La con­tra­dic­ción

[column size=1/2]

[/column][column size=1/2]

[/column][clear h=50]

La ley de la con­tra­dic­ción de las cosas, es decir, la ley de la uni­dad de los con­tra­rios, es la ley más fun­da­men­tal de la dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta. Lenin dijo: «La dia­léc­ti­ca, en sen­ti­do estric­to, es el estu­dio de la con­tra­dic­ción en la esen­cia mis­ma de los obje­tos […]»1. Lenin solía cali­fi­car esta ley de esen­cia de la dia­léc­ti­ca y tam­bién de núcleo de la dia­léc­ti­ca2. Por con­si­guien­te, al estu­diar esta ley, no pode­mos dejar de abor­dar una gran varie­dad de temas, un buen núme­ro de pro­ble­mas filo­só­fi­cos. Si obte­ne­mos una cla­ra noción de todos estos pro­ble­mas, com­pren­de­re­mos en su esen­cia mis­ma la dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta. Estos pro­ble­mas son: las dos con­cep­cio­nes del mun­do, la uni­ver­sa­li­dad de la con­tra­dic­ción, la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción, la con­tra­dic­ción prin­ci­pal y el aspec­to prin­ci­pal de la con­tra­dic­ción, la iden­ti­dad y la lucha entre los aspec­tos de la con­tra­dic­ción y, el papel del anta­go­nis­mo en la con­tra­dic­ción.

Ha sus­ci­ta­do vivo inte­rés entre noso­tros la crí­ti­ca a que los círcu­los filo­só­fi­cos sovié­ti­cos han some­ti­do al idea­lis­mo de la escue­la de Debo­rin3 duran­te los últi­mos años. El idea­lis­mo de Debo­rin ha ejer­ci­do muy mala influen­cia en el Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na, y no se pue­de decir que el pen­sa­mien­to dog­má­ti­co en nues­tro Par­ti­do nada tenía que ver con dicha escue­la. Por tan­to, nues­tro estu­dio de la filo­so­fía, en la hora actual, debe tener como obje­ti­vo prin­ci­pal extir­par el pen­sa­mien­to dog­má­ti­co.

Las dos con­cep­cio­nes del mun­do

A lo lar­go de la his­to­ria del cono­ci­mien­to humano, siem­pre han exis­ti­do dos con­cep­cio­nes acer­ca de las leyes del desa­rro­llo del uni­ver­so: la con­cep­ción meta­fí­si­ca y la con­cep­ción dia­léc­ti­ca, que cons­ti­tu­yen dos con­cep­cio­nes del mun­do opues­tas. Lenin dice:

Las dos con­cep­cio­nes fun­da­men­ta­les (¿o las dos posi­bles? ¿o las dos que se obser­van en la his­to­ria?) del desa­rro­llo (evo­lu­ción) son: el desa­rro­llo como dis­mi­nu­ción y aumen­to, como repe­ti­ción, y el desa­rro­llo como uni­dad de los con­tra­rios (la divi­sión del todo úni­co en dos con­tra­rios mutua­men­te exclu­yen­tes y su rela­ción recí­pro­ca)4.

Lenin se refie­re aquí pre­ci­sa­men­te a estas dos dife­ren­tes con­cep­cio­nes del mun­do.

Duran­te lar­go tiem­po en la his­to­ria, tan­to en Chi­na como en Euro­pa, el modo de pen­sar meta­fí­si­co for­mó par­te de la con­cep­ción idea­lis­ta del mun­do y ocu­pó una posi­ción domi­nan­te en el pen­sa­mien­to humano. En Euro­pa, el mate­ria­lis­mo de la bur­gue­sía en sus pri­me­ros tiem­pos fue tam­bién meta­fí­si­co. Debi­do a que una serie de paí­ses euro­peos entra­ron, en el cur­so de su desa­rro­llo eco­nó­mi­co-social, en una eta­pa de capi­ta­lis­mo alta­men­te desa­rro­lla­do, a que las fuer­zas pro­duc­ti­vas, la lucha de cla­ses y las cien­cias alcan­za­ron en esos paí­ses un nivel sin pre­ce­den­tes en la his­to­ria y a que allí el pro­le­ta­ria­do indus­trial lle­gó a ser la más gran­de fuer­za motriz de la his­to­ria, sur­gió la con­cep­ción mar­xis­ta, dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta, del mun­do. Enton­ces, jun­to al idea­lis­mo reac­cio­na­rio, abier­to y sin disi­mu­lo, apa­re­ció en el seno de la bur­gue­sía el evo­lu­cio­nis­mo vul­gar para opo­ner­se a la dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta.

La con­cep­ción meta­fí­si­ca del mun­do, o con­cep­ción del mun­do del evo­lu­cio­nis­mo vul­gar, ve las cosas como ais­la­das, está­ti­cas y uni­la­te­ra­les. Con­si­de­ra todas las cosas del uni­ver­so, sus for­mas y sus espe­cies, como eter­na­men­te ais­la­das unas de otras y eter­na­men­te inmu­ta­bles. Si reco­no­ce los cam­bios, los con­si­de­ra sólo como aumen­to o dis­mi­nu­ción cuan­ti­ta­ti­vos o como sim­ple des­pla­za­mien­to. Ade­más, para ella, la cau­sa de tal aumen­to, dis­mi­nu­ción o des­pla­za­mien­to no está den­tro de las cosas mis­mas, sino fue­ra de ellas, es decir, en el impul­so de fuer­zas exter­nas. Los meta­fí­si­cos sos­tie­nen que las diver­sas cla­ses de cosas del mun­do y sus carac­te­rís­ti­cas han per­ma­ne­ci­do igua­les des­de que comen­za­ron a exis­tir, y que cual­quier cam­bio pos­te­rior no ha sido más que un aumen­to o dis­mi­nu­ción cuan­ti­ta­ti­vos. Con­si­de­ran que las cosas de una deter­mi­na­da espe­cie sólo pue­den dar ori­gen a cosas de la mis­ma espe­cie, y así inde­fi­ni­da­men­te, y jamás pue­den trans­for­mar­se en cosas de una espe­cie dis­tin­ta. Según ellos, la explo­ta­ción capi­ta­lis­ta, la com­pe­ten­cia capi­ta­lis­ta, la ideo­lo­gía indi­vi­dua­lis­ta de la socie­dad capi­ta­lis­ta, etc., pue­den ser halla­das igual­men­te en la socie­dad escla­vis­ta de la anti­güe­dad, y aun en la socie­dad pri­mi­ti­va, y exis­ti­rán sin cam­bio para siem­pre. En cuan­to al desa­rro­llo social, lo atri­bu­yen a fac­to­res exte­rio­res a la socie­dad, tales como el medio geo­grá­fi­co y el cli­ma. De mane­ra sim­plis­ta, tra­tan de encon­trar las cau­sas del desa­rro­llo de las cosas fue­ra de ellas mis­mas, y recha­zan la tesis de la dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta según la cual el desa­rro­llo de las cosas se debe a sus con­tra­dic­cio­nes inter­nas. En con­se­cuen­cia, no pue­den expli­car ni la diver­si­dad cua­li­ta­ti­va de las cosas, ni el fenó­meno de la trans­for­ma­ción de una cali­dad en otra. En Euro­pa, este modo de pen­sar se mani­fes­tó como mate­ria­lis­mo meca­ni­cis­ta en los siglos XVII y XVIII y como evo­lu­cio­nis­mo vul­gar a fines del siglo XIX y comien­zos del XX. En Chi­na, el modo meta­fí­si­co de pen­sar expre­sa­do en el dicho «El cie­lo no cam­bia y el Tao tam­po­co»5 ha sido duran­te lar­go tiem­po sos­te­ni­do por la deca­den­te cla­se domi­nan­te feu­dal. En cuan­to al mate­ria­lis­mo meca­ni­cis­ta y al evo­lu­cio­nis­mo vul­gar, impor­ta­dos de Euro­pa en los últi­mos cien años, son sos­te­ni­dos por la bur­gue­sía.

