El «gobierno des­le­gi­ti­ma­dor» rue­ga que lo legitimen

La deci­sión del PSE de meter la cues­tión de la ile­ga­li­za­ción de Bata­su­na con tan­ta fuer­za en el Par­la­men­to de Gas­teiz sir­vió para mos­trar su talón de Aqui­les, es decir, cuá­les son los pun­tos débi­les de una estra­te­gia minis­te­rial y de un gobierno auto­nó­mi­co que no encuen­tran en la socie­dad una mayo­ría que les apoye.

Las teo­rías de Alfre­do Pérez Rubal­ca­ba sobre la per­ti­nen­cia de las deten­cio­nes del pasa­do 13 de octu­bre se han vis­to derrum­ba­das por la reali­dad, y avan­za en la opi­nión publi­ca­da la cer­te­za de que Ote­gi, Jacin­to, Rodrí­guez, Zaba­le­ta y Díez pre­pa­ra­ban una ade­cua­ción de la estra­te­gia de la izquier­da aber­tza­le que nada gus­ta­ba al minis­tro del Inte­rior. En para­le­lo, cre­cen las dudas sobre la capa­ci­dad del nue­vo lehen­da­ka­ri y su Eje­cu­ti­vo para gober­nar la CAV, al tiem­po de que pocos cues­tio­nan que Patxi López nun­ca hubie­ra lle­ga­do a Aju­ria Enea sin la apli­ca­ción cal­cu­la­da de la Ley de Partidos.

Así que el PSE ha vis­to en la moción del PP sobre Bata­su­na y la sen­ten­cia del Tri­bu­nal de Estras­bur­go el cla­vo ardien­do al que aga­rrar­se para obte­ner en ese Par­la­men­to auto­nó­mi­co tram­pea­do una vic­to­ria que se le nie­ga en la socie­dad. Es la estra­te­gia de un par­ti­do a la defensiva.

Cuan­do un pre­ten­di­do Esta­do de Dere­cho nece­si­ta recor­dar­se a sí mis­mo lo bueno que es, algo no debe irle bien del todo. Si ade­más para ser acep­ta­do en el país pre­ci­sa de medi­das de «peda­go­gía demo­crá­ti­ca», pare­ce evi­den­te que tie­ne un pro­ble­ma que qui­zá no sea cul­pa de los demás.

El par­ti­do que decía que iba a ocu­par­se de las cosas que preo­cu­pan de ver­dad a la gen­te y no de las enso­ña­cio­nes nacio­na­lis­tas cen­tra la aten­ción del pleno de maña­na en con­tar­nos lo malos que son Bata­su­na en gene­ral y Arnal­do Ote­gi en par­ti­cu­lar. Según Óscar Rodrí­guez, «la demo­cra­cia, y la socie­dad vas­ca y espa­ño­la, han sido muy gene­ro­sas. A ETA y a los suyos se les han dado tres opor­tu­ni­da­des para aca­bar con la vio­len­cia. Las tres han aca­ba­do de la mis­ma for­ma, con bom­bas de ETA y el silen­cio de sus repre­sen­tan­tes polí­ti­cos. Ote­gi y sus ami­gos han demos­tra­do muchas veces que no tie­nen capa­ci­dad sufi­cien­te para acer­car a ETA a la polí­ti­ca, por­que son dos caras de la mis­ma mone­da, la mal lla­ma­da izquier­da abertzale».

Pues no todos lo ven así, y de ahí que la mayo­ría sin­di­cal y los par­ti­dos que suman la mayo­ría polí­ti­ca con­vo­ca­ran a una mani­fes­ta­ción en pro­tes­ta por sus deten­cio­nes que, según Odón Elor­za, resul­tó «muy gran­de y muy masiva».

Es difí­cil luchar con­tra la evi­den­cia. Dijo el pro­pio Óscar Rodrí­guez que «en Eus­ka­di hay con­flic­tos entre gen­tes que pien­san de dis­tin­ta for­ma como en cual­quier otra socie­dad con dife­ren­tes iden­ti­da­des que pue­da haber en el mun­do. Pero aquí hay terro­ris­mo. El pro­ble­ma no es que pen­se­mos dife­ren­te y que deba­ta­mos entre noso­tros, el pro­ble­ma ver­da­de­ro es la vio­len­cia, la exis­ten­cia de ETA».

Por lo tan­to, si el con­flic­to es entre vas­cos y el pro­ble­ma es ETA la pre­gun­ta venía dada: «En ausen­cia de vio­len­cia, ¿la solu­ción será la que deci­da­mos los vas­cos sin inje­ren­cia exter­na, por ejem­plo, sin que una ins­tan­cia exte­rior revo­que una deci­sión adop­ta­da por este Parlamento?».

