Sobre la guerra prolongada

[next­pa­ge title="Planteamiento del pro­ble­ma"]

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Planteamiento del problema

  1. Se acer­ca el 7 de julio, pri­mer aniver­sa­rio del esta­lli­do de la gran Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón. Hace ya casi un año que toda la nación, unien­do sus fuer­zas y per­se­ve­ran­do en la Gue­rra de resis­ten­cia y en el fren­te úni­co, lucha heroi­ca­men­te con­tra el enemi­go. Esta gue­rra no tie­ne pre­ce­den­tes en la his­to­ria de Orien­te y ocu­pa­rá un lugar des­ta­ca­do tam­bién en la his­to­ria uni­ver­sal; los pue­blos del mun­do ente­ro siguen con aten­ción su desa­rro­llo. Todos los chi­nos que sufren los desas­tres de la gue­rra y luchan por la exis­ten­cia de la nación, anhe­lan dia­ria­men­te la vic­to­ria. Pero ¿cuál será en reali­dad el cur­so de la gue­rra? ¿Podre­mos ven­cer? ¿Podre­mos ven­cer rápi­da­men­te? Muchos hablan de una gue­rra pro­lon­ga­da, pero ¿por qué una gue­rra pro­lon­ga­da? y ¿cómo hacer­la? Muchos hablan de la vic­to­ria final, pero ¿por qué será nues­tra la vic­to­ria final? y ¿cómo lograr­la? No todos han encon­tra­do res­pues­ta a estas pre­gun­tas; más aún, la mayo­ría no la ha encon­tra­do has­ta aho­ra. Y así, los derro­tis­tas par­ti­da­rios de la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal se han pre­sen­ta­do a decir­le a la gen­te que Chi­na será sub­yu­ga­da y que la vic­to­ria final no les per­te­ne­ce­rá. Cier­tos ami­gos impe­tuo­sos tam­bién han sali­do a decir que Chi­na pue­de triun­far muy pron­to, sin nece­si­dad de gran­des esfuer­zos. Pero ¿son correc­tas estas opi­nio­nes? Siem­pre hemos dicho que no. Sin embar­go, la mayo­ría no ha com­pren­di­do aún lo que hemos veni­do dicien­do. Esto se debe, en par­te, a que nues­tro tra­ba­jo de pro­pa­gan­da y expli­ca­ción ha sido insu­fi­cien­te, y en par­te, a que los acon­te­ci­mien­tos obje­ti­vos, en su desa­rro­llo, aún no han reve­la­do por com­ple­to su natu­ra­le­za inhe­ren­te ni mani­fes­ta­do cla­ra­men­te sus ras­gos, de modo que la gen­te no pue­de dis­cer­nir las ten­den­cias y pers­pec­ti­vas del desa­rro­llo de los acon­te­ci­mien­tos en su con­jun­to ni, por lo tan­to, deter­mi­nar ente­ra­men­te las orien­ta­cio­nes y los méto­dos de acción. Aho­ra las cosas van mejor; la expe­rien­cia de diez meses de Gue­rra de resis­ten­cia ha sido más que sufi­cien­te para des­ba­ra­tar la teo­ría abso­lu­ta­men­te infun­da­da de la sub­yu­ga­ción nacio­nal y, al mis­mo tiem­po, para disua­dir a nues­tros ami­gos impe­tuo­sos de su teo­ría de la vic­to­ria rápi­da. En estas cir­cuns­tan­cias, mucha gen­te pide una expli­ca­ción a modo de balan­ce. Y con mayor razón en lo refe­ren­te a la gue­rra pro­lon­ga­da, ya que no sólo exis­ten con­tra ella las teo­rías de la sub­yu­ga­ción nacio­nal y de la vic­to­ria rápi­da, sino que exis­te tam­bién una com­pren­sión hue­ra de la mis­ma. «Des­de el Inci­den­te de Lukou­chiao, los cua­tro­cien­tos millo­nes de chi­nos vie­nen rea­li­zan­do esfuer­zos man­co­mu­na­dos, y la vic­to­ria final será de Chi­na.» Esta fór­mu­la está muy en boga. Es correc­ta, pero es nece­sa­rio dar­le un con­te­ni­do. Si hemos podi­do per­se­ve­rar en la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón y man­te­ner el fren­te úni­co, ello se ha debi­do a la con­cu­rren­cia de nume­ro­sos fac­to­res: en el plano inte­rior, todos los par­ti­dos y gru­pos polí­ti­cos, des­de el Par­ti­do Comu­nis­ta has­ta el Kuo­min­tang; todo el pue­blo, des­de los obre­ros y los cam­pe­si­nos has­ta la bur­gue­sía, y todas las fuer­zas arma­das, des­de las tro­pas regu­la­res has­ta las uni­da­des gue­rri­lle­ras; en el plano inter­na­cio­nal, el país socia­lis­ta y todos los pue­blos aman­tes de la jus­ti­cia, y en el cam­po enemi­go, aque­llos que entre la pobla­ción civil y entre los sol­da­dos del fren­te se opo­nen a la gue­rra. En una pala­bra, todos ellos han con­tri­bui­do en dis­tin­tos gra­dos a nues­tra Gue­rra de resis­ten­cia. Toda per­so­na de bue­na fe debe ren­dir­les home­na­je. Jun­to con los demás par­ti­dos que están por la resis­ten­cia y el pue­blo ente­ro, los comu­nis­tas tene­mos como úni­co obje­ti­vo luchar por unir todas las fuer­zas para ven­cer a los abo­mi­na­bles inva­so­res japo­ne­ses. El 1 de julio de este año se cum­pli­rá el XVII aniver­sa­rio de la fun­da­ción del Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na. A fin de que cada comu­nis­ta apor­te mejo­res y más gran­des esfuer­zos a la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón, es tam­bién pre­ci­so con­ce­der una impor­tan­cia par­ti­cu­lar al estu­dio de la gue­rra pro­lon­ga­da. Por esto, mis con­fe­ren­cias esta­rán dedi­ca­das a ese estu­dio. Tra­ta­ré de hablar sobre todos los pro­ble­mas vin­cu­la­dos con la gue­rra pro­lon­ga­da, pero no me será posi­ble entrar en todos los deta­lles en un solo ciclo de con­fe­ren­cias.
  2. Toda la expe­rien­cia de los diez meses de Gue­rra de resis­ten­cia demues­tra que son erró­neas tan­to la teo­ría de la inevi­ta­ble sub­yu­ga­ción de Chi­na como la de su vic­to­ria rápi­da. La pri­me­ra engen­dra la ten­den­cia al com­pro­mi­so, y la segun­da, la ten­den­cia a la sub­es­ti­ma­ción del enemi­go. Los par­ti­da­rios de estas teo­rías abor­dan el pro­ble­ma de una mane­ra sub­je­ti­va y uni­la­te­ral, es decir, no cien­tí­fi­ca.
  3. Antes de que se ini­cia­ra la Gue­rra de resis­ten­cia, exis­tían muchas opi­nio­nes ins­pi­ra­das en la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal. Se decía, por ejem­plo: «Chi­na está peor arma­da que el enemi­go, y con­de­na­da a la derro­ta en una gue­rra». «Si Chi­na resis­te, se con­ver­ti­rá inevi­ta­ble­men­te en otra Abi­si­nia.» Des­de que empe­zó la gue­rra, ya no se expre­san abier­ta­men­te opi­nio­nes de este orden; pero siguen mani­fes­tán­do­se sola­pa­da­men­te, y en abun­dan­cia. Por ejem­plo, de tiem­po en tiem­po sur­ge una atmós­fe­ra de com­pro­mi­so, y sus par­ti­da­rios argu­men­tan: «La con­ti­nua­ción de la gue­rra sig­ni­fi­ca la sub­yu­ga­ción inevi­ta­ble»1. Des­de la pro­vin­cia de Junán, un estu­dian­te nos escri­be:

    En el cam­po tro­pie­zo a cada paso con difi­cul­ta­des. Al hacer pro­pa­gan­da sin ayu­da de nadie, ten­go que hablar con la gen­te don­de y cuan­do la encuen­tro. Mis inter­lo­cu­to­res no son en modo alguno igno­ran­tes; todos tie­nen cier­ta com­pren­sión de lo que está ocu­rrien­do y se mues­tran muy intere­sa­dos en lo que les digo. Pero cuan­do tro­pie­zo con mis pro­pios parien­tes, siem­pre me dicen: Chi­na no pue­de ven­cer; está con­de­na­da ¡Qué asco! Y menos mal que no andan por ahí divul­gan­do sus opi­nio­nes, pues eso sería desas­tro­so. ¡Los cam­pe­si­nos, como es natu­ral, les darían más cré­di­to a ellos que a mí!

    Estos par­ti­da­rios de la teo­ría de la inevi­ta­ble sub­yu­ga­ción de Chi­na for­man la base social de la ten­den­cia al com­pro­mi­so. A ele­men­tos de esta espe­cie se les encuen­tra en todos los rin­co­nes de Chi­na; por eso, el pro­ble­ma del com­pro­mi­so pue­de aflo­rar en el seno del fren­te anti­ja­po­nés en cual­quier momen­to y qui­zá sub­sis­ti­rá has­ta el final mis­mo de la gue­rra. Aho­ra que ha caí­do S¸chou y que Wuján está en peli­gro, creo que no será inú­til dar un men­tís a la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal.

  4. Duran­te estos diez meses de Gue­rra de resis­ten­cia, han apa­re­ci­do tam­bién toda cla­se de opi­nio­nes carac­te­ri­za­das por la pre­ci­pi­ta­ción. Por ejem­plo, al comien­zo de la gue­rra, mucha gen­te mos­tra­ba un opti­mis­mo sin fun­da­men­to; sub­es­ti­ma­ba al Japón e inclu­so creía que los japo­ne­ses no podrían lle­gar has­ta la pro­vin­cia de Shan­sí. Algu­nos menos­pre­cia­ban el papel estra­té­gi­co de la gue­rra de gue­rri­llas en la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón y ponían en duda el siguien­te plan­tea­mien­to: «En el plano de con­jun­to, la gue­rra de movi­mien­tos es lo prin­ci­pal, y la de gue­rri­llas, lo auxi­liar; en el plano par­ti­cu­lar, la gue­rra de gue­rri­llas es lo prin­ci­pal, y la de movi­mien­tos, lo auxi­liar». Des­apro­ba­ban la línea estra­té­gi­ca del VIII Ejér­ci­to, que es: «Tomar la gue­rra de gue­rri­llas como lo fun­da­men­tal, pero no per­der opor­tu­ni­dad algu­na para rea­li­zar la gue­rra de movi­mien­tos cuan­do las con­di­cio­nes sean favo­ra­bles», y con­si­de­ra­ban que éste era un pun­to de vis­ta «meca­ni­cis­ta»2. Duran­te la cam­pa­ña de Shang­hai, algu­nos decían: «Bas­ta resis­tir tres meses; la situa­ción inter­na­cio­nal ten­drá que cam­biar, la Unión Sovié­ti­ca habrá de enviar tro­pas y la gue­rra ter­mi­na­rá». Depo­si­ta­ban sus espe­ran­zas para el futu­ro de la Gue­rra de resis­ten­cia prin­ci­pal­men­te en la ayu­da extran­je­ra3. A raíz de la vic­to­ria de Taier­chuang4, algu­nos sos­te­nían que la cam­pa­ña de S¸chou debía ser una «bata­lla casi deci­si­va» y que había que cam­biar la polí­ti­ca esta­ble­ci­da de gue­rra pro­lon­ga­da: Decían cosas tales como: «Esta cam­pa­ña repre­sen­ta el últi­mo y deses­pe­ra­do for­ce­jeo del enemi­go»; «Si gana­mos, los mili­ta­ris­tas japo­ne­ses que­da­rán des­mo­ra­li­za­dos y sólo podrán espe­rar su jui­cio final»5. La vic­to­ria de Ping­sing­kuan se les había subido a la cabe­za a algu­nos, y la de Taier­chuang hizo per­der el jui­cio a un núme­ro aún mayor de per­so­nas. Y así se han sus­ci­ta­do dudas acer­ca de si el enemi­go ata­ca­rá Wuján. Muchos pien­san que «pro­ba­ble­men­te no», y muchos otros, que «de nin­gu­na mane­ra». Tales dudas pue­den afec­tar a todos los pro­ble­mas impor­tan­tes. Por ejem­plo: ¿son ya sufi­cien­tes nues­tras fuer­zas para resis­tir al Japón? La res­pues­ta podría ser afir­ma­ti­va; pues si se pien­sa que nues­tras actua­les fuer­zas son ya sufi­cien­tes para dete­ner la ofen­si­va del enemi­go, ¿para qué aumen­tar­las? O por ejem­plo: ¿sigue sien­do correc­ta la con­sig­na de con­so­li­dar y ampliar el fren­te úni­co nacio­nal anti­ja­po­nés? La res­pues­ta podría ser nega­ti­va; pues si se cree que el fren­te úni­co en su esta­do actual es lo bas­tan­te fuer­te para recha­zar al enemi­go, ¿para qué con­so­li­dar­lo y ampliar­lo aún más? O bien: ¿deben inten­si­fi­car­se nues­tras acti­vi­da­des diplo­má­ti­cas y la pro­pa­gan­da para el extran­je­ro? Aquí, de nue­vo, la res­pues­ta podría ser nega­ti­va. O tam­bién: ¿es nece­sa­rio pro­ce­der con­cien­zu­da­men­te a refor­mar el sis­te­ma que rige en el ejér­ci­to y el sis­te­ma polí­ti­co, desa­rro­llar el movi­mien­to de masas, poner en vigor la edu­ca­ción para la defen­sa nacio­nal, repri­mir a los cola­bo­ra­cio­nis­tas y a los trots­kis­tas, desa­rro­llar la indus­tria de gue­rra y mejo­rar las con­di­cio­nes de vida del pue­blo? O igual­men­te: ¿siguen sien­do correc­tas las con­sig­nas que lla­man a la defen­sa de Wuján, Can­tón y el noroes­te, y al desa­rro­llo vigo­ro­so de la gue­rra de gue­rri­llas en la reta­guar­dia enemi­ga? Las res­pues­tas podrían ser todas nega­ti­vas. Exis­ten inclu­so per­so­nas que, ape­nas se pro­du­ce un cam­bio lige­ra­men­te favo­ra­ble en la situa­ción de la gue­rra, se pre­pa­ran para inten­si­fi­car los «roces» entre el Kuo­min­tang y el Par­ti­do Comu­nis­ta, des­vian­do la aten­ción de los asun­tos exte­rio­res a los inte­rio­res. Esto ocu­rre casi inva­ria­ble­men­te cada vez que se gana una bata­lla rela­ti­va­men­te gran­de, o cuan­do el enemi­go detie­ne en for­ma tem­po­ral su ofen­si­va. Todo esto pue­de lla­mar­se mio­pía polí­ti­ca y mili­tar. Tales argu­men­tos, aun­que pare­cen razo­na­bles, son en reali­dad pala­bre­ría abso­lu­ta­men­te infun­da­da y enga­ño­sa. Poner fin a tal ver­bo­rrea ayu­da­rá a la pro­se­cu­ción vic­to­rio­sa de la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón.
  5. La cues­tión es enton­ces: ¿Será Chi­na sub­yu­ga­da? Res­pon­de­mos: No, no será sub­yu­ga­da; por el con­tra­rio, obten­drá la vic­to­ria final. ¿Pue­de Chi­na ven­cer rápi­da­men­te? Res­pon­de­mos: No, no pue­de ven­cer rápi­da­men­te; la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón será una gue­rra pro­lon­ga­da.
  6. Hace ya dos años seña­la­mos; en líneas gene­ra­les, los prin­ci­pa­les argu­men­tos rela­ti­vos a estos pro­ble­mas. El 16 de julio de 1936, cin­co meses antes del Inci­den­te de Sían y doce antes del Inci­den­te de Lukou­chiao, en una entre­vis­ta con el Sr. Edgar Snow, perio­dis­ta nor­te­ame­ri­cano, hice una apre­cia­ción gene­ral de la situa­ción de la gue­rra entre Chi­na y el Japón y for­mu­lé una serie de orien­ta­cio­nes para con­se­guir la vic­to­ria. No está de más recor­dar algu­nas par­tes de esa entre­vis­ta:

    Snow: ¿En qué con­di­cio­nes pue­de Chi­na ven­cer y des­truir las fuer­zas del impe­ria­lis­mo japo­nés?

    Mao: Se nece­si­tan tres con­di­cio­nes: pri­me­ra, la crea­ción de un fren­te úni­co anti­ja­po­nés en Chi­na; segun­da, la for­ma­ción de un fren­te úni­co anti­ja­po­nés inter­na­cio­nal; ter­ce­ra, el ascen­so del movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio del pue­blo japo­nés y de los pue­blos de las colo­nias japo­ne­sas. Para el pue­blo chino, la más impor­tan­te de las tres con­di­cio­nes es su gran uni­dad.

    Snow: Según pien­sa usted, ¿cuán­to tiem­po dura­rá esta gue­rra?

    Mao: Eso depen­de­rá de la fuer­za del fren­te úni­co anti­ja­po­nés de Chi­na, y de cómo se desa­rro­llen muchos otros fac­to­res deci­si­vos para Chi­na y para el Japón. Es decir, apar­te de la pro­pia fuer­za de Chi­na, que es lo prin­ci­pal, desem­pe­ña­rán tam­bién un papel impor­tan­te la ayu­da inter­na­cio­nal y el apo­yo que le pres­te la revo­lu­ción en el pro­pio Japón. Si el fren­te úni­co anti­ja­po­nés de Chi­na se desa­rro­lla con vigor y se orga­ni­za efi­cien­te en ampli­tud y pro­fun­di­dad; si los gobier­nos y pue­blos con­ven­ci­dos de que el impe­ria­lis­mo japo­nés ame­na­za sus pro­pios intere­ses pro­por­cio­nan a Chi­na la ayu­da nece­sa­ria, y si la revo­lu­ción esta­lla rápi­da­men­te en el Japón, enton­ces la gue­rra ter­mi­na­rá pron­to y Chi­na obten­drá rápi­da­men­te la vic­to­ria. Si estas con­di­cio­nes no se hacen reali­dad con pron­ti­tud, la gue­rra se pro­lon­ga­rá. Pero el resul­ta­do será el mis­mo: el Japón será derro­ta­do y Chi­na ven­ce­rá, sólo que los sacri­fi­cios serán gran­des, y habrá que pasar por un perío­do muy dolo­ro­so.

    Snow: ¿Cuál es su opi­nión acer­ca del pro­ba­ble desa­rro­llo de esta gue­rra en el plano polí­ti­co y mili­tar?

    Mao: La polí­ti­ca con­ti­nen­tal del Japón está ya fija­da. Quie­nes se ima­gi­nan que un com­pro­mi­so con el Japón y nue­vos sacri­fi­cios del terri­to­rio y de la sobe­ra­nía de Chi­na pue­den dete­ner la ofen­si­va japo­ne­sa, sólo viven de ilu­sio­nes. Sabe­mos a cien­cia cier­ta que tam­bién el valle infe­rior del Yangtsé y nues­tros puer­tos del sur están ya inclui­dos en la polí­ti­ca con­ti­nen­tal del impe­ria­lis­mo japo­nés. Más aún, Japón aspi­ra a apo­de­rar­se de las Fili­pi­nas, Siam, Viet­nam, la penín­su­la de Mala­ca y las Indias Orien­ta­les holan­de­sas, con el obje­to de ais­lar a Chi­na de otros paí­ses y esta­ble­cer su domi­na­ción exclu­si­va en el Pací­fi­co del sud­oes­te. Esta es la polí­ti­ca marí­ti­ma del Japón. En tales cir­cuns­tan­cias, está fue­ra de toda duda que Chi­na se encon­tra­rá en una situa­ción suma­men­te difí­cil. Pero la gran mayo­ría de los chi­nos creen que las difi­cul­ta­des pue­den supe­rar­se. Sólo la gen­te adi­ne­ra­da de los gran­des cen­tros comer­cia­les es derro­tis­ta, por­que teme per­der sus bie­nes. Muchos pien­san que a Chi­na le será impo­si­ble con­ti­nuar la gue­rra una vez que su lito­ral sea blo­quea­do por el Japón. Esto es un dis­pa­ra­te. Para refu­tar­lo bas­ta­ría refe­rir­nos a la his­to­ria de gue­rra del Ejér­ci­to Rojo. La posi­ción de Chi­na en la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón es muy supe­rior a la del Ejér­ci­to Rojo duran­te la gue­rra civil. Chi­na es un país inmen­so. Aun­que el Japón con­si­guie­se ocu­par regio­nes con cien o inclu­so dos­cien­tos millo­nes de habi­tan­tes, esta­ría­mos toda­vía muy lejos de ser derro­ta­dos. Aún nos que­da­ría una gran fuer­za para luchar con­tra el Japón, mien­tras éste ten­dría que sos­te­ner, duran­te toda la gue­rra, ince­san­tes com­ba­tes defen­si­vos en su reta­guar­dia. La fal­ta de uni­dad en la eco­no­mía chi­na y su desa­rro­llo desigual pre­sen­tan más bien ven­ta­jas para la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón. Por ejem­plo, ais­lar a Shang­hai del res­to de Chi­na no es en abso­lu­to tan desas­tro­so para noso­tros como lo sería para los EE.UU. sepa­rar a Nue­va York del res­to del país. Aun­que el Japón blo­quee el lito­ral de Chi­na, le será impo­si­ble blo­quear el noroes­te, el sud­oes­te y el oes­te de Chi­na. Por eso, una vez más, el pun­to cen­tral del pro­ble­ma es la uni­dad de todo el pue­blo chino y la for­ma­ción de un fren­te anti­ja­po­nés en que se una toda la nación. Esto es lo que veni­mos pro­po­nien­do des­de hace tiem­po.

    Snow: Si la gue­rra dura mucho tiem­po sin que el Japón sea derro­ta­do por com­ple­to, ¿acep­ta­ría el Par­ti­do Comu­nis­ta nego­ciar una paz con el Japón y reco­no­cer su domi­nio en el nor­des­te de Chi­na?

    Mao: No. Al igual que todo el pue­blo, el Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na no per­mi­ti­rá que el Japón reten­ga un solo pal­mo de terri­to­rio chino.

    Snow: ¿Cuál es, en su opi­nión, la línea estra­té­gi­ca fun­da­men­tal que ha de seguir­se en esta gue­rra libe­ra­do­ra?

    Mao: Nues­tra línea estra­té­gi­ca debe ser la de emplear nues­tras fuer­zas prin­ci­pa­les en ope­ra­cio­nes sobre fren­tes muy dila­ta­dos y varia­bles. Para alcan­zar la vic­to­ria, las tro­pas chi­nas deben sos­te­ner una gue­rra de movi­mien­tos de gran movi­li­dad en vas­tos tea­tros de ope­ra­cio­nes, actuar con rapi­dez tan­to en los avan­ces como en las reti­ra­das, tan­to en la con­cen­tra­ción como en la dis­per­sión. Es decir, una gue­rra de movi­mien­tos a gran esca­la, y no una gue­rra de posi­cio­nes, que depen­de exclu­si­va­men­te de las obras de for­ti­fi­ca­ción con pro­fun­dos fosos, altas for­ta­le­zas y suce­si­vas líneas defen­si­vas. Esto no sig­ni­fi­ca el aban­dono de todos los pun­tos estra­té­gi­cos vita­les, que deben ser defen­di­dos median­te una gue­rra de posi­cio­nes siem­pre que sea pro­ve­cho­so. Pero la estra­te­gia capaz de trans­for­mar toda la situa­ción ha de ser la gue­rra de movi­mien­tos. La gue­rra de posi­cio­nes tam­bién es nece­sa­ria pero sólo pue­de desem­pe­ñar un papel secun­da­rio, auxi­liar. Des­de el pun­to de vis­ta geo­grá­fi­co, el tea­tro de la gue­rra es tan vas­to que nos per­mi­te efec­tuar una gue­rra de movi­mien­tos con la máxi­ma efi­ca­cia. fren­te a las vigo­ro­sas accio­nes de nues­tro ejér­ci­to, las tro­pas japo­ne­sas ten­drán que actuar con pru­den­cia. Su maqui­na­ria béli­ca es volu­mi­no­sa, de movi­mien­tos len­tos y efi­ca­cia limi­ta­da. Si con­cen­tra­mos nues­tras fuer­zas en un estre­cho sec­tor del fren­te para opo­ner resis­ten­cia en una gue­rra de des­gas­te, des­per­di­cia­re­mos las ven­ta­jas que nos pro­por­cio­nan las con­di­cio­nes geo­grá­fi­cas y nues­tra orga­ni­za­ción eco­nó­mi­ca, y repe­ti­re­mos el error de Abi­si­nia. Debe­mos evi­tar toda gran bata­lla deci­si­va en el perio­do ini­cial de la gue­rra, y recu­rrir pri­me­ro a la gue­rra de movi­mien­tos para minar la moral y la capa­ci­dad com­ba­ti­va de las tro­pas enemi­gas.

    Ade­más de emplear para la gue­rra de movi­mien­tos tro­pas adies­tra­das, debe­mos orga­ni­zar gran can­ti­dad de uni­da­des gue­rri­lle­ras entre los cam­pe­si­nos. Hay que com­pren­der que los des­ta­ca­men­tos de volun­ta­rios anti­ja­po­ne­ses en las tres pro­vin­cias del nor­des­te, ape­nas son una peque­ña mues­tra de las fuer­zas laten­tes del cam­pe­si­na­do de todo el país que pue­den movi­li­zar­se para sos­te­ner la Gue­rra de resis­ten­cia. Las fuer­zas laten­tes del cam­pe­si­na­do chino son enor­mes, y bas­ta orga­ni­zar­las y diri­gir­las apro­pia­da­men­te para no dar sosie­go a las tro­pas japo­ne­sas duran­te las vein­ti­cua­tro horas del día, abru­mán­do­las has­ta el ago­ta­mien­to com­ple­to. No hay que olvi­dar que la gue­rra se desa­rro­lla en Chi­na. Esto sig­ni­fi­ca que las tro­pas japo­ne­sas esta­rán com­ple­ta­men­te rodea­das por una pobla­ción hos­til, que se verán obli­ga­das a traer los per­tre­chos nece­sa­rios, y vigi­lar­los ellas mis­mas, que ten­drán que emplear impor­tan­tes fuer­zas para pro­te­ger las líneas de comu­ni­ca­ción, man­te­nién­do­se cons­tan­te­men­te en guar­dia con­tra los ata­ques por sor­pre­sa, y ade­más, guar­ne­cer con gran par­te de sus fuer­zas a Man­chu­ria y al pro­pio Japón.

    En el cur­so de la gue­rra, Chi­na podrá hacer pri­sio­ne­ros a muchos sol­da­dos japo­ne­ses y cap­tu­rar gran can­ti­dad de armas y muni­cio­nes para per­tre­char­se a sí mis­ma; al mis­mo tiem­po, pro­cu­ra­rá obte­ner ayu­da extran­je­ra para refor­zar gra­dual­men­te el arma­men­to de sus tro­pas. Por eso, en las pos­tri­me­rías de la gue­rra, podrá empren­der una gue­rra de posi­cio­nes, ata­can­do las posi­cio­nes enemi­gas en las zonas ocu­pa­das. De este modo, la eco­no­mía del Japón se derrum­ba­rá a con­se­cuen­cia del pro­lon­ga­do des­gas­te cau­sa­do por la Gue­rra de resis­ten­cia de Chi­na, y sus tro­pas se des­mo­ra­li­za­rán en el cur­so de innu­me­ra­bles bata­llas exte­nuan­tes. En cuan­to a Chi­na, sus fuer­zas laten­tes de resis­ten­cia bro­ta­rán con pujan­za cre­cien­te y, en un inmen­so torren­te inin­te­rrum­pi­do, las masas popu­la­res revo­lu­cio­na­rias mar­cha­rán al fren­te para com­ba­tir por la liber­tad. Todos estos fac­to­res, coor­di­na­dos con otros, nos per­mi­ti­rán lan­zar los ata­ques fina­les y deci­si­vos con­tra las for­ti­fi­ca­cio­nes y bases del Japón en el terri­to­rio por él ocu­pa­do, y arro­jar de Chi­na a sus tro­pas inva­so­ras.

    La expe­rien­cia de los diez meses de Gue­rra de resis­ten­cia ha con­fir­ma­do la jus­te­za de las con­si­de­ra­cio­nes ante­rio­res, y el futu­ro segui­rá con­fir­mán­do­la.

  7. Ya el 25 de agos­to de 1937, a poco más de un mes del Inci­den­te de Lukou­chiao, el Comi­té Cen­tral del Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na seña­ló con cla­ri­dad en su Reso­lu­ción sobre la situa­ción actual y las tareas del par­ti­do:

    La pro­vo­ca­ción de los inva­so­res japo­ne­ses en Lukou­chiao y su ocu­pa­ción de Pei­ping y Tien­tsín no son más que el comien­zo de su ofen­si­va en gran esca­la con­tra el terri­to­rio chino al sur de la Gran Mura­lla. Los inva­so­res japo­ne­ses han ini­cia­do en su país la movi­li­za­ción gene­ral para la gue­rra. Su pro­pa­gan­da en el sen­ti­do de que no tie­nen «nin­gún deseo de agra­var la situa­ción» es sólo una cor­ti­na de humo para encu­brir su ofen­si­va.

    La resis­ten­cia ofre­ci­da el 7 de julio en Lukou­chiao seña­ló el pun­to de par­ti­da para la Gue­rra de resis­ten­cia de Chi­na en esca­la nacio­nal.

    La situa­ción polí­ti­ca de Chi­na ha entra­do así en una nue­va eta­pa: la resis­ten­cia efec­ti­va. Ya per­te­ne­ce al pasa­do la eta­pa de pre­pa­ra­ción para la resis­ten­cia. La tarea cen­tral de la actual eta­pa con­sis­te en movi­li­zar a todas las fuer­zas para obte­ner la vic­to­ria de la Gue­rra de resis­ten­cia.

    La cla­ve para la vic­to­ria resi­de hoy en desa­rro­llar la Gue­rra de resis­ten­cia ya ini­cia­da, con­vir­tién­do­la en una Gue­rra de resis­ten­cia gene­ral de toda la nación. Sólo median­te una gue­rra así, se podrá lograr la vic­to­ria final.

    Como en la actua­li­dad toda­vía exis­ten serias defi­cien­cias en la Gue­rra de resis­ten­cia, podrán pre­sen­tar­se en su cur­so futu­ro muchos des­ca­la­bros, retro­ce­sos, divi­sio­nes inter­nas, trai­cio­nes, com­pro­mi­sos tem­po­ra­les y par­cia­les y otras situa­cio­nes adver­sas. Por con­si­guien­te, debe­mos tener en cuen­ta que ésta será una gue­rra dura y pro­lon­ga­da. Pero esta­mos con­ven­ci­dos de que, gra­cias a los esfuer­zos de nues­tro par­ti­do y del pue­blo ente­ro, la Gue­rra de resis­ten­cia ya ini­cia­da barre­rá todos los obs­tácu­los para con­ti­nuar su avan­ce y desa­rro­llo.

    La expe­rien­cia de estos diez meses de Gue­rra de resis­ten­cia ha con­fir­ma­do igual­men­te la jus­te­za de estas con­si­de­ra­cio­nes, y el futu­ro segui­rá con­fir­mán­do­la.

  8. Las raí­ces gno­seo­ló­gi­cas de todos los con­cep­tos erró­neos sobre la gue­rra son las ten­den­cias idea­lis­ta y meca­ni­cis­ta. Quie­nes tie­nen estas ten­den­cias enfo­can el pro­ble­ma de mane­ra sub­je­ti­va y uni­la­te­ral. Se entre­gan a una char­la caren­te de todo fun­da­men­to y pura­men­te sub­je­ti­va, o bien, basán­do­se en un solo aspec­to o en una mani­fes­ta­ción tem­po­ral del pro­ble­ma, los exa­ge­ran tam­bién sub­je­ti­va­men­te, tomán­do­los por el todo. Aho­ra bien, hay dos cate­go­rías de con­cep­tos erró­neos: una com­pren­de los erro­res fun­da­men­ta­les y de carác­ter per­ma­nen­te, que son difí­ci­les de rec­ti­fi­car; la otra, los erro­res acci­den­ta­les y de carác­ter tem­po­ral, que son fáci­les de rec­ti­fi­car. Sin embar­go, como unos y otros son erro­res, todos tie­nen que ser rec­ti­fi­ca­dos. Por lo tan­to, sólo opo­nién­do­nos a las ten­den­cias idea­lis­ta y meca­ni­cis­ta en el pro­ble­ma de la gue­rra y exa­mi­nán­do­lo obje­ti­va­men­te y en todos sus aspec­tos, pode­mos lle­gar a con­clu­sio­nes correc­tas.

[next­pa­ge title="La base del pro­ble­ma"]

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La base del problema

  1. ¿Por qué la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón será una gue­rra pro­lon­ga­da? ¿Por qué per­te­ne­ce­rá a Chi­na la vic­to­ria final? ¿Cuál es la base en que se apo­yan estas afir­ma­cio­nes?

    La gue­rra chino-japo­ne­sa no es una gue­rra cual­quie­ra, sino una gue­rra a muer­te que se lle­va a cabo en los años 30 del siglo XX, entre la Chi­na semi­co­lo­nial y semi­feu­dal y el Japón impe­ria­lis­ta. Esta es la base de todo el pro­ble­ma. Ambos con­ten­dien­tes, que con­si­de­ra­re­mos por sepa­ra­do, pre­sen­tan nume­ro­sas carac­te­rís­ti­cas opues­tas entre sí.

  2. Japón. En pri­mer lugar, Japón es un pode­ro­so país impe­ria­lis­ta, que ocu­pa el pri­mer pues­to en Orien­te en cuan­to a pode­río mili­tar y eco­nó­mi­co y a capa­ci­dad polí­ti­co-orga­ni­za­ti­va, y es tam­bién una de las cin­co o seis poten­cias impe­ria­lis­tas más impor­tan­tes del mun­do. Estas son las con­di­cio­nes fun­da­men­ta­les para su gue­rra de agre­sión. La inevi­ta­bi­li­dad de esta gue­rra y la impo­si­bi­li­dad de una vic­to­ria rápi­da de Chi­na se deben pre­ci­sa­men­te al sis­te­ma impe­ria­lis­ta del Japón; a su gran pode­río mili­tar y eco­nó­mi­co y a su gran capa­ci­dad polí­ti­co-orga­ni­za­ti­va. Pero, en segun­do lugar, el carác­ter impe­ria­lis­ta del régi­men socio-eco­nó­mi­co del Japón deter­mi­na el carác­ter impe­ria­lis­ta ‑retró­gra­do y bár­ba­ro- de su gue­rra. En los años 30 del siglo XX, las con­tra­dic­cio­nes inter­nas y exter­nas del impe­ria­lis­mo japo­nés no sólo lo han obli­ga­do a empren­der una gue­rra aven­tu­re­ra de ampli­tud sin pre­ce­den­tes, sino que lo han lle­va­do al bor­de del derrum­ba­mien­to final. Des­de el pun­to de vis­ta del desa­rro­llo social, el Japón no es ya un país en ascen­so; la gue­rra no con­du­ci­rá a la pros­pe­ri­dad a que aspi­ran sus cla­ses domi­nan­tes, sino a lo con­tra­rio: la rui­na del impe­ria­lis­mo japo­nés. Esto es lo que enten­de­mos por natu­ra­le­za retró­gra­da de la gue­rra que hace el Japón. Dicha natu­ra­le­za, uni­da al carác­ter mili­tar-feu­dal del impe­ria­lis­mo japo­nés, da ori­gen a la par­ti­cu­lar bar­ba­rie con que rea­li­za esta gue­rra. Todo esto agu­di­za­rá al máxi­mo el anta­go­nis­mo entre las cla­ses del pro­pio Japón, el anta­go­nis­mo entre la nación japo­ne­sa y la chi­na y el anta­go­nis­mo entre el Japón y la mayo­ría de los paí­ses del mun­do. La natu­ra­le­za retró­gra­da y bár­ba­ra de la gue­rra del Japón cons­ti­tu­ye la razón prin­ci­pal de su inevi­ta­ble derro­ta. Pero esto no es todo. En ter­cer lugar, aun­que Japón con­du­ce la gue­rra sobre la base de su gran pode­río mili­tar y eco­nó­mi­co y su gran capa­ci­dad polí­ti­co-orga­ni­za­ti­va, esta base ado­le­ce, a su vez, de una defi­cien­cia que le es inhe­ren­te. El pode­río mili­tar y eco­nó­mi­co y la capa­ci­dad polí­ti­co-orga­ni­za­ti­va del Japón son gran­des, pero cuan­ti­ta­ti­va­men­te insu­fi­cien­tes. Por ser un país rela­ti­va­men­te peque­ño, el Japón tie­ne limi­ta­dos recur­sos huma­nos, mili­ta­res, finan­cie­ros y mate­ria­les, y no pue­de sopor­tar una gue­rra pro­lon­ga­da. Los gober­nan­tes japo­ne­ses tra­tan de resol­ver estas difi­cul­ta­des por medio de la gue­rra; pero aquí tam­bién obten­drán lo con­tra­rio de lo que desean; es decir, la gue­rra que han des­en­ca­de­na­do para solu­cio­nar estas difi­cul­ta­des ter­mi­na­rá por agra­var­las e inclu­so por ago­tar sus reser­vas ini­cia­les. Final­men­te y en cuar­to lugar, si bien el Japón pue­de obte­ner ayu­da exte­rior de los paí­ses fas­cis­tas, ha de encon­trar al mis­mo tiem­po fuer­zas de opo­si­ción inter­na­cio­na­les que sobre­pa­sa­rán a las fuer­zas que le pres­tan ayu­da des­de el exte­rior. Las pri­me­ras cre­ce­rán de for­ma gra­dual y, a la pos­tre, no sólo lle­ga­rán a anu­lar a las segun­das, sino que tam­bién pre­sio­na­rán sobre el pro­pio Japón. Aquí rige una ley que ema­na de la natu­ra­le­za mis­ma de la gue­rra que hace Japón: una cau­sa injus­ta encuen­tra esca­so apo­yo. En resu­men, la ven­ta­ja del Japón resi­de en su gran capa­ci­dad béli­ca, y sus des­ven­ta­jas, en la natu­ra­le­za retró­gra­da y bár­ba­ra de su gue­rra, en la insu­fi­cien­cia de sus recur­sos huma­nos y mate­ria­les y en el esca­so apo­yo inter­na­cio­nal con que cuen­ta. Estas son las carac­te­rís­ti­cas del Japón.
  3. Chi­na. En pri­mer lugar, el nues­tro es un país semi­co­lo­nial y semi­feu­dal. Des­de la Gue­rra del opio, pasan­do por la Gue­rra del Reino Celes­tial Tai­ping, el Movi­mien­to refor­mis­ta de 18986 y la Revo­lu­ción de 1911, has­ta la Expe­di­ción al nor­te, todos los movi­mien­tos revo­lu­cio­na­rios o refor­mis­tas que se pro­po­nían libe­rar a Chi­na de su esta­do semi­co­lo­nial y semi­feu­dal sufrie­ron serios reve­ses, y por eso Chi­na sigue sien­do un país semi­co­lo­nial y semi­feu­dal. Somos toda­vía un país débil y mani­fies­ta­men­te infe­rior al enemi­go en pode­río mili­tar y eco­nó­mi­co y en capa­ci­dad polí­ti­co-orga­ni­za­ti­va. Tam­bién en este pun­to encuen­tran su base la inevi­ta­bi­li­dad de la gue­rra y la impo­si­bi­li­dad de la vic­to­ria rápi­da de Chi­na. Pero, en segun­do lugar, el movi­mien­to de libe­ra­ción de Chi­na, que se ha desa­rro­lla­do ince­san­te­men­te duran­te los últi­mos cien años, es aho­ra dis­tin­to de lo que fue en cual­quier otro perío­do his­tó­ri­co. Si bien las diver­sas fuer­zas inter­nas y exter­nas que se opo­nen a ese movi­mien­to le han cau­sa­do serios reve­ses, éstos, a su vez, han tem­pla­do al pue­blo chino. Aun­que en el terreno mili­tar, eco­nó­mi­co, polí­ti­co y cul­tu­ral, la Chi­na de hoy no es tan fuer­te como el Japón, exis­ten ya en el país fac­to­res más pro­gre­sis­tas que en cual­quier otro perío­do de su his­to­ria. El Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na y el ejér­ci­to por él diri­gi­do repre­sen­tan esos fac­to­res. Y pre­ci­sa­men­te sobre la base de estos fac­to­res pro­gre­sis­tas, la actual gue­rra libe­ra­do­ra de Chi­na podrá ser pro­lon­ga­da y alcan­zar la vic­to­ria final. En con­tras­te con el deca­den­te impe­ria­lis­mo japo­nés, Chi­na es como el sol al nacer. La gue­rra de Chi­na es pro­gre­sis­ta, y de ahí su carác­ter jus­to. Por ser una gue­rra jus­ta, pue­de unir a toda la nación, des­per­tar la sim­pa­tía del pue­blo del país enemi­go y ganar el apo­yo de la mayo­ría de los paí­ses del mun­do. En ter­cer lugar, Chi­na es un país muy gran­de: vas­to terri­to­rio, abun­dan­tes recur­sos, inmen­sa pobla­ción y gran núme­ro de sol­da­dos; por con­si­guien­te, es capaz de sos­te­ner una gue­rra pro­lon­ga­da. Esto ofre­ce otro con­tras­te con el Japón. Final­men­te y en cuar­to lugar, el amplio apo­yo inter­na­cio­nal a Chi­na, pro­duc­to del carác­ter pro­gre­sis­ta y jus­to de su gue­rra, es, asi­mis­mo, exac­ta­men­te lo con­tra­rio del esca­so apo­yo a la injus­ta cau­sa del Japón. Para resu­mir, la des­ven­ta­ja de Chi­na resi­de en su debi­li­dad mili­tar, y sus ven­ta­jas, en el carác­ter pro­gre­sis­ta y jus­to de su gue­rra, en el hecho de que es un país gran­de y en el amplio apo­yo inter­na­cio­nal con que cuen­ta. Estas son las carac­te­rís­ti­cas de Chi­na.
  4. Así, pue­de ver­se que el Japón posee un gran pode­río mili­tar y eco­nó­mi­co y una gran capa­ci­dad polí­ti­co-orga­ni­za­ti­va, pero que su gue­rra es retró­gra­da y bár­ba­ra, sus recur­sos huma­nos y mate­ria­les, insu­fi­cien­tes, y su posi­ción inter­na­cio­nal, des­ven­ta­jo­sa. Chi­na, por el con­tra­rio dis­po­ne de un menor pode­río mili­tar y eco­nó­mi­co y de una capa­ci­dad polí­ti­co-orga­ni­za­ti­va infe­rior, pero se encuen­tra en una épo­ca de pro­gre­so y sos­tie­ne una gue­rra pro­gre­sis­ta y jus­ta; ade­más, es un país gran­de lo cual le per­mi­te man­te­ner una gue­rra pro­lon­ga­da, y la mayo­ría de los paí­ses del mun­do le brin­da­rán su apo­yo. Tales son las carac­te­rís­ti­cas bási­cas, con­tra­dic­to­rias entre sí, de la gue­rra chino-japo­ne­sa. Estas carac­te­rís­ti­cas han deter­mi­na­do y deter­mi­nan todas las medi­das polí­ti­cas, la estra­te­gia y tác­ti­ca mili­ta­res de ambos ban­dos: han deter­mi­na­do y deter­mi­nan el carác­ter pro­lon­ga­do de la gue­rra y el que la vic­to­ria final per­te­nez­ca a Chi­na y no al Japón. La gue­rra es una pug­na entre esas carac­te­rís­ti­cas, que irán cam­bian­do en el cur­so de la gue­rra, cada una de acuer­do con su pro­pia natu­ra­le­za, y todo lo que suce­da será con­se­cuen­cia de estos cam­bios. Estas carac­te­rís­ti­cas exis­ten en la reali­dad y no son una inven­ción para enga­ñar a la gen­te. Com­pren­den la tota­li­dad de los ele­men­tos bási­cos de la gue­rra, y no algu­nos aspec­tos incom­ple­tos y ais­la­dos. Pene­tran todos los pro­ble­mas de ambos ban­dos, gran­des y peque­ños, y todas las eta­pas de la gue­rra; no son en abso­lu­to algo insig­ni­fi­can­te. Si alguien olvi­da estas carac­te­rís­ti­cas al exa­mi­nar la gue­rra chino-japo­ne­sa, cier­ta­men­te se equi­vo­ca­rá. Aun­que algu­nas de sus opi­nio­nes pue­dan pare­cer correc­tas y ganar cré­di­to por un tiem­po, el cur­so de la gue­rra demos­tra­rá de segu­ro que son erró­neas. Basán­do­nos en estas carac­te­rís­ti­cas, pasa­re­mos aho­ra a expli­car todos los pro­ble­mas que nos pro­po­ne­mos exa­mi­nar.