En opo­si­ción a la con­cep­ción meta­fí­si­ca del mun­do, la con­cep­ción dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta del mun­do sos­tie­ne que, a fin de com­pren­der el desa­rro­llo de una cosa, debe­mos estu­diar­la por den­tro y en sus rela­cio­nes con otras cosas; dicho de otro modo, debe­mos con­si­de­rar que el desa­rro­llo de las cosas es un auto­mo­vi­mien­to, interno y nece­sa­rio, y que, en su movi­mien­to, cada cosa se encuen­tra en inter­co­ne­xión e inter­ac­ción con las cosas que la rodean. La cau­sa fun­da­men­tal del desa­rro­llo de las cosas no es exter­na sino inter­na; resi­de en su carác­ter con­tra­dic­to­rio interno. Todas las cosas entra­ñan el carác­ter con­tra­dic­to­rio; de ahí su movi­mien­to, su desa­rro­llo. El carác­ter con­tra­dic­to­rio interno de una cosa es la cau­sa fun­da­men­tal de su desa­rro­llo, en tan­to que su inter­co­ne­xión y su inter­ac­ción con otras cosas son cau­sas secun­da­rias. Así pues, la dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta refu­ta cate­gó­ri­ca­men­te la teo­ría meta­fí­si­ca de la cau­sa­li­dad exter­na o del impul­so externo, teo­ría sos­te­ni­da por el mate­ria­lis­mo meca­ni­cis­ta y el evo­lu­cio­nis­mo vul­gar. Es evi­den­te que las cau­sas pura­men­te exter­nas sólo pue­den pro­vo­car cam­bio de dimen­sión o can­ti­dad, pero no pue­den expli­car la infi­ni­ta diver­si­dad cua­li­ta­ti­va de las cosas ni la trans­for­ma­ción de una cosa en otra. De hecho, has­ta el movi­mien­to mecá­ni­co, impul­sa­do por una fuer­za exter­na, tie­ne lugar tam­bién a tra­vés del carác­ter con­tra­dic­to­rio interno de las cosas. El sim­ple cre­ci­mien­to de las plan­tas y los ani­ma­les, su desa­rro­llo cuan­ti­ta­ti­vo, tam­bién se debe prin­ci­pal­men­te a sus con­tra­dic­cio­nes inter­nas. De la mis­ma mane­ra, el desa­rro­llo de la socie­dad no obe­de­ce prin­ci­pal­men­te a cau­sas exter­nas, sino inter­nas. Paí­ses de con­di­cio­nes geo­grá­fi­cas y cli­má­ti­cas casi idén­ti­cas se desa­rro­llan de un modo muy dis­tin­to y des­igual. Más aún, en un mis­mo país de pro­du­cen enor­mes cam­bios socia­les sin que haya cam­bia­do su geo­gra­fía ni su cli­ma. La Rusia impe­ria­lis­ta se trans­for­mó en la Unión Sovié­ti­ca socia­lis­ta, y el Japón feu­dal, cerra­do al mun­do exte­rior, se trans­for­mó en el Japón impe­ria­lis­ta, sin que se hubie­ran pro­du­ci­do cam­bios en el medio geo­grá­fi­co ni el cli­ma de nin­guno de los dos paí­ses. Chi­na, domi­na­da duran­te lar­go tiem­po por el feu­da­lis­mo, ha expe­ri­men­ta­do enor­mes cam­bios en los últi­mos cien años y aho­ra está avan­zan­do hacia su trans­for­ma­ción en una nue­va Chi­na eman­ci­pa­da y libre; sin embar­go, no han ocu­rri­do cam­bios ni en su geo­gra­fía ni en su cli­ma. Por cier­to, se ope­ran cam­bios en la geo­gra­fía y el cli­ma de la Tie­rra en su con­jun­to y de cada una de sus zonas, pero son insig­ni­fi­can­tes en com­pa­ra­ción con los cam­bio en la socie­dad; los pri­me­ros se mani­fies­tan en tér­mi­nos de dece­nas de miles de años, en tan­to que los segun­dos lo hacen en tér­mi­nos de miles, cien­tos o dece­nas de años, e inclu­so en pocos años o meses (en perio­dos de revo­lu­ción). Según la dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta, los cam­bios en la natu­ra­le­za son oca­sio­na­dos prin­ci­pal­men­te por el desa­rro­llo de las con­tra­dic­cio­nes inter­nas de ésta, y los cam­bios en la socie­dad se deben prin­ci­pal­men­te al desa­rro­llo de las con­tra­dic­cio­nes inter­nas de la socie­dad, o sea, las con­tra­dic­cio­nes entre las fuer­zas pro­duc­ti­vas y las rela­cio­nes de pro­duc­ción, entre las cla­ses y entre lo vie­jo y los nue­vo. Es el desa­rro­llo de estas con­tra­dic­cio­nes lo que hace avan­zar la socie­dad e impul­sa la sus­ti­tu­ción de la vie­ja socie­dad por la nue­va. ¿Exclu­ye la dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta las cau­sas exter­nas? No. La dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta con­si­de­ra que las cau­sas exter­nas cons­ti­tu­yen la con­di­ción del cam­bio, y las cau­sas inter­nas, su base, y que aque­llas actúan a tra­vés de éstas. A una tem­pe­ra­tu­ra ade­cua­da, un hue­vo se trans­for­ma en pollo, pero nin­gu­na tem­pe­ra­tu­ra pue­de trans­for­mar una pie­dra en pollo, por­que sus bases son dife­ren­tes. Exis­te cons­tan­te influen­cia mutua entre los pue­blos de los dife­ren­tes paí­ses. En la épo­ca del capi­ta­lis­mo, espe­cial­men­te en la épo­ca del impe­ria­lis­mo y de la revo­lu­ción pro­le­ta­ria, son extre­ma­da­men­te gran­des la influen­cia mutua y la inter­ac­ción entre los diver­sos paí­ses en los terre­nos polí­ti­co, eco­nó­mi­co y cul­tu­ral. La Revo­lu­ción socia­lis­ta de Octu­bre inau­gu­ró una nue­va era no sólo en la his­to­ria de Rusia, sino tam­bién en la his­to­ria mun­dial. Ha ejer­ci­do influen­cia en los cam­bios inter­nos de los demás paí­ses del mun­do y tam­bién, con espe­cial pro­fun­di­dad, en los cam­bios inter­nos de Chi­na. Tales cam­bios, sin embar­go, han teni­do lugar a tra­vés de las res­pec­ti­vas leyes inter­nas de dichos paí­ses, inclui­da Chi­na. Cuan­do dos ejér­ci­tos tra­ban com­ba­te y uno resul­ta ven­ce­dor y el otro ven­ci­do, tan­to la vic­to­ria del uno como la derro­ta del otro son deter­mi­na­das por cau­sas inter­nas. Uno es el ven­ce­dor gra­cias a su pode­río o a la correc­ción de su man­do, y el otros sale derro­ta­do sea por su debi­li­dad o por los erro­res de su man­do; las cau­sas exter­nas actúan a tra­vés de las cau­sas inter­nas. En Chi­na, la derro­ta que la gran bur­gue­sía infli­gió al pro­le­ta­ria­do en 1927 se pro­du­jo por obra del opor­tu­nis­mo que exis­tía enton­ces en el seno del pro­le­ta­ria­do chino (den­tro del Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na). Cuan­do liqui­da­mos ese opor­tu­nis­mo, la Revo­lu­ción chi­na vol­vió a desa­rro­llar­se. El que más tar­de la Revo­lu­ción chi­na haya sufri­do de nue­vo serios gol­pes de sus enemi­gos es con­se­cuen­cia del aven­tu­re­ris­mo que sur­gió en nues­tro Par­ti­do. Cuan­do liqui­da­mos el aven­tu­re­ris­mo, nues­tra cau­sa reanu­dó su avan­ce. De esto se des­pren­de que si un par­ti­do quie­re con­du­cir la revo­lu­ción a la vic­to­ria, ha de basar­se en la jus­te­za de su línea polí­ti­ca y en la soli­dez de su orga­ni­za­ción.

La con­cep­ción dia­léc­ti­ca del mun­do sur­gió ya en la Anti­güe­dad, tan­to en Chi­na como en Euro­pa. Sin embar­go, la anti­gua dia­léc­ti­ca tenía un carác­ter espon­tá­neo e inge­nuo; en razón de las con­di­cio­nes socia­les e his­tó­ri­cas de enton­ces, no le era posi­ble cons­ti­tuir­se en teo­ría sis­te­má­ti­ca, y por eso no podía dar una expli­ca­ción com­ple­ta del uni­ver­so y fue reem­pla­za­da más tar­de por la meta­fí­si­ca. Hegel, céle­bre filó­so­fo ale­mán de fines del siglo XVIII y comien­zos del XIX, hizo impor­tan­tí­si­mas con­tri­bu­cio­nes a la dia­léc­ti­ca, pero su dia­léc­ti­ca era idea­lis­ta. Sólo cuan­do Marx y Engels, los gran­des pro­ta­go­nis­tas del movi­mien­to pro­le­ta­rio, crea­ron la gran teo­ría del mate­ria­lis­mo dia­léc­ti­co y del mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co sin­te­ti­zan­do todo lo posi­ti­vo con­quis­ta­do en la his­to­ria del cono­ci­mien­to humano y, en par­ti­cu­lar, asi­mi­lan­do crí­ti­ca­men­te los ele­men­tos racio­na­les de la dia­léc­ti­ca hege­lia­na, se pro­du­jo en la his­to­ria del cono­ci­mien­to humano una gran revo­lu­ción sin pre­ce­den­tes. Esta gran teo­ría ha sido desa­rro­lla­da pos­te­rior­men­te por Lenin y Sta­lin. Al ser intro­du­ci­da en nues­tro país, pro­vo­có enor­mes cam­bios en el pen­sa­mien­to chino.

Esta con­cep­ción dia­léc­ti­ca del mun­do nos ense­ña prin­ci­pal­men­te a obser­var y ana­li­zar el movi­mien­to de los con­tra­rios en las dis­tin­tas cosas, y a deter­mi­nar, sobre la base de tal aná­li­sis, los méto­dos para resol­ver las con­tra­dic­cio­nes. Por con­si­guien­te, es para noso­tros de sin­gu­lar impor­tan­cia com­pren­der con­cre­ta­men­te la ley de la con­tra­dic­ción en las cosas.