La res­pues­ta de José Anto­nio Pas­tor resul­tó escla­re­ce­do­ra. «Cuan­do usted habla de una ins­tan­cia exte­rior ‑expli­có- no sé a qué se refie­re. Esto es una comu­ni­dad autó­no­ma que se rige por unas nor­mas, que per­te­ne­ce a un entra­ma­do polí­ti­co, jurí­di­co e ins­ti­tu­cio­nal y a una reali­dad polí­ti­ca que se lla­ma Espa­ña. Por lo tan­to, no esta­mos hablan­do de nada exte­rior, sino de un con­jun­to de reali­da­des polí­ti­cas y ésta for­ma par­te de un con­jun­to más amplio, la socie­dad espa­ño­la y la reali­dad euro­pea y todos tene­mos nues­tros ámbi­tos de deci­sión. Pero, evi­den­te­men­te, la solu­ción fun­da­men­tal, la ini­cial y quie­nes nos tene­mos que poner de acuer­do somos los vas­cos. Y des­pués tras­la­dar los acuer­dos como esta­ble­cen las reglas de jue­go de las que todos nos hemos dotado».

Es decir, ade­más de las cui­tas que poda­mos tener los vas­cos entre noso­tros, como cual­quier otra socie­dad del mun- do, hay tam­bién «un con­ten­cio­so entre el Pue­blo vas­co y el Esta­do espa­ñol», según reco­no­cie­ron los par­ti­dos fir­man­tes del Pac­to de Aju­ria Enea el 22 de noviem­bre de 1991. Tra­tar de ocul­tar esto es polí­ti­ca­men­te estéril.

De lo vis­to se des­pren­de que tene­mos pues un Esta­do de Dere­cho bueno que no es mayo­ri­ta­ria­men­te per­ci­bi­do como tal y un sec­tor polí­ti­co muy malo, pero que la mayo­ría no quie­re que se deten­ga a sus diri­gen­tes o sea ile­ga­li­za­do. Tene­mos un mal plan­tea­mien­to por par­te del PSE de cuá­les son los pro­ble­mas y el con­flic­to, con lo que así es difí­cil encon­trar solu­cio­nes. Y, ade­más, según vere­mos, este par­ti­do tie­ne difi­cul­ta­des para acep­tar la reali­dad que le circunda.

Se que­ja Pas­tor de que «se nos dice con insis­ten­cia que ni el Gobierno Vas­co ni la actual mayo­ría par­la­men­ta­ria repre­sen­tan a la mayo­ría social» de la CAV. Y lo con­si­de­ra «una acu­sa­ción gra­ví­si­ma des­de el pun­to de vis­ta demo­crá­ti­co». No. Eso es una evi­den­cia cons­ta­ta­ble. PSE y PP tie­nen la mayo­ría en el Par­la­men­to pero no tie­nen la mayo­ría de los votos, ni siquie­ra des­con­tan­do los cien mil anulados.

El por­ta­voz del PSE con­tes­ta a esto pre­gun­tan­do a su vez «si se pue­de arti­cu­lar a toda la opo­si­ción como una espe­cie de fren­te úni­co que repre­sen­ta o deja de repre­sen­tar mayo­rías socia­les». A lo que aña­de que «en cada elec­ción, en este país, muni­ci­pa­les, gene­ra­les, auto­nó­mi­cas o euro­peas los elec­to­res vas­cos han dado mayo­rías dis­tin­tas de dis­tin­to tipo. Esa supues­ta mayo­ría social y polí­ti­ca me pare­ce que es par­te de un inven­to, de una leyen­da que no está contrastada».

Nada de leyen­das. Los par­la­men­ta­rios que en la inves­ti­du­ra apo­ya­ron a Juan José Iba­rretxe como lehen­da­ka­ri repre- sen­ta­ban a 500.312 votan­tes; los que se incli­na­ron por Patxi López, a 486.493. Que 500.312 son más que 486.493 no es un inven­to nacio­na­lis­ta. Son matemáticas.

Si a esto le aña­di­mos la apli­ca­ción a con­ve­nien­cia de la Ley de Par­ti­dos, el resul­ta­do es que una gran par­te de la ciu­da­da­nía pone en duda la legi­ti­mi­dad del Gobierno de López y de su «nue­va mayo­ría» for­ja­da con aque­llos a los que, según dijo en cam­pa­ña, nun­ca se iba a unir. Y esa legi­ti­mi­dad que no se le reco­no­ce aquí, no la va a ganar ape­lan­do al fallo del Tri­bu­nal de Estras­bur­go sobre la ile­ga­li­za­ción de Batasuna.

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