[next­pa­ge title="Refutación de la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal"]

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Refutación de la teoría de la subyugación nacional

  1. Los par­ti­da­rios de la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal, no vien­do más que el con­tras­te entre la for­ta­le­za del enemi­go y nues­tra debi­li­dad, solían decir: «La resis­ten­cia sig­ni­fi­ca la sub­yu­ga­ción inevi­ta­ble». Y aho­ra andan dicien­do: «La con­ti­nua­ción de la gue­rra sig­ni­fi­ca la sub­yu­ga­ción inevi­ta­ble». No podre­mos con­ven­cer­los con sólo afir­mar que el Japón, aun­que fue­re, es peque­ño, en tan­to que Chi­na, aun­que débil, es gran­de. Pue­den traer a cola­ción ejem­plos his­tó­ri­cos como la con­quis­ta de la dinas­tía Sung por la dinas­tía Yuan y de la dinas­tía Ming por la dinas­tía Ching, para demos­trar que un país peque­ño pero fuer­te pue­de sub­yu­gar a un país gran­de pero débil, y que inclu­so un país atra­sa­do pue­de some­ter a uno avan­za­do. Si deci­mos que estos hechos suce­die­ron en tiem­pos anti­guos y que no pue­den ser­vir de argu­men­to, ellos podrán citar el caso de la sub­yu­ga­ción de la India por Ingla­te­rra, para demos­trar que un país capi­ta­lis­ta peque­ño pero fuer­te pue­de some­ter a un país atra­sa­do, gran­de pero débil. Por con­si­guien­te, debe­mos pre­sen­tar aún otras razo­nes para tapar la boca a todos los par­ti­da­rios de la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal y con­ven­cer­los, así como para pro­por­cio­nar sufi­cien­tes argu­men­tos a todos aque­llos que se dedi­can a la pro­pa­gan­da, de modo que pue­dan per­sua­dir a los que aún se hallan con­fu­sos o vaci­lan­tes y for­ta­le­cer su fe en la Gue­rra de resis­ten­cia.
  2. ¿Qué argu­men­tos debe­mos pre­sen­tar? Las carac­te­rís­ti­cas de la épo­ca, que se refle­jan con­cre­ta­men­te en lo retró­gra­do del Japón y de esca­so apo­yo que obtie­ne, y en lo pro­gre­sis­ta de Chi­na y el amplio apo­yo con que cuen­ta.
  3. Nues­tra gue­rra no es una gue­rra cual­quie­ra, sino una gue­rra entre Chi­na y el Japón en los años 30 del siglo XX. Por su par­te, nues­tro enemi­go es, antes que nada, un país impe­ria­lis­ta mori­bun­do; se encuen­tra ya en la épo­ca de su deca­den­cia y no sólo es dis­tin­to de la Ingla­te­rra de la épo­ca en que ésta sub­yu­gó a la India, cuan­do el capi­ta­lis­mo inglés aún se encon­tra­ba en ascen­so, sino tam­bién dis­tin­to de lo que él mis­mo era hace vein­te años, en la épo­ca de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial. La gue­rra actual ha sido desata­da en vís­pe­ras del derrum­ba­mien­to gene­ral del impe­ria­lis­mo mun­dial y, ante todo, de los paí­ses fas­cis­tas. Y éste es pre­ci­sa­men­te el moti­vo por el cual el enemi­go se ha lan­za­do a esta gue­rra aven­tu­re­ra, que revis­te el carác­ter de un últi­mo y deses­pe­ra­do for­ce­jeo. Por con­si­guien­te, no será Chi­na, sino los círcu­los gober­nan­tes del impe­ria­lis­mo japo­nés los que que­da­rán des­trui­dos como resul­ta­do inevi­ta­ble de la gue­rra. Más aún, el Japón ha empren­di­do esta gue­rra en momen­tos en que los diver­sos paí­ses de la Tie­rra ya están o pron­to esta­rán envuel­tos en una gue­rra; todo el mun­do está luchan­do o pre­pa­rán­do­se para luchar con­tra la bár­ba­ra agre­sión, y los intere­ses de Chi­na están liga­dos con los de la mayo­ría de los paí­ses y pue­blos de la Tie­rra. Esta es la cau­sa fun­da­men­tal de la opo­si­ción que el Japón ha des­per­ta­do y con­ti­nua­rá des­per­tan­do con cre­cien­te inten­si­dad en la mayo­ría de los paí­ses y pue­blos del mun­do.
  4. ¿Y Chi­na? La Chi­na de hoy ya no pue­de com­pa­rar­se con la de nin­gún otro perío­do his­tó­ri­co. Su ras­go carac­te­rís­ti­co es el de una socie­dad semi­co­lo­nial y semi­feu­dal, y por eso Chi­na es con­si­de­ra­da como país débil. Pero, al mis­mo tiem­po, se encuen­tra en una épo­ca de pro­gre­so en su his­to­ria. Esta es la razón prin­ci­pal de su capa­ci­dad para derro­tar al Japón. Cuan­do deci­mos que la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón es pro­gre­sis­ta, no que­re­mos decir que lo sea en un sen­ti­do corrien­te y gene­ral, no nos refe­ri­mos a un carác­ter pro­gre­sis­ta como el de la gue­rra de Abi­si­nia con­tra el inva­sor ita­liano o como el de la Gue­rra del Reino Celes­tial Tai­ping o de la Revo­lu­ción de 1911, sino al carác­ter pro­gre­sis­ta de la Chi­na de hoy. ¿En qué sen­ti­do es pro­gre­sis­ta la Chi­na de hoy? En que ya no es un país total­men­te feu­dal y tie­ne ya capi­ta­lis­mo, una bur­gue­sía y un pro­le­ta­ria­do, amplias masas popu­la­res que han des­per­ta­do o están des­per­tan­do, un Par­ti­do Comu­nis­ta, un ejér­ci­to polí­ti­ca­men­te pro­gre­sis­ta ‑el Ejér­ci­to Rojo de Chi­na diri­gi­do por el Par­ti­do Comunista‑, y la tra­di­ción y expe­rien­cia de muchas déca­das de revo­lu­ción, en espe­cial la expe­rien­cia de los die­ci­sie­te años trans­cu­rri­dos des­de la fun­da­ción del Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na. Esta expe­rien­cia ha edu­ca­do al pue­blo y a los par­ti­dos polí­ti­cos de Chi­na, y hoy cons­ti­tu­ye pre­ci­sa­men­te la base de la uni­dad para resis­tir al Japón. Si pue­de decir­se que en Rusia no habría sido posi­ble la vic­to­ria de 1917 sin la expe­rien­cia de 1905, tam­bién pode­mos afir­mar que sin la expe­rien­cia de los últi­mos die­ci­sie­te años sería impo­si­ble la vic­to­ria de la Gue­rra de resis­ten­cia. Estas son las con­di­cio­nes inter­nas.

    Las con­di­cio­nes inter­na­cio­na­les hacen que Chi­na no esté ais­la­da en la gue­rra, y esto tam­po­co tie­ne pre­ce­den­tes en la his­to­ria. En el pasa­do, tan­to las gue­rras de Chi­na como las de la India se rea­li­za­ron en el ais­la­mien­to. Sólo hoy nos encon­tra­mos con que han sur­gi­do o están sur­gien­do en el mun­do ente­ro movi­mien­tos popu­la­res de ampli­tud y pro­fun­di­dad sin igual, y con­ta­mos con su apo­yo. La Revo­lu­ción de 1917 en Rusia tam­bién encon­tró apo­yo en todo el mun­do, y así triun­fa­ron los obre­ros y cam­pe­si­nos rusos. Pero ese apo­yo no fue tan amplio ni de natu­ra­le­za tan pro­fun­da como el que hoy reci­bi­mos noso­tros. Los movi­mien­tos popu­la­res del mun­do se desa­rro­llan hoy con una ampli­tud y pro­fun­di­dad incom­pa­ra­bles. En la actual polí­ti­ca inter­na­cio­nal, es un fac­tor par­ti­cu­lar­men­te impor­tan­te la exis­ten­cia de la Unión Sovié­ti­ca, que sin duda ayu­da­rá a Chi­na con el máxi­mo entu­sias­mo. Este fac­tor no exis­tía en abso­lu­to hace vein­te años. Todo esto en su con­jun­to ha crea­do y crea impor­tan­tes con­di­cio­nes indis­pen­sa­bles para la vic­to­ria final de Chi­na. Has­ta aho­ra toda­vía no ha habi­do una ayu­da direc­ta y de gran mag­ni­tud, que solo ven­drá en el futu­ro, pero sien­do un país gran­de y pro­gre­sis­ta, Chi­na pue­de sos­te­ner una gue­rra pro­lon­ga­da y pro­mo­ver y espe­rar la ayu­da inter­na­cio­nal.

  5. A esto debe aña­dir­se que, mien­tras el Japón es un país peque­ño ‑redu­ci­do terri­to­rio, esca­sos recur­sos, limi­ta­da pobla­ción y un núme­ro insu­fi­cien­te de soldados‑, Chi­na es un país gran­de ‑vas­to terri­to­rio, abun­dan­tes recur­sos, inmen­sa pobla­ción y gran núme­ro de sol­da­dos-. Así, apar­te del con­tras­te entre la for­ta­le­za y la debi­li­dad, exis­te tam­bién el con­tras­te entre un país peque­ño, en deca­den­cia y con esca­so apo­yo, por una par­te, y un país gran­de, en pro­gre­so y con amplio apo­yo, por la otra. Esta es la razón por la cual Chi­na jamás será sub­yu­ga­da. El con­tras­te entre la for­ta­le­za y la debi­li­dad deter­mi­na que el Japón pue­da come­ter tro­pe­lías en Chi­na duran­te cier­to perío­do y en cier­ta medi­da, que Chi­na haya de reco­rrer inelu­di­ble­men­te un tre­cho de camino difí­cil y que la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón sea una gue­rra pro­lon­ga­da y no de deci­sión rápi­da; sin embar­go, el con­tras­te entre un país peque­ño, en deca­den­cia y con esca­so apo­yo, por una par­te, y un país gran­de, en pro­gre­so y con amplio apo­yo, por la otra, deter­mi­na que el Japón no pue­da atro­pe­llar eter­na­men­te a Chi­na y esté con­de­na­do a la derro­ta final, y que Chi­na nun­ca pue­da ser sub­yu­ga­da y ten­ga segu­ra la vic­to­ria final.
  6. ¿Por qué Abi­si­nia fue sub­yu­ga­da? Pri­me­ro, no sólo era un país débil, sino tam­bién peque­ño. Segun­do, no era tan pro­gre­sis­ta como Chi­na; era un país anti­guo que esta­ba pasan­do del régi­men de escla­vi­tud al de ser­vi­dum­bre, un país en que no había capi­ta­lis­mo ni par­ti­dos polí­ti­cos bur­gue­ses, por no hablar ya de un Par­ti­do Comu­nis­ta, ni había un ejér­ci­to como el de Chi­na, y mucho menos como el VIII Ejér­ci­to. Ter­ce­ro, no pudo resis­tir lo sufi­cien­te como para obte­ner la ayu­da inter­na­cio­nal y tuvo que luchar ais­la­da. Cuar­to, y esto es lo prin­ci­pal, se come­tie­ron erro­res en la direc­ción de su gue­rra con­tra los inva­so­res ita­lia­nos. Por eso Abi­si­nia fue sub­yu­ga­da. Pero aún exis­te allí una gue­rra de gue­rri­llas bas­tan­te amplia que, si se man­tie­ne con fir­me­za, per­mi­ti­rá a los abi­si­nios recu­pe­rar la inde­pen­den­cia de su patria en el futu­ro, cuan­do cam­bie la situa­ción mun­dial.
  7. Si los par­ti­da­rios de la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal citan ejem­plos de los fra­ca­sos del movi­mien­to de libe­ra­ción en la Chi­na moder­na para jus­ti­fi­car sus ase­ve­ra­cio­nes de que «la resis­ten­cia sig­ni­fi­ca la sub­yu­ga­ción inevi­ta­ble» y de que «la con­ti­nua­ción de la gue­rra sig­ni­fi­ca la sub­yu­ga­ción inevi­ta­ble», nues­tra res­pues­ta será igual­men­te una sola fra­se: los tiem­pos son dis­tin­tos. La pro­pia Chi­na, el Japón y la situa­ción inter­na­cio­nal son dis­tin­tos aho­ra. El Japón se ha hecho más fuer­te que antes, mien­tras Chi­na, en su con­di­ción inal­te­ra­da de país semi­co­lo­nial y semi­feu­dal, sigue sien­do bas­tan­te débil. Esta es una gra­ve cir­cuns­tan­cia. Tam­bién es un hecho que los gober­nan­tes del Japón, por el momen­to, aún pue­den man­te­ner bajo el yugo a su pue­blo y apro­ve­char­se de las con­tra­dic­cio­nes inter­na­cio­na­les para inva­dir a Chi­na. Pero, en el cur­so de una gue­rra lar­ga, se pro­du­ci­rán inevi­ta­ble­men­te cam­bios en sen­ti­do con­tra­rio. En la actua­li­dad, estos cam­bios no son toda­vía una reali­dad, pero lo serán sin duda en el futu­ro. Este pun­to lo pasan por alto los par­ti­da­rios de la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal. ¿Y Chi­na? Ya tie­ne nue­vos hom­bres, un nue­vo par­ti­do polí­ti­co, un nue­vo ejér­ci­to y una nue­va polí­ti­ca, la resis­ten­cia al Japón. Esta situa­ción es muy dis­tin­ta a la de hace más de diez años y, lo que es más, expe­ri­men­ta­rá inevi­ta­ble­men­te nue­vos pro­gre­sos. Es cier­to que, en la his­to­ria de Chi­na, los movi­mien­tos de libe­ra­ción han sufri­do una y otra vez serios des­ca­la­bros, y por ello nues­tro país no ha podi­do acu­mu­lar una mayor fuer­za para la actual Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón (ésta es una lec­ción his­tó­ri­ca extre­ma­da­men­te dolo­ro­sa; ¡que en lo suce­si­vo los chi­nos no vuel­van jamás a des­truir nin­gu­na de sus pro­pias fuer­zas revo­lu­cio­na­rias!); no obs­tan­te, sobre la base actual y hacien­do gran­des esfuer­zos, podre­mos sin duda avan­zar gra­dual­men­te y acre­cen­tar nues­tra fuer­za para la resis­ten­cia. El gran fren­te úni­co nacio­nal anti­ja­po­nés es pre­ci­sa­men­te la direc­ción gene­ral hacia la cual deben orien­tar­se todos estos esfuer­zos. En cuan­to al apo­yo inter­na­cio­nal, aun­que has­ta aho­ra no hemos reci­bi­do una ayu­da direc­ta y con­si­de­ra­ble, dicha ayu­da está pre­pa­rán­do­se, ya que la situa­ción inter­na­cio­nal es fun­da­men­tal­men­te dis­tin­ta a la del pasa­do. Los innu­me­ra­bles fra­ca­sos en el movi­mien­to de libe­ra­ción de la Chi­na moder­na tuvie­ron sus cau­sas obje­ti­vas y sub­je­ti­vas, pero ni en uno ni en otro aspec­to es posi­ble la com­pa­ra­ción con la pre­sen­te situa­ción. En la actua­li­dad, aun­que exis­ten muchas con­di­cio­nes des­fa­vo­ra­bles que deter­mi­nan el carác­ter arduo de la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón como por ejem­plo la for­ta­le­za del enemi­go y nues­tra debi­li­dad, y el hecho de que sus difi­cul­ta­des ape­nas comien­zan, en tan­to que nues­tro pro­gre­so dis­ta mucho de ser sufi­cien­te, exis­ten sin embar­go muchas con­di­cio­nes favo­ra­bles para ven­cer al enemi­go; bas­ta agre­gar a ellas nues­tros pro­pios esfuer­zos para que poda­mos supe­rar las difi­cul­ta­des y lograr la vic­to­ria. Por estas con­di­cio­nes favo­ra­bles, nin­gún perío­do en la his­to­ria de Chi­na pue­de com­pa­rar­se con el actual, y de aquí la razón por la cual la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón, a dife­ren­cia de los movi­mien­tos de libe­ra­ción del pasa­do, no ter­mi­na­rá en el fra­ca­so.

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¿Compromiso o resistencia? ¿Corrupción o progreso?

  1. Ya hemos demos­tra­do que la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal es infun­da­da. Pero exis­ten muchas per­so­nas que, sin ser par­ti­da­rias de esta teo­ría, sino patrio­tas se sien­ten pro­fun­da­men­te preo­cu­pa­das por la situa­ción pre­sen­te. Sus pro­ble­mas son dos: el temor a un com­pro­mi­so con el Japón y la duda res­pec­to a la posi­bi­li­dad de pro­gre­so polí­ti­co en Chi­na. Estos dos inquie­tan­tes pro­ble­mas siguen sien­do obje­to de una amplia dis­cu­sión y no se ha encon­tra­do base algu­na para su solu­ción. Estu­dié­mos­los aho­ra.
  2. Como se ha dicho ante­rior­men­te, el pro­ble­ma del com­pro­mi­so tie­ne sus raí­ces socia­les. Mien­tras exis­tan dichas raí­ces, nece­sa­ria­men­te ten­drá que pre­sen­tar­se esta cues­tión. Sin embar­go, el com­pro­mi­so no se hará reali­dad. Para demos­trar­lo, sólo nece­si­ta­mos, una vez más, bus­car las razo­nes en la situa­ción del Japón, en la de Chi­na y en la situa­ción inter­na­cio­nal. En pri­mer lugar, vea­mos el Japón. Ya al comien­zo de la Gue­rra de resis­ten­cia esti­ma­mos que lle­ga­ría el momen­to en que sur­gi­ría una atmós­fe­ra con­du­cen­te al com­pro­mi­so, o sea, que el enemi­go, lue­go de ocu­par el nor­te y las pro­vin­cias de Chiang­sú y Che­chiang, podría tra­tar de indu­cir a Chi­na a la capi­tu­la­ción. Más tar­de, en efec­to, así lo hizo. Pero la cri­sis ter­mi­nó muy pron­to, sien­do una de las cau­sas el hecho de que el enemi­go apli­có una bár­ba­ra polí­ti­ca por todas par­tes y prac­ti­có el pilla­je desem­bo­za­do. Si Chi­na hubie­se capi­tu­la­do, todos los chi­nos se habrían con­ver­ti­do en escla­vos colo­nia­les. La polí­ti­ca de rapi­ña del enemi­go, polí­ti­ca de sub­yu­ga­ción de Chi­na, tie­ne dos aspec­tos, el mate­rial y el espi­ri­tual, y se apli­ca a todos los chi­nos sin excep­ción, no sólo a las masas popu­la­res sino tam­bién a las capas supe­rio­res de la socie­dad. Por supues­to, estas últi­mas son tra­ta­das con cier­ta mode­ra­ción, pero sólo hay una dife­ren­cia de gra­do, y no de prin­ci­pio. En gene­ral, el enemi­go uti­li­za en el inte­rior de Chi­na los mis­mos pro­ce­di­mien­tos que ha veni­do apli­can­do en las tres pro­vin­cias del nor­des­te. En el plano mate­rial, roba a la gen­te sen­ci­lla has­ta los ali­men­tos y la ropa, con­de­nan­do a las amplias masas al ham­bre y al frío; saquea los medios de pro­duc­ción, arrui­nan­do y escla­vi­zan­do así la indus­tria nacio­nal de Chi­na. En el plano espi­ri­tual, el enemi­go tra­ba­ja para des­truir la con­cien­cia nacio­nal del pue­blo chino. Bajo la ban­de­ra del «sol nacien­te», los chi­nos no podrían ser sino sier­vos sumi­sos, bes­tias de car­ga, y a nadie se le per­mi­ti­ría la más míni­ma mani­fes­ta­ción de espí­ri­tu nacio­nal. El enemi­go tra­ta­rá de lle­var esta bár­ba­ra polí­ti­ca has­ta lo más pro­fun­do del país. En su vora­ci­dad, no quie­re dete­ner la gue­rra. Como es inevi­ta­ble, la polí­ti­ca pro­cla­ma­da por el gabi­ne­te japo­nés en su decla­ra­ción del 16 de enero de l9387 sigue sien­do apli­ca­da obs­ti­na­da­men­te, lo que ha pro­vo­ca­do una gran indig­na­ción entre todas las capas de la pobla­ción de Chi­na. Esta indig­na­ción es ori­gi­na­da por el carác­ter retró­gra­do y bár­ba­ro de la gue­rra que sos­tie­ne el enemi­go, y como «nadie esca­pa a su des­tino», esa indig­na­ción ha cris­ta­li­za­do en una hos­ti­li­dad abso­lu­ta. Es de supo­ner que en un momen­to deter­mi­na­do, el enemi­go vol­ve­rá a tra­tar de indu­cir a Chi­na a capi­tu­lar, y que algu­nos par­ti­da­rios de la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal sal­drán de nue­vo a la super­fi­cie y muy pro­ba­ble­men­te se con­fa­bu­la­rán con cier­tos ele­men­tos del extran­je­ro (tales ele­men­tos pue­den encon­trar­se en Ingla­te­rra, los EE.UU. y Fran­cia, en espe­cial en las capas supe­rio­res de Ingla­te­rra), como socios de su empre­sa cri­mi­nal. Pero la ten­den­cia gene­ral de los acon­te­ci­mien­tos no per­mi­ti­rá la capi­tu­la­ción; una de las razo­nes de ello es el carác­ter obs­ti­na­do y par­ti­cu­lar­men­te bár­ba­ro de la gue­rra que hace Japón.
  3. En segun­do lugar, vea­mos Chi­na. En Chi­na hay tres fac­to­res que con­tri­bu­yen a su per­se­ve­ran­cia en la Gue­rra de resis­ten­cia. Pri­me­ro, el Par­ti­do Comu­nis­ta, fuer­za segu­ra que diri­ge al pue­blo en la resis­ten­cia al Japón. Segun­do, el Kuo­min­tang, que depen­de de Ingla­te­rra y los EE.UU., y por ello no capi­tu­la­rá ante el Japón a menos que estos paí­ses le orde­nen hacer­lo. Final­men­te, los otros par­ti­dos y gru­pos polí­ti­cos, la mayo­ría de los cua­les se opo­nen al com­pro­mi­so y apo­yan la Gue­rra de resis­ten­cia. Estas tres fuer­zas ya están uni­das; cual­quie­ra de ellas que pre­ten­da un com­pro­mi­so se ali­nea­rá con los cola­bo­ra­cio­nis­tas, y todo el mun­do ten­drá dere­cho a cas­ti­gar­la. A todos aque­llos que no quie­ran ser trai­do­res no les que­da otra alter­na­ti­va que unir­se para lle­var fir­me­men­te la Gue­rra de resis­ten­cia has­ta el fin; por eso, el com­pro­mi­so difí­cil­men­te podrá rea­li­zar­se.
  4. En ter­cer lugar, vea­mos la situa­ción inter­na­cio­nal. Con excep­ción de los alia­dos del Japón y de cier­tos ele­men­tos de las capas supe­rio­res de otros paí­ses capi­ta­lis­tas, el mun­do ente­ro está a favor de la resis­ten­cia de Chi­na, y no del com­pro­mi­so. Este fac­tor refuer­za nues­tras espe­ran­zas. Hoy, el pue­blo ente­ro espe­ra con­fia­da­men­te que las fuer­zas inter­na­cio­na­les brin­da­rán a Chi­na una ayu­da cre­cien­te. Esta no es una espe­ran­za vana; la exis­ten­cia de la Unión Sovié­ti­ca es un estí­mu­lo espe­cial para Chi­na en su Gue­rra de resis­ten­cia. La Unión Sovié­ti­ca, país socia­lis­ta, aho­ra más fuer­te que nun­ca, ha com­par­ti­do siem­pre con Chi­na penas y ale­grías. En direc­to con­tras­te con todos los paí­ses capi­ta­lis­tas, en que los ele­men­tos de las capas supe­rio­res de la socie­dad sólo bus­can ganan­cias, la Unión Sovié­ti­ca con­si­de­ra como su deber pres­tar ayu­da a todas las nacio­nes débi­les y peque­ñas y apo­yar todas las gue­rras revo­lu­cio­na­rias. El que la gue­rra de Chi­na no se encuen­tre ais­la­da se debe no sólo a la ayu­da inter­na­cio­nal en gene­ral, sino espe­cial­men­te a la de la Unión Sovié­ti­ca. Chi­na es un país limí­tro­fe de la Unión Sovié­ti­ca, lo cual agra­va la cri­sis del Japón y faci­li­ta nues­tra Gue­rra de resis­ten­cia. La cer­ca­nía de Chi­na con el Japón aumen­ta las difi­cul­ta­des de nues­tra resis­ten­cia, pero su pro­xi­mi­dad con la Unión Sovié­ti­ca es una con­di­ción favo­ra­ble para ella.
  5. De lo dicho pode­mos dedu­cir que el peli­gro de com­pro­mi­so exis­te pero pue­de ser supe­ra­do. Pues, aun­que el enemi­go pue­da modi­fi­car en cier­ta medi­da su polí­ti­ca, es impo­si­ble que la alte­re radi­cal­men­te. Si bien exis­ten en Chi­na raí­ces socia­les para el com­pro­mi­so, los que a él se opo­nen cons­ti­tu­yen la inmen­sa mayo­ría. Aun­que en el plano inter­na­cio­nal hay tam­bién algu­nas fuer­zas que están a favor del com­pro­mi­so, las fuer­zas prin­ci­pa­les son par­ti­da­rias de la resis­ten­cia. La com­bi­na­ción de estos tres fac­to­res hace posi­ble supe­rar el peli­gro de com­pro­mi­so y per­sis­tir has­ta el fin en la Gue­rra de resis­ten­cia.
  6. Aho­ra vamos a con­tes­tar la segun­da cues­tión. El pro­gre­so polí­ti­co en el país es inse­pa­ra­ble de la per­se­ve­ran­cia en la Gue­rra de resis­ten­cia. Cuan­to mayor sea este pro­gre­so, tan­to más podre­mos per­se­ve­rar en la Gue­rra de resis­ten­cia; cuan­to más per­sis­ta­mos en ella tan­to mayor será el pro­gre­so polí­ti­co. Sin embar­go, aquí lo fun­da­men­tal será la per­se­ve­ran­cia en la Gue­rra de resis­ten­cia. En los diver­sos aspec­tos de la acti­vi­dad del Kuo­min­tang, exis­ten serios fenó­me­nos nega­ti­vos; y la acu­mu­la­ción, en el trans­cur­so de los años, de estos injus­ti­fi­ca­bles fac­to­res ha pro­vo­ca­do gran inquie­tud y zozo­bra entre las amplias filas de los patrio­tas. Pero no hay razón para el pesi­mis­mo, pues la expe­rien­cia de la Gue­rra de resis­ten­cia ha demos­tra­do que el pue­blo chino ha hecho en los últi­mos diez meses pro­gre­sos que en el pasa­do habrían exi­gi­do muchos años. Si bien la corrup­ción, acu­mu­la­da duran­te lar­gos años, retar­da seria­men­te el cre­ci­mien­to de la fuer­za del pue­blo para resis­tir al Japón, redu­cien­do así el núme­ro de nues­tras vic­to­rias y cau­sán­do­nos pér­di­das en la gue­rra, la situa­ción gene­ral en Chi­na, en el Japón y en el mun­do es tal que el pue­blo chino no pue­de sino pro­gre­sar. Pero como exis­te la corrup­ción, fac­tor que estor­ba el pro­gre­so, éste será len­to. El pro­gre­so y su rit­mo len­to son dos ras­gos carac­te­rís­ti­cos de la situa­ción actual, y que el segun­do no con­cuer­de con las urgen­tes exi­gen­cias de la gue­rra preo­cu­pa mucho a los patrio­tas chi­nos. Pero nos encon­tra­mos en medio de una gue­rra revo­lu­cio­na­ria, y la gue­rra revo­lu­cio­na­ria es una anti­to­xi­na, que no sólo des­trui­rá el veneno del enemi­go, sino que tam­bién nos depu­ra­rá de toda inmun­di­cia. Toda gue­rra jus­ta, revo­lu­cio­na­ria, está dota­da de una fuer­za inmen­sa, capaz de trans­for­mar muchas cosas o de abrir el camino a su trans­for­ma­ción. La gue­rra chino-japo­ne­sa trans­for­ma­rá a Chi­na y al Japón. Siem­pre que Chi­na per­sis­ta en la Gue­rra de resis­ten­cia y en el fren­te úni­co, el vie­jo Japón se con­ver­ti­rá en un nue­vo Japón, y la vie­ja Chi­na, en una nue­va Chi­na, y tan­to en un país como en el otro, hom­bres y cosas se trans­for­ma­rán en el cur­so de esta gue­rra y des­pués de ella. Por lo tan­to, tene­mos razón al con­si­de­rar la Gue­rra de resis­ten­cia y la edi­fi­ca­ción del país como vin­cu­la­das entre sí. Al decir que Japón tam­bién pue­de ser trans­for­ma­do, nos refe­ri­mos a que la gue­rra de agre­sión sos­te­ni­da por sus gober­nan­tes ter­mi­na­rá en una derro­ta y pue­de sus­ci­tar la revo­lu­ción del pue­blo japo­nés. El día en que triun­fe la revo­lu­ción del pue­blo japo­nés, será el momen­to de la trans­for­ma­ción del Japón. Esto está estre­cha­men­te vin­cu­la­do con la Gue­rra de resis­ten­cia de Chi­na y es una pers­pec­ti­va que no debe­mos per­der de vis­ta.

[next­pa­ge title="La teo­ría de la vic­to­ria rápi­da es tan erró­nea, como la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal"]

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La teoría de la victoria rápida es tan errónea, como la teoría de la subyugación nacional

  1. Hemos some­ti­do ya a un estu­dio com­pa­ra­ti­vo las par­ti­cu­la­ri­da­des fun­da­men­ta­les, recí­pro­ca­men­te con­tra­dic­to­rias, de nues­tro país y del enemi­go, que con­sis­ten en que Japón es un país fuer­te, pero peque­ño, que se encuen­tra en deca­den­cia y no cuen­ta sino con un esca­so apo­yo exte­rior, y que Chi­na es un país débil, pero gran­de, que atra­vie­sa una épo­ca de pro­gre­so y goza de amplio apo­yo inter­na­cio­nal. Con ello hemos refu­ta­do la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal y expli­ca­do por qué es poco pro­ba­ble el com­pro­mi­so y por qué es posi­ble el pro­gre­so polí­ti­co en Chi­na. Los par­ti­da­rios de la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal sólo acen­túan la con­tra­dic­ción entre lo fuer­te y lo débil, y la inflan has­ta con­ver­tir­la en la base de su argu­men­ta­ción sobre todo el pro­ble­ma, sin tener en cuen­ta las otras con­tra­dic­cio­nes. Sub­ra­yar úni­ca­men­te el con­tras­te entre lo fuer­te y lo débil indi­ca la uni­la­te­ra­li­dad de su pen­sa­mien­to, y exa­ge­rar este úni­co aspec­to de la cues­tión, tomán­do­lo por el todo, deno­ta a su vez su sub­je­ti­vis­mo. Por lo tan­to, si se mira la cues­tión en su con­jun­to, se verá que su teo­ría care­ce de fun­da­men­to y que están equi­vo­ca­dos. En cuan­to a los que no com­par­ten la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal ni son pesi­mis­tas empe­der­ni­dos, pero cuyo esta­do de áni­mo es por el momen­to pesi­mis­ta, sim­ple­men­te por­que están con­fun­di­dos por la dis­pa­ri­dad entre nues­tra fuer­za y la del enemi­go en un momen­to deter­mi­na­do y en cier­tos aspec­tos o por la corrup­ción que exis­te den­tro del país debe­mos seña­lar­les que el ori­gen de su pun­to de vis­ta es tam­bién la uni­la­te­ra­li­dad y el sub­je­ti­vis­mo. Pero en su caso, la correc­ción es rela­ti­va­men­te fácil; bas­ta con mos­trar­les sus erro­res para que com­pren­dan, por­que son patrio­tas y sus erro­res son sólo momen­tá­neos.
  2. No obs­tan­te, los par­ti­da­rios de la teo­ría de la vic­to­ria rápi­da tam­bién están equi­vo­ca­dos. Bien se olvi­dan por com­ple­to de la con­tra­dic­ción entre lo fuer­te y lo débil y se acuer­dan tan sólo de las demás con­tra­dic­cio­nes; o bien exa­ge­ran las ven­ta­jas de Chi­na más allá de toda reali­dad, pre­sen­tán­do­las de mane­ra defor­ma­da; o toman la corre­la­ción de fuer­zas en un momen­to y lugar dados por la situa­ción en su con­jun­to ‑como se dice, «una hoja ante los ojos impi­de ver la mon­ta­ña Tais­han»-, y creen estar en lo cier­to. En una pala­bra, care­cen de valor para admi­tir que el enemi­go es fuer­te en tan­to que noso­tros somos débi­les. A menu­do nie­gan esto, borran­do así un aspec­to de la ver­dad. Tam­po­co tie­nen el valor nece­sa­rio para admi­tir las limi­ta­cio­nes de nues­tras pro­pias ven­ta­jas, y así borran otro aspec­to de la ver­dad. Por con­si­guien­te, come­ten erro­res, gran­des o peque­ños, y aquí, una vez más, el mal se debe al sub­je­ti­vis­mo y la uni­la­te­ra­li­dad. Estos ami­gos tie­nen bue­nas inten­cio­nes y tam­bién son patrio­tas. Pero, aun­que «las aspi­ra­cio­nes de sus mer­ce­des son en ver­dad ele­va­das», su for­ma de abor­dar los pro­ble­mas no es acer­ta­da, y nos estre­lla­ría­mos con­tra el muro si actuá­ra­mos de acuer­do con lo que dicen. Pues, si las apre­cia­cio­nes no con­cuer­dan con la reali­dad, la acción no pue­de alcan­zar su obje­ti­vo; y obs­ti­nar­se en actuar así sig­ni­fi­ca la derro­ta del ejér­ci­to y la sub­yu­ga­ción de la nación, y el resul­ta­do será el mis­mo que en el caso de los derro­tis­tas. De ahí que la teo­ría de la vic­to­ria rápi­da tam­po­co sir­va para nada.
  3. ¿Nega­mos el peli­gro de sub­yu­ga­ción nacio­nal? No, no lo nega­mos. Reco­no­ce­mos que ante Chi­na se ofre­cen dos pers­pec­ti­vas posi­bles: libe­ra­ción o sub­yu­ga­ción, y que ambas se encuen­tran en vio­len­to con­flic­to. Nues­tra tarea es lograr la libe­ra­ción y evi­tar la sub­yu­ga­ción. Las con­di­cio­nes para la libe­ra­ción son: el pro­gre­so de Chi­na, que es lo fun­da­men­tal, las difi­cul­ta­des del enemi­go y la ayu­da inter­na­cio­nal. A dife­ren­cia de los par­ti­da­rios de la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal, noso­tros, abor­dan­do la cues­tión obje­ti­va­men­te y en todos sus aspec­tos, reco­no­ce­mos que exis­ten al mis­mo tiem­po las dos posi­bi­li­da­des: sub­yu­ga­ción y libe­ra­ción; sub­ra­ya­mos que la libe­ra­ción es la posi­bi­li­dad pre­do­mi­nan­te, seña­la­mos las con­di­cio­nes para su rea­li­za­ción y nos esfor­za­mos por con­se­guir­las. Los par­ti­da­rios de la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal, en cam­bio, adop­tan­do un pun­to de vis­ta sub­je­ti­vo y uni­la­te­ral, reco­no­cen una sola posi­bi­li­dad, la de sub­yu­ga­ción; no admi­ten la de libe­ra­ción, ni mucho menos pue­den seña­lar las con­di­cio­nes nece­sa­rias para ella ni se esfuer­zan por obte­ner­las. Reco­no­ce­mos que exis­ten la corrup­ción y la ten­den­cia al com­pro­mi­so, pero vemos asi­mis­mo otros fenó­me­nos y ten­den­cias, y mos­tra­mos que estos últi­mos pre­va­le­ce­rán gra­dual­men­te en su vio­len­to cho­que con las pri­me­ras. Ade­más, seña­la­mos las con­di­cio­nes nece­sa­rias para que pre­va­lez­can estos últi­mos fenó­me­nos y ten­den­cias, y lucha­mos por supe­rar la ten­den­cia al com­pro­mi­so y supri­mir la corrup­ción. Por lo tan­to, con­tra­ria­men­te a los pesi­mis­tas, no cae­mos en el des­alien­to.
  4. Y no es que no desee­mos una vic­to­ria rápi­da. Todo el mun­do desea­ría expul­sar a los «demo­nios» japo­ne­ses de la noche a la maña­na. Pero seña­la­mos que, en ausen­cia de cier­tas con­di­cio­nes, la vic­to­ria rápi­da es algo que sólo exis­te en la men­te, y no en la reali­dad obje­ti­va; es una mera ilu­sión, una teo­ría fal­sa. Por eso, des­pués de haber hecho una apre­cia­ción obje­ti­va y com­ple­ta de todas las cir­cuns­tan­cias, tan­to las del enemi­go como las nues­tras, seña­la­mos que el úni­co camino que con­du­ce a la vic­to­ria final es la estra­te­gia de gue­rra pro­lon­ga­da, y recha­za­mos la teo­ría total­men­te infun­da­da de la vic­to­ria rápi­da. Sos­te­ne­mos que nues­tro deber es esfor­zar­nos por lograr todas las con­di­cio­nes indis­pen­sa­bles para la vic­to­ria final, y que cuan­to más ple­na­men­te y más pron­to las logre­mos, más ase­gu­ra­da esta­rá nues­tra vic­to­ria y más tem­prano la con­se­gui­re­mos. Creen los que sólo de este modo se pue­de abre­viar la dura­ción de la gue­rra, y recha­za­mos la teo­ría de la vic­to­ria rápi­da, que no es más que pala­bre­ría y un inten­to de con­se­guir las cosas a bajo pre­cio.