La uni­ver­sa­li­dad de la con­tra­dic­ción

Para faci­li­tar mi expo­si­ción, comen­za­ré por la uni­ver­sa­li­dad de la con­tra­dic­ción y lue­go con­ti­nua­ré con la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción. Lo haré así por­que la uni­ver­sa­li­dad de la con­tra­dic­ción pue­de ser expli­ca­da en pocas pala­bras, pues ha sido amplia­men­te reco­no­ci­da des­de que Marx, Engels, Lenin y Sta­lin, los gran­des crea­do­res y con­ti­nua­do­res del mar­xis­mo, des­cu­brie­ron la con­cep­ción dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta del mun­do y apli­ca­ron con nota­bles éxi­tos la dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta al aná­li­sis de nume­ro­sas cues­tio­nes de la his­to­ria huma­na y de la his­to­ria de la natu­ra­le­za y a muchos aspec­tos de los cam­bios de la socie­dad y de la natu­ra­le­za (como en la Unión Sovié­ti­ca, por ejem­plo); en cam­bio, muchos cama­ra­das, espe­cial­men­te los dog­má­ti­cos, toda­vía no com­pren­den cla­ra­men­te la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción. No entien­den que es pre­ci­sa­men­te en la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción don­de resi­de la uni­ver­sa­li­dad de la con­tra­dic­ción. Tam­po­co com­pren­den cuán impor­tan­te es, para diri­gir el cur­so de la prác­ti­ca revo­lu­cio­na­ria, el estu­dio de la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción en las cosas con­cre­tas que tene­mos ante noso­tros. Es nece­sa­rio, enton­ces, estu­diar con dete­ni­mien­to la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción y dedi­car sufi­cien­te espa­cio a expli­car­la. Por esta razón, en nues­tro aná­li­sis de la ley de la con­tra­dic­ción en las cosas, comen­za­re­mos por la uni­ver­sa­li­dad de la con­tra­dic­ción, lue­go dedi­ca­re­mos espe­cial aten­ción al aná­li­sis de la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción, y vol­ve­re­mos final­men­te a la pri­me­ra.

La uni­ver­sa­li­dad o carác­ter abso­lu­to de la con­tra­dic­ción sig­ni­fi­ca, pri­me­ro, que la con­tra­dic­ción exis­te en el pro­ce­so de desa­rro­llo de toda cosa y, segun­do, que el movi­mien­to de los con­tra­rios se pre­sen­ta des­de el comien­zo has­ta el fin del pro­ce­so de desa­rro­llo de cada cosa.

Engels dijo: «El movi­mien­to mis­mo es una con­tra­dic­ción»6. Lenin defi­nió la ley de la uni­dad de los con­tra­rios como «el reco­no­ci­mien­to (des­cu­bri­mien­to) de las ten­den­cias con­tra­dic­to­rias, mutua­men­te exclu­yen­tes, opues­tas, en todos los fenó­me­nos y pro­ce­sos de la natu­ra­le­za (inclu­so del espí­ri­tu y de la socie­dad)»7. ¿Son correc­tas estas ideas? Sí, lo son. La inter­de­pen­den­cia y la lucha entre los con­tra­rios exis­ten­tes en cada una de las cosas deter­mi­nan su vida e impul­san su desa­rro­llo. No hay cosa que no con­ten­ga con­tra­dic­ción; sin con­tra­dic­ción no exis­ti­ría el mun­do.

La con­tra­dic­ción es la base de las for­mas sim­ples del movi­mien­to (por ejem­plo, el movi­mien­to mecá­ni­co) y tan­to más lo es de las for­mas com­ple­jas del movi­mien­to.

Engels expli­có la uni­ver­sa­li­dad de la con­tra­dic­ción en los siguien­tes tér­mi­nos:

Si ya el sim­ple cam­bio mecá­ni­co de lugar encie­rra una con­tra­dic­ción, tan­to más la encie­rran las for­mas supe­rio­res del movi­mien­to de la mate­ria y muy espe­cial­men­te la vida orgá­ni­ca y su desa­rro­llo. […] la vida con­sis­te pre­ci­sa­men­te, ante todo, en que un ser es en cada ins­tan­te el mis­mo y a la vez otro. La vida, pues, es tam­bién una con­tra­dic­ción que, pre­sen­te en las cosas y los pro­ce­sos mis­mos, se está plan­tean­do y resol­vien­do ince­san­te­men­te; al cesar la con­tra­dic­ción, cesa la vida y sobre­vie­ne la muer­te. Vimos igual­men­te cómo tam­po­co en el mun­do del pen­sa­mien­to pode­mos librar­nos de las con­tra­dic­cio­nes, y cómo, por ejem­plo, la con­tra­dic­ción entre la inte­rior­men­te ili­mi­ta­da capa­ci­dad cog­nos­ci­ti­va huma­na y su exis­ten­cia real sólo en hom­bres exte­rior­men­te limi­ta­dos y que cono­cen limi­ta­da­men­te, se resuel­ve en la suce­sión, para noso­tros al menos prác­ti­ca­men­te infi­ni­ta, de las gene­ra­cio­nes, en un pro­gre­so ili­mi­ta­do.

[…] una de las bases fun­da­men­ta­les de las mate­má­ti­cas supe­rio­res es pre­ci­sa­men­te la con­tra­dic­ción […].

Pero ya en las mate­má­ti­cas infe­rio­res hor­mi­guean las con­tra­dic­cio­nes»8.

A su vez, Lenin ilus­tró la uni­ver­sa­li­dad de la con­tra­dic­ción como sigue:

En mate­má­ti­cas: + y -. Dife­ren­cial e inte­gral.
En mecá­ni­ca: acción y reac­ción.
En físi­ca: elec­tri­ci­dad posi­ti­va y nega­ti­va.
En quí­mi­ca: com­bi­na­ción y diso­cia­ción de los áto­mos.
En cien­cias socia­les: lucha de cla­ses9.

En la gue­rra, la ofen­si­va y la defen­si­va, el avan­ce y la reti­ra­da, la vic­to­ria y la derro­ta, son todas pare­jas de fenó­me­nos con­tra­dic­to­rios. El uno no pue­de exis­tir sin el otro. La lucha y la inter­co­ne­xión entre ambos aspec­tos cons­ti­tu­yen el con­jun­to de la gue­rra, impul­san su desa­rro­llo y resuel­ven sus pro­ble­mas.

Toda dife­ren­cia entre los con­cep­tos de los hom­bres debe ser con­si­de­ra­da como refle­jo de las con­tra­dic­cio­nes obje­ti­vas. El refle­jo de las con­trac­cio­nes obje­ti­vas en el pen­sa­mien­to sub­je­ti­vo for­ma el movi­mien­to con­tra­dic­to­rio de los con­cep­tos, impul­sa el desa­rro­llo del pen­sa­mien­to y va resol­vien­do sin cesar los pro­ble­mas plan­tea­dos al pen­sa­mien­to humano.

La opo­si­ción y la lucha entre ideas dife­ren­tes tie­nen lugar cons­tan­te­men­te den­tro del Par­ti­do. Este es el refle­jo en su seno de las con­tra­dic­cio­nes entre las cla­ses y entre lo nue­vo y lo vie­jo en la socie­dad. Si en el Par­ti­do no hubie­ra con­tra­dic­cio­nes ni luchas ideo­ló­gi­cas para resol­ver­las, la vida del Par­ti­do toca­ría a su fin.

Así pues, que­da cla­ro que la con­tra­dic­ción exis­te uni­ver­sal­men­te, en todos los pro­ce­sos, tan­to en las for­mas sim­ples del movi­mien­to como en las com­ple­jas, tan­to en los fenó­me­nos obje­ti­vos como en los fenó­me­nos del pen­sa­mien­to. Pero ¿exis­te la con­tra­dic­ción tam­bién en la eta­pa ini­cial de cada pro­ce­so? ¿Exis­te el movi­mien­to de los con­tra­rios des­de el comien­zo has­ta el fin del pro­ce­so de desa­rro­llo de cada cosa?

La escue­la de Debo­rin, a juz­gar por los artícu­los en que la cri­ti­can los filó­so­fos sovié­ti­cos, sos­tie­ne que la con­tra­dic­ción no apa­re­ce en el comien­zo de un pro­ce­so, sino sólo cuan­do éste ha alcan­za­do deter­mi­na­da eta­pa. Si así fue­ra, el desa­rro­llo del pro­ce­so has­ta ese momen­to no obe­de­ce­ría a cau­sas inter­nas sino exter­nas. De esta mane­ra, Debo­rin retro­ce­de a la teo­ría meta­fí­si­ca de la cau­sa­li­dad exter­na y al meca­ni­cis­mo. Apli­can­do este cri­te­rio al aná­li­sis de pro­ble­mas con­cre­tos, la escue­la de Debo­rin esti­ma que, en las con­di­cio­nes de la Unión Sovié­ti­ca, sólo exis­ten dife­ren­cias, pero no con­tra­dic­ción, entre los kulaks y las masas cam­pe­si­nas, y así coin­ci­de por ente­ro con la opi­nión de Buja­rin10. Al ana­li­zar la Revo­lu­ción fran­ce­sa, sos­tie­ne que antes de la Revo­lu­ción exis­tían asi­mis­mo sólo dife­ren­cias, pero no con­tra­dic­cio­nes, den­tro del Ter­cer Esta­do, inte­gra­do por los obre­ros, los cam­pe­si­nos y la bur­gue­sía. Tal pun­to de vis­ta de la escue­la de Debo­rin es anti­mar­xis­ta. Esta escue­la igno­ra que toda dife­ren­cia entra­ña ya una con­tra­dic­ción, y que la dife­ren­cia en sí es con­tra­dic­ción. Tra­ba­ja­do­res y capi­ta­lis­tas han esta­do en con­tra­dic­ción des­de el naci­mien­to mis­mo de estas dos cla­ses, sólo que la con­tra­dic­ción no se agu­di­zó al comien­zo. Aun en las con­di­cio­nes socia­les de la Unión Sovié­ti­ca, exis­ten dife­ren­cias entre los obre­ros y los cam­pe­si­nos, y estas dife­ren­cias en sí mis­mas cons­ti­tu­yen una con­tra­dic­ción. Solo que ésta no se inten­si­fi­ca­rá has­ta el pun­to de trans­for­mar­se en anta­gó­ni­ca ni toma­rá la for­ma de lucha de cla­ses, como es el caso de la con­tra­dic­ción entre tra­ba­ja­do­res y capi­ta­lis­tas; los obre­ros y los cam­pe­si­nos han for­ma­do una sóli­da alian­za en el cur­so de la cons­truc­ción socia­lis­ta y van resol­vien­do gra­dual­men­te esa con­tra­dic­ción en el pro­ce­so de desa­rro­llo del socia­lis­mo al comu­nis­mo. De lo que aquí se tra­ta es de con­tra­dic­cio­nes de dis­tin­to carác­ter, y no de la pre­sen­cia o ausen­cia de con­tra­dic­cio­nes. La con­tra­dic­ción es uni­ver­sal, abso­lu­ta; exis­te en los pro­ce­sos de desa­rro­llo de todas las cosas y reco­rre cada pro­ce­so des­de el comien­zo has­ta el fin.

