer lugar, creo que debe­mos recu­pe­rar el espí­ri­tu del inter­na­cio­na­lis­mo pro­le­ta­rio. El inter­na­cio­na­lis­mo es un prin­ci­pio, lo cual quie­re decir que, para los revo­lu­cio­na­rios, es un com­pro­mi­so abs­trac­to con la cons­truc­ción del socia­lis­mo en Corea y no se basa en coyun­tu­ras ni en intereses.

Debe­mos defen­der a Corea como prin­ci­pio gene­ral, inde­pen­dien­te­men­te de que en una oca­sión con­cre­ta poda­mos estar en des­acuer­do con una medi­da o polí­ti­ca impul­sa­da por su gobierno o aun­que no com­par­ta­mos el 100% de su pro­ce­so revolucionario.

Pre­ci­sa­men­te, eso es lo que quie­re decir el com­pro­mi­so del inter­na­cio­na­lis­mo pro­le­ta­rio. Ade­más, debe­mos con­si­de­rar que, aun­que no todo lo que suce­de en Corea es apli­ca­ble a un pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio en el Esta­do Espa­ñol o en otros paí­ses, en el mar­co con­cre­to de la Revo­lu­ción en Corea, quie­nes mejor pue­den deci­dir son los pro­pios revo­lu­cio­na­rios corea­nos y nues­tro papel es dar­les nues­tro apoyo.

En segun­do lugar, creo que tras 61 años de cons­truc­ción socia­lis­ta, Corea ha dado nume­ro­sos ejem­plos de su vali­dez como mode­lo revo­lu­cio­na­rio. Algu­nos de los aspec­tos a resal­tar son los altos nive­les de par­ti­ci­pa­ción polí­ti­ca y social; la cali­dad de su edu­ca­ción, su sani­dad y sus ser­vi­cios públi­cos; el carác­ter anti­im­pe­ria­lis­ta de la Revo­lu­ción; la abo­li­ción de los impues­tos o el com­pro­mi­so ecológico.

Por todo esto y por lo que he tra­ta­do de desa­rro­llar duran­te el artícu­lo, creo que los revo­lu­cio­na­rios debe­mos sen­tir como un orgu­llo pro­pio los 61 años de Repú­bli­ca Popu­lar Demo­crá­ti­ca de Corea. Sus éxi­tos suman a favor del socia­lis­mo en la corre­la­ción de fuer­zas inter­na­cio­nal. Y es que tene­mos que tener cla­ro que tan­to aquí como allá exis­te un mis­mo obje­ti­vo de cla­se: el socia­lis­mo. Esa debe ser la base de nues­tro apo­yo y nues­tra solidaridad.

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