[next­pa­ge title="¿Por qué una gue­rra pro­lon­ga­da?"]

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¿Por qué una guerra prolongada?

  1. Exa­mi­ne­mos aho­ra el pro­ble­ma de la gue­rra pro­lon­ga­da. Úni­ca­men­te sobre la base de todos los con­tras­tes fun­da­men­ta­les entre el enemi­go y noso­tros, se pue­de dar una res­pues­ta correc­ta a la pre­gun­ta: «¿Por qué una gue­rra pro­lon­ga­da?». Por ejem­plo, si nos limi­ta­mos a argüir que el enemi­go es una fuer­te poten­cia impe­ria­lis­ta en tan­to que noso­tros somos un débil país semi­co­lo­nial y semi­feu­dal, corre­mos el peli­gro de caer en la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal, pues el sim­ple hecho de que el débil se opon­ga al fuer­te no pue­de pro­du­cir como resul­ta­do, ni en la teo­ría ni en la prác­ti­ca una lucha pro­lon­ga­da. Tam­po­co pue­de pro­du­cir­la el solo hecho de que uno sea gran­de y el otro peque­ño, o uno pro­gre­sis­ta y el otro retró­gra­do, o el que uno cuen­te con amplio apo­yo y el otro no. La ane­xión de un país peque­ño por otro gran­de, o de uno gran­de por otro peque­ño, son cosas que suce­den corrien­te­men­te. Es fre­cuen­te que un país o fenó­meno pro­gre­sis­ta, pero débil sea des­trui­do por otro país o fenó­meno retró­gra­do, pero fuer­te. La ampli­tud del apo­yo es un fac­tor impor­tan­te, y no obs­tan­te, secun­da­rio y su efec­to depen­de de los fac­to­res bási­cos de ambos con­ten­dien­tes. Por eso, nues­tra afir­ma­ción de que la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón será una gue­rra pro­lon­ga­da, es una con­clu­sión deri­va­da de la inter­re­la­ción entre todos los fac­to­res del enemi­go y los de nues­tro país. El enemi­go es fuer­te y noso­tros débi­les; en esto resi­de el peli­gro de que sea­mos sub­yu­ga­dos. Pero al mis­mo tiem­po, el enemi­go tie­ne sus pun­tos débi­les, y noso­tros, nues­tras ven­ta­jas. Con nues­tros esfuer­zos, la ven­ta­ja del enemi­go pue­de ser redu­ci­da, y sus defec­tos, agra­va­dos. Por otra par­te, esfor­zán­do­nos, pode­mos acre­cen­tar nues­tras ven­ta­jas y supe­rar nues­tro pun­to débil. Por con­si­guien­te, pode­mos lograr la vic­to­ria final y evi­tar la sub­yu­ga­ción, mien­tras que el enemi­go será final­men­te derro­ta­do y no podrá evi­tar el derrum­ba­mien­to de todo su sis­te­ma impe­ria­lis­ta.
  2. Si la ven­ta­ja del enemi­go resi­de en un solo aspec­to, y en todos los demás se reve­lan sus pun­tos débi­les, mien­tras noso­tros tene­mos un solo aspec­to débil y los res­tan­tes cons­ti­tu­yen nues­tras ven­ta­jas, ¿por qué no ha pro­du­ci­do esto, en el momen­to actual, una pari­dad de fuer­zas, sino al con­tra­rio, supe­rio­ri­dad del enemi­go e infe­rio­ri­dad nues­tra? Es evi­den­te que no se pue­de abor­dar el pro­ble­ma de mane­ra tan for­mal. El hecho es que la dis­pa­ri­dad entre la fuer­za del enemi­go y la nues­tra es aho­ra tan gran­de, que los defec­tos de aquél aún no se han desa­rro­lla­do ni pue­den desa­rro­llar­se, por el momen­to, en la pro­por­ción nece­sa­ria para con­tra­pe­sar su for­ta­le­za, en tan­to que nues­tras ven­ta­jas tam­po­co se han desa­rro­lla­do ni pue­den desa­rro­llar­se, por el momen­to, en la pro­por­ción nece­sa­ria para com­pen­sar nues­tra debi­li­dad. Por lo tan­to, toda­vía no pue­de haber pari­dad, sino dis­pa­ri­dad.
  3. Si bien nues­tros esfuer­zos por per­se­ve­rar en la Gue­rra de resis­ten­cia y man­te­ner el fren­te úni­co han modi­fi­ca­do un tan­to la corre­la­ción de fuer­zas entre el enemi­go y noso­tros, no se ha pro­du­ci­do, sin embar­go, un cam­bio radi­cal, por lo cual, en una eta­pa deter­mi­na­da de la gue­rra y en cier­ta medi­da; el enemi­go obten­drá vic­to­rias y noso­tros sufri­re­mos derro­tas. Pero ¿por qué las vic­to­rias enemi­gas y nues­tras derro­tas se limi­ta­rán a una deter­mi­na­da eta­pa y a cier­ta medi­da, sin poder sobre­pa­sar dicha eta­pa ni lle­gar a ser una vic­to­ria total o una derro­ta com­ple­ta? La razón resi­de, pri­me­ro, en que des­de el comien­zo la for­ta­le­za del enemi­go y nues­tra debi­li­dad han sido rela­ti­vas y no abso­lu­tas, y segun­do, en que nues­tros esfuer­zos por per­se­ve­rar en la Gue­rra de resis­ten­cia y man­te­ner el fren­te úni­co han acen­tua­do ese carác­ter rela­ti­vo. Con­si­de­re­mos la situa­ción des­de el comien­zo: si bien el enemi­go es pode­ro­so, su for­ta­le­za ya se ve mina­da por los fac­to­res des­fa­vo­ra­bles, aun­que toda­vía no en gra­do sufi­cien­te para des­truir su supe­rio­ri­dad. Por otra par­te, si bien noso­tros somos débi­les, nues­tra debi­li­dad ya se ve com­pen­sa­da por los fac­to­res favo­ra­bles, aun­que toda­vía no en gra­do sufi­cien­te para supe­rar nues­tra infe­rio­ri­dad. Así resul­ta que el enemi­go es rela­ti­va­men­te fuer­te y noso­tros rela­ti­va­men­te débi­les, que aquél se encuen­tra en una posi­ción rela­ti­va­men­te supe­rior y noso­tros en una rela­ti­va­men­te infe­rior. Para ambos lados, la for­ta­le­za y la debi­li­dad, la supe­rio­ri­dad y la infe­rio­ri­dad no han sido jamás abso­lu­tas, y ade­más, en el cur­so de la gue­rra, nues­tros esfuer­zos por per­sis­tir en la resis­ten­cia y en el fren­te úni­co han modi­fi­ca­do aún más la corre­la­ción ini­cial de fuer­zas. Por con­si­guien­te, las vic­to­rias del enemi­go y nues­tras derro­tas se limi­ta­rán a una deter­mi­na­da eta­pa y a cier­ta medi­da, y de ahí que la gue­rra sea pro­lon­ga­da.
  4. Pero la situa­ción con­ti­nua­rá modi­fi­cán­do­se. En el cur­so de la gue­rra, siem­pre que emplee­mos tác­ti­cas mili­ta­res y polí­ti­cas correc­tas, no come­ta­mos erro­res de prin­ci­pio y haga­mos los mayo­res esfuer­zos, los fac­to­res des­fa­vo­ra­bles para el enemi­go y los favo­ra­bles para noso­tros se desa­rro­lla­rán a medi­da que se pro­lon­gue la gue­rra, lo que con­ti­nua­rá modi­fi­can­do inevi­ta­ble­men­te la corre­la­ción ini­cial de fuer­zas y la posi­ción rela­ti­va de los dos ban­dos. Cuan­do se lle­gue a una nue­va eta­pa deter­mi­na­da, se pro­du­ci­rá un gran cam­bio en la corre­la­ción de fuer­zas y en la posi­ción rela­ti­va de ambos lados, que desem­bo­ca­rá en la derro­ta del enemi­go y en nues­tra vic­to­ria.
  5. Por el momen­to, el enemi­go aún pue­de, de un modo u otro, explo­tar su for­ta­le­za; nues­tra Gue­rra de resis­ten­cia toda­vía no lo ha debi­li­ta­do en lo fun­da­men­tal. Su insu­fi­cien­cia de recur­sos huma­nos y mate­ria­les no es aún lo bas­tan­te gra­ve como para dete­ner su ofen­si­va; por el con­tra­rio, esos recur­sos toda­vía le per­mi­ten con­ti­nuar­la has­ta cier­to pun­to. El carác­ter retró­gra­do y bár­ba­ro de su gue­rra, fac­tor que ha de inten­si­fi­car los anta­go­nis­mos de cla­se en el pro­pio Japón y la resis­ten­cia de la nación chi­na, no ha crea­do aún una situa­ción que impi­da radi­cal­men­te la ofen­si­va del Japón. El ais­la­mien­to inter­na­cio­nal del enemi­go está cre­cien­do, pero toda­vía no ha lle­ga­do a ser com­ple­to. En muchos paí­ses, que han expre­sa­do el deseo de ayu­dar­nos, los capi­ta­lis­tas que nego­cian en arma­men­to y mate­rias pri­mas estra­té­gi­cas, dedi­ca­dos sólo a la caza de ganan­cias, con­ti­núan pro­por­cio­nan­do a Japón inmen­sas can­ti­da­des de mate­rial béli­co8, en tan­to que sus gobier­nos9 aún no están dis­pues­tos a apli­car, jun­to con la Unión Sovié­ti­ca, san­cio­nes prác­ti­cas con­tra Japón. Todo esto deter­mi­na que nues­tra Gue­rra de resis­ten­cia no pue­da triun­far rápi­da­men­te y sólo pue­da ser una gue­rra pro­lon­ga­da. En cuan­to a Chi­na, si bien en los terre­nos mili­tar, eco­nó­mi­co, polí­ti­co y cul­tu­ral, en los que se pone de mani­fies­to su debi­li­dad, ha rea­li­za­do cier­tos pro­gre­sos duran­te los diez meses de Gue­rra de resis­ten­cia, estos pro­gre­sos, sin embar­go, están toda­vía lejos de alcan­zar el gra­do nece­sa­rio para dete­ner la ofen­si­va del enemi­go y pre­pa­rar nues­tra con­tra­ofen­si­va. Más aún, des­de el pun­to de vis­ta cuan­ti­ta­ti­vo, hemos teni­do que sufrir cier­tas pér­di­das. Si bien todos los fac­to­res que nos son favo­ra­bles actúan en sen­ti­do posi­ti­vo, aún nos que­dan por hacer ingen­tes esfuer­zos para que dichos fac­to­res se desa­rro­llen has­ta un gra­do tal que nos per­mi­tan dete­ner la ofen­si­va del enemi­go y pre­pa­rar nues­tra con­tra­ofen­si­va. Toda­vía no se han con­ver­ti­do en hechos la eli­mi­na­ción de la corrup­ción y la ace­le­ra­ción del pro­gre­so en el país, ni el pre­do­mi­nio sobre las fuer­zas pro­ja­po­ne­sas y el aumen­to de las fuer­zas anti­ja­po­ne­sas en el extran­je­ro. Todo esto tam­bién deter­mi­na que nues­tra gue­rra no pue­da triun­far rápi­da­men­te y sólo pue­da ser una gue­rra pro­lon­ga­da.

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Las tres etapas de la guerra prolongada

  1. Dado que la gue­rra chino-japo­ne­sa será una gue­rra pro­lon­ga­da y que la vic­to­ria final per­te­ne­ce­rá a Chi­na, se pue­de supo­ner con razón que en su desa­rro­llo con­cre­to esta gue­rra pasa­rá por tres eta­pas. La pri­me­ra es el perío­do de ofen­si­va estra­té­gi­ca del enemi­go y defen­si­va estra­té­gi­ca nues­tra. La segun­da será el perío­do de con­so­li­da­ción estra­té­gi­ca del enemi­go y pre­pa­ra­ción nues­tra para la con­tra­ofen­si­va. La ter­ce­ra, el de con­tra­ofen­si­va estra­té­gi­ca nues­tra y reti­ra­da estra­té­gi­ca del enemi­go. Es impo­si­ble pre­de­cir lo que ocu­rri­rá con­cre­ta­men­te en las tres eta­pas, pero a la luz de las con­di­cio­nes actua­les, se pue­den seña­lar cier­tas ten­den­cias fun­da­men­ta­les del desa­rro­llo de la gue­rra. El desa­rro­llo de la reali­dad obje­ti­va será extra­or­di­na­ria­men­te rico, varia­do y sinuo­so, y nadie pue­de hacer un «horós­co­po» de la gue­rra chino-japo­ne­sa; no obs­tan­te, para la direc­ción estra­té­gi­ca de la gue­rra, es nece­sa­rio tra­zar un esque­ma de su desa­rro­llo. Aun­que nues­tro esque­ma no pue­de coin­ci­dir exac­ta­men­te con los futu­ros acon­te­ci­mien­tos y ha de ser corre­gi­do por ellos, sigue sien­do nece­sa­rio tra­zar­lo, con el obje­to de dar a la gue­rra pro­lon­ga­da una direc­ción estra­té­gi­ca fir­me y bien defi­ni­da.
  2. La pri­me­ra eta­pa de la gue­rra no ha con­clui­do aún. El pro­pó­si­to del enemi­go es ocu­par Can­tón, Wuján y Lan­chou y unir estos tres pun­tos. Para alcan­zar este obje­ti­vo, el enemi­go ten­drá que uti­li­zar por lo menos 50 divi­sio­nes, con cer­ca de 1.500.000 hom­bres, emplear de un año y medio a dos años y gas­tar más de l0.000 millo­nes de yenes. Al pene­trar tan pro­fun­da­men­te en nues­tro país, el enemi­go encon­tra­rá inmen­sas difi­cul­ta­des y obten­drá desas­tro­sos resul­ta­dos. En cuan­to a su inten­to de ocu­par toda la línea del ferro­ca­rril Can­tón-Jan­kou y la carre­te­ra Sían-Lan­chou, tie­ne que pasar, para ello, por muy arries­ga­das bata­llas y es posi­ble que, aun así, no logre ple­na­men­te su pro­pó­si­to. Sin embar­go, es nece­sa­rio que tome­mos dis­po­si­cio­nes para una gue­rra pro­lon­ga­da, basan­do nues­tro plan de ope­ra­cio­nes en el supues­to de que el enemi­go con­si­ga ocu­par esos tres pun­tos y has­ta algu­nas regio­nes más, así como enla­zar­los entre sí, de modo que poda­mos enfren­tar­lo inclu­so en el caso de que logre su inten­to. La for­ma prin­ci­pal de lucha que debe­mos adop­tar en esta eta­pa es la gue­rra de movi­mien­tos, com­ple­men­ta­da por la de gue­rri­llas y la de posi­cio­nes. Si bien en la fase ini­cial de esta eta­pa, la gue­rra de posi­cio­nes fue colo­ca­da en pri­mer plano debi­do a los erro­res sub­je­ti­vos de las auto­ri­da­des mili­ta­res del Kuo­min­tang, des­de el pun­to de vis­ta de la eta­pa en su con­jun­to, desem­pe­ña­rá de todos modos un papel auxi­liar. En esta eta­pa se ha for­ma­do ya en Chi­na un amplio fren­te úni­co y se ha logra­do una uni­dad sin pre­ce­den­tes. Aun­que el enemi­go, en el inten­to de rea­li­zar su plan de deci­sión rápi­da y con­quis­tar toda Chi­na sin mucho esfuer­zo, ha recu­rri­do y segui­rá recu­rrien­do a medios rui­nes y des­ver­gon­za­dos para indu­cir a Chi­na a la capi­tu­la­ción, has­ta aho­ra ha fra­ca­sa­do, y difí­cil­men­te logra­rá éxi­to en el futu­ro. En esta eta­pa, Chi­na sufri­rá gran­des pér­di­das, pero al mis­mo tiem­po rea­li­za­rá nota­bles pro­gre­sos, que se con­ver­ti­rán en la base prin­ci­pal para la con­ti­nua­ción de la Gue­rra de resis­ten­cia en la segun­da eta­pa. En la eta­pa actual, la Unión Sovié­ti­ca ha pres­ta­do ya una ayu­da cuan­tio­sa a Chi­na. En lo que res­pec­ta al enemi­go, ya se obser­van seña­les del des­cen­so de su moral, y el ímpe­tu ofen­si­vo de sus tro­pas terres­tres es aho­ra, en la fase media de esta eta­pa, menor que en la fase ini­cial, y dis­mi­nui­rá aún más en la fase final. Las finan­zas y la eco­no­mía del Japón empie­zan a mos­trar indi­cios de ago­ta­mien­to; entre su pobla­ción y sus sol­da­dos apun­ta el can­san­cio de la gue­rra, y en el seno de la cama­ri­lla que la diri­ge comien­za a mani­fes­tar­se la «decep­ción de la gue­rra» y cre­ce el pesi­mis­mo res­pec­to a las pers­pec­ti­vas del con­flic­to.
  3. La segun­da eta­pa pue­de ser deno­mi­na­da de equi­li­brio estra­té­gi­co. Al final de la pri­me­ra eta­pa, debi­do a su esca­sez de tro­pas y a nues­tra fir­me resis­ten­cia, el enemi­go se verá obli­ga­do a fijar, den­tro de cier­tos lími­tes, el pun­to final de su ofen­si­va estra­té­gi­ca. Lle­ga­do a este pun­to, deten­drá su ofen­si­va y entra­rá en la eta­pa de con­so­li­da­ción del terri­to­rio ocu­pa­do. En esta segun­da eta­pa, el enemi­go tra­ta­rá de con­so­li­dar ese terri­to­rio, de apro­piár­se­lo recu­rrien­do al enga­ño­so méto­do de esta­ble­cer gobier­nos títe­res, y de saquear has­ta el máxi­mo al pue­blo chino; pero enton­ces ten­drá que enfren­tar una tenaz gue­rra de gue­rri­llas. Apro­ve­chan­do que la reta­guar­dia del enemi­go está débil­men­te guar­ne­ci­da, nues­tra gue­rra de gue­rri­llas habrá expe­ri­men­ta­do un amplio desa­rro­llo en la pri­me­ra eta­pa y se habrán crea­do muchas bases de apo­yo, lo que cons­ti­tui­rá una seria ame­na­za para el inten­to del enemi­go de con­so­li­dar el terri­to­rio ocu­pa­do; así, duran­te la segun­da eta­pa, segui­rán enta­blán­do­se ope­ra­cio­nes mili­ta­res en vas­tas zonas. En dicha eta­pa, nues­tra for­ma de lucha será prin­ci­pal­men­te la gue­rra de gue­rri­llas, com­ple­men­ta­da por la de movi­mien­tos. Chi­na con­ta­rá toda­vía con un gran ejér­ci­to regu­lar, pero le será difí­cil pasar pron­to a la con­tra­ofen­si­va estra­té­gi­ca, pues de un lado, el enemi­go adop­ta­rá una posi­ción estra­té­gi­ca­men­te defen­si­va en las gran­des ciu­da­des y a lo lar­go de las prin­ci­pa­les vías de comu­ni­ca­ción ocu­pa­das por él, y del otro, las con­di­cio­nes téc­ni­cas de Chi­na dis­ta­rán aún de ser ade­cua­das. A excep­ción de las tro­pas dedi­ca­das a defen­der los fren­tes, gran can­ti­dad de nues­tras fuer­zas se tras­la­da­rán a la reta­guar­dia enemi­ga para actuar en for­ma­cio­nes rela­ti­va­men­te dis­per­sas, y apo­yán­do­se en las zonas que el enemi­go no haya ocu­pa­do y en coor­di­na­ción con las fuer­zas arma­das de la pobla­ción local, des­en­ca­de­na­rán una vas­ta y vio­len­ta gue­rra de gue­rri­llas con­tra las zonas ocu­pa­das y, en la medi­da de sus posi­bi­li­da­des, obli­ga­rán al enemi­go a des­pla­zar­se a fin de des­truir­lo en ope­ra­cio­nes móvi­les, como se hace actual­men­te en la pro­vin­cia de Shan­sí. En esta eta­pa, la gue­rra será cruel y muchas regio­nes del país sufri­rán una gra­ve devas­ta­ción. Pero la gue­rra de gue­rri­llas ten­drá éxi­to y, de ser bien con­du­ci­da, hará que el enemi­go sólo pue­da con­ser­var apro­xi­ma­da­men­te una ter­ce­ra par­te del terri­to­rio ocu­pa­do, mien­tras que alre­de­dor de dos ter­ce­ras par­tes se encon­tra­rán en nues­tras manos. Esto cons­ti­tui­rá una gran derro­ta para el enemi­go y una gran vic­to­ria para Chi­na. Para enton­ces, todo el terri­to­rio ocu­pa­do por el enemi­go esta­rá divi­di­do en tres cate­go­rías: bases enemi­gas, bases de apo­yo de la gue­rra de gue­rri­llas y zonas gue­rri­lle­ras dispu­tadas por ambas par­tes. La dura­ción de esta eta­pa depen­de­rá del gra­do en que cam­bie la corre­la­ción de fuer­zas entre el enemi­go y noso­tros y de los cam­bios en la situa­ción inter­na­cio­nal. Hablan­do en gene­ral, debe­mos estar pre­pa­ra­dos para atra­ve­sar una eta­pa rela­ti­va­men­te lar­ga y reco­rrer un camino peno­so. Será un perío­do muy dolo­ro­so para Chi­na. El país enfren­ta­rá dos gra­ves pro­ble­mas: las difi­cul­ta­des eco­nó­mi­cas y las acti­vi­da­des de zapa de los cola­bo­ra­cio­nis­tas. El enemi­go des­ple­ga­rá febril­men­te sus acti­vi­da­des para soca­var el fren­te úni­co de Chi­na, y todas las orga­ni­za­cio­nes de los cola­bo­ra­cio­nis­tas en las zonas ocu­pa­das se fusio­na­rán para for­mar un «gobierno uni­fi­ca­do». Den­tro de nues­tras filas, debi­do a la pér­di­da de gran­des ciu­da­des y a las difi­cul­ta­des cau­sa­das por la gue­rra, los ele­men­tos vaci­lan­tes abo­ga­rán a voz en cue­llo por el com­pro­mi­so, y el esta­do de áni­mo pesi­mis­ta alcan­za­rá serias pro­por­cio­nes. Nues­tras tareas enton­ces con­sis­ti­rán en movi­li­zar a las masas popu­la­res de todo el país para que se unan como un solo hom­bre y per­se­ve­ren con inque­bran­ta­ble fir­me­za en la gue­rra; ampliar y con­so­li­dar el fren­te úni­co; barrer todo pesi­mis­mo y toda idea de com­pro­mi­so; pro­mo­ver el espí­ri­tu de tena­ci­dad en la lucha, y poner en prác­ti­ca una nue­va polí­ti­ca de tiem­pos de gue­rra, a fin de salir airo­sos de esta difí­cil prue­ba. En esta segun­da eta­pa, ten­dre­mos que lla­mar a todo el país a man­te­ner con deci­sión un gobierno uni­fi­ca­do y opo­ner­se a la divi­sión; ten­dre­mos que mejo­rar sis­te­má­ti­ca­men­te nues­tra téc­ni­ca de com­ba­te, trans­for­mar el ejér­ci­to, movi­li­zar a todo el pue­blo y pre­pa­rar­nos para la con­tra­ofen­si­va. En esta eta­pa, la situa­ción inter­na­cio­nal se tor­na­rá aún más des­fa­vo­ra­ble para Japón, y aun­que pue­dan sur­gir can­ti­ne­las del «rea­lis­mo» tipo Cham­ber­lain que se aco­mo­da a los «hechos con­su­ma­dos», las prin­ci­pa­les fuer­zas inter­na­cio­na­les brin­da­rán mayor ayu­da a Chi­na. La ame­na­za del Japón con­tra el sud­es­te de Asia y con­tra Sibe­ria será mayor, e inclu­so es posi­ble que esta­lle otra gue­rra. En lo que ata­ñe al Japón, dece­nas de sus divi­sio­nes per­ma­ne­ce­rán irre­me­dia­ble­men­te empan­ta­na­das en Chi­na. La vas­ta gue­rra de gue­rri­llas y el amplio movi­mien­to popu­lar anti­ja­po­nés fati­ga­rán a esta enor­me fuer­za enemi­ga, des­gas­tán­do­la en gran medi­da, por una par­te, y por la otra, que­bran­tan­do su moral al avi­var su nos­tal­gia y acre­cen­tar su sen­ti­mien­to de apa­tía e inclu­so hos­ti­li­dad hacia la gue­rra. Aun­que no pue­de decir­se que el Japón no logre abso­lu­ta­men­te nada en su pilla­je de Chi­na, sin embar­go, fal­to de capi­tal y hos­ti­ga­do por la gue­rra de gue­rri­llas, no podrá obte­ner resul­ta­dos rápi­dos ni sus­tan­cia­les. Esta segun­da eta­pa será la de tran­si­ción de la gue­rra en su con­jun­to y tam­bién el perio­do más duro, pero mar­ca­rá su pun­to de vira­je. El que Chi­na se con­vier­ta en país inde­pen­dien­te o sea redu­ci­da a colo­nia, no lo deter­mi­na la con­ser­va­ción o la pér­di­da de las gran­des ciu­da­des en la pri­me­ra eta­pa, sino la mag­ni­tud del esfuer­zo de toda la nación en la segun­da. Si per­se­ve­ra­mos en la resis­ten­cia, en el fren­te úni­co y en la gue­rra pro­lon­ga­da, Chi­na adqui­ri­rá en esta eta­pa la fuer­za sufi­cien­te para con­ve­nir­se de la par­te débil en la fuer­te. Este será el segun­do de los tres actos en el dra­ma de la Gue­rra de resis­ten­cia de Chi­na. Con los esfuer­zos de todos los acto­res, será posi­ble repre­sen­tar un bri­llan­tí­si­mo acto final.
  4. La ter­ce­ra eta­pa será la de nues­tra con­tra­ofen­si­va para recu­pe­rar el terri­to­rio per­di­do. Su recu­pe­ra­ción depen­de­rá prin­ci­pal­men­te de la fuer­za que Chi­na haya pre­pa­ra­do en la eta­pa pre­ce­den­te y que con­ti­nua­rá cre­cien­do en la ter­ce­ra. Pero la sola fuer­za de Chi­na no será sufi­cien­te, y ten­dre­mos que con­tar con la ayu­da de las fuer­zas inter­na­cio­na­les y con aque­lla repre­sen­ta­da por los cam­bios que se ope­ren den­tro del Japón; de otro modo no podre­mos triun­far. Esto aumen­ta las tareas de Chi­na en la pro­pa­gan­da para el extran­je­ro y en las acti­vi­da­des diplo­má­ti­cas. En esta eta­pa, ya no esta­re­mos a la defen­si­va estra­té­gi­ca, sino que pasa­re­mos a la con­tra­ofen­si­va estra­té­gi­ca, la cual asu­mi­rá la for­ma de ofen­si­va estra­té­gi­ca; en vez de seguir ope­ran­do en líneas estra­té­gi­ca­men­te inte­rio­res, pasa­re­mos poco a poco a ope­rar en líneas estra­té­gi­ca­men­te exte­rio­res. La gue­rra no podrá con­si­de­rar­se como ter­mi­na­da has­ta que nues­tro ejér­ci­to lle­gue al río Yalu. La ter­ce­ra eta­pa será la últi­ma de la gue­rra pro­lon­ga­da, y cuan­do habla­mos de per­se­ve­rar en la gue­rra has­ta el final, que­re­mos decir que es nece­sa­rio reco­rrer toda esta eta­pa. En ella nues­tra prin­ci­pal for­ma de lucha será, de nue­vo, la gue­rra de movi­mien­tos, pero la gue­rra de posi­cio­nes ocu­pa­rá un lugar des­ta­ca­do. Mien­tras en la pri­me­ra eta­pa la defen­sa de posi­cio­nes no pue­de con­si­de­rar­se como impor­tan­te debi­do a las con­di­cio­nes de este momen­to, el ata­que a posi­cio­nes asu­mi­rá bas­tan­te impor­tan­cia en la ter­ce­ra eta­pa en vir­tud de los cam­bios pro­du­ci­dos en las con­di­cio­nes y debi­do a las exi­gen­cias de las tareas. En esta eta­pa, la gue­rra de gue­rri­llas vol­ve­rá a desem­pe­ñar un papel auxi­liar, de apo­yo estra­té­gi­co a la gue­rra de movi­mien­tos y a la de posi­cio­nes, en lugar de ser la for­ma prin­ci­pal como en la segun­da eta­pa.
  5. En tales cir­cuns­tan­cias es evi­den­te que la gue­rra será pro­lon­ga­da y, por lo tan­to, encar­ni­za­da. El enemi­go no podrá engu­llir­se por com­ple­to a Chi­na, pero sí ocu­par muchas de sus regio­nes por un tiem­po con­si­de­ra­ble. Chi­na no podrá expul­sar con rapi­dez a los inva­so­res japo­ne­ses, pero con­ser­va­rá en sus manos la mayor par­te de su terri­to­rio. Al final, el enemi­go será derro­ta­do y noso­tros ven­ce­re­mos; pero será pre­ci­so reco­rrer un peno­so camino.
  6. De esta gue­rra lar­ga y encar­ni­za­da, el pue­blo chino sal­drá bien tem­pla­do. Los par­ti­dos polí­ti­cos que par­ti­ci­pan en la gue­rra tam­bién serán some­ti­dos a tem­ple y prue­ba. El fren­te úni­co debe ser man­te­ni­do fir­me­men­te; sólo man­te­nién­do­lo podre­mos per­se­ve­rar en la gue­rra, y sólo per­se­ve­ran­do en el fren­te úni­co y en la gue­rra podre­mos obte­ner la vic­to­ria final. Úni­ca­men­te así con­se­gui­re­mos supe­rar todas las difi­cul­ta­des. Des­pués de reco­rrer en la gue­rra el sen­de­ro esca­bro­so, lle­ga­re­mos al camino real de la vic­to­ria. Esta es la lógi­ca natu­ral de la gue­rra.
  7. En las tres eta­pas, los cam­bios en la corre­la­ción de fuer­zas entre el enemi­go y noso­tros se ope­ra­rán según el orden siguien­te: en la pri­me­ra eta­pa, el enemi­go es supe­rior en fuer­za y noso­tros infe­rio­res. Con res­pec­to a esta infe­rio­ri­dad nues­tra, es pre­ci­so tener en cuen­ta dos tipos dife­ren­tes de cam­bios que se pro­du­cen des­de vís­pe­ras de la Gue­rra de resis­ten­cia has­ta el final de esta eta­pa. Los del pri­mer tipo son cam­bios des­fa­vo­ra­bles. La infe­rio­ri­dad ini­cial de Chi­na se agra­va con las pér­di­das sufri­das duran­te la pri­me­ra eta­pa, es decir, dis­mi­nu­ción de terri­to­rio, pobla­ción, recur­sos eco­nó­mi­cos, poten­cia mili­tar e ins­ti­tu­cio­nes cul­tu­ra­les. Dichas pér­di­das podrán ser con­si­de­ra­bles hacia el final de la pri­me­ra eta­pa, espe­cial­men­te en el aspec­to eco­nó­mi­co. Este hecho será explo­ta­do por algu­nos como argu­men­to en favor de sus teo­rías de la sub­yu­ga­ción nacio­nal y del com­pro­mi­so. Pero es pre­ci­so tener en cuen­ta los cam­bios del segun­do tipo, los favo­ra­bles: expe­rien­cia adqui­ri­da en la gue­rra, pro­gre­so en el ejér­ci­to, pro­gre­so polí­ti­co, movi­li­za­ción del pue­blo, desa­rro­llo cul­tu­ral en una nue­va direc­ción, sur­gi­mien­to de la gue­rra de gue­rri­llas, aumen­to de la ayu­da inter­na­cio­nal, etc. En la pri­me­ra eta­pa, lo que decli­na es la vie­ja can­ti­dad y la vie­ja cali­dad, y este fenó­meno es prin­ci­pal­men­te de orden cuan­ti­ta­ti­vo. Lo que ascien­de es la nue­va can­ti­dad y la nue­va cali­dad, y este fenó­meno es prin­ci­pal­men­te de orden cua­li­ta­ti­vo. Los cam­bios del segun­do tipo nos pro­por­cio­nan una base para sos­te­ner una gue­rra pro­lon­ga­da y lograr la vic­to­ria final.
  8. En la pri­me­ra eta­pa, tam­bién se pro­du­cen dos tipos de cam­bios en el ban­do enemi­go. Los del pri­mer tipo son cam­bios des­fa­vo­ra­bles, que repre­sen­tan cen­te­na­res de miles de bajas, con­su­mo de armas y muni­cio­nes, des­cen­so de la moral de las tro­pas, des­con­ten­to del pue­blo japo­nés, dis­mi­nu­ción del comer­cio, gas­to de más de diez mil millo­nes de yenes, con­de­na­ción de la opi­nión públi­ca mun­dial, etc. Esto nos pro­por­cio­na otra base para sos­te­ner una gue­rra pro­lon­ga­da y lograr la vic­to­ria final. Pero asi­mis­mo deben tener­se en cuen­ta los cam­bios del segun­do tipo, los favo­ra­bles, en el ban­do enemi­go: aumen­to de terri­to­rio, habi­tan­tes y recur­sos mate­ria­les en su poder. Esto tam­bién cons­ti­tu­ye una razón para pro­bar que nues­tra Gue­rra de resis­ten­cia será pro­lon­ga­da y que la vic­to­ria rápi­da es impo­si­ble; al mis­mo tiem­po, algu­nos lo explo­ta­rán como argu­men­to a favor de sus teo­rías de la sub­yu­ga­ción nacio­nal y del com­pro­mi­so. No obs­tan­te, debe­mos tener en cuen­ta el carác­ter tran­si­to­rio y par­cial de estos cam­bios favo­ra­bles en el cam­po enemi­go. El Japón es una poten­cia impe­ria­lis­ta con­de­na­da al derrum­ba­mien­to, y su ocu­pa­ción de terri­to­rio chino no pue­de ser sino tem­po­ral. El vigo­ro­so desa­rro­llo de la gue­rra de gue­rri­llas de Chi­na res­trin­gi­rá de hecho su esfe­ra de ocu­pa­ción a estre­chas miras. Ade­más, su ocu­pa­ción de terri­to­rio chino ha engen­dra­do nue­vas con­tra­dic­cio­nes entre el Japón y otros paí­ses y pro­fun­di­za­do las que ya exis­tían. Más aún, como lo demues­tra la expe­rien­cia en las tres pro­vin­cias del nor­des­te, en gene­ral esta ocu­pa­ción sólo sig­ni­fi­ca­rá para el Japón, duran­te un perío­do con­si­de­ra­ble, inver­sión de capi­tal y no obten­ción de ganan­cias. Todo esto nos pro­por­cio­na asi­mis­mo argu­men­tos para des­ba­ra­tar las teo­rías de la sub­yu­ga­ción nacio­nal y del com­pro­mi­so y esta­ble­cer las de la gue­rra pro­lon­ga­da y de la vic­to­ria final.
  9. En la segun­da eta­pa, con­ti­nua­rán desa­rro­llán­do­se en ambos ban­dos los cam­bios antes men­cio­na­dos; aun­que no se pue­de pre­de­cir en deta­lle la situa­ción, en tér­mi­nos gene­ra­les pode­mos afir­mar que Japón con­ti­nua­rá en des­cen­so y Chi­na en ascen­so10. Por ejem­plo, Japón sufri­rá un cuan­tio­so des­gas­te de sus recur­sos mili­ta­res y finan­cie­ros a cau­sa de la gue­rra de gue­rri­llas de Chi­na; cre­ce­rá el des­con­ten­to entre su pobla­ción; baja­rá aún más la moral de sus tro­pas, y su ais­la­mien­to inter­na­cio­nal se agra­va­rá. En cuan­to a Chi­na, habrá pro­gre­sos aún mayo­res en lo polí­ti­co, mili­tar y cul­tu­ral y en la movi­li­za­ción del pue­blo; se desa­rro­lla­rá aún más la gue­rra de gue­rri­llas; su eco­no­mía expe­ri­men­ta­rá cier­to desa­rro­llo nue­vo sobre la base de la peque­ña indus­tria y la agri­cul­tu­ra de las vas­tas zonas del inte­rior del país; la ayu­da inter­na­cio­nal aumen­ta­rá de for­ma gra­dual, y el cua­dro ente­ro ofre­ce­rá un aspec­to muy dis­tin­to del actual. La segun­da eta­pa pro­ba­ble­men­te dura­rá un tiem­po bas­tan­te lar­go, duran­te el cual se pro­du­ci­rán gran­des cam­bios en la corre­la­ción de fuer­zas. Chi­na se ele­va­rá poco a poco y Japón decli­na­rá más y más. Chi­na sal­drá de su infe­rio­ri­dad y Japón per­de­rá su supe­rio­ri­dad, de modo que, tras un perío­do de pari­dad, la corre­la­ción de fuer­zas entre los dos paí­ses que­da­rá inver­ti­da. Enton­ces Chi­na habrá com­ple­ta­do en lo fun­da­men­tal sus pre­pa­ra­ti­vos para la con­tra­ofen­si­va estra­té­gi­ca y entra­rá en la eta­pa de con­tra­ofen­si­va y de expul­sión del enemi­go. Es nece­sa­rio sub­ra­yar una vez más que el cam­bio de infe­rio­ri­dad en supe­rio­ri­dad y la con­clu­sión de los pre­pa­ra­ti­vos para la con­tra­ofen­si­va impli­can el aumen­to de la fuer­za de Chi­na, de las difi­cul­ta­des del Japón y de la ayu­da inter­na­cio­nal que reci­ba­mos. La com­bi­na­ción de estos fac­to­res ase­gu­ra­rá a Chi­na la supe­rio­ri­dad y le per­mi­ti­rá dar cima a los pre­pa­ra­ti­vos para su con­tra­ofen­si­va.
  10. Debi­do a la desigual­dad del desa­rro­llo polí­ti­co y eco­nó­mi­co de Chi­na, la con­tra­ofen­si­va estra­té­gi­ca de la ter­ce­ra eta­pa no será, en su fase ini­cial, uni­for­me y armo­nio­sa en todo el país, sino que ten­drá un carác­ter zonal, ascen­dien­do en un lugar y des­cen­dien­do en otro. Duran­te esta eta­pa, el enemi­go no ceja­rá en sus inten­tos de escin­dir por todos los medios posi­bles el fren­te úni­co de Chi­na, por lo cual la tarea de man­te­ner la uni­dad inter­na del país se tor­na­rá aún más impor­tan­te, y ten­dre­mos que velar por­que la con­tra­ofen­si­va estra­té­gi­ca no se malo­gre a mitad de camino por disen­sio­nes inter­nas. En este perío­do, la situa­ción inter­na­cio­nal se vol­ve­rá muy favo­ra­ble para noso­tros. La tarea de Chi­na será apro­ve­char­la para alcan­zar su total libe­ra­ción y esta­ble­cer un Esta­do demo­crá­ti­co inde­pen­dien­te, lo cual ayu­da­rá, a su vez, al movi­mien­to anti­fas­cis­ta mun­dial.
  11. Chi­na pasa­rá de la infe­rio­ri­dad a la pari­dad de fuer­zas, y lue­go a la supe­rio­ri­dad; Japón, de la supe­rio­ri­dad a la pari­dad, y lue­go a la infe­rio­ri­dad. Chi­na pasa­rá de la defen­si­va al equi­li­brio, y lue­go a la con­tra­ofen­si­va; Japón, de la ofen­si­va a la con­so­li­da­ción, y lue­go a la reti­ra­da. He aquí el pro­ce­so de la gue­rra chino-japo­ne­sa y su cur­so lógi­co.
  12. Así, lle­ga­mos a las siguien­tes con­clu­sio­nes para las pre­gun­tas plan­tea­das: ¿Será Chi­na sub­yu­ga­da? Res­pues­ta: No, no lo será, y la vic­to­ria final será suya. ¿Pue­de Chi­na ven­cer rápi­da­men­te? Res­pues­ta: No, no pue­de ven­cer rápi­da­men­te, y la gue­rra tie­ne que ser pro­lon­ga­da. ¿Son correc­tas estas con­clu­sio­nes? Creo que sí.
  13. Al lle­gar a este pun­to, los par­ti­da­rios de las teo­rías de la sub­yu­ga­ción nacio­nal y del com­pro­mi­so se pre­sen­ta­rán nue­va­men­te a decir: para pasar de la infe­rio­ri­dad a la pari­dad, Chi­na nece­si­ta­rá una poten­cia mili­tar y eco­nó­mi­ca igual a la del Japón, y para pasar de la pari­dad a la supe­rio­ri­dad, nece­si­ta­rá una poten­cia mili­tar y eco­nó­mi­ca supe­rior a la del Japón; pero como esto es impo­si­ble, las con­clu­sio­nes pre­ce­den­tes son inco­rrec­tas.
  14. Esta es la lla­ma­da teo­ría de que «las armas lo deci­den todo»11, teo­ría meca­ni­cis­ta y pun­to de vis­ta sub­je­ti­vo y uni­la­te­ral sobre el pro­ble­ma de la gue­rra. Nues­tro pun­to de vis­ta es opues­to a esta teo­ría; no sólo tene­mos en cuen­ta las armas, sino tam­bién los hom­bres. Las armas son un fac­tor impor­tan­te en la gue­rra, pero no el deci­si­vo. El fac­tor deci­si­vo es el hom­bre, y no las cosas. La corre­la­ción de fuer­zas es deter­mi­na­da no sólo por la poten­cia mili­tar y eco­nó­mi­ca, sino tam­bién por los recur­sos huma­nos y el apo­yo popu­lar. La poten­cia mili­tar y eco­nó­mi­ca es mane­ja­da por el hom­bre Si la gran mayo­ría de los chi­nos, de los japo­ne­ses y de la pobla­ción de otros paí­ses se colo­can del lado de nues­tra Gue­rra de resis­ten­cia, ¿podrá con­si­de­rar­se como supe­rio­ri­dad la poten­cia mili­tar y eco­nó­mi­ca que una ínfi­ma mino­ría del Japón deten­ta por la fuer­za? Y si no pue­de con­si­de­rar­se así, ¿no pasa­rá enton­ces Chi­na a ser supe­rior, a pesar de dis­po­ner de una fuer­za mili­tar y eco­nó­mi­ca rela­ti­va­men­te infe­rior? Está fue­ra de toda duda que la poten­cia mili­tar y eco­nó­mi­ca de Chi­na cre­ce­rá en for­ma gra­dual, siem­pre que Chi­na per­se­ve­re en la Gue­rra de resis­ten­cia y en el fren­te úni­co. En cuan­to a nues­tro enemi­go, que será debi­li­ta­do por la lar­ga gue­rra y las con­tra­dic­cio­nes inter­nas y exter­nas, su poten­cia mili­tar y eco­nó­mi­ca sufri­rá inevi­ta­ble­men­te un cam­bio en sen­ti­do inver­so. En tales cir­cuns­tan­cias, ¿aca­so no podrá Chi­na con­ve­nir­se en supe­rior? Y esto aún no es todo. En el momen­to actual toda­vía no pode­mos con­tar mani­fies­ta y amplia­men­te con la poten­cia mili­tar y eco­nó­mi­ca de otros paí­ses, pero ¿aca­so tam­po­co podre­mos hacer­lo en el futu­ro? Si el adver­sa­rio del Japón no es sólo Chi­na, si en el futu­ro uno o varios paí­ses emplean abier­ta­men­te una par­te con­si­de­ra­ble de su poten­cia mili­tar y eco­nó­mi­ca para defen­der­se del Japón o ata­car­lo y nos ayu­dan abier­ta­men­te, enton­ces ¿no será aún mayor nues­tra supe­rio­ri­dad? Japón es un país peque­ño, sos­tie­ne una gue­rra retró­gra­da y bár­ba­ra, y que­da­rá cada vez más ais­la­do en el plano inter­na­cio­nal. Chi­na es un país gran­de, rea­li­za una gue­rra pro­gre­sis­ta y jus­ta, y goza­rá de un apo­yo inter­na­cio­nal cada vez mayor. Des­pués de un lar­go perio­do de desa­rro­llo, ¿no inver­ti­rán todos estos fac­to­res, en for­ma defi­ni­ti­va, la rela­ción de supe­rio­ri­dad e infe­rio­ri­dad entre el enemi­go y noso­tros?
  15. Los par­ti­da­rios de la teo­ría de la vic­to­ria rápi­da, sin embar­go, no com­pren­den que la gue­rra es una pug­na de fuer­zas, y tra­tan de dar bata­llas estra­té­gi­ca­men­te deci­si­vas para acor­tar el camino de la libe­ra­ción, antes de que se haya pro­du­ci­do un deter­mi­na­do cam­bio en la corre­la­ción de fuer­zas entre los con­ten­dien­tes. Esto tam­bién es infun­da­do. Si pusie­ran en prác­ti­ca sus ideas, se estre­lla­rían inevi­ta­ble­men­te con­tra el muro. O qui­zás hablen sólo por el pla­cer de hablar, sin la inten­ción de poner­las real­men­te en prác­ti­ca. A la pos­tre, su seño­ría la Reali­dad ven­drá y arro­ja­rá un bal­de de agua fría sobre estos char­la­ta­nes, mos­trán­do­los como sim­ples fabri­can­tes de fra­ses que bus­can obte­ner las cosas a bajo pre­cio, que sue­ñan con cose­char sin haber sem­bra­do. Este tipo de char­la­ta­ne­ría ha exis­ti­do y exis­te, aun­que no está muy difun­di­da. Es posi­ble que aumen­te cuan­do la gue­rra lle­gue a la eta­pa de equi­li­brio y a la de con­tra­ofen­si­va. Pero, entre­tan­to, si Chi­na sufre pér­di­das rela­ti­va­men­te impor­tan­tes en la pri­me­ra eta­pa, y si la segun­da se pro­lon­ga mucho, se pon­drán más en boga las teo­rías de la sub­yu­ga­ción nacio­nal y del com­pro­mi­so. Por lo tan­to, nues­tro fue­go debe diri­gir­se prin­ci­pal­men­te con­tra estas teo­rías, y sólo en segun­do lugar con­tra la chá­cha­ra sobre la vic­to­ria rápi­da.
  16. Ya está fue­ra de duda que la gue­rra será pro­lon­ga­da; pero nadie pue­de pre­de­cir con exac­ti­tud cuán­tos años y meses dura­rá, pues ello depen­de por com­ple­to de la medi­da en que cam­bie la corre­la­ción de fuer­zas entre el enemi­go y noso­tros. Todos aque­llos que quie­ren abre­viar la dura­ción de la gue­rra, no tie­nen otro recur­so que esfor­zar­se por aumen­tar nues­tra pro­pia fuer­za y redu­cir la del enemi­go. Hablan­do con­cre­ta­men­te, el úni­co camino es el de esfor­zar­nos en ganar más bata­llas y des­gas­tar a las tro­pas enemi­gas; en desa­rro­llar la gue­rra de gue­rri­llas para redu­cir al míni­mo el terri­to­rio ocu­pa­do por el enemi­go; en con­so­li­dar y ampliar el fren­te úni­co para unir las fuer­zas de toda la nación; en for­mar un nue­vo ejér­ci­to y desa­rro­llar una nue­va indus­tria de gue­rra; en pro­mo­ver el pro­gre­so polí­ti­co, eco­nó­mi­co y cul­tu­ral; en movi­li­zar a los obre­ros, cam­pe­si­nos, hom­bres de nego­cios, inte­lec­tua­les y otros sec­to­res del pue­blo; en desin­te­grar a las tro­pas enemi­gas y ganar­nos a sus sol­da­dos; en rea­li­zar pro­pa­gan­da para el exte­rior a fin de con­se­guir la ayu­da inter­na­cio­nal, y en ganar­nos el apo­yo del pue­blo japo­nés y de las nacio­nes opri­mi­das. Sólo hacien­do todo esto podre­mos abre­viar la dura­ción de la gue­rra. No hay nin­gún ata­jo posi­ble.