¿Qué es la apa­ri­ción de un nue­vo pro­ce­so? La vie­ja uni­dad y los con­tra­rios que la cons­ti­tu­yen dejan lugar a una nue­va uni­dad y sus corres­pon­dien­tes con­tra­rios; así nace un nue­vo pro­ce­so en reem­pla­zo del vie­jo. El nue­vo pro­ce­so con­tie­ne una nue­va con­tra­dic­ción e ini­cia su pro­pia his­to­ria, la his­to­ria del desa­rro­llo de su con­tra­dic­ción.

Como seña­ló Lenin, Marx dio en El Capi­tal un mode­lo de aná­li­sis del movi­mien­to de los con­tra­rios, que reco­rre todo el pro­ce­so de desa­rro­llo de una cosa des­de el comien­zo has­ta el fin. Este es el méto­do que ha de emplear­se al estu­diar el pro­ce­so de desa­rro­llo de cual­quier cosa. El pro­pio Lenin tam­bién empleó correc­ta­men­te este méto­do, que impreg­na todas sus obras.

En El Capi­tal, Marx comien­za por ana­li­zar la rela­ción más sim­ple, ordi­na­ria y fun­da­men­tal, más común, más coti­dia­na de la socie­dad bur­gue­sa (mer­can­til), una rela­ción miles de millo­nes de veces pre­sen­te; el inter­cam­bio de mer­can­cías. El aná­li­sis reve­la en este fenó­meno sen­ci­llí­si­mo (en esa “célu­la” de la socie­dad bur­gue­sa) todas las con­tra­dic­cio­nes (o los gér­me­nes de todas las con­tra­dic­cio­nes) de la socie­dad con­tem­po­rá­nea. La pos­te­rior expo­si­ción nos mues­tra el desa­rro­llo (a la vez cre­ci­mien­to y movi­mien­to) de dichas con­tra­dic­cio­nes y de esa socie­dad en la suma de sus par­tes indi­vi­dua­les, des­de su comien­zo has­ta su fin.

Lenin agre­gó: «Tal debe ser el méto­do de expo­si­ción (o de estu­dio) de la dia­léc­ti­ca en gene­ral […]»11.

Los comu­nis­tas chi­nos deben asi­mi­lar este méto­do, pues sólo así podrán ana­li­zar correc­ta­men­te la his­to­ria y la situa­ción actual de la Revo­lu­ción chi­na y dedu­cir sus pers­pec­ti­vas futu­ras.

La par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción

La con­tra­dic­ción exis­te en el pro­ce­so de desa­rro­llo de cada cosa y lo reco­rre des­de el comien­zo has­ta el fin; tal es la uni­ver­sa­li­dad o carác­ter abso­lu­to de la con­tra­dic­ción. A esto ya nos hemos refe­ri­do más arri­ba. Deten­ga­mo­nos aho­ra en la par­ti­cu­la­ri­dad o carác­ter rela­ti­vo de la con­tra­dic­ción.

Hay que estu­diar este pro­ble­ma en varios pla­nos.

Ante todo, las con­tra­dic­cio­nes de las diver­sas for­mas del movi­mien­to de la mate­ria poseen, cada una, un carác­ter par­ti­cu­lar. El cono­ci­mien­to que el hom­bre tie­ne de la mate­ria es el cono­ci­mien­to de las for­mas de su movi­mien­to, pues en el mun­do no hay más que mate­ria en movi­mien­to, y el movi­mien­to de la mate­ria revis­te nece­sa­ria­men­te for­mas deter­mi­na­das. Al abor­dar una for­ma dada del movi­mien­to de la mate­ria, debe­mos tomar en con­si­de­ra­ción lo que tie­ne de común con otras for­mas del movi­mien­to. Pero aque­llo que encie­rra espe­cial impor­tan­cia, pues sir­ve de base a nues­tro cono­ci­mien­to de una cosa, es aten­der a lo que esa for­ma del movi­mien­to de la mate­ria tie­ne de par­ti­cu­lar, o sea, a lo que la dis­tin­gue cua­li­ta­ti­va­men­te de otras for­mas del movi­mien­to. Sólo así pode­mos dis­tin­guir una cosa de otra. Toda for­ma del movi­mien­to con­tie­ne su pro­pia con­tra­dic­ción par­ti­cu­lar. Esta con­tra­dic­ción par­ti­cu­lar cons­ti­tu­ye la esen­cia par­ti­cu­lar que dife­ren­cia a una cosa de las demás. He aquí la cau­sa inter­na o, por decir­lo así, la base de la infi­ni­ta varie­dad de las cosas del mun­do. Hay muchos for­mas del movi­mien­to en la natu­ra­le­za: movi­mien­to mecá­ni­co, soni­do, luz, calor, elec­tri­ci­dad, diso­cia­ción, com­bi­na­ción, etc. Todas estas for­mas del movi­mien­to de la mate­ria son inter­de­pen­dien­tes, pero, en su esen­cia, cada una es dife­ren­te de las otras. La esen­cia par­ti­cu­lar de cada for­ma del movi­mien­to de la mate­ria es deter­mi­na­da por la con­tra­dic­ción par­ti­cu­lar de dicha for­ma. Esto ocu­rre no sólo en la natu­ra­li­za, sino tam­bién en los fenó­me­nos de la socie­dad y del pen­sa­mien­to. Todas las for­mas socia­les y todas las for­mas del pen­sa­mien­to tie­nen, cada una, su pro­pia con­tra­dic­ción par­ti­cu­lar y su esen­cia par­ti­cu­lar.

La deli­mi­ta­ción entre las dife­ren­tes cien­cias se fun­da pre­ci­sa­men­te en las con­tra­dic­cio­nes par­ti­cu­la­res inhe­ren­tes a sus res­pec­ti­vos obje­tos de estu­dio. Así, es la con­tra­dic­ción pecu­liar de un deter­mi­na­do sec­tor de fenó­me­nos lo que cons­ti­tu­ye el obje­to de estu­dio de una rama dada de la cien­cia. Por ejem­plo: los núme­ros posi­ti­vos y los nega­ti­vos en mate­má­ti­cas; la acción y la reac­ción en mecá­ni­ca; la elec­tri­ci­dad posi­ti­va y la nega­ti­va en físi­ca; la diso­cia­ción y la com­bi­na­ción en quí­mi­ca; las fuer­zas pro­duc­ti­vas y las rela­cio­nes de pro­duc­ción, y la lucha entre una cla­se y otra en las cien­cias socia­les; la ofen­si­va y la defen­si­va en la cien­cia mili­tar; el idea­lis­mo y el mate­ria­lis­mo, la con­cep­ción meta­fí­si­ca y la con­cep­ción dia­léc­ti­ca en filo­so­fía, etc., cada una de estas pare­jas de fenó­me­nos cons­ti­tu­ye una con­tra­dic­ción par­ti­cu­lar y tie­ne una esen­cia par­ti­cu­lar y, pre­ci­sa­men­te por eso, son obje­tos de estu­dio de ramas dis­tin­tas de la cien­cia. Cier­to es que si no se com­pren­de la uni­ver­sa­li­dad de la con­tra­dic­ción, no hay mane­ra de des­cu­brir la cau­sa uni­ver­sal o base uni­ver­sal del movi­mien­to o desa­rro­llo de las cosas; pero, si no se estu­dia la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción, no hay mane­ra de deter­mi­nar la esen­cia par­ti­cu­lar que dife­ren­cia a una cosa de las demás, ni de des­cu­brir la cau­sa par­ti­cu­lar del movi­mien­to o desa­rro­llo de cada cosa, ni de dis­tin­guir una cosa de otra, ni de deli­mi­tar los diver­sos domi­nios de la cien­cia.

En cuan­to al orden que sigue el movi­mien­to del cono­ci­mien­to humano, el hom­bre par­te siem­pre del cono­ci­mien­to de lo indi­vi­dual y par­ti­cu­lar para lle­gar gra­dual­men­te a cono­cer lo gene­ral. Úni­ca­men­te des­pués de cono­cer la esen­cia par­ti­cu­lar de mul­ti­tud de cosas dis­tin­tas, el hom­bre pue­de pasar a la gene­ra­li­za­ción y cono­cer la esen­cia común de las diver­sas cosas. Des­pués de haber lle­ga­do a cono­cer dicha esen­cia común, el hom­bre se sir­ve de este cono­ci­mien­to como guía para seguir ade­lan­te y estu­diar dis­tin­tas cosas con­cre­tas que no han sido estu­dia­das toda­vía o que no lo han sido en pro­fun­di­dad, a fin de des­cu­brir la esen­cia par­ti­cu­lar de cada una de ellas; sólo así pue­de acre­cen­tar, enri­que­cer y desa­rro­llar su cono­ci­mien­to de dicha esen­cia común y evi­tar que este cono­ci­mien­to se mar­chi­te o fosi­li­ce. Estos son los dos pro­ce­sos del cono­ci­mien­to: uno, de lo par­ti­cu­lar a lo gene­ral y, el otro, de lo gene­ral a lo par­ti­cu­lar. El cono­ci­mien­to humano siem­pre avan­za en for­ma cícli­ca y cada ciclo (si se obser­va estric­ta­men­te el méto­do cien­tí­fi­co) pue­de ele­var el cono­ci­mien­to humano a una eta­pa más alta y hacer­lo más pro­fun­do. El error de nues­tros dog­má­ti­cos a este res­pec­to con­sis­te en que, por una par­te, no com­pren­den que es impe­ra­ti­vo estu­diar la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción y cono­cer la esen­cia par­ti­cu­lar de las cosas indi­vi­dua­les para poder cono­cer ple­na­men­te la uni­ver­sa­li­dad de la con­tra­dic­ción y la esen­cia común de las diver­sas cosas, y, por otra par­te, no com­pren­den que aun des­pués de cono­cer la esen­cia común de las cosas hay que seguir ade­lan­te y estu­diar las cosas con­cre­tas toda­vía no estu­dia­das pro­fun­da­men­te o aque­llas recién sur­gi­das. Nues­tros dog­má­ti­cos son pere­zo­sos y rehu­san dedi­car el menor esfuer­zo al estu­dio de las cosas con­cre­tas; con­si­de­ran las ver­da­des gene­ra­les como sur­gi­das de la nada y las con­vier­ten en fór­mu­las pura­men­te abs­trac­tas, inin­te­li­gi­bles, y, de este modo, nie­gan por com­ple­to e invier­ten el orden nor­mal que sigue el hom­bre para lle­gar a cono­cer la ver­dad. Tam­po­co com­pren­den la inter­co­ne­xión entre los dos pro­ce­sos del cono­ci­mien­to humano: de lo par­ti­cu­lar a lo gene­ral y, lue­go, de lo gene­ral a lo par­ti­cu­lar. Los dog­má­ti­cos no entien­den nada de la teo­ría mar­xis­ta del cono­ci­mien­to.

Es pre­ci­so estu­diar no sólo la con­tra­dic­ción par­ti­cu­lar y la esen­cia, por ella deter­mi­na­da, de cada gran sis­te­ma de for­mas del movi­mien­to de la mate­ria, sino tam­bién la con­tra­dic­ción par­ti­cu­lar y la esen­cia de cada pro­ce­so en el lar­go cur­so del desa­rro­llo de cada for­ma del movi­mien­to de la mate­ria. En toda for­ma del movi­mien­to, cada pro­ce­so de desa­rro­llo, real y no ima­gi­na­rio, es cua­li­ta­ti­va­men­te dife­ren­te En nues­tro estu­dio debe­mos poner énfa­sis en este pun­to y comen­zar por él.

Con­tra­dic­cio­nes cua­li­ta­ti­va­men­te dife­ren­tes sólo pue­den resol­ver­se por méto­dos cua­li­ta­ti­va­men­te dife­ren­tes. Por ejem­plo: la con­tra­dic­ción entre el pro­le­ta­ria­do y la bur­gue­sía se resuel­ve por el méto­do de la revo­lu­ción socia­lis­ta; la con­tra­dic­ción entre las gran­des masas popu­la­res y el sis­te­ma feu­dal por el méto­do de la revo­lu­ción demo­crá­ti­ca; la con­tra­dic­ción entre las colo­nias y el impe­ria­lis­mo, por el méto­do de la gue­rra revo­lu­cio­na­ria nacio­nal; la con­tra­dic­ción entre la cla­se obre­ra y el cam­pe­si­na­do en la socie­dad socia­lis­ta, por el méto­do de la colec­ti­vi­za­ción y la meca­ni­za­ción de la agri­cul­tu­ra; la con­tra­dic­cio­nes en el seno del Par­ti­do Comu­nis­ta, por el méto­do de la crí­ti­ca y la auto­crí­ti­ca; la con­tra­dic­ción entre la socie­dad y la natu­ra­le­za, por el méto­do del desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas. Los pro­ce­sos cam­bian, des­apa­re­cen vie­jos pro­ce­sos y con­tra­dic­cio­nes, y sur­gen nue­vos pro­ce­sos y con­tra­dic­cio­nes, y, en con­se­cuen­cia, varían los méto­dos para resol­ver las con­tra­dic­cio­nes. En Rusia fue­ron radi­cal­men­te dife­ren­tes tan­to la con­tra­dic­ción resuel­ta por la Revo­lu­ción de febre­ro y la resuel­ta por la Revo­lu­ción de octu­bre, como los méto­dos emplea­dos para resol­ver­las. Resol­ver con­tra­dic­cio­nes dife­ren­tes por méto­dos dife­ren­tes es un prin­ci­pio que los mar­xis­tas-leni­nis­tas deben obser­var rigu­ro­sa­men­te. Los dog­má­ti­cos no obser­van este prin­ci­pio, no com­pren­den las dife­ren­cias entre las con­di­cio­nes de los dis­tin­tos tipos de revo­lu­ción y, por eso, tam­po­co com­pren­den la nece­si­dad de usar méto­dos dife­ren­tes para resol­ver con­tra­dic­cio­nes dife­ren­tes; antes al con­tra­rio, siguen inva­ria­ble­men­te una fór­mu­la que supo­nen inal­te­ra­ble y la apli­can mecá­ni­ca­men­te y en todas par­tes, lo cual sólo pue­de cau­sar reve­ses a la revo­lu­ción o lle­var a hacer muy mal lo que podría hacer­se bien.

Para des­cu­brir la par­ti­cu­la­ri­dad de las con­tra­dic­cio­nes en el pro­ce­so de desa­rro­llo de un cosa, con­si­de­ra­das en su con­jun­to, en sus inter­co­ne­xio­nes, es decir, para des­cu­brir la esen­cia del pro­ce­so de desa­rro­llo de una cosa, hay que des­cu­brir la par­ti­cu­la­ri­dad de cada uno de los aspec­tos de cada con­tra­dic­ción de ese pro­ce­so; de otro modo, será impo­si­ble des­cu­brir la esen­cia del pro­ce­so. En nues­tro estu­dio tam­bién debe­mos pres­tar mucha aten­ción a esto.

En el pro­ce­so de desa­rro­llo de toda cosa gran­de exis­ten nume­ro­sas con­tra­dic­cio­nes. Por ejem­plo, en el pro­ce­so de la revo­lu­ción demo­crá­ti­co-bur­gue­sa de Chi­na, exis­ten la con­tra­dic­ción entre todas las cla­ses opri­mi­das de la socie­dad chi­na y el impe­ria­lis­mo, la con­tra­dic­ción entre las amplias masas popu­la­res y el feu­da­lis­mo, la con­tra­dic­ción ente el pro­le­ta­ria­do y la bur­gue­sía, la con­tra­dic­ción entre el cam­pe­si­na­do y la peque­ña bur­gue­sía urba­na, por un lado, y la bur­gue­sía, por el otro, las con­tra­dic­cio­nes entre los dis­tin­tos gru­pos domi­nan­tes reac­cio­na­rios, etc.; la situa­ción es suma­men­te com­ple­ja. Estas con­tra­dic­cio­nes no pue­den ser tra­ta­das de una mis­ma mane­ra, ya que cada una tie­ne su pro­pia par­ti­cu­la­ri­dad; ade­más, los dos aspec­tos de cada con­tra­dic­ción tam­po­co pue­den ser tra­ta­dos de una mis­ma mane­ra pues­to que cada uno tie­ne sus pro­pias carac­te­rís­ti­cas. Los que nos dedi­ca­mos a la Revo­lu­ción chi­na no sólo debe­mos com­pren­der la par­ti­cu­la­ri­dad de las con­tra­dic­cio­nes en su con­jun­to, es decir, en sus inter­co­ne­xio­nes, sino tam­bién estu­diar los dos aspec­tos de cada con­tra­dic­ción, úni­co medio para lle­gar a com­pren­der el con­jun­to. Com­pren­der cada uno de los aspec­tos de una con­tra­dic­ción sig­ni­fi­ca com­pren­der qué posi­ción espe­cí­fi­ca ocu­pa cada uno de ellos, qué for­mas con­cre­tas asu­men sus rela­cio­nes de inter­de­pen­den­cia y con­tra­dic­ción con su con­tra­rio, y qué medios con­cre­tos emplea en la lucha con su con­tra­rio tan­to mien­tras ambos aspec­tos están en inter­de­pen­den­cia y con­tra­dic­ción como des­pués de la rup­tu­ra de la inter­de­pen­den­cia. Estu­diar estos pro­ble­mas es de suma impor­tan­cia. A esto se refe­ría Lenin al decir que la esen­cia mis­ma del mar­xis­mo, el alma viva del mar­xis­mo, es el aná­li­sis con­cre­to de la situa­ción con­cre­ta12. En con­tra de las ense­ñan­zas de Lenin, nues­tros dog­má­ti­cos nun­ca usan su cere­bro para ana­li­zar nin­gu­na cosa con­cre­ta­men­te, y en sus escri­tos y dis­cur­sos recu­rren siem­pre a fra­ses vacías y este­reo­ti­pa­das, intro­du­cien­do de esta mane­ra una pési­ma prác­ti­ca en nues­tro Par­ti­do.