[next­pa­ge title="Guerra de inter­pe­ne­tra­ción"]

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Guerra de interpenetración

  1. Pode­mos decir con cer­te­za que la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón, gue­rra pro­lon­ga­da, escri­bi­rá una pági­na glo­rio­sa y excep­cio­nal en la his­to­ria de las gue­rras de la huma­ni­dad. Una de las pecu­lia­ri­da­des nota­bles de esta gue­rra es su carác­ter de inter­pe­ne­tra­ción, pro­duc­to de fac­to­res con­tra­dic­to­rios como la bar­ba­rie y la esca­sez de tro­pas del Japón, por un lado, y el carác­ter pro­gre­sis­ta de Chi­na y su exten­so terri­to­rio, por el otro. En la his­to­ria ha habi­do otras gue­rras de inter­pe­ne­tra­ción, como la gue­rra civil de tres años en Rusia des­pués de la Revo­lu­ción de octu­bre. Pero lo que dis­tin­gue a este tipo de gue­rra en Chi­na es su dura­ción y ampli­tud excep­cio­na­les; en este sen­ti­do esta­ble­ce­rá una nue­va mar­ca en la his­to­ria. La inter­pe­ne­tra­ción se mani­fies­ta en los siguien­tes ras­gos.
  2. Líneas inte­rio­res y exte­rio­res. La Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón se rea­li­za, en su con­jun­to, en líneas inte­rio­res. Pero, en cuan­to a la rela­ción entre las tro­pas regu­la­res y las gue­rri­llas, las pri­me­ras ope­ran en líneas inte­rio­res y las últi­mas, en exte­rio­res, ofre­cien­do un cua­dro extra­or­di­na­rio de tena­zas en torno al enemi­go. Lo mis­mo pue­de decir­se res­pec­to a la rela­ción entre las dis­tin­tas zonas gue­rri­lle­ras. Des­de su pro­pio pun­to de vis­ta, cada zona gue­rri­lle­ra se encuen­tra en líneas inte­rio­res, y las demás, en exte­rio­res, for­man­do así una mul­ti­tud de líneas de fue­go entre las cua­les se halla ate­na­za­do el enemi­go. En la pri­me­ra eta­pa de la gue­rra, el ejér­ci­to regu­lar, que ope­ra estra­té­gi­ca­men­te en líneas inte­rio­res, se replie­ga, mien­tras las gue­rri­llas, que ope­ran estra­té­gi­ca­men­te en líneas exte­rio­res, avan­zan por amplias zonas a pasos agi­gan­ta­dos sobre la reta­guar­dia enemi­ga, con­ti­nuan­do este avan­ce, con mayor ímpe­tu aún, en la segun­da eta­pa. De esta for­ma, se pro­du­ce una com­bi­na­ción extre­ma­da­men­te ori­gi­nal de replie­gue y avan­ce.
  3. Exis­ten­cia y ausen­cia de reta­guar­dia. Las tro­pas regu­la­res, que tie­nen su fren­te de ope­ra­cio­nes en los lími­tes exte­rio­res del terri­to­rio ocu­pa­do por el enemi­go, se apo­yan en la reta­guar­dia gene­ral del país. Las gue­rri­llas, que tie­nen el suyo en la reta­guar­dia enemi­ga, están sepa­ra­das de la reta­guar­dia gene­ral del país. Pero cada zona gue­rri­lle­ra posee una peque­ña reta­guar­dia, sobre la cual se apo­ya para esta­ble­cer un fren­te móvil de ope­ra­cio­nes. Es dife­ren­te el caso de los des­ta­ca­men­tos gue­rri­lle­ros envia­dos de una zona gue­rri­lle­ra a la reta­guar­dia enemi­ga situa­da en la mis­ma región para efec­tuar acti­vi­da­des tem­po­ra­les. Estos des­ta­ca­men­tos no tie­nen ni reta­guar­dia ni fren­te de ope­ra­cio­nes. Las «ope­ra­cio­nes sin reta­guar­dia» cons­ti­tu­yen un ras­go pecu­liar de la gue­rra revo­lu­cio­na­ria en la nue­va épo­ca, en un país que cuen­ta con un vas­to terri­to­rio; un pue­blo pro­gre­sis­ta y un par­ti­do polí­ti­co y ejér­ci­to avan­za­dos. No hay nin­gu­na razón para temer las ope­ra­cio­nes de este tipo, ya que úni­ca­men­te pue­den repor­tar pro­ve­cho; en vez de poner­las en tela de jui­cio, hay que pro­mo­ver­las.
  4. Cer­co y con­tra­cer­co. Toman­do la gue­rra en su con­jun­to, no cabe duda de que nos encon­tra­mos cer­ca­dos estra­té­gi­ca­men­te por el enemi­go; por cuan­to éste se halla a la ofen­si­va estra­té­gi­ca y ope­ra en líneas exte­rio­res, mien­tras noso­tros esta­mos a la defen­si­va estra­té­gi­ca y ope­ra­mos en líneas inte­rio­res. Este es el pri­mer tipo de cer­co que nos impo­ne el enemi­go. Debi­do a que, con rela­ción a las fuer­zas enemi­gas que des­de líneas estra­té­gi­ca­men­te exte­rio­res avan­zan sobre noso­tros en varias colum­nas, apli­ca­mos el prin­ci­pio de ope­ra­cio­nes en líneas exte­rio­res en cam­pa­ñas y com­ba­tes emplean­do fuer­zas numé­ri­ca­men­te supe­rio­res, pode­mos cer­car a una o varias de esas colum­nas enemi­gas. Este es el pri­mer tipo de con­tra­cer­co que impo­ne­mos al enemi­go. Lue­go, si se con­si­de­ran por sepa­ra­do las bases de apo­yo gue­rri­lle­ras en la reta­guar­dia enemi­ga, cada una de ellas está rodea­da por el enemi­go, ya sea por todos lados, como la zona de las mon­ta­ñas Wutai, ya sea por tres lados, como el noroes­te de Shan­sí. Este es el segun­do tipo de cer­co que nos impo­ne el enemi­go. Sin embar­go, si con­si­de­ra­mos las diver­sas bases de apo­yo gue­rri­lle­ras en su vin­cu­la­ción mutua y cada una en su rela­ción con las posi­cio­nes de las fuer­zas regu­la­res, vemos que, a nues­tra vez, rodea­mos a una gran can­ti­dad de fuer­zas enemi­gas. En la pro­vin­cia de Shan­sí, por ejem­plo, hemos rodea­do el ferro­ca­rril Tatung-Puchou por tres lados (este, oes­te y extre­mo sur) y la ciu­dad de Tai­yuán por todos lados. En las pro­vin­cias de Jopei y Shan­tung tam­bién se pue­den encon­trar muchos ejem­plos simi­la­res. Este es el segun­do tipo de con­tra­cer­co que impo­ne­mos al enemi­go. De este modo, exis­ten dos tipos de cer­co recí­pro­co entre noso­tros y el enemi­go, más o menos como en una par­ti­da de wei­chi. Las cam­pa­ñas y com­ba­tes entre ambos ban­dos se ase­me­jan a la toma de pie­zas y el esta­ble­ci­mien­to de pun­tos de apo­yo del enemi­go (como la ciu­dad de Tai­yuán) y de nues­tras bases de apo­yo gue­rri­lle­ras (como las mon­ta­ñas Wutai), a las juga­das para domi­nar espa­cios en el table­ro. Si se amplía la par­ti­da de wei­chi a una esca­la mun­dial, enton­ces habrá toda­vía un ter­cer tipo de cer­co recí­pro­co, o sea, la inter­re­la­ción entre el fren­te de la agre­sión y el de la paz. Con el pri­mer fren­te, el enemi­go cer­ca a paí­ses como Chi­na, la Unión Sovié­ti­ca, Fran­cia y Che­cos­lo­va­quia, en tan­to que noso­tros, con el segun­do fren­te, impo­ne­mos el con­tra­cer­co a Ale­ma­nia, Japón e Ita­lia. Pero nues­tro cer­co, al igual que la mano de Buda, se con­ver­ti­rá en una Mon­ta­ña de los Cin­co Ele­men­tos que atra­vie­se todo el Uni­ver­so, y los Sun Wu-kung moder­nos ‑los agre­so­res fas­cis­tas- serán fácil­men­te ente­rra­dos deba­jo de ella, para no levan­tar­se más12. Por eso, si en el plano inter­na­cio­nal logra­mos crear un fren­te anti­ja­po­nés en la región del Pací­fi­co, con Chi­na como una uni­dad estra­té­gi­ca, con la Unión Sovié­ti­ca y otros paí­ses que pue­dan incor­po­rar­se a él como otras tan­tas uni­da­des estra­té­gi­cas, y con el movi­mien­to del pue­blo japo­nés como una uni­dad estra­té­gi­ca más, for­ma­re­mos una gigan­tes­ca red mun­dial de la que los Sun Wu-kung fas­cis­tas no podrán esca­par; enton­ces habrá lle­ga­do el día final para nues­tro enemi­go. Efec­ti­va­men­te, el momen­to en que se for­me, en lo esen­cial, esta red mun­dial, será sin duda el día del derrum­ba­mien­to total del impe­ria­lis­mo japo­nés. Esto no es de nin­gu­na mane­ra una bro­ma; se tra­ta de la ten­den­cia inevi­ta­ble de la gue­rra.
  5. Zonas gran­des y peque­ñas. Exis­te la posi­bi­li­dad de que el enemi­go se apo­de­re de la mayor par­te del terri­to­rio chino al sur de la Gran mura­lla, y que sólo per­ma­nez­ca intac­ta la par­te menor. Este es un aspec­to de la situa­ción. Mas, den­tro de esta par­te mayor a dife­ren­cia de las tres pro­vin­cias del nor­des­te, el enemi­go sólo podrá ocu­par real­men­te las gran­des ciu­da­des, las prin­ci­pa­les vías de comu­ni­ca­ción y algu­nos sec­to­res de las lla­nu­ras, es decir, obje­ti­vos de pri­mer orden en cuan­to a su impor­tan­cia, pero que, por su exten­sión y pobla­ción, cons­ti­tui­rán pro­ba­ble­men­te la par­te menor del terri­to­rio ocu­pa­do, en tan­to que las zonas gue­rri­lle­ras, que se desa­rro­lla­rán por doquier, cons­ti­tui­rán la par­te mayor. Este es otro aspec­to de la situa­ción. Aho­ra, si no nos cir­cuns­cri­bi­mos al terri­to­rio situa­do al sur de la Gran mura­lla y toma­mos en cuen­ta Mon­go­lia, Sin­chiang, Ching­jai y el Tíbet, las zonas no ocu­pa­das segui­rán cons­ti­tu­yen­do la par­te mayor del terri­to­rio de Chi­na, mien­tras las zonas ocu­pa­das por el enemi­go, aun inclu­yen­do las tres pro­vin­cias del nor­des­te, repre­sen­ta­rán tan sólo la par­te menor. Este es el ter­cer aspec­to de la situa­ción. Las regio­nes no ocu­pa­das tie­nen, por supues­to, una gran impor­tan­cia para noso­tros, y debe­mos con­sa­grar gran­des esfuer­zos a su desa­rro­llo, no sólo en los terre­nos polí­ti­co, mili­tar y eco­nó­mi­co, sino tam­bién, y esto es igual­men­te impor­tan­te, en el cul­tu­ral. El enemi­go ha trans­for­ma­do nues­tros anti­guos cen­tros de cul­tu­ra en zonas cul­tu­ral­men­te atra­sa­das, y noso­tros, a nues­tra vez, tene­mos que trans­for­mar las anti­guas zonas cul­tu­ral­men­te atra­sa­das en cen­tros de cul­tu­ra. Por otra par­te, es tam­bién de suma impor­tan­cia la tarea de desa­rro­llar las exten­sas zonas gue­rri­lle­ras en la reta­guar­dia enemi­ga, y debe­mos lle­var­la a cabo en todos los terre­nos, inclui­do el cul­tu­ral. En resu­men, las gran­des zonas rura­les de Chi­na se con­ver­ti­rán en regio­nes de pro­gre­so y luz, mien­tras que las peque­ñas zonas ocu­pa­das por el enemi­go, en espe­cial las gran­des ciu­da­des, se con­ver­ti­rán tem­po­ral­men­te en islo­tes de atra­so y tinie­blas.
  6. Así vemos como la lar­ga y vas­ta Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón será una gue­rra de inter­pe­ne­tra­ción en los aspec­tos mili­tar, polí­ti­co, eco­nó­mi­co y cul­tu­ral, mag­ní­fi­co espec­tácu­lo en la his­to­ria de las gue­rras, heroi­ca empre­sa de la nación chi­na, gran­dio­sa proeza que con­mo­ve­rá a toda la Tie­rra. Esta gue­rra no sólo influi­rá sobre Chi­na y Japón, impul­san­do gran­de­men­te el pro­gre­so de ambos paí­ses, sino tam­bién sobre el mun­do ente­ro, impul­san­do el pro­gre­so de todas las nacio­nes, y antes que nada, de las nacio­nes opri­mi­das, como la India. Todos los chi­nos deben par­ti­ci­par con ple­na con­cien­cia en esta gue­rra de inter­pe­ne­tra­ción; ésta es la for­ma de gue­rra median­te la cual la nación chi­na lucha por su pro­pia libe­ra­ción, la for­ma pecu­liar de la gue­rra de libe­ra­ción sos­te­ni­da por un país gran­de y semi­co­lo­nial en los años 30 y 40 del siglo XX.

[next­pa­ge title="Guerra por una paz per­du­ra­ble"]

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Guerra por una paz perdurable

  1. La natu­ra­le­za pro­lon­ga­da de la Gue­rra de resis­ten­cia de Chi­na con­tra Japón es inse­pa­ra­ble de la lucha por una paz per­du­ra­ble en Chi­na y en el mun­do ente­ro. En nin­gu­na épo­ca his­tó­ri­ca ha esta­do la gue­rra tan pró­xi­ma como hoy a una paz per­du­ra­ble. Como resul­ta­do de la apa­ri­ción de las cla­ses, la vida de la huma­ni­dad a lo lar­go de mile­nios ha esta­do lle­na de gue­rras. Son incon­ta­bles las que ha sos­te­ni­do cada nación, ya den­tro del mar­co nacio­nal, ya con­tra otras nacio­nes. En la eta­pa impe­ria­lis­ta del desa­rro­llo de la socie­dad capi­ta­lis­ta, las gue­rras han adqui­ri­do una enver­ga­du­ra y un encar­ni­za­mien­to excep­cio­na­les. La Pri­me­ra Gran Gue­rra impe­ria­lis­ta, ocu­rri­da hace vein­te años, fue una gue­rra sin paran­gón en la his­to­ria, más no la últi­ma. Sólo la que ha comen­za­do aho­ra está cer­ca de ser la últi­ma, es decir, está pró­xi­ma a la paz per­du­ra­ble de la huma­ni­dad. Has­ta hoy, una ter­ce­ra par­te de la pobla­ción mun­dial ha entra­do en la gue­rra: Ita­lia, lue­go Japón; Abi­si­nia, des­pués Espa­ña, lue­go Chi­na. La pobla­ción de los paí­ses beli­ge­ran­tes suma aho­ra cer­ca de seis­cien­tos millo­nes, o sea, casi un ter­cio de la pobla­ción mun­dial. Los ras­gos pecu­lia­res de la gue­rra actual son su carác­ter inin­te­rrum­pi­do y su pro­xi­mi­dad a la paz per­du­ra­ble. ¿Por qué es inin­te­rrum­pi­da? Lue­go de inva­dir Abi­si­nia, Ita­lia agre­de a Espa­ña, y Ale­ma­nia se aso­cia a la agre­sión. Des­pués, Japón ata­ca a Chi­na. ¿Qué ven­drá a con­ti­nua­ción? No cabe duda de que Hitler com­ba­ti­rá con­tra las gran­des poten­cias. «El fas­cis­mo es la gue­rra»13; esto es com­ple­ta­men­te cier­to. No habrá inte­rrup­ción algu­na en la trans­for­ma­ción de la gue­rra actual en una gue­rra mun­dial; la huma­ni­dad no podrá elu­dir la cala­mi­dad de la gue­rra. ¿Por qué deci­mos enton­ces que esta gue­rra está pró­xi­ma a la paz per­du­ra­ble? La gue­rra actual es el resul­ta­do del desa­rro­llo de la cri­sis gene­ral del capi­ta­lis­mo mun­dial, que comen­zó con la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial; esta cri­sis gene­ral empu­ja a los paí­ses capi­ta­lis­tas a entrar en un nue­vo con­flic­to béli­co y, sobre todo, a los paí­ses fas­cis­tas a empren­der nue­vas aven­tu­ras béli­cas. Se pue­de pre­ver que esta gue­rra no sal­va­rá al capi­ta­lis­mo, sino que lo apro­xi­ma­rá a su rui­na: esta gue­rra será más vas­ta y encar­ni­za­da que la de hace vein­te años, abar­ca­rá inevi­ta­ble­men­te a todas las nacio­nes y será muy pro­lon­ga­da; la huma­ni­dad sopor­ta­rá gran­des sufri­mien­tos. Pero en el cur­so de ella, debi­do a la exis­ten­cia de la Unión Sovié­ti­ca y a la ele­va­ción de la con­cien­cia polí­ti­ca de los pue­blos del mun­do, sur­gi­rán sin duda gran­dio­sas gue­rras revo­lu­cio­na­rias para opo­ner­se a todas las gue­rras con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rias, con­fi­rien­do así a esta gue­rra el carác­ter de lucha por una paz per­du­ra­ble. Aun­que más tar­de haya toda­vía otro perío­do de gue­rra, ya no esta­rá muy lejos la paz per­du­ra­ble en el mun­do ente­ro. Una vez que la huma­ni­dad haya eli­mi­na­do el capi­ta­lis­mo, entra­rá en la era de la paz per­du­ra­ble, y ya no será nece­sa­ria la gue­rra. No se nece­si­ta­rán enton­ces ejér­ci­tos, buques de gue­rra, avio­nes mili­ta­res ni gases tóxi­cos. El hom­bre ya no vol­ve­rá a ver la gue­rra por los siglos de los siglos. Las gue­rras revo­lu­cio­na­rias que han comen­za­do son par­te de esta gue­rra por la paz per­du­ra­ble. El con­flic­to entre Chi­na y Japón, paí­ses que tie­nen una pobla­ción total de más de qui­nien­tos millo­nes, ocu­pa­rá un lugar impor­tan­te en esta gue­rra por la paz per­du­ra­ble, y de ella sal­drá la libe­ra­ción de la nación chi­na. La nue­va Chi­na libe­ra­da, la Chi­na del futu­ro, será inse­pa­ra­ble del nue­vo mun­do libe­ra­do, el mun­do del futu­ro. De ahí que nues­tra Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón adquie­ra el carác­ter de lucha por una paz per­du­ra­ble.
  2. La his­to­ria demues­tra que las gue­rras se divi­den en dos cla­ses: las jus­tas y las injus­tas. Todas las gue­rras pro­gre­sis­tas son jus­tas, y todas las que impi­den el pro­gre­so son injus­tas. Los comu­nis­tas nos opo­ne­mos a todas las gue­rras injus­tas, que impi­den el pro­gre­so, pero no esta­mos en con­tra de las gue­rras jus­tas, pro­gre­sis­tas. Los comu­nis­tas lejos de opo­ner­nos a estas últi­mas, par­ti­ci­pa­mos acti­va­men­te en ellas. . Entre las gue­rras injus­tas, la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial fue un caso en que ambos ban­dos pelea­ron por intere­ses impe­ria­lis­tas; por lo tan­to, los comu­nis­tas del mun­do ente­ro se opu­sie­ron resuel­ta­men­te a ella. La for­ma de com­ba­tir una gue­rra de este tipo es hacer cuan­to se pue­da por pre­ve­nir­la antes de que esta­lle y, si lle­ga a esta­llar, opo­ner la gue­rra a la gue­rra, opo­ner la gue­rra jus­ta a la injus­ta, tan pron­to como sea posi­ble. La gue­rra que rea­li­za Japón es una gue­rra injus­ta, que impi­de el pro­gre­so, y todos los pue­blos del mun­do, inclui­do el japo­nés, deben opo­ner­se y de hecho se opo­nen a ella. En Chi­na, todos, des­de el pue­blo has­ta el gobierno, des­de el Par­ti­do Comu­nis­ta has­ta el Kuo­min­tang, han levan­ta­do la ban­de­ra de la jus­ti­cia y rea­li­zan una gue­rra revo­lu­cio­na­ria nacio­nal con­tra la agre­sión. Nues­tra gue­rra es sagra­da y jus­ta, es pro­gre­sis­ta y aspi­ra a la paz. No sólo aspi­ra a la paz de un país, sino tam­bién a la de todo el mun­do, y no sólo a una paz tem­po­ral, sino a una paz per­du­ra­ble. Para lograr este obje­ti­vo, debe­mos sos­te­ner una lucha a muer­te, estar pre­pa­ra­dos para cual­quier sacri­fi­cio, per­se­ve­rar has­ta el fin y no dete­ner­nos jamás antes de alcan­zar la meta. Serán gran­des los sacri­fi­cios y hará fal­ta mucho tiem­po, pero ya apa­re­ce con niti­dez ante noso­tros un mun­do nue­vo don­de rei­na­rán para siem­pre la paz y la luz. La con­vic­ción con que hace­mos esta gue­rra se basa pre­ci­sa­men­te en que esta­mos luchan­do por una nue­va Chi­na y un nue­vo mun­do de paz y luz per­du­ra­bles. El fas­cis­mo y el impe­ria­lis­mo quie­ren per­pe­tuar las gue­rras, pero noso­tros que­re­mos aca­bar con ellas en un futu­ro no muy lejano. Para con­se­guir este fin, la gran mayo­ría de la huma­ni­dad debe esfor­zar­se al máxi­mo. Los 450 millo­nes de chi­nos cons­ti­tu­yen una cuar­ta par­te de la pobla­ción del mun­do, y si median­te sus esfuer­zos man­co­mu­na­dos logran aplas­tar al impe­ria­lis­mo japo­nés y crear una nue­va Chi­na libre e igual en dere­chos, habrán hecho indu­da­ble­men­te una inmen­sa con­tri­bu­ción a la lucha por una paz per­du­ra­ble en todo el mun­do. Esta no es una espe­ran­za vana, pues el mun­do ente­ro ya se apro­xi­ma a este pun­to en el cur­so de su desa­rro­llo social y eco­nó­mi­co; y a con­di­ción de que la mayo­ría de los hom­bres redo­ble sus esfuer­zos, nues­tro obje­ti­vo será de segu­ro alcan­za­do den­tro de algu­nas déca­das.

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Actividad consciente en la guerra

  1. Con todo lo dicho has­ta aquí se ha expli­ca­do por qué la gue­rra será pro­lon­ga­da y por qué la vic­to­ria final per­te­ne­ce­rá a Chi­na, y prin­ci­pal­men­te se ha tra­ta­do de los pro­ble­mas de «qué es» y «qué no es» esta gue­rra. Pase­mos aho­ra a los pro­ble­mas de «qué hacer» y «qué no hacer». ¿Cómo lle­var ade­lan­te la gue­rra pro­lon­ga­da? ¿Cómo lograr la vic­to­ria final? Estas son las pre­gun­tas a las que vamos a res­pon­der. Para ello expli­ca­re­mos por orden los siguien­tes pro­ble­mas: acti­vi­dad cons­cien­te en la gue­rra; gue­rra y polí­ti­ca; movi­li­za­ción polí­ti­ca para la Gue­rra de resis­ten­cia; obje­ti­vo de la gue­rra; ofen­si­va den­tro de la defen­si­va, ope­ra­cio­nes de deci­sión rápi­da den­tro de la gue­rra pro­lon­ga­da y líneas exte­rio­res den­tro de líneas inte­rio­res; ini­cia­ti­va, fle­xi­bi­li­dad y pla­ni­fi­ca­ción; gue­rra de movi­mien­tos, gue­rra de gue­rri­llas y gue­rra de posi­cio­nes; gue­rra de ani­qui­la­mien­to y gue­rra de des­gas­te; posi­bi­li­da­des de explo­tar los erro­res del enemi­go; bata­llas deci­si­vas en la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón; ejér­ci­to y pue­blo, base de la vic­to­ria. Comen­ce­mos por el pro­ble­ma de la acti­vi­dad cons­cien­te.
  2. Cuan­do habla­mos de opo­si­ción al enfo­que sub­je­ti­vo de los pro­ble­mas, que­re­mos decir que debe­mos opo­ner­nos a las ideas que no se basan en los hechos obje­ti­vos o no con­cuer­dan con ellos, por­que tales ideas son fru­to de la ima­gi­na­ción o de fal­sos razo­na­mien­tos, y nos con­du­ci­rán al fra­ca­so si actua­mos con­for­me a ellas. Pero todo cuan­to se hace es hecho por el hom­bre; la gue­rra pro­lon­ga­da y la vic­to­ria final no serán posi­bles sin el esfuer­zo humano. Para que sea efi­caz ese esfuer­zo, el hom­bre tie­ne que con­ce­bir, par­tien­do de los hechos obje­ti­vos, ideas, prin­ci­pios y cri­te­rios, y ela­bo­rar pla­nes, orien­ta­cio­nes, polí­ti­ca, estra­te­gia y tác­ti­ca. Las ideas, prin­ci­pios, etc. son lo sub­je­ti­vo, en tan­to que la prác­ti­ca o accio­nes son lo sub­je­ti­vo tra­du­ci­do en lo obje­ti­vo; tan­to aqué­llos como éstas repre­sen­tan la acti­vi­dad pecu­liar del hom­bre. A esta acti­vi­dad la lla­ma­mos «acti­vi­dad cons­cien­te», ras­go que dife­ren­cia a los hom­bres de los demás seres. Toda idea basa­da en los hechos obje­ti­vos y que corres­pon­de a ellos, es correc­ta; y toda prác­ti­ca o acción basa­da en ideas correc­tas, es igual­men­te correc­ta. Debe­mos poner ple­na­men­te en jue­go esas ideas y accio­nes, esa acti­vi­dad cons­cien­te. La Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón tie­ne como obje­ti­vo expul­sar al impe­ria­lis­mo y trans­for­mar la vie­ja Chi­na en una nue­va. Para ello es indis­pen­sa­ble movi­li­zar a todo el pue­blo chino y poner en pleno jue­go su acti­vi­dad cons­cien­te para la resis­ten­cia al Japón. Si per­ma­ne­cié­ra­mos de bra­zos cru­za­dos, sería­mos sub­yu­ga­dos y no habría ni gue­rra pro­lon­ga­da ni vic­to­ria final.
  3. La acti­vi­dad cons­cien­te es un ras­go carac­te­rís­ti­co del hom­bre, quien lo mani­fies­ta inten­sa­men­te en la gue­rra. La vic­to­ria o la derro­ta en una gue­rra depen­de, por supues­to, de las con­di­cio­nes mili­ta­res, polí­ti­cas, eco­nó­mi­cas y geo­grá­fi­cas de ambos ban­dos, de la natu­ra­le­za de la gue­rra que hace cada uno y del apo­yo inter­na­cio­nal del que uno y otro gozan, pero no sólo de estos fac­to­res; todos ellos no hacen más que pro­por­cio­nar la posi­bi­li­dad de la vic­to­ria o la derro­ta, y no deci­den por sí solos el desen­la­ce de la gue­rra. Para deci­dir­lo, es pre­ci­so agre­gar el esfuer­zo sub­je­ti­vo, esto es, la direc­ción y rea­li­za­ción de la gue­rra, la acti­vi­dad cons­cien­te en ella.
  4. Quie­nes diri­gen una gue­rra no pue­den pre­ten­der ganar­la tras­pa­san­do los lími­tes impues­tos por las con­di­cio­nes obje­ti­vas, pero si pue­den y deben, den­tro de tales lími­tes, esfor­zar­se con su acti­vi­dad cons­cien­te por alcan­zar la vic­to­ria. El esce­na­rio de la acción para los man­dos de una gue­rra debe cons­truir­se den­tro de lo que per­mi­ten las con­di­cio­nes obje­ti­vas, pero en este esce­na­rio pue­den diri­gir la repre­sen­ta­ción de muchos dra­mas mar­cia­les, gran­dio­sos y lle­nos de soni­do y color. Sobre la base mate­rial obje­ti­va dada, los man­dos de la Gue­rra de resis­ten­cia deben poner en jue­go su capa­ci­dad y con­du­cir a todas sus fuer­zas para aplas­tar a los enemi­gos de la nación, trans­for­mar la situa­ción actual en que nues­tra socie­dad y nues­tro país sufren la agre­sión y la opre­sión, y crear una nue­va Chi­na libre e igual en dere­chos; es en este sen­ti­do que pue­de y debe ejer­cer­se nues­tra capa­ci­dad sub­je­ti­va para diri­gir la gue­rra. No que­re­mos que nin­guno de nues­tros man­dos de la Gue­rra de resis­ten­cia se apar­te de las con­di­cio­nes obje­ti­vas y se con­vier­ta en un impul­si­vo que actúe de mane­ra arre­ba­ta­da, pero debe­mos alen­tar a cada uno de ellos para que se trans­for­me en un jefe vale­ro­so y sagaz. Nues­tros man­dos deben poseer no sólo el denue­do nece­sa­rio para aplas­tar al enemi­go, sino tam­bién la capa­ci­dad para domi­nar el cur­so ente­ro de la gue­rra en todas sus vici­si­tu­des y en todo su desa­rro­llo. Nadan­do en el océano de la gue­rra, un man­do no sólo debe evi­tar hun­dir­se, sino tam­bién ase­gu­rar­se la lle­ga­da a la ori­lla opues­ta con bra­za­das medi­das. La estra­te­gia y la tác­ti­ca, como leyes de la direc­ción de la gue­rra, cons­ti­tu­yen el arte de nadar en el océano de la gue­rra.

[next­pa­ge title="Guerra y polí­ti­ca"]

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Guerra y política

  1. «La gue­rra es la con­ti­nua­ción de la polí­ti­ca.» En este sen­ti­do, la gue­rra es polí­ti­ca, y es en sí mis­ma una acción polí­ti­ca. No ha habi­do jamás, des­de los tiem­pos anti­guos, una gue­rra que no haya teni­do carác­ter polí­ti­co. La Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón es una gue­rra revo­lu­cio­na­ria de toda la nación, y la vic­to­ria es inse­pa­ra­ble del obje­ti­vo polí­ti­co de esta Gue­rra ‑expul­sar al impe­ria­lis­mo japo­nés y crear una nue­va Chi­na libre e igual en dere­chos-; inse­pa­ra­ble de la polí­ti­ca gene­ral de per­se­ve­rar en la resis­ten­cia y man­te­ner el fren­te úni­co; de la movi­li­za­ción de todo el pue­blo; de los prin­ci­pios polí­ti­cos de uni­dad entre ofi­cia­les y sol­da­dos, uni­dad entre ejér­ci­to y pue­blo y desin­te­gra­ción de las fuer­zas enemi­gas; de la apli­ca­ción efi­caz de la polí­ti­ca de fren­te úni­co; de la movi­li­za­ción cul­tu­ral, y de los esfuer­zos por ganar el apo­yo inter­na­cio­nal, inclui­do el del pue­blo japo­nés. En una pala­bra, la gue­rra no pue­de sepa­rar­se ni un solo ins­tan­te de la polí­ti­ca. Toda ten­den­cia entre los mili­ta­res anti­ja­po­ne­ses a menos­pre­ciar la polí­ti­ca, ais­lan­do la gue­rra de ella y abo­gan­do por la idea de que la gue­rra es algo abso­lu­to, es erró­nea y debe ser corre­gi­da.
  2. Pero la gue­rra tie­ne sus pecu­lia­ri­da­des; en este sen­ti­do, no equi­va­le a la polí­ti­ca en gene­ral. «La gue­rra es la con­ti­nua­ción de la polí­ti­ca por otros medios.» 14 Cuan­do la polí­ti­ca lle­ga a cier­ta eta­pa de su desa­rro­llo, más allá de la cual no pue­de pro­se­guir por los medios habi­tua­les, esta­lla la gue­rra para barrer el obs­tácu­lo del camino. Por ejem­plo, la situa­ción semi­in­de­pen­dien­te de Chi­na cons­ti­tu­ye un obs­tácu­lo para el desa­rro­llo de la polí­ti­ca del impe­ria­lis­mo japo­nés, y por lo tan­to, Japón ha ini­cia­do su gue­rra de agre­sión para eli­mi­nar ese obs­tácu­lo. ¿Y Chi­na? La opre­sión impe­ria­lis­ta cons­ti­tu­ye des­de hace mucho tiem­po un obs­tácu­lo para la revo­lu­ción demo­crá­ti­co-bur­gue­sa de Chi­na, y por ello se han sos­te­ni­do nume­ro­sas gue­rras de libe­ra­ción, con la inten­ción de eli­mi­nar­lo. Como Japón uti­li­za aho­ra la gue­rra para opri­mir a Chi­na y cerrar por com­ple­to el camino a su revo­lu­ción, Chi­na no tie­ne más reme­dio que empren­der la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón, deci­di­da a barrer este obs­tácu­lo. Cuan­do se haya eli­mi­na­do el obs­tácu­lo y con­se­gui­do el obje­ti­vo polí­ti­co, ter­mi­na­rá la gue­rra. Mien­tras no se eli­mi­ne por com­ple­to el obs­tácu­lo, la gue­rra ten­drá que con­ti­nuar has­ta lograr el obje­ti­vo. Por ejem­plo, mien­tras no se cum­pla la tarea de la resis­ten­cia al Japón, toda ten­ta­ti­va de com­pro­mi­so fra­ca­sa­rá inevi­ta­ble­men­te, pues aun cuan­do, por una u otra razón, se lle­ga­se a un com­pro­mi­so, la gue­rra vol­ve­ría a esta­llar, ya que sin duda las amplias masas popu­la­res no se resig­na­rían a ello, y con­ti­nua­rían la gue­rra has­ta la com­ple­ta rea­li­za­ción del obje­ti­vo polí­ti­co de la mis­ma. Por con­si­guien­te, se pue­de decir que la polí­ti­ca es gue­rra sin derra­ma­mien­to de san­gre, en tan­to que la gue­rra es polí­ti­ca con derra­ma­mien­to de san­gre.
  3. Los ras­gos pecu­lia­res de la gue­rra hacen sur­gir un con­jun­to de orga­ni­za­cio­nes espe­cia­les; una serie de méto­dos par­ti­cu­la­res y un pro­ce­so espe­cí­fi­co de la gue­rra. Las orga­ni­za­cio­nes son las fuer­zas arma­das y cuan­to a ellas es anejo. Los méto­dos son la estra­te­gia y la tác­ti­ca para diri­gir la gue­rra. El pro­ce­so es la for­ma par­ti­cu­lar de acti­vi­dad social en que las fuer­zas beli­ge­ran­tes ata­can o se defien­den emplean­do una estra­te­gia y una tác­ti­ca favo­ra­bles para sí y des­fa­vo­ra­bles para el enemi­go. Por lo tan­to, la expe­rien­cia de la gue­rra es una expe­rien­cia espe­cial. Todos cuan­tos par­ti­ci­pan en la gue­rra deben des­pren­der­se de los hábi­tos corrien­tes y adap­tar­se a ella, a fin de poder ganar­la.

[next­pa­ge title="Movilización polí­ti­ca para la Gue­rra de resis­ten­cia"]

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Movilización política para la Guerra de resistencia

  1. Una gue­rra revo­lu­cio­na­ria nacio­nal tan gran­dio­sa no pue­de triun­far sin una amplia y pro­fun­da movi­li­za­ción polí­ti­ca. Antes de la Gue­rra de resis­ten­cia no hubo una movi­li­za­ción polí­ti­ca para la resis­ten­cia al Japón; ésta fue una enor­me falla de Chi­na, y debi­do a ello per­di­mos una juga­da ante el enemi­go. Des­pués de ini­cia­da la resis­ten­cia, la movi­li­za­ción polí­ti­ca estu­vo lejos de ser gene­ral, y no hable­mos ya de su fal­ta de pro­fun­di­dad. Fue­ron los caño­na­zos y el bom­bar­deo aéreo del enemi­go los que hicie­ron lle­gar la noti­cia de la gue­rra a la gran mayo­ría del pue­blo. Eso tam­bién cons­ti­tu­yó una for­ma de movi­li­za­ción, pero no fue rea­li­za­da por noso­tros, sino por el enemi­go. Los habi­tan­tes de las regio­nes remo­tas, a las cua­les no lle­ga el rui­do del caño­neo, viven aún en una tran­qui­li­dad que nada tur­ba. Esta situa­ción debe cam­biar, pues de lo con­tra­rio no podre­mos salir vic­to­rio­sos en esta gue­rra de vida o muer­te. En nin­gún caso debe­mos per­der otra juga­da ante el enemi­go; por el con­tra­rio, debe­mos explo­tar a fon­do esa juga­da, la movi­li­za­ción polí­ti­ca, para ven­cer al enemi­go. Dicha juga­da es deci­si­va; es real­men­te un asun­to de impor­tan­cia pri­mor­dial, en tan­to que nues­tra infe­rio­ri­dad en arma­men­to y otros aspec­tos es lo secun­da­rio. La movi­li­za­ción de todo el pue­blo for­ma­rá un vas­to mar para aho­gar al enemi­go, crea­rá las con­di­cio­nes que habrán de com­pen­sar nues­tra infe­rio­ri­dad en armas y otros ele­men­tos, y pro­por­cio­na­rá los requi­si­tos pre­vios para supe­rar todas las difi­cul­ta­des en la gue­rra. A fin de obte­ner la vic­to­ria, debe­mos per­se­ve­rar en la resis­ten­cia, man­te­ner el fren­te úni­co y per­sis­tir en la gue­rra pro­lon­ga­da. Pero todo esto es inse­pa­ra­ble de la movi­li­za­ción del pue­blo. Que­rer alcan­zar la vic­to­ria y des­cui­dar la movi­li­za­ción polí­ti­ca es lo mis­mo que «tra­tar de diri­gir­se al sur con el carrua­je orien­ta­do al nor­te». Indu­da­ble­men­te esto no con­du­ci­ría a la vic­to­ria.
  2. ¿Qué es la movi­li­za­ción polí­ti­ca? Pri­me­ro, expli­car al ejér­ci­to y al pue­blo el obje­ti­vo polí­ti­co de la gue­rra. Hay que hacer com­pren­der a cada sol­da­do y a cada civil por qué es nece­sa­rio batir­se y en qué les ata­ñe la gue­rra. El obje­ti­vo polí­ti­co de la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón es «expul­sar al impe­ria­lis­mo japo­nés y crear una nue­va Chi­na libre e igual en dere­chos». Debe­mos expli­car este obje­ti­vo a todo el ejér­ci­to y el pue­blo, a fin de encen­der en ellos un gran entu­sias­mo por la resis­ten­cia al Japón y unir como un solo hom­bre a cien­tos de millo­nes de per­so­nas para que apor­ten sin reser­vas su con­tri­bu­ción al esfuer­zo béli­co. Segun­do, no bas­ta con expli­car sólo el obje­ti­vo; hay que expli­car tam­bién las medi­das y la polí­ti­ca des­ti­na­das a alcan­zar­lo, y de ahí la nece­si­dad de un pro­gra­ma polí­ti­co. Ya posee­mos el Pro­gra­ma de diez pun­tos para la resis­ten­cia al Japón y la sal­va­ción nacio­nal y tam­bién el Pro­gra­ma de resis­ten­cia arma­da y recons­truc­ción nacio­nal; debe­mos divul­gar­los en el ejér­ci­to y entre el pue­blo y movi­li­zar a éstos para que los pon­gan en prác­ti­ca. Sin un pro­gra­ma polí­ti­co pre­ci­so y con­cre­to, no es posi­ble movi­li­zar a todas las fuer­zas arma­das y a todo el pue­blo para que lle­ven has­ta el fin la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón. Ter­ce­ro, ¿cómo efec­tuar la movi­li­za­ción? Ver­bal­men­te; por medio de octa­vi­llas y car­te­les, perió­di­cos, libros y folle­tos; con repre­sen­ta­cio­nes tea­tra­les y pelí­cu­las; a tra­vés de las escue­las, las orga­ni­za­cio­nes popu­la­res y los cua­dros. Lo que has­ta aho­ra se ha hecho en las regio­nes domi­na­das por el Kuo­min­tang es como una gota de agua en el océano, y ade­más, se ha rea­li­za­do de una mane­ra inade­cua­da al gus­to de las masas popu­la­res y con un espí­ri­tu ajeno a ellas; esto debe ser corre­gi­do radi­cal­men­te. Cuar­to, no bas­ta con movi­li­zar una vez; la movi­li­za­ción polí­ti­ca para la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón debe efec­tuar­se per­ma­nen­te­men­te. Nues­tra tarea no con­sis­te en reci­tar mecá­ni­ca­men­te al pue­blo nues­tro pro­gra­ma polí­ti­co, por­que así nadie escu­cha­rá; debe­mos vin­cu­lar la movi­li­za­ción polí­ti­ca con la mar­cha de la gue­rra y con la vida de los sol­da­dos y del pue­blo, y hacer de ella un tra­ba­jo per­ma­nen­te. Este es un asun­to de extre­ma impor­tan­cia, del cual depen­de en pri­mer tér­mino nues­tra vic­to­ria.

[next­pa­ge title="Objetivo de la gue­rra"]

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Objetivo de la guerra

  1. No nos refe­ri­re­mos aquí al obje­ti­vo polí­ti­co de la gue­rra. El obje­ti­vo polí­ti­co de la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón es «expul­sar al impe­ria­lis­mo japo­nés y crear una nue­va Chi­na libre e igual en dere­chos», y de esto ya hemos habla­do más arri­ba. Aquí nos refe­ri­re­mos al obje­ti­vo fun­da­men­tal de la gue­rra, de la gue­rra como polí­ti­ca con derra­ma­mien­to de san­gre, como des­truc­ción mutua de ejér­ci­tos. El obje­ti­vo de la gue­rra no es otro que «con­ser­var las fuer­zas pro­pias y des­truir las del enemi­go» (des­truir las fuer­zas enemi­gas sig­ni­fi­ca des­ar­mar­las o «pri­var­las de su capa­ci­dad de resis­ten­cia», y no sig­ni­fi­ca ani­qui­lar­las a todas físi­ca­men­te). En las gue­rras anti­guas, se pisa­ban la lan­za y el escu­do: la lan­za para ata­car y des­truir al enemi­go, el escu­do para defen­der­se y con­ser­var­se a sí mis­mo. Has­ta hoy, las armas no son más que una con­ti­nua­ción de la lan­za y el escu­do. El bom­bar­de­ro, la ame­tra­lla­do­ra, el cañón de lar­go alcan­ce y los gases tóxi­cos son desa­rro­llos de la lan­za, en tan­to que el refu­gio anti­aé­reo, el cas­co de ace­ro, las defen­sas de hor­mi­gón y la care­ta anti­gás lo son del escu­do. El tan­que es una nue­va arma que com­bi­na las fun­cio­nes de la lan­za y el escu­do. El ata­que es el medio prin­ci­pal para des­truir las fuer­zas enemi­gas, pero no se pue­de pres­cin­dir de la defen­sa. El ata­que se rea­li­za con el obje­ti­vo inme­dia­to de ani­qui­lar las fuer­zas del enemi­go, pero al mis­mo tiem­po para con­ser­var las fuer­zas pro­pias, por­que si uno no ani­qui­la al enemi­go, será ani­qui­la­do. La defen­sa tie­ne como obje­ti­vo inme­dia­to con­ser­var las fuer­zas pro­pias, pero al mis­mo tiem­po es un medio de com­ple­men­tar el ata­que o de pre­pa­rar­se para pasar a él. La reti­ra­da per­te­ne­ce a la cate­go­ría de la defen­sa y es una con­ti­nua­ción de ésta, en tan­to que la per­se­cu­ción es una con­ti­nua­ción del ata­que. Hay que seña­lar que, den­tro del obje­ti­vo de la gue­rra, la des­truc­ción de las fuer­zas enemi­gas es lo prin­ci­pal, y la con­ser­va­ción de las fuer­zas pro­pias, lo secun­da­rio, por­que sólo se pue­de con­ser­var efi­caz­men­te las fuer­zas pro­pias des­tru­yen­do en gran núme­ro las del enemi­go. Por lo tan­to, el ata­que, como medio prin­ci­pal para des­truir las fuer­zas enemi­gas, es lo pri­mor­dial, en tan­to que la defen­sa, como medio auxi­liar para des­truir las fuer­zas del enemi­go y como uno de los medios para con­ser­var las fuer­zas pro­pias, es lo secun­da­rio. Aun­que en la prác­ti­ca de una gue­rra muchas veces pre­do­mi­ne la defen­sa, y en otras oca­sio­nes el ata­que, con­si­de­ra­da esa gue­rra en su con­jun­to, el ata­que sigue sien­do lo pri­mor­dial.
  2. ¿Cómo expli­car el estí­mu­lo al espí­ri­tu heroi­co de sacri­fi­cio en la gue­rra? ¿No está en con­tra­dic­ción con «con­ser­var las fuer­zas pro­pias»? No, no lo está. Uno y otro son con­tra­rios que se con­di­cio­nan entre sí. La gue­rra es polí­ti­ca con derra­ma­mien­to de san­gre y exi­ge un pre­cio, a veces suma­men­te ele­va­do. El sacri­fi­cio (la no con­ser­va­ción) par­cial y tem­po­ral es indis­pen­sa­ble para la con­ser­va­ción per­ma­nen­te del todo. He aquí pre­ci­sa­men­te por qué deci­mos que el ata­que, que es en lo fun­da­men­tal un medio para des­truir las fuer­zas del enemi­go, sir­ve al mis­mo tiem­po para con­ser­var las pro­pias. He ahí tam­bién por qué la defen­sa debe ir acom­pa­ña­da del ata­que; y no ser una defen­sa pura.
  3. El obje­ti­vo de la gue­rra, es decir, la con­ser­va­ción de las fuer­zas pro­pias y la des­truc­ción de las del enemi­go, es la esen­cia de la gue­rra y la base de todas las acti­vi­da­des béli­cas, y esta esen­cia las impreg­na a todas ellas, des­de la téc­ni­ca de com­ba­te has­ta la estra­te­gia. El men­cio­na­do obje­ti­vo cons­ti­tu­ye el prin­ci­pio bási­co de la gue­rra, y nin­gún fun­da­men­to o prin­ci­pio de la téc­ni­ca de com­ba­te, la tác­ti­ca, las cam­pa­ñas y la estra­te­gia pue­den sepa­rar­se de él. ¿Qué sig­ni­fi­ca, por ejem­plo, en el tiro, el prin­ci­pio de «poner­se a cubier­to y emplear al máxi­mo la poten­cia de fue­go»? Lo pri­me­ro es para con­ser­var­se a sí mis­mo, y lo segun­do, para des­truir al enemi­go. De lo pri­me­ro sur­gen méto­dos como la uti­li­za­ción del terreno y de los obje­tos que en él se hallen, el avan­ce a sal­tos y la dis­po­si­ción en orden abier­to de las tro­pas. De lo segun­do nacen otros méto­dos como des­pe­jar el cam­po de tiro y orga­ni­zar la red de fue­go. En cuan­to a las fuer­zas de cho­que, de con­ten­ción y de reser­va en las ope­ra­cio­nes tác­ti­cas, las pri­me­ras son para des­truir las fuer­zas enemi­gas, las segun­das; para con­ser­var las pro­pias, y las ter­ce­ras, para cual­quie­ra de los dos fines según las cir­cuns­tan­cias, bien para des­truir al enemi­go, apo­yan­do a las fuer­zas de cho­que o sir­vien­do como fuer­zas de per­se­cu­ción, bien para con­ser­var las pro­pias, apo­yan­do a las fuer­zas de con­ten­ción o sir­vien­do como fuer­zas de cober­tu­ra. De este modo, todos los prin­ci­pios o accio­nes en el plano téc­ni­co, tác­ti­co, de las cam­pa­ñas y estra­té­gi­co son abso­lu­ta­men­te inse­pa­ra­bles del obje­ti­vo de la gue­rra, que la rige en su con­jun­to y des­de el prin­ci­pio has­ta el fin.
  4. Al diri­gir la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón, los jefes de todo nivel deben tener siem­pre pre­sen­tes los diver­sos fac­to­res fun­da­men­ta­les de Chi­na y del Japón opues­tos entre sí, así como el obje­ti­vo de la gue­rra. En el cur­so de las ope­ra­cio­nes mili­ta­res, esos fac­to­res fun­da­men­ta­les de los dos paí­ses, opues­tos entre sí, se mani­fies­tan en la lucha de cada ban­do por con­ser­var sus fuer­zas y des­truir las del enemi­go. En lo que a noso­tros con­cier­ne, nos esfor­za­mos al máxi­mo en cada encuen­tro por obte­ner una vic­to­ria, gran­de o peque­ña, así como por des­ar­mar a una par­te de las fuer­zas enemi­gas y des­truir una par­te de sus efec­ti­vos y de su equi­po. Al acu­mu­lar los resul­ta­dos de estas des­truc­cio­nes par­cia­les, ten­dre­mos gran­des vic­to­rias estra­té­gi­cas, que nos per­mi­ti­rán alcan­zar el obje­ti­vo polí­ti­co de expul­sar defi­ni­ti­va­men­te del país al enemi­go, defen­der a nues­tra patria y cons­truir una nue­va Chi­na.

[next­pa­ge title="Ofensiva den­tro de la defen­si­va, ope­ra­cio­nes de deci­sión rápi­da den­tro de la gue­rra pro­lon­ga­da y líneas exte­rio­res den­tro de líneas inte­rio­res"]

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Ofensiva dentro de la defensiva, operaciones de decisión rápida dentro de la guerra prolongada y líneas exteriores dentro de líneas interiores

  1. Exa­mi­ne­mos aho­ra la estra­te­gia con­cre­ta de la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón. Ya hemos dicho que nues­tra estra­te­gia para resis­tir al Japón es la de gue­rra pro­lon­ga­da, y esto es abso­lu­ta­men­te exac­to. Pero ésta es una estra­te­gia gene­ral, y no con­cre­ta. ¿Cómo debe con­du­cir­se con­cre­ta­men­te la gue­rra pro­lon­ga­da? Este es el pro­ble­ma que ana­li­za­re­mos aho­ra. He aquí nues­tra res­pues­ta: en la pri­me­ra y segun­da eta­pas de la gue­rra, o sea, la eta­pa en que el enemi­go está a la ofen­si­va y la eta­pa en que pasa a con­so­li­dar el terri­to­rio ocu­pa­do, debe­mos rea­li­zar cam­pa­ñas y com­ba­tes ofen­si­vos den­tro de la defen­si­va estra­té­gi­ca, cam­pa­ñas y com­ba­tes de deci­sión rápi­da den­tro de la gue­rra estra­té­gi­ca­men­te pro­lon­ga­da, y cam­pa­ñas y com­ba­tes en líneas exte­rio­res den­tro de la gue­rra en líneas inte­rio­res en el plano estra­té­gi­co. En la ter­ce­ra eta­pa, debe­mos lan­zar la con­tra­ofen­si­va estra­té­gi­ca.
  2. Como el Japón es una poten­cia impe­ria­lis­ta y noso­tros un país débil, semi­co­lo­nial y semi­feu­dal, aquel adop­ta la polí­ti­ca de ofen­si­va estra­té­gi­ca, en tan­to que noso­tros esta­mos a la defen­si­va estra­té­gi­ca. El Japón tra­ta de apli­car la estra­te­gia de gue­rra de deci­sión rápi­da y noso­tros debe­mos poner en prác­ti­ca cons­cien­te­men­te la estra­te­gia de gue­rra pro­lon­ga­da. El Japón emplea dece­nas de divi­sio­nes terres­tres (aho­ra ya son trein­ta) de capa­ci­dad com­ba­ti­va bas­tan­te ele­va­da y una par­te de su mari­na de gue­rra para cer­car y blo­quear a Chi­na por tie­rra y por mar, y uti­li­za su fuer­za aérea para bom­bar­dear­la. En el momen­to actual, su ejér­ci­to ha esta­ble­ci­do ya un amplio fren­te que se extien­de de Pao­tou a Jang­chou, y su mari­na de gue­rra ha lle­ga­do has­ta las pro­vin­cias de Fuchién y Kuang­tung; así, han cobra­do gran ampli­tud sus ope­ra­cio­nes en líneas exte­rio­res. Noso­tros en cam­bio, ope­ra­mos en líneas inte­rio­res. Todo ello se debe al hecho de que el enemi­go es fuer­te y noso­tros débi­les. Este es un aspec­to de la situa­ción.
  3. Pero hay tam­bién otro aspec­to, exac­ta­men­te con­tra­rio. Japón, aun­que fuer­te, no tie­ne sufi­cien­tes sol­da­dos. Chi­na, aun­que débil, posee un vas­to terri­to­rio, una gran pobla­ción y gran núme­ro de sol­da­dos. De esto se deri­van dos impor­tan­tes con­se­cuen­cias. Pri­me­ra: el enemi­go, que emplea fuer­zas poco nume­ro­sas con­tra un país gran­de, sólo pue­de ocu­par algu­nas gran­des ciu­da­des y prin­ci­pa­les líneas de comu­ni­ca­ción y par­te de las lla­nu­ras. Así, en el terri­to­rio toma­do por él que­dan exten­sas zonas que no están en con­di­cio­nes de ocu­par, lo cual ofre­ce un amplio cam­po de ope­ra­cio­nes para nues­tra gue­rra de gue­rri­llas. Con­si­de­ran­do Chi­na en su con­jun­to, aun­que el enemi­go con­si­ga ocu­par la línea Can­tón-Wuján-Lan­chou y las zonas adya­cen­tes, difí­cil­men­te podrá apo­de­rar­se de regio­nes situa­das más allá, lo que pro­por­cio­na­rá a Chi­na una reta­guar­dia gene­ral y bases de apo­yo vita­les para sos­te­ner una gue­rra pro­lon­ga­da y lograr la vic­to­ria final. Segun­da: el enemi­go, al lan­zar fuer­zas redu­ci­das con­tra fuer­zas nume­ro­sas, se encuen­tra cer­ca­do por éstas. El enemi­go nos ata­ca en varias direc­cio­nes; estra­té­gi­ca­men­te, se halla en líneas exte­rio­res mien­tras noso­tros, en líneas inte­rio­res, y se encuen­tra a la ofen­si­va mien­tras noso­tros, a la defen­si­va. Esto pue­de pare­cer muy des­fa­vo­ra­ble para noso­tros. Sin embar­go, pode­mos hacer uso de nues­tras dos ven­ta­jas ‑vas­to terri­to­rio y gran núme­ro de soldados‑, recu­rrien­do a la fle­xi­ble gue­rra de movi­mien­tos, en lugar de una gue­rra de posi­cio­nes de defen­sa obs­ti­na­da, y emplean­do varias divi­sio­nes con­tra una divi­sión enemi­ga, varias dece­nas de miles de hom­bres con­tra diez mil de los suyos, varias colum­nas con­tra una suya, para cer­car­la y ata­car­la repen­ti­na­men­te des­de líneas exte­rio­res del cam­po de bata­lla. De esta mane­ra, para el enemi­go, las líneas exte­rio­res y la ofen­si­va en el plano estra­té­gi­co se con­ver­ti­rán inevi­ta­ble­men­te en líneas inte­rio­res y defen­si­vas en cam­pa­ñas y com­ba­tes. Y para noso­tros, las líneas inte­rio­res y las defen­si­vas en el plano estra­té­gi­co se con­ver­ti­rán en líneas exte­rio­res y ofen­si­vas en cam­pa­ñas y com­ba­tes. Así se debe actuar fren­te a cada una de las colum­nas enemi­gas. Las dos con­se­cuen­cias arri­ba men­cio­na­das se des­pren­den del hecho de que Japón es un país peque­ño en tan­to que el nues­tro es gran­de. Por otra par­te, las fuer­zas enemi­gas, aun­que poco nume­ro­sas, son poten­tes (en armas y adies­tra­mien­to), en tan­to que las nues­tras, aun­que muchas, son débi­les (tam­bién en armas y adies­tra­mien­to, pero no en moral); de modo que en las cam­pa­ñas y com­ba­tes no sólo debe­mos emplear fuer­zas gran­des con­tra peque­ñas y ope­rar des­de líneas exte­rio­res con­tra líneas inte­rio­res, sino tam­bién adop­tar el prin­ci­pio de ope­ra­cio­nes de deci­sión rápi­da. Para con­se­guir una deci­sión rápi­da por lo gene­ral tene­mos que ata­car no a fuer­zas enemi­gas acan­to­na­das, sino a fuer­zas en movi­mien­to. Debe­mos con­cen­trar pre­via­men­te y en secre­to gran­des fuer­zas a ambos lados de la ruta, por la que el enemi­go debe pasar, caer repen­ti­na­men­te sobre él mien­tras se halla en movi­mien­to, cer­car­lo y ata­car­lo antes que se dé cuen­ta de lo que suce­de, y con­cluir con rapi­dez la bata­lla. Si el com­ba­te mar­cha bien, pode­mos ani­qui­lar todas las fuer­zas enemi­gas, o la par­te mayor o menor de esas fuer­zas; y aun si el com­ba­te no se desa­rro­lla muy bien, de todos modos podre­mos oca­sio­nar seve­ras pér­di­das al enemi­go. Es así como debe­mos actuar en cada uno de nues­tros com­ba­tes. Si logra­mos, aun­que no sea más que una vez por mes, una vic­to­ria rela­ti­va­men­te gran­de como la de Ping­sing­kuan o la de Taier­chuang, esto debi­li­ta­rá con­si­de­ra­ble­men­te la moral del enemi­go; ele­va­rá la de nues­tras fuer­zas y des­per­ta­rá la soli­da­ri­dad inter­na­cio­nal. De esta mane­ra, nues­tra gue­rra estra­té­gi­ca­men­te pro­lon­ga­da se tra­du­ci­rá en bata­llas de deci­sión rápi­da en el tea­tro de ope­ra­cio­nes. La gue­rra del enemi­go de deci­sión rápi­da en el plano estra­té­gi­co se con­ver­ti­rá inelu­di­ble­men­te en una gue­rra pro­lon­ga­da, des­pués que haya sufri­do muchas derro­tas en cam­pa­ñas y com­ba­tes.
  4. El prin­ci­pio para las ope­ra­cio­nes en cam­pa­ñas y com­ba­tes, expues­to más arri­ba, pue­de resu­mir­se así: «ope­ra­cio­nes ofen­si­vas de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res». Es lo con­tra­rio de nues­tro prin­ci­pio estra­té­gi­co de «gue­rra defen­si­va pro­lon­ga­da en líneas inte­rio­res», pero es indis­pen­sa­ble pre­ci­sa­men­te para la rea­li­za­ción de este prin­ci­pio estra­té­gi­co. Si apli­cá­se­mos tam­bién en cam­pa­ñas y com­ba­tes el prin­ci­pio de «gue­rra defen­si­va pro­lon­ga­da en líneas inte­rio­res», como se hizo en el perío­do ini­cial de la Gue­rra de resis­ten­cia, ello no corres­pon­de­ría en abso­lu­to al hecho de que el país enemi­go es peque­ño y el nues­tro gran­de, y de que el enemi­go es fuer­te y noso­tros débi­les. En tal caso, no alcan­za­ría­mos jamás nues­tro obje­ti­vo estra­té­gi­co, no logra­ría­mos sos­te­ner una gue­rra pro­lon­ga­da y sería­mos derro­ta­dos. Por eso, hemos abo­ga­do siem­pre por la orga­ni­za­ción de todas las fuer­zas arma­das del país en varios gran­des ejér­ci­tos de cam­pa­ña, cada uno enfren­ta­do a uno de los ejér­ci­tos de cam­pa­ña del enemi­go, pero con efec­ti­vos que sean dos, tres o cua­tro veces los suyos, para man­te­ner ata­rea­do al enemi­go en amplios tea­tros de ope­ra­cio­nes de acuer­do con el prin­ci­pio antes expues­to. Dicho prin­ci­pio pue­de y debe apli­car­se tan­to a la gue­rra regu­lar como a la de gue­rri­llas, y es váli­do no sólo para una eta­pa deter­mi­na­da de la gue­rra, sino tam­bién para todo su cur­so. En la eta­pa de con­tra­ofen­si­va estra­té­gi­ca, en que ten­dre­mos mejo­res con­di­cio­nes téc­ni­cas e inclu­so deja­re­mos de estar en la posi­ción del débil con­tra el fuer­te, si con­ti­nua­mos emplean­do fuer­zas numé­ri­ca­men­te supe­rio­res en ope­ra­cio­nes ofen­si­vas de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res, ten­dre­mos posi­bi­li­da­des aún mayo­res de cap­tu­rar gran can­ti­dad de sol­da­dos y per­tre­chos enemi­gos. Por ejem­plo, si emplea­mos dos, tres o cua­tro divi­sio­nes meca­ni­za­das con­tra una divi­sión meca­ni­za­da del enemi­go, podre­mos estar mucho más segu­ros de ani­qui­lar­la. Varios hom­bres for­ni­dos pue­den ven­cer fácil­men­te a uno solo: ésta es una ver­dad de sen­ti­do común.
  5. Si apli­ca­mos resuel­ta­men­te en los cam­pos de bata­lla el prin­ci­pio de «ope­ra­cio­nes ofen­si­vas de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res», no sólo modi­fi­ca­re­mos la corre­la­ción de fuer­zas entre el enemi­go y noso­tros en esos cam­pos de bata­lla, sino que tam­bién ire­mos cam­bian­do pro­gre­si­va­men­te la situa­ción gene­ral de la gue­rra. En los cam­pos de bata­lla, esta­re­mos a la ofen­si­va y el enemi­go, a la defen­si­va; emplea­re­mos fuer­zas supe­rio­res en líneas exte­rio­res y el enemi­go, fuer­zas infe­rio­res en líneas inte­rio­res, y bus­ca­re­mos la deci­sión rápi­da, en tan­to que el enemi­go no podrá, por más que lo inten­te, pro­lon­gar la lucha en espe­ra de soco­rros. De esta mane­ra, el adver­sa­rio pasa­rá de fuer­te a débil y de supe­rior a infe­rior, y nues­tras fuer­zas, por el con­tra­rio, pasa­rán de débi­les a fuer­tes y de infe­rio­res a supe­rio­res. Des­pués de gana­das así muchas bata­llas, se modi­fi­ca­rá la situa­ción gene­ral entre el enemi­go y noso­tros. Es decir, con la acu­mu­la­ción de muchas vic­to­rias obte­ni­das en los cam­pos de bata­lla median­te ope­ra­cio­nes ofen­si­vas de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res, poco a poco ire­mos for­ta­le­cién­do­nos y debi­li­tan­do al enemi­go, lo cual afec­ta­rá for­zo­sa­men­te la corre­la­ción gene­ral de fuer­zas y la hará cam­biar. Para enton­ces, dicho cam­bio, com­bi­na­do con otras con­di­cio­nes nues­tras, con los cam­bios ope­ra­dos en el cam­po enemi­go y con una situa­ción inter­na­cio­nal favo­ra­ble, pro­du­ci­rá en la situa­ción gene­ral entre el enemi­go y noso­tros, pri­me­ro, una pari­dad de fuer­zas, y lue­go, nues­tra supe­rio­ri­dad sobre el enemi­go. Enton­ces habrá lle­ga­do la hora de lan­zar la con­tra­ofen­si­va y expul­sar de nues­tro país a los inva­so­res.
  6. La gue­rra es una pug­na de fuer­zas, pero el esta­do ini­cial de éstas cam­bia en el cur­so de la gue­rra. Aquí el fac­tor deci­si­vo es el esfuer­zo sub­je­ti­vo por lograr más vic­to­rias y come­ter menos erro­res. Los fac­to­res obje­ti­vos pro­por­cio­nan la posi­bi­li­dad de tal cam­bio, pero, para con­ver­tir en hechos esta posi­bi­li­dad, es nece­sa­ria una polí­ti­ca correc­ta y el esfuer­zo sub­je­ti­vo. Aquí lo sub­je­ti­vo desem­pe­ña el papel deci­si­vo.

[next­pa­ge title="Iniciativa, fle­xi­bi­li­dad y pla­ni­fi­ca­ción"]

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Iniciativa, flexibilidad y planificación