Al estu­diar un pro­ble­ma, debe­mos guar­dar­nos del sub­je­ti­vis­mo, la uni­la­te­ra­li­dad y la super­fi­cia­li­dad. Por sub­je­ti­vis­mo se entien­de no saber abor­dar los pro­ble­mas obje­ti­va­men­te, es decir, no saber abor­dar­los des­de el pun­to de vis­ta mate­ria­lis­ta.

De esto ya he habla­do en mi tra­ba­jo La prác­ti­ca. Por uni­la­te­ra­li­dad se entien­de no saber abor­dar los pro­ble­mas en todas sus face­tas. Por ejem­plo, com­pren­der sólo a Chi­na y no al Japón, sólo al Par­ti­do Comu­nis­ta y no al Kuo­min­tang, sólo al pro­le­ta­ria­do y no a la bur­gue­sía, sólo a los cam­pe­si­nos y no a los terra­te­nien­tes, sólo las con­di­cio­nes favo­ra­bles y no las difí­ci­les, sólo el pasa­do y no el futu­ro, sólo las par­tes y no el todo, sólo los defec­tos y no los éxi­tos, sólo al acu­sa­dor y no al acu­sa­do, sólo el tra­ba­jo revo­lu­cio­na­rio secre­to y no el tra­ba­jo revo­lu­cio­na­rio abier­to, y así por el esti­lo. En una pala­bra, sig­ni­fi­ca no com­pren­der las carac­te­rís­ti­cas de cada uno de los aspec­tos de una con­tra­dic­ción. A esto se lla­ma enfo­car un pro­ble­ma uni­la­te­ral­men­te; o pue­de lla­mar­se ver la par­te y no el todo, ver los árbo­les y no el bos­que. De esta mane­ra no es posi­ble encon­trar el méto­do para resol­ver las con­tra­dic­cio­nes, ni cum­plir las tareas de la Revo­lu­ción, ni lle­var a buen tér­mino el tra­ba­jo enco­men­da­do, ni desa­rro­llar correc­ta­men­te la lucha ideo­ló­gi­ca en el seno del Par­ti­do. Cuan­do Sun Tsi decía en su expo­si­ción del arte de la gue­rra: «Cono­ce a tu adver­sa­rio y conó­ce­te a ti mis­mo, y podrás librar cien bata­llas sin correr nin­gún ries­go de derro­ta»13, se refe­ría a las dos par­tes beli­ge­ran­tes. Wei Cheng, de la dinas­tía Tang, tam­bién com­pren­día lo erró­nea que es la uni­la­te­ra­li­dad cuan­do decía: «Si escu­chas a ambas par­tes, se hará en ti la luz; si escu­chas a una sola per­ma­ne­ce­rás en tinie­blas»14. Pero nues­tros cama­ra­das a menu­do exa­mi­nan los pro­ble­mas de mane­ra uni­la­te­ral y, por eso, dan con la cabe­za en un muro. En la nove­la A la ori­lla del agua, Sung Chiang lan­za tres ata­ques con­tra la aldea de Chu15. Dos veces es derro­ta­do por­que no cono­ce las con­di­cio­nes loca­les y no emplea méto­dos correc­tos. Más tar­de cam­bia de méto­dos; comien­za por inves­ti­gar la situa­ción y lle­ga a cono­cer el labe­rin­to de sen­de­ros, des­pués logra des­ha­cer la alian­za entre las aldeas de Li, Ju y Chu y, emplean­do una estra­ta­ge­ma simi­lar a la del caba­llo de Tro­ya de que habla una leyen­da extran­je­ra, envía a sus hom­bres dis­fra­za­dos a man­te­ner­se a la espe­ra en el cam­po enemi­go. Y en el ter­cer ata­que obtie­ne la vic­to­ria. Hay muchos ejem­plos de dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta en A la ori­lla del agua, de los cua­les el epi­so­dio de los tres ata­ques a la aldea de Chu es el mejor. Lenin dijo:

Para cono­cer real­men­te un obje­to hay que abar­car y estu­diar todos sus aspec­tos, todos sus víncu­los y “media­cio­nes”. Esto jamás lo con­se­gui­re­mos por com­ple­to, pero la exi­gen­cia de estu­diar las cosas en todos sus aspec­tos nos pre­ven­drá con­tra los erro­res y la rigi­dez16.

Debe­mos tener pre­sen­te sus pala­bras. Por super­fi­cia­li­dad se entien­de no con­si­de­rar ni las carac­te­rís­ti­cas de la con­tra­dic­ción en su con­jun­to ni las carac­te­rís­ti­cas de cada uno de sus aspec­tos, no reco­no­cer la nece­si­dad de ir al fon­do de las cosas para estu­diar minu­cio­sa­men­te las carac­te­rís­ti­cas de la con­tra­dic­ción, sino limi­tar­se a mirar de lejos y, des­pués de una ojea­da a los con­tor­nos gene­ra­les de la con­tra­dic­ción, tra­tar inme­dia­ta­men­te de resol­ver­la (res­pon­der a una pre­gun­ta, zan­jar una dispu­ta, mane­jar un asun­to o diri­gir una ope­ra­ción mili­tar). Esta for­ma de pro­ce­der lle­va inevi­ta­ble­men­te a con­se­cuen­cias funes­tas. La razón por la cual los cama­ra­das dog­má­ti­cos y empí­ri­cos chi­nos han come­ti­do erro­res resi­de pre­ci­sa­men­te en que su modo de exa­mi­nar las cosas es sub­je­ti­vis­ta, uni­la­te­ral y super­fi­cial. La uni­la­te­ra­li­dad y super­fi­cia­li­dad son tam­bién sub­je­ti­vis­mo, por­que toda las cosas obje­ti­vas se hallan en reali­dad liga­das unas con otras y se rigen por leyes inter­nas; sin embar­go, hay per­so­nas que, en lugar de refle­jar las cosas tal como son, las con­si­de­ran de modo uni­la­te­ral o super­fi­cial igno­ran­do sus rela­cio­nes recí­pro­cas y sus leyes inter­nas; por tan­to, el méto­do que siguen es sub­je­ti­vis­ta.

No sólo el pro­ce­so total del movi­mien­to de las con­tra­dic­cio­nes en el desa­rro­llo de una cosa, con­si­de­ra­das en sus inter­co­ne­xio­nes tie­nen ras­gos par­ti­cu­la­res, a los que debe­mos pres­tar aten­ción, sino que cada eta­pa del pro­ce­so tie­ne tam­bién sus ras­gos par­ti­cu­la­res, que deben ser igual­men­te aten­di­dos.

La con­tra­dic­ción fun­da­men­tal del pro­ce­so de desa­rro­llo de una cosa y la esen­cia de éste, deter­mi­na­da por dicha con­tra­dic­ción, no des­apa­re­cen mien­tras el pro­ce­so no ter­mi­na; sin embar­go, en un pro­ce­so de desa­rro­llo pro­lon­ga­do, la situa­ción gene­ral­men­te varía de eta­pa a eta­pa. La razón es que, si bien no cam­bia ni la natu­ra­le­za de la con­tra­dic­ción fun­da­men­tal del pro­ce­so de desa­rro­llo de la cosa ni la esen­cia del pro­ce­so, la con­tra­dic­ción fun­da­men­tal se va agu­di­zan­do a medi­da que pasa de una eta­pa a otra en este pro­ce­so pro­lon­ga­do. Ade­más, de las nume­ro­sas con­tra­dic­cio­nes, gran­des y peque­ñas, deter­mi­na­das por la con­tra­dic­ción fun­da­men­tal o suje­tas a su influen­cia, unas se agu­di­zan y otras son tem­po­ral o par­cial­men­te resul­tas o ate­nua­das, y sur­gen algu­nas nue­vas; es por esto que hay eta­pas en el pro­ce­so. Si no se pres­ta aten­ción a las eta­pas del pro­ce­so de desa­rro­llo de una cosa, no se pue­den tra­tar apro­pia­da­men­te sus con­tra­dic­cio­nes.

Por ejem­plo, cuan­do el capi­ta­lis­mo de la épo­ca de la libre com­pe­ten­cia se desa­rro­lló y con­vir­tió en impe­ria­lis­mo, no cam­bió ni la natu­ra­le­za de las dos cla­ses radi­cal­men­te con­tra­dic­to­rias, el pro­le­ta­ria­do y la bur­gue­sía, ni tam­po­co la esen­cia capi­ta­lis­ta de la socie­dad; pero se agu­di­zó la con­tra­dic­ción entre estas dos cla­ses, sur­gió la con­tra­dic­ción entre el capi­tal mono­po­lis­ta y el no mono­po­lis­ta, se agu­di­zó la con­tra­dic­ción entre las metró­po­lis y las colo­nias, y se mani­fes­ta­ron con espe­cial inten­si­dad las con­tra­dic­cio­nes entre los dis­tin­tos paí­ses capi­ta­lis­tas, ori­gi­na­das en la des­igual­dad de su desa­rro­llo; así sur­gió una fase espe­cial del capi­ta­lis­mo: el impe­ria­lis­mo. El leni­nis­mo es el mar­xis­mo de la era del impe­ria­lis­mo y de la revo­lu­ción pro­le­ta­ria pre­ci­sa­men­te por­que Lenin y Sta­lin han expli­ca­do correc­ta­men­te estas con­tra­dic­cio­nes y han for­mu­la­do la teo­ría y las tác­ti­cas correc­tas de la revo­lu­ción pro­le­ta­ria para resol­ver­las.