  1. En las cam­pa­ñas y com­ba­tes ofen­si­vos de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res, tal como se ha plan­tea­do, el pun­to cen­tral es la ofen­si­va; «líneas exte­rio­res» se refie­re a la esfe­ra de la ofen­si­va, y «deci­sión rápi­da», a su dura­ción. De ahí el nom­bre de «ope­ra­cio­nes ofen­si­vas de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res». Es el mejor prin­ci­pio para rea­li­zar una gue­rra pro­lon­ga­da, y es tam­bién el prin­ci­pio para lo que se cono­ce como gue­rra de movi­mien­tos. Pero no se pue­de lle­var a la prác­ti­ca este prin­ci­pio sin ini­cia­ti­va, fle­xi­bi­li­dad y pla­ni­fi­ca­ción. Estu­die­mos aho­ra estas tres cues­tio­nes.
  2. Ya hemos habla­do de la acti­vi­dad cons­cien­te. ¿Por qué tra­ta­mos aho­ra de la ini­cia­ti­va? Por acti­vi­dad cons­cien­te enten­de­mos la acción y el esfuer­zo cons­cien­tes, carac­te­rís­ti­ca pro­pia del géne­ro humano, que se mani­fies­ta con par­ti­cu­lar vigor en la gue­rra. Todo esto ya ha sido ana­li­za­do. La ini­cia­ti­va sig­ni­fi­ca aquí liber­tad de acción para un ejér­ci­to, en con­tras­te con la situa­ción en que las tro­pas que­dan pri­va­das de esta liber­tad. Para un ejér­ci­to es vital la liber­tad de acción, y en cuan­to la pier­de, se encuen­tra al bor­de de la derro­ta o la des­truc­ción. El que un sol­da­do sea des­ar­ma­do se debe a que ha per­di­do su liber­tad de acción, que­dan­do redu­ci­do a la pasi­vi­dad. Lo mis­mo pue­de decir­se en cuan­to a la derro­ta de un ejér­ci­to. Por ello, en una gue­rra ambos ban­dos se empe­ñan enér­gi­ca­men­te en lograr la ini­cia­ti­va y evi­tar la pasi­vi­dad. Se pue­de decir que las ope­ra­cio­nes ofen­si­vas de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res, por las cua­les abo­ga­mos, así como la fle­xi­bi­li­dad y la pla­ni­fi­ca­ción, nece­sa­rias para lle­var­las a cabo, están todas des­ti­na­das a lograr la ini­cia­ti­va para redu­cir al enemi­go a la pasi­vi­dad y alcan­zar el obje­ti­vo de con­ser­var las fuer­zas pro­pias y des­truir las del enemi­go. Pero la ini­cia­ti­va o la pasi­vi­dad son inse­pa­ra­bles de la supe­rio­ri­dad o infe­rio­ri­dad en la capa­ci­dad béli­ca; por con­si­guien­te, tam­bién son inse­pa­ra­bles de una direc­ción sub­je­ti­va correc­ta o erró­nea de la gue­rra. Ade­más, exis­te la posi­bi­li­dad de explo­tar las apre­cia­cio­nes erró­neas y la des­pre­ven­ción del enemi­go para ganar la ini­cia­ti­va y redu­cir­lo a la pasi­vi­dad. Ana­li­ce­mos a con­ti­nua­ción estos pun­tos.
  3. La ini­cia­ti­va es inse­pa­ra­ble de la supe­rio­ri­dad en la capa­ci­dad béli­ca, en tan­to que la pasi­vi­dad es inse­pa­ra­ble de la infe­rio­ri­dad en ese terreno. Tal supe­rio­ri­dad o infe­rio­ri­dad cons­ti­tu­yen, res­pec­ti­va­men­te, la base obje­ti­va para la ini­cia­ti­va o la pasi­vi­dad. Natu­ral­men­te, es más fácil man­te­ner y desa­rro­llar la ini­cia­ti­va estra­té­gi­ca por medio de la ofen­si­va estra­té­gi­ca, pero man­te­ner la ini­cia­ti­va duran­te toda la gue­rra y en todos los fren­tes, o sea, tener la ini­cia­ti­va abso­lu­ta, sólo es posi­ble en con­di­cio­nes de supe­rio­ri­dad abso­lu­ta sobre el adver­sa­rio. En una lucha cuer­po a cuer­po entre un hom­bre fuer­te y sano y otro gra­ve­men­te enfer­mo, el pri­me­ro ten­drá la ini­cia­ti­va abso­lu­ta. Si Japón no estu­vie­ra acri­bi­lla­do de con­tra­dic­cio­nes inso­lu­bles; si, por ejem­plo, pudie­ra enviar de una sola vez un ejér­ci­to inmen­so, de varios millo­nes o inclu­so de diez millo­nes de sol­da­dos; si sus recur­sos finan­cie­ros fue­ran varias veces lo que son; si no encon­tra­ra opo­si­ción algu­na en las masas popu­la­res de su pro­pio país ni en otros paí­ses, y si no siguie­ra la bár­ba­ra polí­ti­ca que impul­sa al pue­blo chino a enta­blar una lucha a muer­te, podría ase­gu­rar­se la supe­rio­ri­dad abso­lu­ta y con­tar con la ini­cia­ti­va abso­lu­ta duran­te toda la gue­rra y en todas par­tes. Pero la his­to­ria mues­tra que la supe­rio­ri­dad abso­lu­ta apa­re­ce al final de una gue­rra o una cam­pa­ña; y rara vez al comien­zo. Por ejem­plo, fue en vís­pe­ras de la ren­di­ción de Ale­ma­nia, en la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial, cuan­do los paí­ses de la Enten­te logra­ron la supe­rio­ri­dad abso­lu­ta y Ale­ma­nia que­dó redu­ci­da a la infe­rio­ri­dad abso­lu­ta, a con­se­cuen­cia de lo cual, ésta fue derro­ta­da y aqué­llos triun­fa­ron. Este es un ejem­plo de supe­rio­ri­dad e infe­rio­ri­dad abso­lu­tas al final de una gue­rra. Otro ejem­plo: en vís­pe­ras de nues­tra vic­to­ria en Taier­chuang, las fuer­zas japo­ne­sas ais­la­das allí fue­ron redu­ci­das a la infe­rio­ri­dad abso­lu­ta des­pués de una dura lucha, en tan­to que las nues­tras alcan­za­ron la supe­rio­ri­dad abso­lu­ta, como resul­ta­do de lo cual, el enemi­go fue derro­ta­do y noso­tros triun­fa­mos. Este es un ejem­plo de supe­rio­ri­dad e infe­rio­ri­dad abso­lu­tas al final de una cam­pa­ña. Una gue­rra o una cam­pa­ña tam­bién pue­den ter­mi­nar en una situa­ción de supe­rio­ri­dad rela­ti­va o de pari­dad. En ese caso, se lle­ga a un com­pro­mi­so en la pri­me­ra o a una situa­ción de empa­te en la segun­da. Pero, en la mayo­ría de los casos, la gue­rra o cam­pa­ña fina­li­zan con la supe­rio­ri­dad e infe­rio­ri­dad abso­lu­tas, que deci­den, res­pec­ti­va­men­te la vic­to­ria y la derro­ta. Todo esto se refie­re al final y no al comien­zo de una gue­rra o una cam­pa­ña. Se pue­de pre­de­cir que el desen­la­ce de la gue­rra chino-japo­ne­sa será la derro­ta del Japón a con­se­cuen­cia de su infe­rio­ri­dad abso­lu­ta y la vic­to­ria de Chi­na a cau­sa de su supe­rio­ri­dad abso­lu­ta. Pero en el momen­to actual, la supe­rio­ri­dad e infe­rio­ri­dad de una y otra par­te no son abso­lu­tas sino rela­ti­vas. Con la ven­ta­ja de su pode­río mili­tar y eco­nó­mi­co y de su gran capa­ci­dad polí­ti­co-orga­ni­za­ti­va, Japón goza de supe­rio­ri­dad sobre Chi­na, que es débil en estos aspec­tos; dicha supe­rio­ri­dad cons­ti­tu­ye la base de su ini­cia­ti­va. Pero como su fuer­za en lo mili­tar y en otros aspec­tos es cuan­ti­ta­ti­va­men­te insu­fi­cien­te, y como exis­ten muchos otros fac­to­res que le son des­fa­vo­ra­bles, su supe­rio­ri­dad se ve redu­ci­da por sus pro­pias con­tra­dic­cio­nes. Esa supe­rio­ri­dad ha dis­mi­nui­do aún más, al enfren­tar­se en Chi­na con un vas­to terri­to­rio, enor­me pobla­ción, gran núme­ro de sol­da­dos y tenaz resis­ten­cia nacio­nal. Por lo tan­to, vis­ta en su con­jun­to, la posi­ción del Japón ha pasa­do a ser de sim­ple supe­rio­ri­dad rela­ti­va, y su capa­ci­dad para tomar y man­te­ner la ini­cia­ti­va, que ha que­da­do así res­trin­gi­da, se ha vuel­to tam­bién rela­ti­va. En cuan­to a Chi­na, si bien se encuen­tra estra­té­gi­ca­men­te en una posi­ción un tan­to pasi­va a cau­sa de la infe­rio­ri­dad de su fuer­za es sin embar­go cuan­ti­ta­ti­va­men­te supe­rior en terri­to­rio, pobla­ción y efec­ti­vos mili­ta­res, y tam­bién es supe­rior por la moral com­ba­ti­va y el pro­fun­do odio de su pue­blo y su ejér­ci­to hacia el enemi­go. Esta supe­rio­ri­dad, jun­to con otros fac­to­res favo­ra­bles, dis­mi­nu­ye el gra­do de su infe­rio­ri­dad mili­tar, eco­nó­mi­ca, etc., y la con­vie­ne en una infe­rio­ri­dad estra­té­gi­ca rela­ti­va. Y esto tam­bién redu­ce el gra­do de pasi­vi­dad de Chi­na, de modo que su posi­ción estra­té­gi­ca es sólo de pasi­vi­dad rela­ti­va. Sin embar­go, como toda pasi­vi­dad es des­ven­ta­jo­sa, hay que esfor­zar­se al máxi­mo para salir de ella. En el terreno mili­tar, la for­ma de con­se­guir­lo es des­ple­gar resuel­ta­men­te ope­ra­cio­nes ofen­si­vas de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res, desa­rro­llar la gue­rra de gue­rri­llas en la reta­guar­dia enemi­ga, y pro­du­cir así nume­ro­sos casos de aplas­tan­te supe­rio­ri­dad e ini­cia­ti­va loca­les en cam­pa­ñas de gue­rra de movi­mien­tos y en la gue­rra de gue­rri­llas. Por medio de esa supe­rio­ri­dad e ini­cia­ti­va loca­les, podre­mos crear gra­dual­men­te la supe­rio­ri­dad e ini­cia­ti­va estra­té­gi­cas y salir de la infe­rio­ri­dad y pasi­vi­dad estra­té­gi­cas. Tal es la rela­ción entre la ini­cia­ti­va y la pasi­vi­dad, entre la supe­rio­ri­dad y la infe­rio­ri­dad.
  4. De lo dicho pue­de com­pren­der­se tam­bién la rela­ción entre la ini­cia­ti­va o la pasi­vi­dad y la direc­ción sub­je­ti­va de la gue­rra. Como se ha expues­to más arri­ba, pode­mos salir de nues­tra infe­rio­ri­dad y pasi­vi­dad estra­té­gi­cas rela­ti­vas crean­do, median­te nues­tros esfuer­zos, muchos casos de supe­rio­ri­dad e ini­cia­ti­va loca­les, pri­van­do así una y otra vez al enemi­go de esta supe­rio­ri­dad e ini­cia­ti­va y empu­ján­do­lo a la infe­rio­ri­dad y la pasi­vi­dad. La suma de estos éxi­tos par­cia­les nos dará la supe­rio­ri­dad e ini­cia­ti­va estra­té­gi­cas y redu­ci­rá al enemi­go a la infe­rio­ri­dad y pasi­vi­dad estra­té­gi­cas. Tal cam­bio depen­de de una direc­ción sub­je­ti­va correc­ta. ¿Por qué? Por­que mien­tras noso­tros bus­ca­mos la supe­rio­ri­dad y la ini­cia­ti­va, el enemi­go hace lo mis­mo. En este sen­ti­do, la gue­rra es una pug­na de capa­ci­dad sub­je­ti­va entre los man­dos de los ejér­ci­tos con­ten­dien­tes por la supe­rio­ri­dad y la ini­cia­ti­va, sobre la base de con­di­cio­nes mate­ria­les tales como las fuer­zas mili­ta­res y los recur­sos finan­cie­ros. De la pug­na uno sale ven­ce­dor y el otro ven­ci­do; ade­más de las con­di­cio­nes mate­ria­les obje­ti­vas, el ven­ce­dor debe nece­sa­ria­men­te su triun­fo a una direc­ción sub­je­ti­va correc­ta, y el ven­ci­do debe su derro­ta a una direc­ción sub­je­ti­va erró­nea. Admi­ti­mos que el fenó­meno de la gue­rra es más inasi­ble y ofre­ce menos cer­ti­dum­bre que cual­quier otro fenó­meno social, en otras pala­bras, que es en mayor gra­do una cues­tión de «pro­ba­bi­li­dad». Pero la gue­rra no tie­ne nada de sobre­na­tu­ral; no es sino un fenó­meno de este mun­do, regi­do por la nece­si­dad. Por eso, sigue sien­do una ver­dad cien­tí­fi­ca el axio­ma de Sun Tsi: «Cono­ce a tu adver­sa­rio y conó­ce­te a ti mis­mo, y podrás librar cien bata­llas sin correr nin­gún ries­go de derro­ta». Los erro­res sur­gen de la igno­ran­cia acer­ca del enemi­go y de sí mis­mo; ade­más, en muchos casos, las carac­te­rís­ti­cas de la gue­rra hacen impo­si­ble tener pleno cono­ci­mien­to de ambos ban­dos; de ahí la incer­ti­dum­bre de la situa­ción y las accio­nes en la gue­rra, los erro­res y derro­tas. Pero, sean cua­les fue­ren la situa­ción y las accio­nes en la gue­rra, es posi­ble cono­cer sus aspec­tos gene­ra­les y pun­tos esen­cia­les. Gra­cias a todo tipo de reco­no­ci­mien­tos y, ade­más, a sus deduc­cio­nes y jui­cios inte­li­gen­tes, un jefe pue­de redu­cir los erro­res y ejer­cer una direc­ción correc­ta en líneas gene­ra­les. Arma­dos de esta «direc­ción correc­ta en líneas gene­ra­les», pode­mos lograr más vic­to­rias y trans­for­mar nues­tra infe­rio­ri­dad en supe­rio­ri­dad y nues­tra pasi­vi­dad en ini­cia­ti­va. Esta es la rela­ción entre la ini­cia­ti­va o la pasi­vi­dad y la direc­ción sub­je­ti­va correc­ta o inco­rrec­ta de la gue­rra.
  5. La tesis de que una direc­ción sub­je­ti­va inco­rrec­ta pue­de ori­gi­nar el cam­bio de supe­rio­ri­dad en infe­rio­ri­dad y de ini­cia­ti­va en pasi­vi­dad, y que una direc­ción sub­je­ti­va correc­ta pue­de hacer lo con­tra­rio, se hace aún más con­vin­cen­te cuan­do con­si­de­ra­mos los ejem­plos his­tó­ri­cos de derro­tas sufri­das por ejér­ci­tos nume­ro­sos y fuer­tes, y de vic­to­rias alcan­za­das por ejér­ci­tos redu­ci­dos y débi­les. Tales ejem­plos abun­dan en la his­to­ria de Chi­na y de otros paí­ses. Ejem­plos de Chi­na son la bata­lla de Cheng­pu entre Tsin y Chu15; la de Cheng­kao entre Chu y Jan; la bata­lla en que Jan Sin derro­tó a las tro­pas de Chao Sie16; la de Kun­yang entre Sin y Jan; la de Kuan­tu entre Yuan Shao y Tsao Tsao; la de Chi­pi entre Wu y Wei; la de Yiling entre Wu y Shu; la de Feis­hui entre Chin y Tsin, etc. Entre los ejem­plos en la his­to­ria de otros paí­ses, figu­ran muchas cam­pa­ñas de Napo­león17 y la gue­rra civil en la Unión Sovié­ti­ca des­pués de la Revo­lu­ción de octu­bre. En todos estos casos, la vic­to­ria fue alcan­za­da por fuer­zas peque­ñas sobre gran­des y por fuer­zas infe­rio­res sobre supe­rio­res. En cada caso, la fuer­za menor opu­so una supe­rio­ri­dad e ini­cia­ti­va loca­les a la infe­rio­ri­dad y pasi­vi­dad tam­bién loca­les del enemi­go, empe­zó por derro­tar a una par­te de sus uni­da­des, lue­go se vol­vió con­tra las res­tan­tes, las aplas­tó una por una y trans­for­mó así toda la situa­ción en supe­rio­ri­dad e ini­cia­ti­va. Lo con­tra­rio suce­dió con el enemi­go, que en un prin­ci­pio tenía la supe­rio­ri­dad y la ini­cia­ti­va; debi­do a sus erro­res sub­je­ti­vos y con­tra­dic­cio­nes inter­nas, per­dió por com­ple­to su exce­len­te o rela­ti­va­men­te bue­na posi­ción de supe­rio­ri­dad e ini­cia­ti­va, con­vir­tién­do­se en gene­ral de un ejér­ci­to ven­ci­do o en rey de un reino sub­yu­ga­do. Así pue­de ver­se que, si bien la supe­rio­ri­dad o infe­rio­ri­dad en la capa­ci­dad béli­ca es la base obje­ti­va que deter­mi­na la ini­cia­ti­va o la pasi­vi­dad, no cons­ti­tu­ye en sí mis­ma la ini­cia­ti­va o la pasi­vi­dad efec­ti­vas; sólo median­te una lucha, una pug­na entre las capa­ci­da­des sub­je­ti­vas, pue­de sur­gir la ini­cia­ti­va o la pasi­vi­dad efec­ti­vas. En la lucha, una direc­ción sub­je­ti­va correc­ta pue­de trans­for­mar la infe­rio­ri­dad en supe­rio­ri­dad y la pasi­vi­dad en ini­cia­ti­va, y una direc­ción sub­je­ti­va erró­nea pue­de hacer lo con­tra­rio. El hecho de que las dinas­tías gober­nan­tes no hayan podi­do ven­cer a los ejér­ci­tos revo­lu­cio­na­rios, demues­tra que la sim­ple supe­rio­ri­dad en cier­tos aspec­tos no ase­gu­ra la ini­cia­ti­va ni mucho menos la vic­to­ria final. El ban­do que se encuen­tra en esta­do de infe­rio­ri­dad y pasi­vi­dad pue­de arre­ba­tar la ini­cia­ti­va y la vic­to­ria al ban­do que tie­ne la supe­rio­ri­dad y la ini­cia­ti­va, si crea cier­tas con­di­cio­nes median­te una gran acti­vi­dad sub­je­ti­va, de acuer­do con las cir­cuns­tan­cias reales.
  6. Las apre­cia­cio­nes erró­neas y la fal­ta de pre­vi­sión pue­den oca­sio­nar la pér­di­da de la supe­rio­ri­dad y la ini­cia­ti­va. Por lo tan­to, des­orien­tar sis­te­má­ti­ca­men­te al enemi­go y ata­car­lo por sor­pre­sa son dos impor­tan­tes medios de lograr la supe­rio­ri­dad y ganar la ini­cia­ti­va. ¿Qué sig­ni­fi­ca «apre­cia­cio­nes erró­neas»? «Tomar por sol­da­dos enemi­gos los árbo­les y mato­rra­les del mon­te Pakung»18 es un ejem­plo de apre­cia­ción erró­nea. Y «ama­gar en el este pero ata­car por el oes­te» es una for­ma de des­orien­tar al enemi­go. Cuan­do con­ta­mos con un fir­me apo­yo de las masas, sufi­cien­te para evi­tar la fil­tra­ción de infor­ma­cio­nes, a menu­do es posi­ble con­se­guir efi­caz­men­te, con diver­sas estra­ta­ge­mas, meter al enemi­go en un cena­gal de jui­cios y accio­nes erró­neos, de modo que pier­da la supe­rio­ri­dad y la ini­cia­ti­va. A esto se refie­re pre­ci­sa­men­te el dicho: «En la gue­rra jamás hay exce­so de astu­cia». ¿Qué sig­ni­fi­ca «fal­ta de pre­vi­sión»? Sig­ni­fi­ca fal­ta de pre­pa­ra­ción. Sin pre­pa­ra­ción, la supe­rio­ri­dad no es real ni pue­de haber tam­po­co ini­cia­ti­va. Com­pren­dien­do esto, una fuer­za infe­rior, pero bien pre­pa­ra­da, a menu­do pue­de derro­tar a una fuer­za supe­rior median­te ata­ques por sor­pre­sa. Deci­mos que es fácil gol­pear a un enemi­go en movi­mien­to, pre­ci­sa­men­te por­que enton­ces no está aler­ta, o sea, no está pre­pa­ra­do. Estos dos pro­ce­di­mien­tos ‑des­orien­tar al enemi­go y ata­car­lo por sor­pre­sa- sig­ni­fi­can trans­fe­rir al enemi­go la incer­ti­dum­bre de la gue­rra y pro­cu­rar para noso­tros la mayor cer­ti­dum­bre posi­ble, lo cual nos per­mi­te ganar la supe­rio­ri­dad y la ini­cia­ti­va y lograr la vic­to­ria. Una exce­len­te orga­ni­za­ción de las masas es el requi­si­to pre­vio para la con­se­cu­ción de todo esto. Por lo tan­to, es de extre­ma impor­tan­cia poner en pie a todas las masas popu­la­res que se opo­nen al enemi­go y armar­las has­ta el últi­mo hom­bre, para que efec­túen asal­tos por todas par­tes y, al mis­mo tiem­po, impi­dan el esca­pe de infor­ma­cio­nes y cubran a nues­tro ejér­ci­to, de modo que el enemi­go no sepa cuán­do ni dón­de lo ata­ca­re­mos y se cree una base obje­ti­va que lo con­duz­ca a apre­cia­cio­nes erró­neas y a la des­pre­ven­ción. Si el Ejér­ci­to Rojo de Chi­na, en el perío­do de la Gue­rra Revo­lu­cio­na­ria Agra­ria, pudo ganar fre­cuen­te­men­te bata­llas con fuer­zas peque­ñas, fue en gran medi­da por­que con­ta­ba con masas popu­la­res orga­ni­za­das y arma­das. Lógi­ca­men­te, la gue­rra nacio­nal debe con­quis­tar un apo­yo popu­lar más amplio toda­vía que la Gue­rra Revo­lu­cio­na­ria Agra­ria; sin embar­go, debi­do a erro­res del pasa­do19, las masas popu­la­res se encuen­tran des­or­ga­ni­za­das, no sólo no pue­den poner­se inme­dia­ta­men­te al ser­vi­cio de la cau­sa, sino que a veces inclu­so son uti­li­za­das por el enemi­go. La movi­li­za­ción deci­di­da y amplia de todo el pue­blo es la úni­ca for­ma de obte­ner inago­ta­bles recur­sos para aten­der a todas las nece­si­da­des de la gue­rra. Ade­más, desem­pe­ña­rá cier­ta­men­te un gran papel en la apli­ca­ción de nues­tra tác­ti­ca de derro­tar al enemi­go des­orien­tán­do­lo y tomán­do­lo des­pre­ve­ni­do. No somos el prín­ci­pe Siang­kung del Esta­do de Sung y no nos intere­sa su estú­pi­da éti­ca20. A fin de lograr la vic­to­ria, debe­mos hacer cuan­to sea posi­ble para tapar­le ojos y oídos al enemi­go, de modo que se vuel­va cie­go y sor­do, así como para crear la mayor con­fu­sión posi­ble en la men­te de sus man­dos, has­ta que pier­dan com­ple­ta­men­te el jui­cio. En todo esto pue­de ver­se tam­bién la rela­ción entre la ini­cia­ti­va o la pasi­vi­dad y la direc­ción sub­je­ti­va de la gue­rra. Tal direc­ción sub­je­ti­va es indis­pen­sa­ble para derro­tar al Japón.
  7. En líneas gene­ra­les, Japón man­tie­ne la ini­cia­ti­va en la eta­pa de su ofen­si­va en razón de su pode­río mili­tar y del apro­ve­cha­mien­to de nues­tros erro­res sub­je­ti­vos, pasa­dos y actua­les. Pero su ini­cia­ti­va ha comen­za­do a men­guar en cier­to gra­do, a cau­sa de las nume­ro­sas des­ven­ta­jas que le son inhe­ren­tes y de los erro­res sub­je­ti­vos que él ha come­ti­do tam­bién en la gue­rra (sobre los cua­les habla­re­mos en deta­lle más ade­lan­te), y asi­mis­mo a cau­sa de nues­tras nume­ro­sas ven­ta­jas: la derro­ta del enemi­go en Taier­chuang y sus difi­cul­ta­des en la pro­vin­cia de Shan­sí son cla­ras prue­bas de ello. El amplio desa­rro­llo de nues­tra gue­rra de gue­rri­llas en la reta­guar­dia del enemi­go ha colo­ca­do a sus guar­ni­cio­nes del terri­to­rio ocu­pa­do en una posi­ción com­ple­ta­men­te pasi­va. Aun­que el enemi­go toda­vía está a la ofen­si­va estra­té­gi­ca y man­tie­ne la ini­cia­ti­va, la per­de­rá cuan­do cese esta ofen­si­va. La pri­me­ra razón por la cual el enemi­go no podrá man­te­ner la ini­cia­ti­va, es que su esca­sez de tro­pas le hace impo­si­ble sos­te­ner la ofen­si­va inde­fi­ni­da­men­te. Nues­tras ope­ra­cio­nes ofen­si­vas en las cam­pa­ñas y nues­tra gue­rra de gue­rri­llas en la reta­guar­dia enemi­ga, jun­to con otros fac­to­res, cons­ti­tu­yen la segun­da razón por la cual el enemi­go ten­drá que dete­ner su ofen­si­va en cier­to lími­te y no podrá man­te­ner su ini­cia­ti­va. La exis­ten­cia de la Unión Sovié­ti­ca y los cam­bios en la situa­ción inter­na­cio­nal cons­ti­tu­yen la ter­ce­ra razón. Así se ve que la ini­cia­ti­va del enemi­go es limi­ta­da y pue­de ser anu­la­da. Si Chi­na man­tie­ne fir­me­men­te el méto­do de rea­li­zar ope­ra­cio­nes ofen­si­vas con sus fuer­zas regu­la­res en cam­pa­ñas y com­ba­tes, desa­rro­lla con vigor la gue­rra de gue­rri­llas en la reta­guar­dia enemi­ga y movi­li­za amplia­men­te a las masas popu­la­res en el terreno polí­ti­co, enton­ces podre­mos ase­gu­rar­nos gra­dual­men­te una posi­ción de ini­cia­ti­va estra­té­gi­ca:
  8. Tra­te­mos aho­ra de la fle­xi­bi­li­dad. ¿Qué es la fle­xi­bi­li­dad? Es la expre­sión con­cre­ta de la ini­cia­ti­va en las ope­ra­cio­nes mili­ta­res; es el empleo fle­xi­ble de las fuer­zas arma­das. El empleo fle­xi­ble de las fuer­zas arma­das es la tarea cen­tral, y tam­bién la más difí­cil, en la con­duc­ción de una gue­rra. Ade­más de tareas tales como la orga­ni­za­ción y la edu­ca­ción del ejér­ci­to y del pue­blo, la con­duc­ción de la gue­rra con­sis­te en el empleo de las tro­pas en el com­ba­te, y todo ello se hace para lograr la vic­to­ria. Cier­ta­men­te son tareas difí­ci­les tales como orga­ni­zar un ejér­ci­to, pero más difí­cil aún es emplear­lo, en espe­cial cuan­do se enfren­ta a uno más fuer­te. Para ello, se requie­re tener una alta capa­ci­dad sub­je­ti­va, ven­cer la con­fu­sión, la oscu­ri­dad y la incer­ti­dum­bre pecu­lia­res de la gue­rra, y des­cu­brir en ellas el orden, la cla­ri­dad y la cer­ti­dum­bre; sólo así pue­de con­se­guir­se la fle­xi­bi­li­dad en el man­do.
  9. El prin­ci­pio fun­da­men­tal para las ope­ra­cio­nes en los cam­pos de bata­lla de la Gue­rra de resis­ten­cia con­sis­te en ope­ra­cio­nes ofen­si­vas de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res. Para poner­lo en prác­ti­ca, exis­ten diver­sas tác­ti­cas o méto­dos, tales como dis­per­sión y con­cen­tra­ción de las fuer­zas; avan­ce diver­gen­te y ata­que con­ver­gen­te; ata­que y defen­sa; asal­to y con­ten­ción; cer­co y movi­mien­tos envol­ven­tes; avan­ce y reti­ra­da. Com­pren­der estas tác­ti­cas es fácil, pero no lo es en modo alguno emplear­las y pasar de una a otra con fle­xi­bi­li­dad. Aquí hay tres fac­to­res cla­ve: momen­to, lugar y tro­pas. Nin­gu­na vic­to­ria pue­de lograr­se si el momen­to, el lugar o las tro­pas no han sido bien ele­gi­dos. Por ejem­plo, si, al ata­car a una fuer­za enemi­ga en movi­mien­to, ases­ta­mos el gol­pe pre­ma­tu­ra­men­te, nos pon­dre­mos al des­cu­bier­to y dare­mos al adver­sa­rio la opor­tu­ni­dad de pre­pa­rar­se; si lo hace­mos dema­sia­do tar­de, el enemi­go podrá haber con­cen­tra­do y acam­pa­do sus tro­pas; pre­sen­tán­do­nos un hue­so duro de roer. Esto en cuan­to al momen­to. Si el pun­to de asal­to que esco­ge­mos está, por ejem­plo, en el ala izquier­da del enemi­go, que resul­ta ser jus­ta­men­te su lado débil, será fácil la vic­to­ria; pero si el que esco­ge­mos está en el ala dere­cha, podre­mos dar­nos con­tra un muro y no obte­ner resul­ta­do alguno. Esto en cuan­to al lugar. Si, para rea­li­zar una deter­mi­na­da tarea, es fácil obte­ner éxi­to envian­do una deter­mi­na­da uni­dad de nues­tras fuer­zas, será difí­cil lograr resul­ta­dos emplean­do otra uni­dad. Esto en cuan­to a las tro­pas. No sólo tene­mos que saber cómo emplear las tác­ti­cas, sino tam­bién cómo pasar de una a otra. Para un man­do fle­xi­ble es tarea impor­tan­te cam­biar de tác­ti­ca opor­tu­na y apro­pia­da­men­te según las con­di­cio­nes de las tro­pas y del terreno, tan­to las del enemi­go como las nues­tras; pasan­do del ata­que a la defen­sa o de la defen­sa al ata­que, del avan­ce a la reti­ra­da o de la reti­ra­da al avan­ce, trans­for­man­do las uni­da­des de con­ten­ción en uni­da­des de asal­to o las de asal­to en las de con­ten­ción, pasan­do del cer­co a los movi­mien­tos envol­ven­tes o de los movi­mien­tos envol­ven­tes al cer­co, etc. Esto rige tan­to para el man­do de los com­ba­tes como para el de las cam­pa­ñas y el estra­té­gi­co.
  10. Los anti­guos decían: «La habi­li­dad para emplear la tác­ti­ca resi­de en la men­te». Esta «habi­li­dad», que noso­tros lla­ma­mos fle­xi­bi­li­dad, es la apor­ta­ción del coman­dan­te inte­li­gen­te. Fle­xi­bi­li­dad no sig­ni­fi­ca teme­ri­dad, la cual debe ser recha­za­da. La fle­xi­bi­li­dad es la capa­ci­dad de un coman­dan­te inte­li­gen­te para adop­tar medi­das opor­tu­nas y ade­cua­das según las con­di­cio­nes obje­ti­vas des­pués de «juz­gar el momen­to y la situa­ción» (por situa­ción se entien­de la del enemi­go y la nues­tra, la natu­ra­le­za del terreno, etc.); esta fle­xi­bi­li­dad es la «habi­li­dad para emplear la tác­ti­ca». Valién­do­nos de esta habi­li­dad, pode­mos obte­ner más vic­to­rias en las ope­ra­cio­nes ofen­si­vas de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res, cam­biar a nues­tro favor la corre­la­ción de fuer­zas, ganar la ini­cia­ti­va sobre el enemi­go, abru­mar­lo y des­truir­lo, de modo que la vic­to­ria final sea nues­tra.
  11. Pase­mos aho­ra al pro­ble­ma de la pla­ni­fi­ca­ción. Debi­do a la incer­ti­dum­bre pro­pia de la gue­rra, es mucho más difí­cil tra­zar pla­nes para ésta que para otras acti­vi­da­des. Sin embar­go, como «la pre­pa­ra­ción ase­gu­ra el éxi­to y su ausen­cia sig­ni­fi­ca el fra­ca­so», no se pue­de ganar una gue­rra sin pre­via pla­ni­fi­ca­ción ni pre­pa­ra­ti­vos. En la gue­rra no hay una cer­ti­dum­bre abso­lu­ta, pero esto no exclu­ye cier­to gra­do de cer­ti­dum­bre rela­ti­va. Tene­mos un cono­ci­mien­to rela­ti­va­men­te exac­to de nues­tra pro­pia situa­ción. En cuan­to a la del enemi­go, aun­que para noso­tros es muy incier­ta, exis­ten, sin embar­go, sig­nos que pode­mos cap­tar, hilos que seguir y una suce­sión de fenó­me­nos en los que medi­tar. Esto cons­ti­tu­ye lo que lla­ma­mos cier­to gra­do de cer­ti­dum­bre rela­ti­va, que pro­por­cio­na una base obje­ti­va para la pla­ni­fi­ca­ción en la gue­rra. Los ade­lan­tos de la téc­ni­ca moder­na (telé­gra­fo, radio, avio­nes, vehícu­los moto­ri­za­dos, ferro­ca­rri­les, bar­cos de vapor, etc.) han aumen­ta­do la posi­bi­li­dad de esa pla­ni­fi­ca­ción. No obs­tan­te, como en la gue­rra hay sólo una cer­ti­dum­bre muy limi­ta­da y pasa­je­ra, es difí­cil que la pla­ni­fi­ca­ción sea com­ple­ja y esta­ble. El plan cam­bia con el movi­mien­to (cur­so o desa­rro­llo) de la gue­rra, y el alcan­ce de sus modi­fi­ca­cio­nes varía según la esca­la de las ope­ra­cio­nes. Los pla­nes tác­ti­cos, tales como pla­nes de ata­que o defen­sa de peque­ñas agru­pa­cio­nes o uni­da­des, fre­cuen­te­men­te deben ser modi­fi­ca­dos varias veces al día. El plan de una cam­pa­ña, esto es, un plan de acción para gran­des agru­pa­cio­nes, pue­de durar por lo gene­ral has­ta la con­clu­sión de la cam­pa­ña, en el cur­so de la cual, sin embar­go, a menu­do es modi­fi­ca­do par­cial­men­te, y en oca­sio­nes, total­men­te. Un plan estra­té­gi­co, basa­do en la situa­ción gene­ral de ambos ban­dos beli­ge­ran­tes, es más esta­ble aún, pero tam­bién es apli­ca­ble sólo en una deter­mi­na­da eta­pa estra­té­gi­ca y tie­ne que ser modi­fi­ca­do al pasar la gue­rra a una nue­va eta­pa. La ela­bo­ra­ción y modi­fi­ca­ción de los pla­nes tác­ti­cos, de cam­pa­ñas y estra­té­gi­cos de acuer­do con su res­pec­ti­vo alcan­ce y según las cir­cuns­tan­cias, es el fac­tor cla­ve en la con­duc­ción de la gue­rra; cons­ti­tu­ye asi­mis­mo la expre­sión con­cre­ta de la fle­xi­bi­li­dad en las ope­ra­cio­nes mili­ta­res, en otras pala­bras, es la habi­li­dad para emplear la tác­ti­ca. A esto deben pres­tar aten­ción los man­dos de todo nivel en la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón.
  12. Basán­do­se en la movi­li­dad de la gue­rra, algu­nas per­so­nas nie­gan cate­gó­ri­ca­men­te la esta­bi­li­dad rela­ti­va de los pla­nes u orien­ta­cio­nes para la gue­rra, y los con­si­de­ran «mecá­ni­cos». Esta opi­nión es erró­nea. Como ya hemos dicho más arri­ba, reco­no­ce­mos ple­na­men­te que, dado que la gue­rra sólo pre­sen­ta una cer­ti­dum­bre rela­ti­va y trans­cu­rre (se mue­ve o se desa­rro­lla) rápi­da­men­te, los pla­nes u orien­ta­cio­nes para ella sólo pue­den ser rela­ti­va­men­te esta­bles, y tie­nen que ser reem­pla­za­dos o revi­sa­dos a tiem­po, de acuer­do con el cam­bio de las cir­cuns­tan­cias y el cur­so de la gue­rra; de lo con­tra­rio, nos con­ver­ti­ría­mos en meca­ni­cis­tas. No obs­tan­te, en modo alguno se pue­de negar la esta­bi­li­dad rela­ti­va, den­tro de un perío­do deter­mi­na­do, de los pla­nes u orien­ta­cio­nes para la gue­rra. Negar este pun­to sig­ni­fi­ca negar­lo todo, inclu­so la pro­pia gue­rra, y a sí mis­mo. Como las cir­cuns­tan­cias y accio­nes en la gue­rra son rela­ti­va­men­te esta­bles, debe dar­se tam­bién una esta­bi­li­dad rela­ti­va a los pla­nes u orien­ta­cio­nes, que están con­di­cio­na­dos por ellas. Por ejem­plo, como las cir­cuns­tan­cias de la gue­rra en el nor­te de Chi­na y las ope­ra­cio­nes dis­per­sas del VIII Ejér­ci­to tie­nen un carác­ter esta­ble den­tro de una deter­mi­na­da eta­pa, en ésta es de todo pun­to nece­sa­rio dar una rela­ti­va esta­bi­li­dad a la línea estra­té­gi­ca del VIII Ejér­ci­to: «Tomar la gue­rra de gue­rri­llas como lo fun­da­men­tal, pero no per­der opor­tu­ni­dad algu­na para rea­li­zar la gue­rra de movi­mien­tos cuan­do las con­di­cio­nes sean favo­ra­bles». La orien­ta­ción para una cam­pa­ña es apli­ca­ble en un perío­do más cor­to que una orien­ta­ción estra­té­gi­ca, y la orien­ta­ción tác­ti­ca es apli­ca­ble en un lap­so más bre­ve aún, pero todas ellas son esta­bles duran­te un deter­mi­na­do tiem­po. Negar esto es no saber por dón­de empe­zar en mate­ria de gue­rra, es con­ver­tir­se en un rela­ti­vis­ta de la gue­rra caren­te de cri­te­rio, para quien un pro­ce­di­mien­to es tan erró­neo o tan jus­to como cual­quier otro. Nadie nie­ga que inclu­so una orien­ta­ción váli­da para un perío­do dado tam­bién está suje­ta a varia­cio­nes. De no ser varia­ble, jamás se aban­do­na­ría en favor de otra. Pero esta varia­bi­li­dad tie­ne sus lími­tes, es decir, no reba­sa el mar­co de las diver­sas ope­ra­cio­nes mili­ta­res en que se apli­ca esa orien­ta­ción, y no afec­ta a su esen­cia mis­ma; en otras pala­bras, la varia­bi­li­dad es cuan­ti­ta­ti­va y no cua­li­ta­ti­va. Den­tro de un perío­do deter­mi­na­do, esta esen­cia no es en modo alguno varia­ble, y esto es lo que que­re­mos decir al hablar de la esta­bi­li­dad rela­ti­va den­tro de un perío­do deter­mi­na­do. En el gran río de la gue­rra como un todo, don­de la movi­li­dad es abso­lu­ta, cada uno de sus tra­mos es rela­ti­va­men­te esta­ble. Éste es nues­tro pun­to de vis­ta en lo que res­pec­ta a la esen­cia de los pla­nes u orien­ta­cio­nes para la gue­rra.
  13. Lue­go de haber tra­ta­do de la gue­rra defen­si­va pro­lon­ga­da en líneas inte­rio­res en el plano estra­té­gi­co y de las ope­ra­cio­nes ofen­si­vas de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res en cam­pa­ñas y com­ba­tes, así como de la ini­cia­ti­va, fle­xi­bi­li­dad y pla­ni­fi­ca­ción, pode­mos hacer aho­ra un bre­ve resu­men. La Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón debe tener su plan. Los pla­nes de ope­ra­cio­nes, que son la apli­ca­ción con­cre­ta de la estra­te­gia y la tác­ti­ca, tie­nen que ser fle­xi­bles, de modo que pue­dan adap­tar­se a las cir­cuns­tan­cias de la gue­rra. Debe­mos esfor­zar­nos siem­pre por trans­for­mar nues­tra infe­rio­ri­dad en supe­rio­ri­dad y nues­tra pasi­vi­dad en ini­cia­ti­va, a fin de que la corre­la­ción de fuer­zas cam­bie a nues­tro favor. Todo esto halla su expre­sión en las ope­ra­cio­nes ofen­si­vas de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res en cam­pa­ñas y com­ba­tes, así como en la gue­rra defen­si­va pro­lon­ga­da en líneas inte­rio­res en el plano estra­té­gi­co.

[next­pa­ge title="Guerra de movi­mien­tos, gue­rra de gue­rri­llas y gue­rra de posi­cio­nes"]

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Guerra de movimientos, guerra de guerrillas y guerra de posiciones

  1. Toda gue­rra con­sis­ten­te en cam­pa­ñas y com­ba­tes ofen­si­vos de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res den­tro de una gue­rra defen­si­va pro­lon­ga­da en líneas inte­rio­res en el plano estra­té­gi­co, toma nece­sa­ria­men­te la for­ma de gue­rra de movi­mien­tos. Esta es una for­ma de gue­rra en que los ejér­ci­tos regu­la­res efec­túan cam­pa­ñas o com­ba­tes ofen­si­vos de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res a lo lar­go de amplios fren­tes y en vas­tas zonas de gue­rra. Al mis­mo tiem­po, com­pren­de la «defen­sa móvil», que se apli­ca en caso de nece­si­dad para faci­li­tar tales ope­ra­cio­nes ofen­si­vas, así como el ata­que y la defen­sa de posi­cio­nes, los cua­les desem­pe­ñan un papel auxi­liar. Las carac­te­rís­ti­cas de la gue­rra de movi­mien­tos son: ejér­ci­tos regu­la­res, supe­rio­ri­dad de fuer­zas en cam­pa­ñas y com­ba­tes, carác­ter ofen­si­vo y movi­li­dad.
  2. Chi­na posee un vas­to terri­to­rio y un inmen­so núme­ro de sol­da­dos, pero sus tro­pas no tie­nen ade­cua­das con­di­cio­nes téc­ni­cas ni están sufi­cien­te­men­te adies­tra­das, mien­tras que las fuer­zas del enemi­go son insu­fi­cien­tes en núme­ro, pero sus con­di­cio­nes téc­ni­cas y su adies­tra­mien­to son mejo­res. En estas cir­cuns­tan­cias, no cabe duda de que debe­mos adop­tar las ope­ra­cio­nes ofen­si­vas móvi­les como for­ma prin­ci­pal y com­ple­men­tar­las con otras for­mas, orga­ni­zan­do así toda una gue­rra de movi­mien­tos. A este res­pec­to, debe­mos opo­ner­nos a la ten­den­cia a la hui­da, carac­te­ri­za­da por «reti­rar­se siem­pre sin avan­zar jamás», y al mis­mo tiem­po, a la teme­ri­dad deses­pe­ra­da, con­sis­ten­te en «avan­zar siem­pre sin reti­rar­se jamás».
  3. Una de las carac­te­rís­ti­cas de la gue­rra de movi­mien­tos es su movi­li­dad, que no sólo per­mi­te sino exi­ge que un ejér­ci­to de cam­pa­ña avan­ce o se reti­re a gran­des zan­ca­das. Pero eso no tie­ne nada de común con la hui­da tipo Jan Fu-ch,21. La exi­gen­cia bási­ca de la gue­rra es des­truir las fuer­zas enemi­gas, y la otra exi­gen­cia es con­ser­var las pro­pias. La con­ser­va­ción de las fuer­zas pro­pias tie­ne por obje­ti­vo des­truir las del enemi­go, y la des­truc­ción de éstas es, a su vez, el medio más efi­caz de con­ser­var las pro­pias. Por con­si­guien­te, la gue­rra de movi­mien­tos jamás pue­de ser pre­tex­to para gen­tes como Jan Fu-ch¸; nun­ca sig­ni­fi­ca­rá mover­se sólo hacia atrás y jamás hacia ade­lan­te, pues esta cla­se de «movi­mien­to», que nie­ga el carác­ter ofen­si­vo, carác­ter bási­co de la gue­rra de movi­mien­tos, en la prác­ti­ca haría que Chi­na «se movie­ra» has­ta des­apa­re­cer, por muy vas­to que sea su terri­to­rio.
  4. Pero tam­bién es inco­rrec­to el otro pun­to de vis­ta, que lla­ma­mos teme­ri­dad deses­pe­ra­da y que se carac­te­ri­za por avan­zar siem­pre sin reti­rar­se jamás. Abo­ga­mos por la gue­rra de movi­mien­tos, con­sis­ten­te en cam­pa­ñas y com­ba­tes ofen­si­vos de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res. Este tipo de gue­rra com­pren­de la gue­rra de posi­cio­nes, que desem­pe­ña un papel auxi­liar, y tam­bién la «defen­sa móvil» y la reti­ra­da, sin las cua­les la gue­rra de movi­mien­tos no pue­de ser rea­li­za­da a ple­ni­tud. La teme­ri­dad deses­pe­ra­da es mio­pía mili­tar, naci­da a menu­do del temor a per­der terri­to­rio. Quien actúa con teme­ri­dad deses­pe­ra­da no sabe que uno de los ras­gos carac­te­rís­ti­cos de la gue­rra de movi­mien­tos es la movi­li­dad, que no sólo per­mi­te sino exi­ge que un ejér­ci­to de cam­pa­ña avan­ce o retro­ce­da a gran­des zan­ca­das. En el aspec­to posi­ti­vo; a fin de arras­trar al enemi­go a una lucha des­fa­vo­ra­ble para él y favo­ra­ble para noso­tros, sue­le ser nece­sa­rio que éste se encuen­tre en movi­mien­to y que con­te­mos con una serie de ven­ta­jas, tales como terreno favo­ra­ble, vul­ne­ra­bi­li­dad del enemi­go, pobla­ción local que pue­da impe­dir la fil­tra­ción de infor­ma­cio­nes, fati­ga y des­pre­ven­ción del adver­sa­rio, etc. Esto exi­ge que el enemi­go avan­ce y que noso­tros no repa­re­mos en la pér­di­da tem­po­ral de una par­te de nues­tro terri­to­rio, pues esa pér­di­da tem­po­ral es el pre­cio que se paga por la con­ser­va­ción per­ma­nen­te de todo el terri­to­rio y la recu­pe­ra­ción del terri­to­rio per­di­do. En el aspec­to nega­ti­vo, cada vez que nos vemos empu­ja­dos a una posi­ción des­fa­vo­ra­ble que pone seria­men­te en peli­gro la con­ser­va­ción de nues­tras fuer­zas, debe­mos tener el valor de retro­ce­der a fin de con­ser­var­la y vol­ver a gol­pear al enemi­go cuan­do se pre­sen­ten nue­vas opor­tu­ni­da­des. Los que abo­gan por accio­nes teme­ra­rias y deses­pe­ra­das igno­ran este prin­ci­pio y dispu­tan una ciu­dad o un tro­zo de terreno inclu­so cuan­do la situa­ción es obvia y defi­ni­ti­va­men­te des­fa­vo­ra­ble, y como resul­ta­do, no sólo pier­den el terri­to­rio o la ciu­dad, sino que tam­po­co pue­den con­ser­var sus fuer­zas. Siem­pre hemos pre­co­ni­za­do la polí­ti­ca de «atraer al enemi­go para que pene­tre pro­fun­da­men­te», por­que ésta es pre­ci­sa­men­te la polí­ti­ca mili­tar más efi­caz que pue­de emplear un ejér­ci­to débil, estra­té­gi­ca­men­te a la defen­si­va, con­tra uno fuer­te.
  5. Entre las for­mas de ope­ra­cio­nes mili­ta­res en la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón, la gue­rra de movi­mien­tos ocu­pa el pri­mer lugar y la gue­rra de gue­rri­llas, el segun­do. Cuan­do deci­mos que en todo el con­flic­to béli­co la gue­rra de movi­mien­tos es lo prin­ci­pal y la de gue­rri­llas lo auxi­liar, que­re­mos decir que el desen­la­ce de la gue­rra depen­de, en lo esen­cial, de la gue­rra regu­lar, espe­cial­men­te en su for­ma de gue­rra de movi­mien­tos, y que la gue­rra de gue­rri­llas no pue­de asu­mir la res­pon­sa­bi­li­dad prin­ci­pal de deci­dir­lo. Sin embar­go, esto no sig­ni­fi­ca que la gue­rra de gue­rri­llas no desem­pe­ñe un papel estra­té­gi­co impor­tan­te en la Gue­rra de resis­ten­cia. Su papel estra­té­gi­co en la Gue­rra de resis­ten­cia toma­da en su con­jun­to es infe­rior sólo al de la gue­rra de movi­mien­tos, pues sin su ayu­da es impo­si­ble derro­tar al enemi­go. Al decir esto, tene­mos ya en cuen­ta la tarea estra­té­gi­ca de desa­rro­llar la gue­rra de gue­rri­llas has­ta con­ver­tir­la en gue­rra de movi­mien­tos. En el cur­so del lar­go y cruel con­flic­to béli­co, la gue­rra de gue­rri­llas no per­ma­ne­ce­rá inva­ria­ble, sino que alcan­za­rá un nivel supe­rior, trans­for­mán­do­se en gue­rra de movi­mien­tos. De este modo, su papel estra­té­gi­co es doble: apo­yar la gue­rra regu­lar y trans­for­mar­se ella mis­ma en gue­rra regu­lar. Mucho menos pue­de sub­es­ti­mar­se el papel estra­té­gi­co de la gue­rra de gue­rri­llas en la Gue­rra de resis­ten­cia de Chi­na con­tra Japón si se tie­ne en cuen­ta su exten­sión y dura­ción sin pre­ce­den­tes. Por con­si­guien­te, en Chi­na la gue­rra de gue­rri­llas no sólo plan­tea pro­ble­mas tác­ti­cos, sino tam­bién pro­ble­mas estra­té­gi­cos espe­cí­fi­cos. Esto lo he ana­li­za­do ya en Pro­ble­mas estra­té­gi­cos de la gue­rra de gue­rri­llas con­tra el Japón. Como se ha seña­la­do ante­rior­men­te, las for­mas de ope­ra­cio­nes mili­ta­res en las tres eta­pas estra­té­gi­cas de la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón son las siguien­tes: en la pri­me­ra eta­pa, la gue­rra de movi­mien­tos es la for­ma prin­ci­pal, en tan­to que la de gue­rri­llas y la de posi­cio­nes son auxi­lia­res. En la segun­da, la gue­rra de gue­rri­llas pasa­rá a ocu­par el pri­mer lugar y será com­ple­men­ta­da por la de movi­mien­tos y la de posi­cio­nes. En la ter­ce­ra, la gue­rra de movi­mien­tos vol­ve­rá a ser la for­ma prin­ci­pal y será com­ple­men­ta­da por la de posi­cio­nes y la de gue­rri­llas. Pero la gue­rra de movi­mien­tos en la ter­ce­ra eta­pa no será efec­tua­da exclu­si­va­men­te por las fuer­zas regu­la­res ini­cia­les; una par­te de ella, pro­ba­ble­men­te de bas­tan­te impor­tan­cia, será rea­li­za­da por las anti­guas fuer­zas gue­rri­lle­ras, que para enton­ces habrán pasa­do de la gue­rra de gue­rri­llas a la de movi­mien­tos. Con­si­de­ra­das las tres eta­pas de la Gue­rra de resis­ten­cia de Chi­na con­tra Japón, la gue­rra de gue­rri­llas es cier­ta­men­te indis­pen­sa­ble, y está lla­ma­da a repre­sen­tar un dra­ma gran­dio­so sin para­le­lo en la his­to­ria de las gue­rras de la huma­ni­dad. Por tal razón, es abso­lu­ta­men­te nece­sa­rio tomar, de entre los millo­nes de hom­bres de las tro­pas regu­la­res de Chi­na, por lo menos algu­nos cen­te­na­res de miles de com­ba­tien­tes y dis­per­sar­los por todas las zonas que el enemi­go ocu­pa, para que movi­li­cen y orga­ni­cen fuer­zas arma­das popu­la­res y, jun­to con ellas, empren­dan una gue­rra de gue­rri­llas. Las fuer­zas regu­la­res desig­na­das para ello deben tomar sobre sí cons­cien­te­men­te esta sagra­da misión, y no pen­sar que han sido reba­ja­das por­que par­ti­ci­pen en un núme­ro menor de gran­des bata­llas y no pue­dan apa­re­cer por el momen­to como héroes nacio­na­les. Tales ideas son erró­neas. La gue­rra de gue­rri­llas no pro­du­ce resul­ta­dos tan rápi­dos ni da tan­to renom­bre como la gue­rra regu­lar, pero igual que «en el via­je lar­go se cono­ce la fuer­za del caba­llo, y en la lar­ga prue­ba, el cora­zón del hom­bre», en el cur­so de esta gue­rra lar­ga y cruen­ta, la gue­rra de gue­rri­llas demos­tra­rá su inmen­so pode­río; no es, en ver­dad, una empre­sa ordi­na­ria. Ade­más, un ejér­ci­to regu­lar pue­de, dis­per­san­do sus fuer­zas, rea­li­zar la gue­rra de gue­rri­llas, y con­cen­trán­do­las, la gue­rra de movi­mien­tos; así lo ha veni­do hacien­do el VIII Ejér­ci­to, cuya línea estra­té­gi­ca es: «Tomar la gue­rra de gue­rri­llas como lo fun­da­men­tal, pero no per­der opor­tu­ni­dad algu­na para rea­li­zar la gue­rra de movi­mien­tos cuan­do las con­di­cio­nes sean favo­ra­bles». Esta línea es per­fec­ta­men­te correc­ta, en tan­to que las opi­nio­nes opues­tas son erró­neas.
  6. Dadas sus actua­les con­di­cio­nes téc­ni­cas, Chi­na no pue­de, en gene­ral, prac­ti­car una gue­rra de posi­cio­nes, sea defen­si­va u ofen­si­va, y es ahí don­de se mani­fies­ta nues­tra debi­li­dad. Más aún, el enemi­go tam­bién pue­de explo­tar la vas­te­dad de nues­tro terri­to­rio para esqui­var nues­tras posi­cio­nes for­ti­fi­ca­das. De ahí que la gue­rra de posi­cio­nes no pue­da emplear­se como un medio impor­tan­te y, menos aún, como el prin­ci­pal. Pero en la pri­me­ra y segun­da eta­pas de la gue­rra, es posi­ble y nece­sa­rio, den­tro de los lími­tes de la gue­rra de movi­mien­tos, recu­rrir en el plano local a la gue­rra de posi­cio­nes, como medio auxi­liar en las cam­pa­ñas. La «defen­sa móvil», con carác­ter de semi­po­si­cio­nes, enca­mi­na­da a resis­tir al enemi­go esca­lo­na­da­men­te para des­gas­tar sus fuer­zas y ganar tiem­po, cons­ti­tu­ye con mayor moti­vo una par­te indis­pen­sa­ble de la gue­rra de movi­mien­tos. Chi­na debe hacer todo lo posi­ble para aumen­tar el núme­ro de armas moder­nas, de modo que esté ple­na­men­te en con­di­cio­nes de efec­tuar ata­ques con­tra las posi­cio­nes enemi­gas en la eta­pa de con­tra­ofen­si­va estra­té­gi­ca. En esta eta­pa, la gue­rra de posi­cio­nes ten­drá sin duda mayor impor­tan­cia, pues enton­ces el enemi­go se afe­rra­rá a sus posi­cio­nes, y a menos que lan­ce­mos con­tra ellas poten­tes ata­ques para apo­yar la gue­rra de movi­mien­tos, no podre­mos alcan­zar nues­tro obje­ti­vo de recu­pe­rar el terri­to­rio per­di­do. No obs­tan­te, en la ter­ce­ra eta­pa, tam­bién debe­mos esfor­zar­nos por hacer de la gue­rra de movi­mien­tos la for­ma prin­ci­pal. Pues en una gue­rra de posi­cio­nes como la que se dio en Euro­pa occi­den­tal en la segun­da mitad de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial, el arte de diri­gir la gue­rra y el papel acti­vo del hom­bre que­dan en gran medi­da anu­la­dos. Por lo tan­to, en las con­di­cio­nes de Chi­na, que cuen­ta con vas­tas exten­sio­nes para desa­rro­llar la gue­rra y que per­ma­ne­ce­rá, duran­te un tiem­po bas­tan­te lar­go, pobre­men­te equi­pa­da des­de el pun­to de vis­ta téc­ni­co, resul­ta natu­ral «sacar la gue­rra de las trin­che­ras». Inclu­so en la ter­ce­ra eta­pa, si bien Chi­na esta­rá en mejo­res con­di­cio­nes téc­ni­cas, difí­cil­men­te podrá supe­rar a su enemi­go en ese sen­ti­do, y por eso, se verá obli­ga­da toda­vía a esfor­zar­se por des­ple­gar una gue­rra de movi­mien­tos de gran movi­li­dad, sin la cual no podrá alcan­zar la vic­to­ria final. Así, en nin­gu­na de las eta­pas de la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón; Chi­na adop­ta­rá la gue­rra de posi­cio­nes como la for­ma prin­ci­pal; las for­mas prin­ci­pa­les o impor­tan­tes son la gue­rra de movi­mien­tos y la de gue­rri­llas. Estas for­mas de gue­rra per­mi­ti­rán desa­rro­llar ple­na­men­te el arte de diri­gir la gue­rra y el papel acti­vo del hom­bre, lo que será una dicha en medio de nues­tro infor­tu­nio.