Vea­mos el pro­ce­so de la revo­lu­ción demo­crá­ti­co-bur­gue­sa de Chi­na, ini­cia­da con la Revo­lu­ción de 1911. Ha teni­do varias eta­pas dis­tin­tas. Cons­ti­tu­yen, en par­ti­cu­lar, dos eta­pas his­tó­ri­cas suma­men­te dife­ren­tes, el perio­do en que la revo­lu­ción fue diri­gi­da por la bur­gue­sía y el perio­do en que la diri­ge el pro­le­ta­ria­do. En otras pala­bras, la direc­ción del pro­le­ta­ria­do ha pro­vo­ca­do un cam­bio radi­cal en la fiso­no­mía de la revo­lu­ción, ha con­du­ci­do a un nue­vo ali­nea­mien­to de las cla­ses, ha hecho des­en­ca­de­nar­se en gran esca­la la revo­lu­ción cam­pe­si­na, ha impre­so un carác­ter con­se­cuen­te a la revo­lu­ción anti­im­pe­ria­lis­ta y anti­feu­dal, ha abier­to la posi­bi­li­dad de la trans­for­ma­ción de la revo­lu­ción demo­crá­ti­ca en revo­lu­ción socia­lis­ta, etc. Nada de esto era posi­ble en el perio­do en que la revo­lu­ción se halla­ba bajo la direc­ción de la bur­gue­sía. Aun­que no ha cam­bia­do la natu­ra­le­za de la con­tra­dic­ción fun­da­men­tal del pro­ce­so con­si­de­ra­do en su con­jun­to, ni la natu­ra­le­za del pro­ce­so en cuan­to revo­lu­ción demo­crá­ti­ca, anti­im­pe­ria­lis­ta y anti­feu­dal (cuyo con­tra­rio es la natu­ra­le­za semi­co­lo­nial y semi­feu­dal del país), este pro­ce­so ha pasa­do por varias eta­pas de desa­rro­llo en el cur­so de más de vein­te años, duran­te los cua­les se pro­du­je­ron muchos acon­te­ci­mien­tos impor­tan­tes: la derro­ta de la Revo­lu­ción de 1911 y la implan­ta­ción del régi­men de los cau­di­llos mili­ta­res del nor­te, la for­ma­ción del pri­mer fren­te úni­co nacio­nal y la Revo­lu­ción de 1924 – 1927, la rup­tu­ra del fren­te úni­co y el paso de la bur­gue­sía al cam­po de la con­tra­rre­vo­lu­ción, las gue­rras entre los nue­vos cau­di­llos mili­ta­res, la Gue­rra Revo­lu­cio­na­ria Agra­ria, el esta­ble­ci­mien­to del segun­do fren­te úni­co nacio­nal y la Gue­rra de Resis­ten­cia con­tra el Japón. Carac­te­ri­zan a las men­cio­na­das eta­pas la agu­di­za­ción de algu­nas con­tra­dic­cio­nes (por ejem­plo, la Gue­rra Revo­lu­cio­na­ria Agra­ria y la inva­sión japo­ne­sa de las cua­tro pro­vin­cias del nor­des­te)17, la solu­ción par­cial o tem­po­ral de otras con­tra­dic­cio­nes (por ejem­plo, la eli­mi­na­ción de los cau­di­llos mili­ta­res del nor­te y nues­tra con­fis­ca­ción de las tie­rras de los terra­te­nien­tes), o la reapa­ri­ción de cier­tas con­tra­dic­cio­nes (por ejem­plo, la lucha entre los nue­vos cau­di­llos mili­ta­res y la recu­pe­ra­ción de las tie­rras por los terra­te­nien­tes des­pués de que per­di­mos las bases de apo­yo revo­lu­cio­na­rias en el sur).

Al estu­diar la par­ti­cu­la­ri­dad de las con­tra­dic­cio­nes en cada eta­pa del pro­ce­so de desa­rro­llo de una cosa, debe­mos no sólo con­si­de­rar las con­tra­dic­cio­nes en sus inter­co­ne­xio­nes, en su con­jun­to, sino tam­bién exa­mi­nar cada uno de los aspec­tos de cada con­tra­dic­ción.

Tome­mos por ejem­plo al Kuo­min­tang y al Par­ti­do Comu­nis­ta. Vea­mos un aspec­to, el Kuo­min­tang. En el perio­do del pri­mer fren­te úni­co, el Kuo­min­tang apli­ca­ba las tres gran­des polí­ti­cas de Sun Yat-sen: alian­za con Rusia, alian­za con el Par­ti­do Comu­nis­ta y ayu­da a los obre­ros y cam­pe­si­nos; por eso era revo­lu­cio­na­rio y vigo­ro­so y cons­ti­tuía una alian­za de diver­sas cla­ses para la revo­lu­ción demo­crá­ti­ca. En 1927, sin embar­go, el Kuo­min­tang se trans­for­mó en su rever­so, en un blo­que reac­cio­na­rio de los terra­te­nien­tes y de la gran bur­gue­sía. Des­pués del Inci­den­te de Sían18 en diciem­bre de 1936, comen­zó a cam­biar, orien­tán­do­se a cesar la gue­rra civil y a coope­rar con el Par­ti­do Comu­nis­ta para luchar jun­tos con­tra el impe­ria­lis­mo japo­nés. Tales son la carac­te­rís­ti­cas del Kuo­min­tang en estas tres eta­pas. Dichas carac­te­rís­ti­cas obe­de­cen, por supues­to, a diver­sas cau­sas. Vea­mos aho­ra el otro aspec­to, el Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na. En el perio­do del pri­mer fren­te úni­co, esta­ba en su infan­cia; diri­gió vale­ro­sa­men­te la Revo­lu­ción de 1924 – 1927, pero se mos­tró inma­du­ro en su com­pren­sión del carác­ter, las tareas y los méto­dos de la revo­lu­ción y, en con­se­cuen­cia, el chen­tu­siuís­mo19, sur­gió en el últi­mo tiem­po de esa Revo­lu­ción, pudo impo­ner­se y con­du­cir­la a la derro­ta. A par­tir de 1927, el Par­ti­do Comu­nis­ta diri­gió con valen­tía la Gue­rra Revo­lu­cio­na­ria Agra­ria y creó el ejér­ci­to revo­lu­cio­na­rio y las bases de apo­yo revo­lu­cio­na­rias; sin embar­go, come­tió erro­res de aven­tu­re­ris­mo, que cau­sa­ron serias pér­di­das tan­to al ejér­ci­to como a las bases de apo­yo.

Des­de 1935 el Par­ti­do ha corre­gi­do estos erro­res y ha asu­mi­do la direc­ción de un nue­vo fren­te úni­co, el de resis­ten­cia al Japón; esta gran lucha está desa­rro­llán­do­se aho­ra. En la pre­sen­te eta­pa, el Par­ti­do Comu­nis­ta es un par­ti­do pro­ba­do en dos revo­lu­cio­nes y posee­dor de una rica expe­rien­cia. Tales son las carac­te­rís­ti­cas del Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na en las tres eta­pas. Y tam­bién ellas obe­de­cen a diver­sas cau­sas. Si no estu­dia­mos estas carac­te­rís­ti­cas de los dos par­ti­dos, no podre­mos com­pren­der sus mutuas rela­cio­nes par­ti­cu­la­res en las dife­ren­tes eta­pas: for­ma­ción de un fren­te úni­co, rup­tu­ra del mis­mo y crea­ción de otro nue­vo. Pero, al estu­diar las dis­tin­tas carac­te­rís­ti­cas de los dos par­ti­dos, es aún más impor­tan­te exa­mi­nar la base de cla­se de uno y otro y las con­tra­dic­cio­nes sur­gi­das de ella en los dife­ren­tes perio­dos, entre cada par­ti­do y las demás fuer­zas. Por ejem­plo, en el perio­do de su pri­me­ra alian­za con el Par­ti­do Comu­nis­ta, el Kuo­min­tang, por una par­te, se halla­ba en con­tra­dic­ción con el impe­ria­lis­mo extran­je­ro y, con­si­guien­te­men­te, se le opo­nía; por la otra, esta­ba en con­tra­dic­ción con las vas­tas masas popu­la­res en el inte­rior y, si bien pro­me­tió muchos bene­fi­cios al pue­blo tra­ba­ja­dor, de hecho le dio muy pocos o nin­guno. En el perio­do en que se lle­vó ade­lan­te la gue­rra anti­co­mu­nis­ta, el Kuo­min­tang, cola­bo­ran­do con el impe­ria­lis­mo y el feu­da­lis­mo, se opu­so a las gran­des masas popu­la­res y supri­mió de un plu­ma­zo todos los bene­fi­cios que éstas habían con­quis­ta­do en la Revo­lu­ción, de mane­ra que agu­di­zó su con­tra­dic­ción con ellas. Actual­men­te, en el perio­do de la resis­ten­cia anti­ja­po­ne­sa, el Kuo­min­tang se encuen­tra en con­tra­dic­ción con el impe­ria­lis­mo japo­nés; por una par­te, está intere­sa­do en coope­rar con el Par­ti­do Comu­nis­ta, en tan­to que, por la otra, no ate­núa su lucha con­tra éste y el pue­blo ni la opre­sión que ejer­ce sobre ellos. En cuan­to al Par­ti­do Comu­nis­ta, ha esta­do siem­pre, en cada perio­do, al lado de las gran­des masas popu­la­res con­tra el impe­ria­lis­mo y el feu­da­lis­mo, sin embar­go, en el pre­sen­te perio­do, el de la resis­ten­cia anti­ja­po­ne­sa, ha adop­ta­do una polí­ti­ca de mode­ra­ción res­pec­to al Kuo­min­tang y a las fuer­zas feu­da­les del país, por­que el Kuo­min­tang se ha mani­fes­ta­do a favor de la resis­ten­cia al Japón. Todas estas con­di­cio­nes han lle­va­do ya a la alian­za, ya a la lucha, entre los dos par­ti­dos; inclu­so duran­te los perio­dos de alian­za se pre­sen­ta un com­ple­jo esta­do de alian­za y lucha simul­tá­neas. Si no estu­dia­mos las carac­te­rís­ti­cas de los aspec­tos de las men­cio­na­das con­tra­dic­cio­nes, no podre­mos com­pren­der ni las rela­cio­nes de cada uno de los dos par­ti­dos con las demás fuer­zas, ni sus pro­pias rela­cio­nes mutuas.