[next­pa­ge title="Guerra de des­gas­te y gue­rra de ani­qui­la­mien­to"]

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Guerra de desgaste y guerra de aniquilamiento

  1. Como hemos dicho antes, la esen­cia de la gue­rra, su obje­ti­vo, con­sis­te en con­ser­var las fuer­zas pro­pias y des­truir las del enemi­go. Para alcan­zar este obje­ti­vo exis­ten tres for­mas de gue­rra: gue­rra de movi­mien­tos, de posi­cio­nes y de gue­rri­llas. Como estas for­mas no dan los mis­mos resul­ta­dos gene­ral­men­te se hace dis­tin­ción entre gue­rra de des­gas­te y gue­rra de ani­qui­la­mien­to.
  2. Para empe­zar, pode­mos afir­mar que la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón es a la vez gue­rra de des­gas­te y de ani­qui­la­mien­to. ¿Por qué? Por­que la for­ta­le­za del enemi­go sigue ope­ran­do, y sub­sis­ten su supe­rio­ri­dad e ini­cia­ti­va estra­té­gi­cas; por lo tan­to, no podre­mos debi­li­tar­lo efi­caz y rápi­da­men­te, ni aca­bar con su supe­rio­ri­dad e ini­cia­ti­va, a menos que reali­ce­mos cam­pa­ñas y com­ba­tes de ani­qui­la­mien­to. Noso­tros segui­mos sien­do débi­les y toda­vía no hemos sali­do de la infe­rio­ri­dad y pasi­vi­dad estra­té­gi­cas; por eso, sin cam­pa­ñas y com­ba­tes de ani­qui­la­mien­to no podre­mos ganar tiem­po para mejo­rar nues­tras con­di­cio­nes inter­nas e inter­na­cio­na­les y modi­fi­car nues­tra posi­ción des­fa­vo­ra­ble. Así, las cam­pa­ñas de ani­qui­la­mien­to son el medio para lograr el obje­ti­vo de des­gas­te estra­té­gi­co. En este sen­ti­do, la gue­rra de ani­qui­la­mien­to es una gue­rra de des­gas­te. Para poder sos­te­ner una gue­rra pro­lon­ga­da el méto­do prin­ci­pal que emplea Chi­na es des­gas­tar al enemi­go ani­qui­lan­do sus fuer­zas.
  3. Pero el obje­ti­vo de des­gas­te estra­té­gi­co pue­de alcan­zar­se tam­bién a tra­vés de cam­pa­ñas de des­gas­te. En tér­mi­nos gene­ra­les, la gue­rra de movi­mien­tos cum­ple la tarea de ani­qui­la­mien­to, la gue­rra de posi­cio­nes, la de des­gas­te y la gue­rra de gue­rri­llas, ambas tareas al mis­mo tiem­po; así, las tres for­mas de gue­rra se dife­ren­cian entre sí. En este sen­ti­do, la gue­rra de ani­qui­la­mien­to es dife­ren­te a la de des­gas­te. Las cam­pa­ñas de des­gas­te son auxi­lia­res, pero tam­bién nece­sa­rias para la gue­rra pro­lon­ga­da.
  4. Tan­to des­de el pun­to de vis­ta de la teo­ría, como del de la nece­si­dad prác­ti­ca, Chi­na para lograr el obje­ti­vo estra­té­gi­co de des­gas­tar en gran medi­da las fuer­zas del enemi­go, debe explo­tar, en la eta­pa de defen­si­va, no sólo la fun­ción de ani­qui­la­mien­to que desem­pe­ña pri­mor­dial­men­te la gue­rra de movi­mien­tos y par­cial­men­te la de gue­rri­llas, sino tam­bién, en for­ma com­ple­men­ta­ria, la fun­ción de des­gas­te que desem­pe­ña pri­mor­dial­men­te la gue­rra de posi­cio­nes y par­cial­men­te la de gue­rri­llas. En la eta­pa de equi­li­brio, debe­mos con­ti­nuar apro­ve­chan­do las fun­cio­nes de ani­qui­la­mien­to y des­gas­te que cum­plen la gue­rra de gue­rri­llas y la de movi­mien­tos, para seguir des­gas­tan­do con­si­de­ra­ble­men­te las fuer­zas enemi­gas. Todo ello está des­ti­na­do a pro­lon­gar la gue­rra cam­biar gra­dual­men­te la corre­la­ción de fuer­zas y pre­pa­rar las con­di­cio­nes para nues­tra con­tra­ofen­si­va. Duran­te la con­tra­ofen­si­va estra­té­gi­ca, debe­mos con­ti­nuar des­gas­tan­do al enemi­go median­te el ani­qui­la­mien­to, para expul­sar­lo defi­ni­ti­va­men­te del país.
  5. Pero, en reali­dad, lo ocu­rri­do en los últi­mos diez meses fue que muchas e inclu­so la mayo­ría de las cam­pa­ñas de gue­rra de movi­mien­tos se con­vir­tie­ron en cam­pa­ñas de gue­rra de des­gas­te, y que la gue­rra de gue­rri­llas, en cier­tas zonas, no cum­plió debi­da­men­te su fun­ción de ani­qui­la­mien­to. Lo posi­ti­vo de esta situa­ción con­sis­te en que, de todas mane­ras, hemos des­gas­ta­do las fuer­zas enemi­gas, lo cual tie­ne impor­tan­cia para la gue­rra pro­lon­ga­da y para la vic­to­ria final, de modo que no hemos derra­ma­do en vano nues­tra san­gre. Pero lo nega­ti­vo es que, pri­me­ro, no hemos des­gas­ta­do sufi­cien­te­men­te al enemi­go, y segun­do, nues­tras pér­di­das han sido más bien gran­des y lo cap­tu­ra­do más bien esca­so. Des­de lue­go, hay que reco­no­cer la cau­sa obje­ti­va de esta situa­ción, o sea, la dis­pa­ri­dad entre el enemi­go y noso­tros en cuan­to a con­di­cio­nes téc­ni­cas y adies­tra­mien­to de las tro­pas; pero, de cual­quier modo, es nece­sa­rio teó­ri­ca y prác­ti­ca­men­te ins­tar a nues­tras tro­pas regu­la­res a que den bata­llas de ani­qui­la­mien­to cada vez que las cir­cuns­tan­cias sean favo­ra­bles. En cuan­to a las gue­rri­llas, aun­que tie­nen que librar bata­llas de sim­ple des­gas­te al cum­plir muchas tareas con­cre­tas como el sabo­ta­je y el hos­ti­ga­mien­to, es nece­sa­rio que pro­mue­van y lle­ven a cabo con vigor cam­pa­ñas y com­ba­tes de ani­qui­la­mien­to siem­pre que las cir­cuns­tan­cias sean favo­ra­bles, a fin de des­gas­tar en gran medi­da las fuer­zas del enemi­go y, a la vez, refor­zar con­si­de­ra­ble­men­te las nues­tras.
  6. Lo que lla­ma­mos «ope­ra­cio­nes ofen­si­vas», «deci­sión rápi­da» y «líneas exte­rio­res» en la expre­sión «ope­ra­cio­nes ofen­si­vas de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res», igual que «movi­mien­to» en la expre­sión «gue­rra de movi­mien­tos», se refie­re prin­ci­pal­men­te, en cuan­to a la for­ma de ope­ra­cio­nes, al empleo de la tác­ti­ca de cer­co y de movi­mien­tos envol­ven­tes; de ahí la nece­si­dad de con­cen­trar fuer­zas supe­rio­res. La con­cen­tra­ción de las fuer­zas y el empleo de la tác­ti­ca de cer­co y de movi­mien­tos envol­ven­tes son, por lo tan­to, los requi­si­tos indis­pen­sa­bles para rea­li­zar la gue­rra de movi­mien­tos, esto es, las ope­ra­cio­nes ofen­si­vas de deci­sión rápi­da en líneas exte­rio­res. Y todo ello está des­ti­na­do a ani­qui­lar al enemi­go.
  7. La ven­ta­ja del ejér­ci­to japo­nés no resi­de sólo en su arma­men­to, sino tam­bién en el adies­tra­mien­to de sus ofi­cia­les y sol­da­dos: gra­do de orga­ni­za­ción, con­fian­za en sí mis­mos deri­va­da del hecho de no haber sido jamás derro­ta­dos, creen­cia supers­ti­cio­sa en el Mika­do y en seres sobre­na­tu­ra­les, arro­gan­cia, des­pre­cio por los chi­nos y otras carac­te­rís­ti­cas seme­jan­tes. Todo esto es resul­ta­do de lar­gos años de adoc­tri­na­mien­to de las tro­pas en el espí­ri­tu samu­rai por los mili­ta­ris­tas japo­ne­ses, y de las cos­tum­bres nacio­na­les del Japón. Esta es la razón prin­ci­pal por la cual hemos hecho muy pocos pri­sio­ne­ros, aun­que hemos dado muer­te o heri­do a gran núme­ro de sol­da­dos enemi­gos. Éste es un pun­to que mucha gen­te ha sub­es­ti­ma­do en el pasa­do. Hace fal­ta un lar­go pro­ce­so para eli­mi­nar estas carac­te­rís­ti­cas del enemi­go: Ante todo, debe­mos pres­tar seria aten­ción al pro­ble­ma y lue­go, tra­ba­jar para este fin pacien­te y sis­te­má­ti­ca­men­te en el terreno polí­ti­co, en la pro­pa­gan­da para el extran­je­ro y en rela­ción al movi­mien­to popu­lar del Japón. Otro méto­do para lograr este obje­ti­vo es, en lo mili­tar, la gue­rra de ani­qui­la­mien­to. En estas carac­te­rís­ti­cas del enemi­go los pesi­mis­tas pue­den encon­trar una base para la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal, y los mili­ta­res de men­ta­li­dad pasi­va, una base para opo­ner­se a la gue­rra de ani­qui­la­mien­to. Noso­tros, por el con­tra­rio, sos­te­ne­mos que esos pun­tos fuer­tes del ejér­ci­to japo­nés pue­den ser des­trui­dos, y ya han empe­za­do a ser­lo. El méto­do prin­ci­pal para des­truir­los es ganar­nos polí­ti­ca­men­te a los sol­da­dos japo­ne­ses. En lugar de herir su orgu­llo, debe­mos com­pren­der­lo y cana­li­zar­lo en la direc­ción debi­da, y tra­tan­do con indul­gen­cia a los pri­sio­ne­ros de gue­rra, hacer ver a los sol­da­dos japo­ne­ses el carác­ter anti­po­pu­lar de la polí­ti­ca de agre­sión de los gober­nan­tes del Japón. Por otra par­te, debe­mos demos­trar a los sol­da­dos japo­ne­ses el indo­ma­ble espí­ri­tu y la heroi­ca y tenaz capa­ci­dad com­ba­ti­va del ejér­ci­to y el pue­blo chi­nos, gol­peán­do­los en bata­llas de ani­qui­la­mien­to. Nues­tra expe­rien­cia en los últi­mos diez meses de ope­ra­cio­nes mili­ta­res demues­tra que es posi­ble ani­qui­lar las fuer­zas enemi­gas; tes­ti­mo­nio pal­ma­rio de ello son las cam­pa­ñas de Ping­sing­kuan y de Taier­chuang. La moral del ejér­ci­to japo­nés ha comen­za­do a vaci­lar; sus sol­da­dos no entien­den el obje­ti­vo de la gue­rra, se hallan rodea­dos por las tro­pas y el pue­blo de Chi­na, y mani­fies­tan en los asal­tos mucho menos valor que los sol­da­dos chi­nos. Todos éstos son, entre otros, fac­to­res obje­ti­vos favo­ra­bles a nues­tras bata­llas de ani­qui­la­mien­to, los que se desa­rro­lla­rán cada día a medi­da que se pro­lon­gue la gue­rra. Al aba­tir la arro­gan­cia del ejér­ci­to enemi­go, las ope­ra­cio­nes de ani­qui­la­mien­to cons­ti­tu­yen una de las con­di­cio­nes que per­mi­ten abre­viar la dura­ción de la gue­rra y ace­le­rar la eman­ci­pa­ción de los sol­da­dos y el pue­blo japo­ne­ses. Los gatos tra­ban amis­tad sola­men­te con los gatos, y jamás con los rato­nes.
  8. Por otra par­te, hay que admi­tir que por aho­ra somos infe­rio­res al enemi­go en con­di­cio­nes téc­ni­cas y adies­tra­mien­to mili­tar. Por eso, en muchas ope­ra­cio­nes, sobre todo en las lla­nu­ras, es difí­cil lograr la máxi­ma efi­ca­cia de ani­qui­la­mien­to, como la cap­tu­ra total o de la mayor par­te de las fuer­zas enemi­gas. Son equi­vo­ca­das las exi­gen­cias des­me­di­das que en este sen­ti­do hacen los par­ti­da­rios de la teo­ría de la vic­to­ria rápi­da. La exi­gen­cia correc­ta en la Gue­rra de resis­ten­cia debe ser: dar bata­llas de ani­qui­la­mien­to siem­pre que sea posi­ble. En todas las cir­cuns­tan­cias favo­ra­bles, debe­mos con­cen­trar fuer­zas supe­rio­res en cada bata­lla y emplear la tác­ti­ca de cer­co y de movi­mien­tos envol­ven­tes ‑cer­car una par­te, si no es posi­ble el total, de las fuer­zas enemi­gas, cap­tu­rar una par­te, si no se pue­de el total, de las fuer­zas cer­ca­das, y si esto tam­po­co es posi­ble, cau­sar fuer­tes pér­di­das a las fuer­zas cer­ca­das-; en todas las cir­cuns­tan­cias des­fa­vo­ra­bles para las ope­ra­cio­nes de ani­qui­la­mien­to, debe­mos efec­tuar bata­llas de des­gas­te. En el pri­mer caso, hay que apli­car el prin­ci­pio de con­cen­trar las fuer­zas, y en el segun­do, el de dis­per­sar­las. En cuan­to a las rela­cio­nes de man­do en una cam­pa­ña, se debe apli­car, en el pri­mer caso, el prin­ci­pio de la cen­tra­li­za­ción del man­do, y en el segun­do, el de la des­cen­tra­li­za­ción. Estos son los prin­ci­pios bási­cos para las ope­ra­cio­nes en el tiem­po de bata­lla de la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón.

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Posibilidades de explotar los errores del enemigo

  1. En el mis­mo man­do enemi­go pue­de encon­trar­se tam­bién una base para nues­tra vic­to­ria. La his­to­ria no ha cono­ci­do jamás un gene­ral infa­li­ble, y así como noso­tros mis­mos difí­cil­men­te pode­mos evi­tar los erro­res, el enemi­go tam­bién los come­te; por eso exis­te la posi­bi­li­dad de explo­tar­los. En lo que res­pec­ta a la estra­te­gia y a las cam­pa­ñas, el enemi­go ha come­ti­do muchos erro­res en los diez meses de su gue­rra de agre­sión. Entre ellos, hay cin­co de impor­tan­cia.

    En pri­mer lugar, el aumen­to pau­la­tino de sus fuer­zas. Esto se debe a que sub­es­ti­ma a Chi­na, y tam­bién a que no posee sufi­cien­tes tro­pas. el enemi­go siem­pre nos ha menos­pre­cia­do. Des­pués de apo­de­rar­se con poco esfuer­zo de las cua­tro pro­vin­cias del nor­des­te, ocu­pó el este de Jopei y el nor­te de Cha­jar. Todo esto lo hizo a modo de reco­no­ci­mien­to estra­té­gi­co. La con­clu­sión que extra­jo fue que la nación chi­na era un mon­tón de are­na suel­ta. De este modo, pen­san­do que Chi­na se derrum­ba­da de un solo gol­pe, ela­bo­ró un plan de «deci­sión rápi­da», y con una fuer­za muy peque­ña tra­tó de hacer­nos huir des­pa­vo­ri­dos. No espe­ra­ba encon­trar­se con una uni­dad tan gran­de ni un poder de resis­ten­cia tan inmen­so como los que Chi­na ha demos­tra­do en los últi­mos diez meses, pues no tuvo pre­sen­te que Chi­na se encuen­tra ya en una épo­ca de pro­gre­so y cuen­ta con un par­ti­do polí­ti­co, un ejér­ci­to y un pue­blo avan­za­dos. Como sufría reve­ses, comen­zó a aumen­tar poco a poco sus fuer­zas, des­de algo más de diez divi­sio­nes has­ta trein­ta. Si quie­re con­ti­nuar su avan­ce, ten­drá que aumen­tar­las más aún. Pero, debi­do a su anta­go­nis­mo con la Unión Sovié­ti­ca, así como a la esca­sez de recur­sos huma­nos y finan­cie­ros que le es inhe­ren­te, exis­te inevi­ta­ble­men­te un lími­te para el núme­ro máxi­mo de hom­bres que pue­de lan­zar al com­ba­te y para el alcan­ce máxi­mo de su ofen­si­va.

    En segun­do lugar, la fal­ta de una direc­ción prin­ci­pal de ata­que. Antes de la cam­pa­ña de Taier­chuang, el enemi­go tenía divi­di­das sus fuer­zas más o menos por igual entre el cen­tro y el nor­te de Chi­na. Esta divi­sión de fuer­zas tam­bién se obser­va­ba en cada una de dichas zonas. En el nor­te de Chi­na, por ejem­plo, repar­tió sus fuer­zas en for­ma pare­ja entre las tres líneas férreas Tien­tsín-Pukou, Pei­ping-Jan­kou y Tatung-Puchou, y así, des­pués de sufrir cier­tas bajas a lo lar­go de cada una de estas líneas y dejar algu­nas guar­ni­cio­nes en los luga­res ocu­pa­dos, no le que­da­ron fuer­zas sufi­cien­tes para nue­vos avan­ces. Lue­go de la derro­ta en Taier­chuang, el enemi­go resu­mió las lec­cio­nes apren­di­das, con­cen­tró el grue­so de sus fuer­zas en la direc­ción de S¸chou y corri­gió así tem­po­ral­men­te este error.

    En ter­cer lugar, la ausen­cia de coor­di­na­ción estra­té­gi­ca. En gene­ral, había coor­di­na­ción den­tro de cada uno de los dos gru­pos de fuer­zas enemi­gas en el cen­tro y el nor­te de Chi­na, pero exis­tía una noto­ria fal­ta de coor­di­na­ción entre ambos. Mien­tras sus fuer­zas del sec­tor sur del ferro­ca­rril Tien­tsín-Pukou ata­ca­ban Siao­peng­pu, las del sec­tor nor­te per­ma­ne­cie­ron inmó­vi­les, y mien­tras éstas ata­ca­ban Taier­chuang, aqué­llas no actua­ron. Tras los reve­ses del enemi­go en ambos luga­res, lle­gó en gira de ins­pec­ción el Minis­tro de la gue­rra del Japón, y el jefe del Esta­do Mayor Gene­ral acu­dió a asu­mir el man­do; por el momen­to se ha esta­ble­ci­do, al pare­cer, cier­ta coor­di­na­ción. La cla­se terra­te­nien­te, la bur­gue­sía y los mili­ta­ris­tas del Japón tie­nen serias con­tra­dic­cio­nes, tan­to inter­nas como entre sí, que se están agra­van­do, y la ausen­cia de coor­di­na­ción mili­tar es una de las mani­fes­ta­cio­nes con­cre­tas de este hecho.

    En cuar­to lugar, el des­apro­ve­cha­mien­to de opor­tu­ni­da­des estra­té­gi­cas. Esto se mani­fes­tó con cla­ri­dad en la deten­ción del enemi­go des­pués de la ocu­pa­ción de Nan­kín y Tai­yuán, error que se debió esen­cial­men­te a su esca­sez de tro­pas y a su con­si­guien­te fal­ta de fuer­zas para la per­se­cu­ción estra­té­gi­ca.

    En quin­to lugar, el cer­co de muchas fuer­zas pero ani­qui­la­mien­to de pocas. Antes de la cam­pa­ña de Taier­chuang en las cam­pa­ñas de Shang­hai, Nan­kín, Tsang­chou, Pao­ting, Nan­kou, Sin­kou y Lin­fen, fue­ron derro­ta­das muchas tro­pas chi­nas, pero se hicie­ron pocos pri­sio­ne­ros, lo que demues­tra la estu­pi­dez del man­do enemi­go.

    Estos cin­co erro­res ‑aumen­to pau­la­tino de sus fuer­zas, fal­ta de una direc­ción prin­ci­pal de ata­que, ausen­cia de coor­di­na­ción estra­té­gi­ca, des­apro­ve­cha­mien­to de opor­tu­ni­da­des y cer­co de muchas fuer­zas pero ani­qui­la­mien­to de pocas- seña­lan la incom­pe­ten­cia del man­do japo­nés antes de la cam­pa­ña de Taier­chuang. Si bien des­de enton­ces el enemi­go ha hecho algu­nas rec­ti­fi­ca­cio­nes, le será impo­si­ble evi­tar la repe­ti­ción de sus erro­res a juz­gar por su esca­sez de tro­pas, sus con­tra­dic­cio­nes inter­nas y otros fac­to­res simi­la­res. Más aún, lo que gana en un pun­to, lo pier­de en otro. Por ejem­plo, cuan­do con­cen­tró sus fuer­zas del nor­te de Chi­na en S¸chou, dejó gran­des cla­ros en el terri­to­rio ocu­pa­do del nor­te, lo que nos dio la opor­tu­ni­dad de desa­rro­llar amplia­men­te la gue­rra de gue­rri­llas. Estos fue­ron erro­res come­ti­dos por el enemi­go mis­mo, y no indu­ci­dos por noso­tros. Por nues­tra par­te, pode­mos hacer deli­be­ra­da­men­te que el enemi­go come­ta erro­res, es decir, des­orien­tar­lo y atraer­lo adon­de nos con­ven­ga por medio de accio­nes inte­li­gen­tes y efi­ca­ces al ampa­ro de una pobla­ción local bien orga­ni­za­da, por ejem­plo, «ama­gar en el este pero ata­car por el oes­te». Esta posi­bi­li­dad ya ha sido ana­li­za­da ante­rior­men­te. Todo ello indi­ca que en el man­do enemi­go tam­bién pode­mos encon­trar una base para nues­tra vic­to­ria. Por supues­to, no debe­mos con­si­de­rar esta posi­bi­li­dad como una base impor­tan­te para nues­tros pla­nes estra­té­gi­cos; por el con­tra­rio, es más segu­ro fun­dar nues­tros pla­nes en el supues­to de que el enemi­go come­te­rá pocos erro­res. Ade­más, al igual que noso­tros explo­ta­mos los erro­res del enemi­go, éste pue­de explo­tar los nues­tros, por lo cual, es deber de nues­tro man­do dejar­le el míni­mo de opor­tu­ni­da­des para hacer­lo. Sin embar­go, como de hecho el man­do enemi­go ha come­ti­do erro­res, los come­te­rá nue­va­men­te en el futu­ro y pue­de ser indu­ci­do a come­ter­los median­te nues­tros esfuer­zos, siem­pre habrá erro­res que explo­tar. Nues­tros gene­ra­les en la Gue­rra de resis­ten­cia deben hacer todo lo posi­ble para apro­ve­char­los. Aun­que el man­do estra­té­gi­co y de cam­pa­ñas del enemi­go es incom­pe­ten­te en muchos aspec­tos, exis­ten no pocos pun­tos exce­len­tes en su man­do de com­ba­tes, esto es, en su tác­ti­ca de com­ba­te de uni­da­des y peque­ñas agru­pa­cio­nes; en este aspec­to debe­mos apren­der de él.

[next­pa­ge title="Batallas deci­si­vas en la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón"]

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Batallas decisivas en la Guerra de resistencia contra el Japón

  1. El pro­ble­ma de las bata­llas deci­si­vas en la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón debe ser tra­ta­do en tres for­mas dife­ren­tes: bus­car resuel­ta­men­te una acción deci­si­va en toda cam­pa­ña o com­ba­te en que este­mos segu­ros de la vic­to­ria; evi­tar una acción deci­si­va en toda cam­pa­ña o com­ba­te en que la vic­to­ria sea incier­ta, y elu­dir de mane­ra abso­lu­ta toda bata­lla estra­té­gi­ca­men­te deci­si­va en la cual esté en jue­go el des­tino de la nación. Las carac­te­rís­ti­cas que dis­tin­guen a la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón de muchas otras gue­rras, se reve­lan tam­bién en este pro­ble­ma de las bata­llas deci­si­vas. En la pri­me­ra y segun­da eta­pas de la gue­rra, cuan­do el enemi­go es fuer­te y noso­tros débi­les, el pro­pó­si­to del adver­sa­rio es hacer que con­cen­tre­mos el grue­so de nues­tras fuer­zas para una bata­lla deci­si­va. Noso­tros bus­ca­mos jus­ta­men­te lo con­tra­rio: ele­gir con­di­cio­nes favo­ra­bles, con­cen­trar fuer­zas supe­rio­res y enta­blar cam­pa­ñas o com­ba­tes deci­si­vos sólo cuan­do este­mos segu­ros de la vic­to­ria, como en la cam­pa­ña de Ping­sing­kuan, la de Taier­chuang y otras muchas, y evi­tar bata­llas deci­si­vas en con­di­cio­nes des­fa­vo­ra­bles, cuan­do no ten­ga­mos segu­ri­dad de la vic­to­ria, polí­ti­ca ésta que adop­ta­mos en la cam­pa­ña de Chang­te y otras. En cuan­to a una bata­lla estra­té­gi­ca­men­te deci­si­va en que esté en jue­go el des­tino de la nación, sim­ple­men­te no la empren­de­re­mos, ejem­plo de lo cual es nues­tra recien­te reti­ra­da de S¸chou. Así frus­tra­mos el plan del enemi­go para una «deci­sión rápi­da», y éste se verá obli­ga­do a sos­te­ner una gue­rra pro­lon­ga­da. Tales prin­ci­pios son imprac­ti­ca­bles en un país con un terri­to­rio peque­ño y difí­ci­les de prac­ti­car en un país polí­ti­ca­men­te muy atra­sa­do. Son prac­ti­ca­bles en Chi­na, que es un país gran­de y se encuen­tra en una épo­ca de pro­gre­so. Si evi­ta­mos las bata­llas estra­té­gi­ca­men­te deci­si­vas, per­de­re­mos con ello par­te de nues­tro terri­to­rio, pero con­ser­va­re­mos toda­vía un gran espa­cio para manio­brar, y como «mien­tras haya mon­tes ver­des, no hay que inquie­tar­se por la leña», aún podre­mos impul­sar y espe­rar el pro­gre­so den­tro del país, el cre­ci­mien­to del apo­yo inter­na­cio­nal y la desin­te­gra­ción inter­na del enemi­go. Esta es la mejor polí­ti­ca para nues­tra Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón. Los impe­tuo­sos par­ti­da­rios de la teo­ría de la vic­to­ria rápi­da, inca­pa­ces de sopor­tar el peno­so camino de una gue­rra pro­lon­ga­da y ansio­sos de un triun­fo rápi­do, cla­man por bata­llas estra­té­gi­ca­men­te deci­si­vas en cuan­to la situa­ción se tor­na lige­ra­men­te favo­ra­ble. Si hicié­ra­mos lo que pre­co­ni­zan, la cau­sa de la Gue­rra de resis­ten­cia sería gra­ve­men­te per­ju­di­ca­da, se frus­tra­ría la gue­rra pro­lon­ga­da y cae­ría­mos en la pér­fi­da tram­pa del enemi­go. Ésta sería en reali­dad la peor polí­ti­ca. No cabe duda de que, para evi­tar bata­llas deci­si­vas, nos vere­mos obli­ga­dos a aban­do­nar terri­to­rio, y debe­mos tener el valor de hacer­lo cuan­do (y sola­men­te cuan­do) sea abso­lu­ta­men­te inevi­ta­ble. En esos momen­tos no debe­mos sen­tir el menor pesar, pues esta polí­ti­ca de tro­car espa­cio por tiem­po es correc­ta. La his­to­ria nos ense­ña cómo Rusia efec­tuó una valien­te reti­ra­da para evi­tar una bata­lla deci­si­va, y lue­go derro­tó a Napo­león22, el terror de su épo­ca. Aho­ra Chi­na debe hacer lo mis­mo.
  2. ¿No teme­mos que nos acu­sen de «no resis­ten­cia»? No, no lo teme­mos. No com­ba­tir en abso­lu­to, sino lle­gar a un com­pro­mi­so con el enemi­go, eso es la no resis­ten­cia, lo cual no sólo debe ser denun­cia­do sino tam­bién resuel­ta­men­te impe­di­do. Sos­te­ne­mos con deci­sión la Gue­rra de resis­ten­cia, pero, para evi­tar la pér­fi­da tram­pa del enemi­go e impe­dir que el grue­so de nues­tras fuer­zas sea ani­qui­la­do de un gol­pe, lo que haría impo­si­ble la pro­se­cu­ción de la Gue­rra de resis­ten­cia, en una pala­bra, para evi­tar la sub­yu­ga­ción nacio­nal la polí­ti­ca ante­rior­men­te defi­ni­da es de todo pun­to impres­cin­di­ble. Las dudas a este res­pec­to refle­jan mio­pía en el pro­ble­ma de la gue­rra y, a fin de cuen­tas, con­du­cen for­zo­sa­men­te al cam­po de los par­ti­da­rios de la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal. Hemos cri­ti­ca­do la teme­ri­dad deses­pe­ra­da de «avan­zar siem­pre sin reti­rar­se jamás», pre­ci­sa­men­te por­que si esta teo­ría se gene­ra­li­za­se, corre­ría­mos el peli­gro de no poder con­ti­nuar la Gue­rra de resis­ten­cia y de ser lle­va­dos final­men­te a la sub­yu­ga­ción.
  3. Somos par­ti­da­rios de toda bata­lla deci­si­va en cir­cuns­tan­cias favo­ra­bles, trá­te­se de com­ba­tes o de cam­pa­ñas gran­des o peque­ñas, y no hay que tole­rar pasi­vi­dad algu­na en este sen­ti­do. Sólo con tales bata­llas deci­si­vas podre­mos ani­qui­lar o des­gas­tar las fuer­zas enemi­gas, y cada mili­tar en la Gue­rra de resis­ten­cia debe con­tri­buir a ello resuel­ta­men­te. Esto exi­ge con­si­de­ra­bles sacri­fi­cios par­cia­les; evi­tar todo sacri­fi­cio es la acti­tud de los cobar­des y de los enfer­mos de terror al Japón acti­tud que debe ser enér­gi­ca­men­te com­ba­ti­da. La eje­cu­ción de Li Fu-ying, Jan Fu-ch¸ y otros deser­to­res está jus­ti­fi­ca­da. Con una correc­ta pla­ni­fi­ca­ción de las ope­ra­cio­nes mili­ta­res, es abso­lu­ta­men­te indis­pen­sa­ble esti­mu­lar el espí­ri­tu y la prác­ti­ca del sacri­fi­cio per­so­nal heroi­co y del avan­ce intré­pi­do en los com­ba­tes, sin lo cual es impo­si­ble la gue­rra pro­lon­ga­da y la vic­to­ria final. Hemos con­de­na­do con seve­ri­dad la ten­den­cia a la hui­da, a «reti­rar­se siem­pre sin avan­zar jamás», y esta­mos por la rigu­ro­sa apli­ca­ción de la dis­ci­pli­na, pre­ci­sa­men­te por­que sólo median­te heroi­cas bata­llas deci­si­vas, dadas según un plan correc­to podre­mos ven­cer al pode­ro­so enemi­go. La ten­den­cia a la hui­da, por el con­tra­rio, pro­por­cio­na apo­yo direc­to a la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal.
  4. ¿No hay con­tra­dic­ción entre com­ba­tir heroi­ca­men­te pri­me­ro y aban­do­nar lue­go el terri­to­rio? ¿No se derra­ma­rá en vano la san­gre de nues­tros heroi­cos com­ba­tien­tes? Esta es una mane­ra desa­ti­na­da de for­mu­lar las pre­gun­tas. Comer y lue­go eva­cuar, ¿no es esto comer en vano? Dor­mir y lue­go levan­tar­se, ¿no es esto dor­mir en vano? ¿Pue­den for­mu­lar­se así las pre­gun­tas? Creo que no. Ya que se come, coma­mos sin cesar: ya que se duer­me, dur­ma­mos sin parar; ya que se com­ba­te valien­te­men­te, com­ba­ta­mos sin dete­ner­nos has­ta el río Yalu. Éstas son ilu­sio­nes naci­das del sub­je­ti­vis­mo y del for­ma­lis­mo, y no reali­da­des de la vida. Como todos saben, aun­que al com­ba­tir y derra­mar nues­tra san­gre para ganar tiem­po y pre­pa­rar la con­tra­ofen­si­va hemos teni­do que aban­do­nar algún terri­to­rio, en ver­dad hemos gana­do tiem­po, logra­do ani­qui­lar y des­gas­tar al enemi­go, adqui­ri­do expe­rien­cia de com­ba­te, des­per­ta­do al pue­blo has­ta enton­ces inac­ti­vo y ele­va­do nues­tra posi­ción inter­na­cio­nal. ¿Se ha derra­ma­do nues­tra san­gre en vano? De nin­gu­na mane­ra. Se ha aban­do­na­do terri­to­rio para con­ser­var nues­tras fuer­zas mili­ta­res y tam­bién, pre­ci­sa­men­te, para con­ser­var nues­tro terri­to­rio, por­que si, en lugar de aban­do­nar una par­te en cir­cuns­tan­cias des­fa­vo­ra­bles, dié­se­mos a cie­gas bata­llas deci­si­vas sin la menor segu­ri­dad de ganar­las, per­de­ría­mos nues­tras fuer­zas mili­ta­res y lue­go, inevi­ta­ble­men­te, todo nues­tro terri­to­rio, y no hable­mos siquie­ra de recu­pe­rar el ya per­di­do. Un capi­ta­lis­ta nece­si­ta capi­tal para mane­jar su nego­cio, y si se arrui­na, deja de ser capi­ta­lis­ta. Un juga­dor tam­bién nece­si­ta dine­ro para apos­tar, pero si lo arries­ga todo en una sola juga­da y la suer­te le falla, no podrá seguir jugan­do. Los acon­te­ci­mien­tos tie­nen sus vuel­tas y revuel­tas y no siguen una línea rec­ta; lo mis­mo suce­de con la gue­rra. Sólo los for­ma­lis­tas no com­pren­den esta ver­dad.
  5. Creo que esto es igual­men­te váli­do para las bata­llas deci­si­vas en la eta­pa de con­tra­ofen­si­va estra­té­gi­ca. Aun­que para enton­ces el enemi­go se encon­tra­rá en una situa­ción infe­rior y noso­tros en una supe­rior, toda­vía será apli­ca­ble el prin­ci­pio de «enta­blar bata­llas deci­si­vas en con­di­cio­nes favo­ra­bles y evi­tar­las en con­di­cio­nes des­fa­vo­ra­bles», y lo segui­rá sien­do has­ta que lle­gue­mos com­ba­tien­do al río Yalu. De esta mane­ra podre­mos man­te­ner siem­pre la ini­cia­ti­va. Todos los «desafíos» del enemi­go y «pin­cha­zos» de otras per­so­nas debe­mos apar­tar­los imper­tur­ba­ble­men­te y no hacer caso de ellos. En la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón, sólo un jefe con tal fir­me­za pue­de ser con­si­de­ra­do bra­vo e inte­li­gen­te. No pue­de decir­se lo mis­mo de quie­nes «sal­tan en cuan­to los tocan». Y aun­que en la pri­me­ra eta­pa nos encon­tra­mos estra­té­gi­ca­men­te en una posi­ción has­ta cier­to pun­to pasi­va, debe­mos ganar la ini­cia­ti­va en todas las cam­pa­ñas, y con­ser­var­la en las eta­pas pos­te­rio­res. Somos par­ti­da­rios de la gue­rra pro­lon­ga­da y la vic­to­ria defi­ni­ti­va; no somos como los juga­do­res que lo arries­gan todo en una sola juga­da.

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Ejército y pueblo, base de la victoria

  1. El impe­ria­lis­mo japo­nés no aflo­ja­rá jamás en su ofen­si­va y repre­sión fren­te a la Chi­na revo­lu­cio­na­ria; esto está deter­mi­na­do por su natu­ra­le­za impe­ria­lis­ta. Si Chi­na no resis­tie­ra, Japón se apo­de­ra­ría fácil­men­te de toda ella, sin dis­pa­rar un solo tiro. Prue­ba de ello es la pér­di­da de las cua­tro pro­vin­cias del nor­des­te. Como Chi­na resis­te, Japón repri­me esa resis­ten­cia, y no deja­rá de hacer­lo has­ta que su repre­sión sea supe­ra­da por la resis­ten­cia de Chi­na. Esta es una ley inexo­ra­ble. La cla­se terra­te­nien­te y la bur­gue­sía del Japón tie­nen gran­des ambi­cio­nes y, con el fin de ata­car, hacia el sur, el Archi­pié­la­go Mala­yo y hacia el nor­te, Sibe­ria, han adop­ta­do la polí­ti­ca de rup­tu­ra en el cen­tro ata­can­do pri­me­ro a Chi­na. Quie­nes pien­san que Japón se con­for­ma­rá con la ocu­pa­ción del nor­te de Chi­na y las pro­vin­cias de Chiang­sú y Che­chiang, dete­nién­do­se ahí, no ven en abso­lu­to que el Japón impe­ria­lis­ta que ha pasa­do a una nue­va eta­pa de su desa­rro­llo y está al bor­de de la muer­te, es dis­tin­to al Japón del pasa­do. Cuan­do deci­mos que exis­te un lími­te para la can­ti­dad de hom­bres que Japón pue­de lan­zar al com­ba­te y para el alcan­ce de su ofen­si­va, nos refe­ri­mos a que, con las fuer­zas de que dis­po­ne, Japón sólo pue­de emplear una can­ti­dad deter­mi­na­da de sus tro­pas con­tra Chi­na y pene­trar en ella has­ta don­de lo per­mi­ta su capa­ci­dad, pues aún se pro­po­ne ata­car en otras direc­cio­nes y tie­ne que defen­der­se de otros enemi­gos. Al mis­mo tiem­po, Chi­na ha dado prue­bas de pro­gre­so y de capa­ci­dad para una tenaz resis­ten­cia, pues sería incon­ce­bi­ble que exis­tie­ran sólo fero­ces ata­ques del Japón sin que Chi­na pose­ye­se la nece­sa­ria capa­ci­dad de resis­ten­cia. Japón no podrá ocu­par toda Chi­na, pero en todas las zonas a las que pue­da lle­gar, no esca­ti­ma­rá esfuer­zos para repri­mir la resis­ten­cia, y no deja­rá de repri­mir­la has­ta que las con­di­cio­nes inter­nas y exter­nas hagan al impe­ria­lis­mo japo­nés estre­llar­se con la cri­sis que ha de con­du­cir­lo a la tum­ba. Hay sólo dos sali­das posi­bles para la situa­ción polí­ti­ca del Japón: o bien toda la cla­se gober­nan­te se derrum­ba rápi­da­men­te, el poder pasa a manos del pue­blo y con­clu­ye así la gue­rra, lo cual es impo­si­ble por el momen­to; o bien la cla­se terra­te­nien­te y la bur­gue­sía se hun­den cada vez más en el fas­cis­mo y pro­si­guen la gue­rra has­ta su derrum­ba­mien­to final, que es pre­ci­sa­men­te el camino que Japón reco­rre aho­ra. No pue­de haber otra sali­da. Los que ali­men­tan la espe­ran­za de que el sec­tor mode­ra­do de la bur­gue­sía japo­ne­sa inter­ven­ga y pon­ga fin a la gue­rra, no hacen más que ilu­sio­nar­se en vano. Des­de hace muchos años, la reali­dad polí­ti­ca del Japón es que el sec­tor mode­ra­do de la bur­gue­sía se ha con­ver­ti­do en pri­sio­ne­ro de los terra­te­nien­tes y la oli­gar­quía finan­cie­ra. Aho­ra que Japón ha ini­cia­do la gue­rra con­tra Chi­na, mien­tras no sufra un gol­pe mor­tal de nues­tra resis­ten­cia y ten­ga toda­vía pode­río sufi­cien­te, ata­ca­rá inevi­ta­ble­men­te el sud­es­te de Asia o Sibe­ria, o inclu­so ambos pun­tos. Lo hará en cuan­to esta­lle la gue­rra en Euro­pa; los gober­nan­tes del Japón han hecho sus ale­gres cálcu­los de mane­ra muy ambi­cio­sa. Por supues­to, exis­te la posi­bi­li­dad de que, debi­do al pode­río de la Unión Sovié­ti­ca y al serio debi­li­ta­mien­to del Japón en su gue­rra con Chi­na, éste ten­ga que aban­do­nar su plan ori­gi­nal de ata­car Sibe­ria y adop­tar una acti­tud esen­cial­men­te defen­si­va con res­pec­to a la Unión Sovié­ti­ca. Pero, en ese caso, lejos de aflo­jar en su ofen­si­va con­tra Chi­na, la inten­si­fi­ca­rá, pues no le que­da­rá otro camino que devo­rar al débil. Para enton­ces, se vol­ve­rá aún más seria la tarea de Chi­na de per­se­ve­rar en la resis­ten­cia, en el fren­te úni­co y en la gue­rra pro­lon­ga­da, y será toda­vía más nece­sa­rio no cejar lo más míni­mo en nues­tros esfuer­zos.
  2. En tales cir­cuns­tan­cias, los requi­si­tos prin­ci­pa­les para la vic­to­ria de Chi­na sobre Japón son la uni­dad nacio­nal, así como los pro­gre­sos en todos los aspec­tos en una esca­la diez y has­ta cien veces mayor que en el pasa­do. Chi­na se encuen­tra ya en una épo­ca de pro­gre­so y ha logra­do una esplén­di­da uni­dad, pero este pro­gre­so y esta uni­dad toda­vía están lejos de ser sufi­cien­tes. Que Japón haya ocu­pa­do una zona tan exten­sa se debe en par­te a su for­ta­le­za, pero tam­bién a nues­tra debi­li­dad; esta debi­li­dad es por ente­ro con­se­cuen­cia de la acu­mu­la­ción de diver­sos erro­res his­tó­ri­cos de los últi­mos cien años, y en espe­cial de los diez últi­mos, que han res­trin­gi­do el pro­gre­so de Chi­na a su nivel actual. Aho­ra es impo­si­ble ven­cer a un enemi­go tan fuer­te sin hacer gran­des esfuer­zos duran­te lar­go tiem­po. Debe­mos esfor­zar­nos en muchos aspec­tos; aquí tra­ta­ré sólo de los dos fun­da­men­ta­les: el pro­gre­so del ejér­ci­to y el del pue­blo.
  3. La refor­ma de nues­tro sis­te­ma mili­tar exi­ge la moder­ni­za­ción del ejér­ci­to y el mejo­ra­mien­to de sus con­di­cio­nes téc­ni­cas, sin los cua­les no podre­mos expul­sar al enemi­go al otro lado del río Yalu. En el empleo de las tro­pas nece­si­ta­mos una estra­te­gia y una tác­ti­ca avan­za­das y fle­xi­bles, sin las cua­les tam­po­co podre­mos triun­far. Sin embar­go los cimien­tos de un ejér­ci­to son los sol­da­dos. Si no se incul­ca en el ejér­ci­to un espí­ri­tu polí­ti­co pro­gre­sis­ta, si no se rea­li­za, con este obje­ti­vo, un tra­ba­jo polí­ti­co pro­gre­sis­ta, será impo­si­ble alcan­zar una autén­ti­ca uni­dad entre ofi­cia­les y sol­da­dos, des­per­tar al máxi­mo su entu­sias­mo por la Gue­rra de resis­ten­cia y pro­veer una exce­len­te base para poner en pleno jue­go la efi­ca­cia de nues­tra téc­ni­ca y nues­tra tác­ti­ca. Cuan­do afir­ma­mos que Japón será derro­ta­do a la pos­tre, a pesar de su supe­rio­ri­dad téc­ni­ca, tene­mos en cuen­ta que los gol­pes que le ases­ta­mos por medio del ani­qui­la­mien­to y el des­gas­te, ade­más de oca­sio­nar­le pér­di­das, sacu­di­rán final­men­te la moral de su ejér­ci­to, la cual no está al nivel de su arma­men­to. Entre noso­tros, por el con­tra­rio, los ofi­cia­les y sol­da­dos tie­nen un mis­mo obje­ti­vo polí­ti­co en la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón. Esto nos pro­por­cio­na la base para el tra­ba­jo polí­ti­co entre todas las tro­pas anti­ja­po­ne­sas. Es pre­ci­so prac­ti­car en un gra­do apro­pia­do la demo­cra­cia en el ejér­ci­to. Lo prin­ci­pal es abo­lir la prác­ti­ca feu­dal de cas­ti­gos cor­po­ra­les e insul­tos, y hacer que ofi­cia­les y sol­da­dos com­par­tan penas y ale­grías en la vida coti­dia­na. Una vez que esto se con­si­ga, se logra­rá la uni­dad entre ofi­cia­les y sol­da­dos, aumen­ta­rá extra­or­di­na­ria­men­te la capa­ci­dad com­ba­ti­va del ejér­ci­to, y no habrá moti­vo para inquie­tar­se por nues­tra capa­ci­dad para sos­te­ner esta lar­ga y encar­ni­za­da gue­rra.
  4. El más rico manan­tial de fuer­za para sos­te­ner la gue­rra está en las masas popu­la­res. Japón se atre­ve a atro­pe­llar­nos prin­ci­pal­men­te por­que las masas popu­la­res de Chi­na no están orga­ni­za­das. Cuan­do este defec­to sea supe­ra­do, el inva­sor japo­nés se verá rodea­do por los cen­te­na­res de millo­nes de hom­bres de nues­tro pue­blo en pie, y como un búfa­lo sal­va­je meti­do en un cer­co de fue­go, se estre­me­ce­rá de pavor a nues­tras solas voces y ter­mi­na­rá murien­do abra­sa­do en las lla­mas. Por nues­tra par­te, las tro­pas deben con­tar con un inin­te­rrum­pi­do torren­te de refuer­zos. Hay que prohi­bir inme­dia­ta­men­te el reclu­ta­mien­to for­zo­so y la com­pra de sus­ti­tu­tos23, abu­sos que se per­pe­tran aho­ra en los nive­les infe­rio­res, y prac­ti­car una amplia y entu­siás­ti­ca movi­li­za­ción polí­ti­ca, con la cual será fácil reclu­tar inclu­so a millo­nes de hom­bres. Expe­ri­men­ta­mos aho­ra gran­des difi­cul­ta­des finan­cie­ras en la Gue­rra de resis­ten­cia, pero una vez movi­li­za­das las masas, las finan­zas deja­rán de ser un pro­ble­ma. ¿Cómo es posi­ble que un país tan gran­de y popu­lo­so como Chi­na ten­ga que sufrir esca­sez de fon­dos? El ejér­ci­to debe fun­dir­se con el pue­blo, de suer­te que éste vea en él su pro­pio ejér­ci­to. Un ejér­ci­to así será inven­ci­ble, y una poten­cia impe­ria­lis­ta como el Japón no será para él un adver­sa­rio de talla.
  5. Muchos atri­bu­yen a méto­dos erró­neos la fal­ta de bue­nas rela­cio­nes entre ofi­cia­les y sol­da­dos, y entre ejér­ci­to y pue­blo; pero yo siem­pre les he dicho que la cues­tión resi­de en la acti­tud fun­da­men­tal (o el prin­ci­pio fun­da­men­tal), que debe ser de res­pe­to a los sol­da­dos y al pue­blo. De esta acti­tud nacen la polí­ti­ca, los méto­dos y las mane­ras apro­pia­dos. Si nos apar­ta­mos de esta acti­tud, la polí­ti­ca, los méto­dos y las mane­ras serán inevi­ta­ble­men­te erró­neos, y no se logra­rán en modo alguno bue­nas rela­cio­nes entre ofi­cia­les y sol­da­dos, ni entre ejér­ci­to y pue­blo. Los tres prin­ci­pios car­di­na­les de nues­tro tra­ba­jo polí­ti­co en el ejér­ci­to son: pri­me­ro, uni­dad entre ofi­cia­les y sol­da­dos; segun­do, uni­dad entre ejér­ci­to y pue­blo, y ter­ce­ro, desin­te­gra­ción de las fuer­zas enemi­gas. Para apli­car efi­caz­men­te estos prin­ci­pios, hay que par­tir de la acti­tud fun­da­men­tal de res­pe­to a los sol­da­dos, al pue­blo y a la dig­ni­dad huma­na de los pri­sio­ne­ros de gue­rra que hayan depues­to las armas. Quie­nes pien­san que no se tra­ta de una acti­tud fun­da­men­tal, sino de una cues­tión téc­ni­ca, están muy equi­vo­ca­dos y deben corre­gir su pun­to de vis­ta.
  6. En estos momen­tos en que la defen­sa de Wuján y otros luga­res se han con­ver­ti­do en un pro­ble­ma urgen­te, es tarea de suma impor­tan­cia des­per­tar al máxi­mo el entu­sias­mo de todo el ejér­ci­to y de todo el pue­blo para apo­yar la gue­rra. No cabe duda de que la tarea de defen­der Wuján y otros luga­res debe ser seria­men­te plan­tea­da y rea­li­za­da. Pero la cues­tión de si pode­mos man­te­ner con segu­ri­dad estos luga­res no depen­de de nues­tros deseos sub­je­ti­vos, sino de las con­di­cio­nes con­cre­tas. Entre estas con­di­cio­nes, una de las más impor­tan­tes es la movi­li­za­ción polí­ti­ca de todo el ejér­ci­to y de todo el pue­blo para la lucha. Si no se rea­li­zan tena­ces esfuer­zos para lograr todas las con­di­cio­nes nece­sa­rias, si fal­ta una sola de ellas, inevi­ta­ble­men­te se repe­ti­rán desas­tres como la pér­di­da de Nan­kín y otros luga­res. ¿Dón­de esta­rá el Madrid chino? Esta­rá allí don­de se logren las mis­mas con­di­cio­nes que en Madrid. Has­ta aho­ra Chi­na no ha teni­do nin­gún Madrid, y en ade­lan­te debe­mos esfor­zar­nos por crear algu­nos, pero ello depen­de ente­ra­men­te de las con­di­cio­nes. Y la fun­da­men­tal de ellas es la amplia movi­li­za­ción polí­ti­ca del ejér­ci­to y el pue­blo ente­ros.
  7. En todo nues­tro tra­ba­jo, debe­mos per­se­ve­rar en la polí­ti­ca gene­ral de fren­te úni­co nacio­nal anti­ja­po­nés. Por­que sólo con esta polí­ti­ca pode­mos per­sis­tir en la resis­ten­cia y en la gue­rra pro­lon­ga­da; lograr un mejo­ra­mien­to gene­ral y pro­fun­do de las rela­cio­nes entre ofi­cia­les y sol­da­dos, y entre ejér­ci­to y pue­blo; des­per­tar al máxi­mo el entu­sias­mo del ejér­ci­to y el pue­blo ente­ros en la lucha por la defen­sa de todo el terri­to­rio que se man­tie­ne aún en nues­tro poder y por la recu­pe­ra­ción del ya per­di­do, y lograr así la vic­to­ria final.
  8. El pro­ble­ma de la movi­li­za­ción polí­ti­ca del ejér­ci­to y del pue­blo es real­men­te de la máxi­ma impor­tan­cia. Nos hemos dete­ni­do en él sin temor a repe­ti­cio­nes, pre­ci­sa­men­te por­que sin esa movi­li­za­ción es impo­si­ble la vic­to­ria. Cla­ro que exis­ten muchas otras con­di­cio­nes indis­pen­sa­bles para el triun­fo, pero la movi­li­za­ción polí­ti­ca es la fun­da­men­tal. El fren­te úni­co nacio­nal anti­ja­po­nés es un fren­te de todo el ejér­ci­to y todo el pue­blo, y en modo alguno un fren­te exclu­si­vo de las direc­cio­nes y los miem­bros de unos cuan­tos par­ti­dos polí­ti­cos. Movi­li­zar a todo el ejér­ci­to y todo el pue­blo para que par­ti­ci­pen en el fren­te úni­co nacio­nal anti­ja­po­nés: he aquí nues­tro pro­pó­si­to fun­da­men­tal al ini­ciar­lo.

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Conclusiones

  1. ¿Cuá­les son nues­tras con­clu­sio­nes? Helas aquí:

    ¿En qué con­di­cio­nes pue­de Chi­na ven­cer y des­truir las fuer­zas del impe­ria­lis­mo japo­nés? Se nece­si­tan tres con­di­cio­nes: pri­me­ra, la crea­ción de un fren­te úni­co anti­ja­po­nés en Chi­na; segun­da, la for­ma­ción de un fren­te úni­co anti­ja­po­nés inter­na­cio­nal; ter­ce­ra, el ascen­so del movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio del pue­blo japo­nés y de los pue­blos de las colo­nias japo­ne­sas. Para el pue­blo chino, la más impor­tan­te de las tres con­di­cio­nes es su gran uni­dad.

    […] ¿cuán­to tiem­po dura­rá esta gue­rra? Eso depen­de­rá de la fuer­za del fren­te úni­co anti­ja­po­nés de Chi­na, y de cómo se desa­rro­llen muchos otros fac­to­res deci­si­vos para Chi­na y para el Japón. […] Si estas con­di­cio­nes no se hacen reali­dad con pron­ti­tud, la gue­rra se pro­lon­ga­rá. Pero el resul­ta­do será el mis­mo: Japón será derro­ta­do y Chi­na ven­ce­rá, sólo que los sacri­fi­cios serán gran­des, y habrá que pasar por un perío­do muy dolo­ro­so.

    Nues­tra línea estra­té­gi­ca debe ser la de emplear nues­tras fuer­zas prin­ci­pa­les en ope­ra­cio­nes sobre fren­tes muy dila­ta­dos y varia­bles. Para alcan­zar la vic­to­ria, las tro­pas chi­nas deben sos­te­ner una gue­rra de movi­mien­tos de gran movi­li­dad en vas­tos tea­tros de ope­ra­cio­nes […]

    Ade­más de emplear para la gue­rra de movi­mien­tos tro­pas adies­tra­das, debe­mos orga­ni­zar gran can­ti­dad de uni­da­des gue­rri­lle­ras entre los cam­pe­si­nos.

    En el cur­so de la gue­rra, Chi­na podrá […] refor­zar gra­dual­men­te el arma­men­to de sus tro­pas. Por eso, en las pos­tri­me­rías de la gue­rra, podrá empren­der una gue­rra de posi­cio­nes, ata­can­do las posi­cio­nes enemi­gas en las zonas ocu­pa­das. De este modo, la eco­no­mía del Japón se derrum­ba­rá a con­se­cuen­cia del pro­lon­ga­do des­gas­te cau­sa­do por la Gue­rra de resis­ten­cia de Chi­na, y sus tro­pas se des­mo­ra­li­za­rán en el cur­so de innu­me­ra­bles bata­llas exte­nua­ti­vas. En cuan­to a Chi­na, sus fuer­zas laten­tes de resis­ten­cia bro­ta­rán con pujan­za cre­cien­te y, en un inmen­so torren­te inin­te­rrum­pi­do, las masas popu­la­res revo­lu­cio­na­rias mar­cha­rán al fren­te para com­ba­tir por la liber­tad. Todos estos fac­to­res, coor­di­na­dos con otros, nos per­mi­ti­rán lan­zar los ata­ques fina­les y deci­si­vos con­tra las for­ti­fi­ca­cio­nes y bases del Japón en el terri­to­rio por él ocu­pa­do, y arro­jar de Chi­na a sus tro­pas inva­so­ras. (Entre­vis­ta con Edgar Snow en julio de 1936)

    La situa­ción polí­ti­ca de Chi­na ha entra­do así en una nue­va eta­pa […] La tarea cen­tral de la actual eta­pa con­sis­te en movi­li­zar a todas las fuer­zas para obte­ner la vic­to­ria de la Gue­rra de resis­ten­cia.

    La cla­ve para la vic­to­ria resi­de hoy en desa­rro­llar la Gue­rra de resis­ten­cia ya ini­cia­da, con­vir­tién­do­la en una Gue­rra de resis­ten­cia gene­ral de toda la nación. Sólo median­te una gue­rra así, se podrá lograr la vic­to­ria final.

    Como en la actua­li­dad toda­vía exis­ten serias defi­cien­cias en la Gue­rra de resis­ten­cia, podrán pre­sen­tar­se en su cur­so futu­ro muchos des­ca­la­bros, retro­ce­sos, divi­sio­nes inter­nas, trai­cio­nes, com­pro­mi­sos tem­po­ra­les y par­cia­les y otras situa­cio­nes adver­sas. Por con­si­guien­te, debe­mos tener en cuen­ta que ésta será una gue­rra dura y pro­lon­ga­da. Pero esta­mos con­ven­ci­dos de que, gra­cias a los esfuer­zos de nues­tro par­ti­do y del pue­blo ente­ro, la Gue­rra de resis­ten­cia ya ini­cia­da barre­rá todos los obs­tácu­los para con­ti­nuar su avan­ce y desa­rro­llo. (Reso­lu­ción del Comi­té Cen­tral del Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na sobre la situa­ción actual y las tareas del Par­ti­do, adop­ta­da en agos­to de 1937.)

    Estas son nues­tras con­clu­sio­nes. Los par­ti­da­rios de la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal ven en el enemi­go una fuer­za sobre­na­tu­ral, y en noso­tros, los chi­nos, una briz­na insig­ni­fi­can­te; en tan­to que los par­ti­da­rios de la teo­ría de la vic­to­ria rápi­da ven en noso­tros, los chi­nos, una fuer­za sobre­na­tu­ral, y en el enemi­go, una briz­na. Ambos se equi­vo­can. Nues­tro pun­to de vis­ta es dife­ren­te. La Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón será una gue­rra pro­lon­ga­da, y la vic­to­ria final per­te­ne­ce­rá a Chi­na: ésta es nues­tra con­clu­sión.

  2. Mi con­fe­ren­cia ter­mi­na aquí. La gran Gue­rra de resis­ten­cia con­tra Japón se está desa­rro­llan­do, y muchos desea­rían que se hicie­ra un resu­men de nues­tra expe­rien­cia para faci­li­tar el logro de una vic­to­ria total. Lo tra­ta­do por mí es sólo una expo­si­ción gene­ral de la expe­rien­cia de los diez meses pasa­dos, y qui­zás pue­da ser­vir como una espe­cie de resu­men. El pro­ble­ma de la gue­rra pro­lon­ga­da mere­ce amplia aten­ción y dis­cu­sión. Yo sólo he pre­sen­ta­do un bos­que­jo, y espe­ro que uste­des lo estu­dien y dis­cu­tan, lo enmien­den y amplíen.

Mao Zedong

Mayo de 1938

  1. La teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal era el pun­to de vis­ta sos­te­ni­do por el Kuo­min­tang. Este no que­ría resis­tir a los inva­so­res japo­ne­ses y comen­zó a luchar con­tra ellos sola­men­te cuan­do se vio obli­ga­do. Des­pués del Inci­den­te de Lukou­chiao, la cama­ri­lla de Chiang Kai-shek se incor­po­ró con des­gano a la Gue­rra de resis­ten­cia, en tan­to que la de Wang Ching-wei se con­vir­tió en repre­sen­tan­te de la teo­ría de la sub­yu­ga­ción nacio­nal, dis­pues­ta a capi­tu­lar ante Japón, lo que efec­ti­va­men­te hizo des­pués. Pero la idea de la sub­yu­ga­ción nacio­nal no sólo exis­ta en el Kuo­min­tang, sino que afec­ta­ba tam­bién a cier­tos sec­to­res de las capas medias de la socie­dad e inclu­so a algu­nos ele­men­tos atra­sa­dos entre los tra­ba­ja­do­res. La razón era que el gobierno del Kuo­min­tang, corrom­pi­do e impo­ten­te, había per­di­do una bata­lla tras otra en la Gue­rra de resis­ten­cia y las tro­pas japo­ne­sas habían avan­za­do arro­lla­do­ra­men­te has­ta las cer­ca­nías de Wuján en el pri­mer año de la gue­rra, y por con­si­guien­te, un sec­tor atra­sa­do de la pobla­ción se había vuel­to pro­fun­da­men­te pesi­mis­ta.
  2. Estas opi­nio­nes exis­tían en el seno del Par­ti­do Comu­nis­ta. Duran­te los pri­me­ros seis meses de la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón, sur­gió una ten­den­cia a menos­pre­ciar al enemi­go entre algu­nos miem­bros del Par­ti­do Comu­nis­ta, los cua­les sos­te­nían que se podía derro­tar al Japón de un solo gol­pe. Pen­sa­ban así, no por­que cre­ye­ran que nues­tras fuer­zas fue­sen pode­ro­sas, pues bien sabían que en aquel enton­ces las tro­pas y las fuer­zas orga­ni­za­das de las masas popu­la­res bajo la direc­ción del Par­ti­do Comu­nis­ta eran aún peque­ñas, sino por­que el Kuo­min­tang había empe­za­do a resis­tir a los inva­so­res japo­ne­ses. En su opi­nión, el Kuo­min­tang era bas­tan­te pode­ro­so y, en coor­di­na­ción con el Par­ti­do Comu­nis­ta, podía ases­tar efi­ca­ces gol­pes al Japón. Sólo veían un aspec­to del Kuo­min­tang, el de su resis­ten­cia tem­po­ral al Japón, pasan­do por alto el otro aspec­to, el de su carác­ter reac­cio­na­rio y corrom­pi­do, cosa que los lle­vó a esa apre­cia­ción erró­nea.
  3. Esta era la opi­nión de Chiang Kai-shek y com­pa­ñía. Obli­ga­dos a resis­tir al Japón, Chiang Kai-shek y el Kuo­min­tang depo­si­ta­ron sus espe­ran­zas sólo en una rápi­da ayu­da extran­je­ra, sin con­fiar en sus pro­pias fuer­zas, y menos aún en las del pue­blo.
  4. Taier­chuang es un pobla­do del sur de la pro­vin­cia de Shan­tung, don­de el ejér­ci­to chino sos­tu­vo en mar­zo de 1938 una bata­lla con­tra las tro­pas inva­so­ras y logró la vic­to­ria opo­nien­do cua­tro­cien­tos mil sol­da­dos a los seten­ta u ochen­ta mil del Japón.
  5. Esta opi­nión fue plan­tea­da en un edi­to­rial delTa Kung Pao, enton­ces órgano del Gru­po de Cien­cias Polí­ti­cas del Kuo­min­tang. Con­fian­do en la bue­na suer­te, esta cama­ri­lla abri­ga­ba la espe­ran­za de que unas cuan­tas vic­to­rias más como la logra­da en Taier­chuang, deten­drían el avan­ce del Japón y así no habría nece­si­dad de movi­li­zar a las fuer­zas popu­la­res para una gue­rra pro­lon­ga­da, movi­li­za­ción que cons­ti­tui­ría una ame­na­za para la segu­ri­dad de su pro­pia cla­se. En todo el Kuo­min­tang pre­va­le­cía enton­ces este esta­do de áni­mo de espe­rar una feliz con­cu­rren­cia de cir­cuns­tan­cias.
  6. Este movi­mien­to, con Kang You-wei, Liang Chi-chao, Tan Si-tung y otros a la cabe­za, repre­sen­ta­ba los intere­ses de un sec­tor de la bur­gue­sía libe­ral y de los terra­te­nien­tes sen­sa­tos. El movi­mien­to con­ta­ba con el favor y el apo­yo del empe­ra­dor Kuangs¸ pero care­cía de una base de masas. Yuan Shi-kai, que dis­po­nía en aquel tiem­po de fuer­zas mili­ta­res, entre­gó los pla­nes secre­tos de los refor­mis­tas a la empe­ra­triz viu­da Tsi­si, cabe­za de la cama­ri­lla ultra­con­ser­va­do­ra, quien vol­vió a asu­mir el poder e hizo encel­dar al empe­ra­dor Kuangs¸ y deca­pi­tar a Tan Si-tung y a otros cin­co. Así el movi­mien­to ter­mi­nó en un trá­gi­co fra­ca­so.
  7. En su decla­ra­ción del 16 de enero de 1938, el gabi­ne­te japo­nés dio a cono­cer su polí­ti­ca de sub­yu­ga­ción de Chi­na por la fuer­za. Al mis­mo tiem­po tra­ta­ba de lle­var al gobierno del Kuo­min­tang a la capi­tu­la­ción median­te la inti­mi­da­ción y el enga­ño, decla­ran­do que si el gobierno del Kuo­min­tang «con­ti­nua­ba ins­pi­ran­do la resis­ten­cia el gobierno japo­nés crea­ría un nue­vo régi­men títe­re en Chi­na y no acep­ta­ría ya al gobierno del Kuo­min­tang como otra par­te” en las nego­cia­cio­nes».
  8. Se alu­de prin­ci­pal­men­te a los Esta­dos Uni­dos.
  9. Se hace refe­ren­cia a los gobier­nos de paí­ses impe­ria­lis­tas como Ingla­te­rra, Esta­dos Uni­dos y Fran­cia.
  10. La pre­dic­ción del cama­ra­da Mao Zedong de que se regis­tra­ría un ascen­so en Chi­na duran­te la eta­pa de equi­li­brio de la Gue­rra de resis­ten­cia con­tra el Japón, se hizo reali­dad en las regio­nes libe­ra­das que diri­gía el Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na. Pero, en las regio­nes domi­na­das por el Kuo­min­tang, hubo en reali­dad des­cen­so en vez de ascen­so, por­que la pan­di­lla gober­nan­te enca­be­za­da por Chiang Kai-shek fue pasi­va en su resis­ten­cia al Japón y acti­van en su opo­si­ción al Par­ti­do Comu­nis­ta y al pue­blo. Esto des­per­tó la opo­si­ción entre las amplias masas popu­la­res y ele­vó su con­cien­cia. Véa­se el aná­li­sis de estos hechos enSobre el gobierno de coa­li­ción, Obras Esco­gi­das de Mao Zedong, t. III.
  11. De acuer­do con la teo­ría de que «las armas lo deci­den todo», Chi­na, por ser infe­rior al Japón en arma­men­to, esta­ba con­de­na­da a per­der la gue­rra. Esta opi­nión era gene­ral entre los cabe­ci­llas de la cama­ri­lla reac­cio­na­ria del Kuo­min­tang, inclui­do Chiang Kai-shek.
  12. Sun Wu-kung, héroe de la nove­la mito­lo­gía chi­naPere­gri­na­ción al oes­te, escri­ta en el siglo XVI, era un mono que podía cubrir con un sal­to mor­tal una dis­tan­cia de 108.000 li. Pero en cuan­to estu­vo en la pal­ma de la mano de Buda, no pudo salir de ella, por más sal­tos mor­ta­les que dio. Vol­vien­do la mano, Buda trans­for­mó sus dedos en cin­co cor­di­lle­ras enla­za­das entre sí (la Mon­ta­ña de los cin­co ele­men­tos) y sepul­tó a Sun Wu-kung.
  13. En agos­to de 1935, en su infor­me al VII Con­gre­so de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta titu­la­dola ofen­si­va del fas­cis­mo y las tareas de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta en la lucha por la uni­dad de la cla­se obre­ra con­tra el fas­cis­mo, el cama­ra­da Jor­ge Dimi­trov afir­mó que «el fas­cis­mo es el cho­vi­nis­mo desen­fre­na­do y la gue­rra de rapi­ña». En julio de 1937, el cama­ra­da Dimi­trov publi­có un artícu­lo titu­la­doEl fas­cis­mo es la gue­rra.
  14. Véan­se V. I. Lenin,El socia­lis­mo y la gue­rra, cap. I, y La ban­ca­rro­ta de la II Inter­na­cio­nal, III,Obras Com­ple­tas, t. XXI.
  15. Cheng­pu se encon­tra­ba en el actual dis­tri­to de Fan­sien, pro­vin­cia de Jonán, y fue en el año 632 a.n.e. el esce­na­rio de una gran bata­lla entre los Esta­dos de Tsin y Chu. Al comien­zo, las tro­pas de Chu lle­va­ban la ven­ta­ja. Las tro­pas de Tsin, lue­go de efec­tuar una reti­ra­da de 90º, esco­gie­ron como blan­co los flan­cos del ejér­ci­to de Chu que eran sus pun­tos débi­les, infli­gién­do­le gol­pes demo­le­do­res; el ejér­ci­to de Chu sufrió así una tre­men­da derro­ta.
  16. En el año 204 a.n.e., Jan Sin, gene­ral del prín­ci­pe de fan, diri­gió sus tro­pas con­tra Chao Sie, libran­do una gran bata­lla en Ching­sing. El ejér­ci­to de este últi­mo que, según se decía, con­ta­ba con dos­cien­tos mil sol­da­dos, era varias veces mayor que el de Jan Sin. Éste con sus tro­pas des­ple­ga­das de espal­das a un río, las con­du­jo a un valien­te com­ba­te y, al mis­mo tiem­po, envió algu­nas uni­da­des a asal­tar y ocu­par la reta­guar­dia del enemi­go, débil­men­te guar­ne­ci­da. Atra­pa­das en una tena­za, las tro­pas de Chao Sie fue­ron aplas­ta­das total­men­te.
  17. A fina­les del siglo XVIII y comien­zos del XIX, Napo­león sos­tu­vo gue­rras con­tra Ingla­te­rra, Pru­sia. Aus­tria, Rusia y muchos otros paí­ses euro­peos. En muchas bata­llas Napo­león obtu­vo la vic­to­ria a pesar de la infe­rio­ri­dad numé­ri­ca de sus tro­pas.
  18. En el año 383 Fu Chien, monar­ca del reino de Chin, envió sus tro­pas a ata­car la dinas­tía Tsin, cuyas fuer­zas menos­pre­cia­ba. Las tro­pas de Tsin derro­ta­ron a sus uni­da­des avan­za­das en las inme­dia­cio­nes del río Luo­chien, dis­tri­to de Shou­yang, pro­vin­cia de Anjui, y con­ti­nua­ron avan­zan­do por tie­rra y agua. Subien­do a la mura­lla de la ciu­dad de Shou­yang, Fu Chien vio la exce­len­te ali­nea­ción de las fuer­zas enemi­gas. Lue­go al mirar hacia el mon­te Pakung, los árbo­les y mato­rra­les le pare­cie­ron tam­bién sol­da­dos enemi­gos. Cre­yen­do tener enfren­te a un poten­te adver­sa­rio, fue pre­sa del páni­co. Véa­sePro­ble­mas estra­té­gi­cos de la gue­rra revo­lu­cio­na­ria de Chi­na,Obras Esco­gi­das de Mao Zedong, t. I.
  19. Se hace refe­ren­cia al hecho de que Chiang Kai-shek, Wang Ching-wei y sus secua­ces, des­pués de haber trai­cio­na­do en 1927 el pri­mer fren­te úni­co demo­crá­ti­co nacio­nal entre el Kuo­min­tang y el Par­ti­do Comu­nis­ta, des­en­ca­de­na­ron una gue­rra de diez años con­tra el pue­blo impo­si­bi­li­tan­do que éste se orga­ni­za­ra amplia­men­te. La res­pon­sa­bi­li­dad de todo ello recae sobre la cama­ri­lla reac­cio­na­ria del Kuo­min­tang, enca­be­za­da por Chiang Kai-shek.
  20. El prín­ci­pe Siang­kung reinó en la «Era de pri­ma­ve­ra y oto­ño», siglo VII a.n.e. En el año 638 a.n.e., el Esta­do de Sung sos­tu­vo una gue­rra con el pode­ro­so Esta­do de Chu. Las fuer­zas de Sung se habían des­ple­ga­do ya en posi­ción de com­ba­te cuan­do las tro­pas de Chu aún esta­ban cru­zan­do el río. Uno de los dig­na­ta­rios de Sung sugi­rió que, como las tro­pas de Chu eran numé­ri­ca­men­te supe­rio­res, ése era el momen­to para un ata­que. Pero el prín­ci­pe repli­có: «No, un caba­lle­ro no debe ata­car jamás a otro que se encuen­tra en difi­cul­ta­des». Cuan­do, cru­za­do el río, las tro­pas de Chu no habían com­ple­ta­do aún su des­plie­gue de com­ba­te, el dig­na­ta­rio vol­vió a pro­po­ner un ata­que inme­dia­to, y el prín­ci­pe vol­vió a con­tes­tar: «No, un caba­lle­ro no debe ata­car a un ejér­ci­to que no está for­ma­do en orden de com­ba­te». El prín­ci­pe orde­nó el ata­que sólo cuan­do las tro­pas de Chu estu­vie­ron per­fec­ta­men­te pre­pa­ra­das. Como resul­ta­do, las tro­pas de Sung sufrie­ron una derro­ta desas­tro­sa y el pro­pio prín­ci­pe Siang­kung fue heri­do.
  21. Cau­di­llo mili­tar del Kuo­min­tang que gober­nó duran­te muchos años la pro­vin­cia de Shan­tung. En l937, cuan­do los inva­so­res japo­ne­ses, des­pués de ocu­par Pei­ping y Tien­tsín, avan­za­ron hacia el sur a lo lar­go del ferro­ca­rril Tien­tsín-Pukou para ata­car Shan­tung, Jan Fu-ch¸ huyó a la pro­vin­cia de Jonán sin dar una sola bata­lla.
  22. En el año 1812, Napo­león lan­zó una ofen­si­va con­tra Rusia con un ejér­ci­to de unos qui­nien­tos mil hom­bres. El ejér­ci­to ruso aban­do­nó e incen­dió Mos­cú, con­de­nan­do así al ejér­ci­to napo­leó­ni­co al ham­bre, al frío y a todo géne­ro de pri­va­cio­nes. Ade­más, des­tru­yó las comu­ni­ca­cio­nes de la reta­guar­dia del ejér­ci­to Fran­cés, y éste que­dó así cer­ca­do, en una situa­ción sin sali­da. En con­se­cuen­cia, Napo­león tuvo que reti­rar sus fuer­zas. Apro­ve­chan­do la oca­sión, el ejér­ci­to ruso pasó a la con­tra­ofen­si­va, y Napo­león logró huir sólo con unos vein­te mil hom­bres.
  23. El Kuo­min­tang engro­sa­ba su ejér­ci­to median­te el reclu­ta­mien­to for­zo­so. Sus sol­da­dos y poli­cías cogían a los hom­bres en cual­quier lugar para enviar­los al ejér­ci­to y los con­du­cían ata­dos como si fue­ran con­vic­tos. Los que poseían dine­ro solían sobor­nar a los fun­cio­na­rios del Kuo­min­tang o paga­ban sus­ti­tu­tos.

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