Así se ve que al estu­diar la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción en cual­quier plano —trá­te­se de la con­tra­dic­ción en cada for­ma del movi­mien­to de la mate­ria, la con­tra­dic­ción en cada uno de los pro­ce­sos de desa­rro­llo de cada for­ma del movi­mien­to de la mate­ria, los dos aspec­tos de la con­tra­dic­ción en cada pro­ce­so, la con­tra­dic­ción en cada eta­pa de desa­rro­llo de un pro­ce­so, o los dos aspec­tos de la con­tra­dic­ción en cada eta­pa — , al estu­diar la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción en cual­quie­ra de estos pla­nos, no debe­mos ser sub­je­ti­vos ni arbi­tra­rios, sino que debe­mos hacer un aná­li­sis con­cre­to. Sin un aná­li­sis con­cre­to no se pue­de lle­gar a cono­cer la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción en nin­gún plano. Ten­ga­mos siem­pre pre­sen­te las pala­bras de Lenin: aná­li­sis con­cre­to de la situa­ción con­cre­ta.

Marx y Engels fue­ron los pri­me­ros en ofre­cer­nos exce­len­tes mode­los de seme­jan­te aná­li­sis con­cre­to.

Al apli­car la ley de la con­tra­dic­ción en las cosas al estu­dio del pro­ce­so socio­his­tó­ri­co, Marx y Engels des­cu­brie­ron la con­tra­dic­ción entre las fuer­zas pro­duc­ti­vas y las rela­cio­nes de pro­duc­ción, la con­tra­dic­ción entre las cla­ses explo­ta­do­ras y las explo­ta­das, así como la con­tra­dic­ción, ori­gi­na­da por las ante­rio­res, entre la base eco­nó­mi­ca y su super­es­truc­tu­ra (polí­ti­ca, ideo­ló­gi­ca, etc.), y des­cu­brie­ron tam­bién cómo estas con­tra­dic­cio­nes con­du­cen inevi­ta­ble­men­te, en los dife­ren­tes tipos de socie­da­des de cla­ses, a dife­ren­tes tipos de revo­lu­cio­nes socia­les.

Al apli­car esta ley al estu­dio de la estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca de la socie­dad capi­ta­lis­ta, Marx des­cu­brió que la con­tra­dic­ción fun­da­men­tal de esta socie­dad es la con­tra­dic­ción entre el carác­ter social de la pro­duc­ción y el carác­ter pri­va­do de la pro­pie­dad. Esta con­tra­dic­ción se mani­fies­ta en la con­tra­dic­ción entre el carác­ter orga­ni­za­do de la pro­duc­ción en las empre­sas indi­vi­dua­les y el carác­ter anár­qui­co de la pro­duc­ción en la socie­dad en su con­jun­to. En tér­mi­nos de rela­cio­nes de cla­se, se mani­fies­ta en la con­tra­dic­ción entre la bur­gue­sía y el pro­le­ta­ria­do.

Dado que la varie­dad de las cosas es incon­men­su­ra­ble y su desa­rro­llo no tie­ne lími­tes, lo que es uni­ver­sal en un con­tex­to deter­mi­na­do se hace par­ti­cu­lar en otro con­tex­to, y vice­ver­sa. La con­tra­dic­ción, inhe­ren­te al sis­te­ma capi­ta­lis­ta, entre el carác­ter social de la pro­duc­ción y la pro­pie­dad pri­va­da de los medios de pro­duc­ción, es común a todos los paí­ses don­de exis­te y se desa­rro­lla el capi­ta­lis­mo, y, por tan­to, es uni­ver­sal con res­pec­to a éste. Sin embar­go, la con­tra­dic­ción pro­pia del capi­ta­lis­mo corres­pon­de sólo a una deter­mi­na­da eta­pa his­tó­ri­ca en el desa­rro­llo de la socie­dad de cla­ses en gene­ral, y, por con­si­guien­te, tie­ne carác­ter par­ti­cu­lar res­pec­to a la con­tra­dic­ción entre las fuer­zas pro­duc­ti­vas y las rela­cio­nes de pro­duc­ción den­tro de la socie­dad de cla­ses en gene­ral. Aho­ra bien, al dise­car la par­ti­cu­la­ri­dad de las con­tra­dic­cio­nes arri­ba men­cio­na­das de la socie­dad capi­ta­lis­ta, Marx elu­ci­dó en for­ma aún más pro­fun­da, exhaus­ti­va y com­ple­ta el carác­ter uni­ver­sal de la con­tra­dic­ción entre las fuer­zas pro­duc­ti­vas y las rela­cio­nes de pro­duc­ción den­tro de la socie­dad de cla­ses en gene­ral.

Lo par­ti­cu­lar y lo uni­ver­sal están uni­dos, y no sola­men­te la par­ti­cu­la­ri­dad sino tam­bién la uni­ver­sa­li­dad de la con­tra­dic­ción son inhe­ren­tes a toda cosa: la uni­ver­sa­li­dad resi­de en la par­ti­cu­la­ri­dad; por eso, al estu­diar una cosa deter­mi­na­da, debe­mos tra­tar de des­cu­brir estos dos lados y su inter­co­ne­xión, lo par­ti­cu­lar y lo uni­ver­sal den­tro de la cosa mis­ma y su inter­co­ne­xión, y de des­cu­brir las inter­co­ne­xio­nes entre dicha cosa y las nume­ro­sas cosas exte­rio­res a ella. Sta­lin, al expli­car las raí­ces his­tó­ri­cas del leni­nis­mo en su famo­sa obra Los fun­da­men­tos del leni­nis­mo, ana­li­zó la situa­ción inter­na­cio­nal en que nació el leni­nis­mo, ana­li­zó las dis­tin­tas con­tra­dic­cio­nes del capi­ta­lis­mo, lle­ga­das a su gra­do extre­mo bajo las con­di­cio­nes del impe­ria­lis­mo, y mos­tró cómo ellas hicie­ron de la revo­lu­ción pro­le­ta­ria una cues­tión prác­ti­ca inme­dia­ta y crea­ron con­di­cio­nes favo­ra­bles para el asal­to direc­to al capi­ta­lis­mo. Ade­mas, ana­li­zó por qué Rusia fue la patria del leni­nis­mo, por qué la Rusia zaris­ta cons­ti­tuía el pun­to de con­ver­gen­cia de todas las con­tra­dic­cio­nes del impe­ria­lis­mo y por qué el pro­le­ta­ria­do ruso se con­vir­tió en la van­guar­dia del pro­le­ta­ria­do revo­lu­cio­na­rio inter­na­cio­nal. De esta mane­ra, Sta­lin ana­li­zó lo uni­ver­sal de las con­tra­dic­cio­nes del impe­ria­lis­mo, demos­tran­do que el leni­nis­mo es el mar­xis­mo de la épo­ca del impe­ria­lis­mo y de la revo­lu­ción pro­le­ta­ria, y, al mis­mo tiem­po, ana­li­zó lo que de par­ti­cu­lar tenían estas con­tra­dic­cio­nes gene­ra­les en el caso del impe­ria­lis­mo de la Rusia zaris­ta, expli­can­do por qué Rusia lle­gó a ser la cuna de la teo­ría y las tác­ti­cas de la revo­lu­ción pro­le­ta­ria y cómo dicha par­ti­cu­la­ri­dad ence­rra­ba la uni­ver­sa­li­dad de la con­tra­dic­ción. Este aná­li­sis de Sta­lin nos ofre­ce un mode­lo para com­pren­der la par­ti­cu­la­ri­dad y la uni­ver­sa­li­dad de la con­tra­dic­ción y su inter­co­ne­xión.

Al refe­rir­se a la apli­ca­ción de la dia­léc­ti­ca al estu­dio de los fenó­me­nos obje­ti­vos, Marx y Engels, así como Lenin y Sta­lin, han ense­ña­do siem­pre que es pre­ci­so des­ha­cer­se de todo sub­je­ti­vis­mo y arbi­tra­rie­dad y par­tir de las con­di­cio­nes con­cre­tas del movi­mien­to obje­ti­vo real para des­cu­brir las con­tra­dic­cio­nes con­cre­tas de estos fenó­me­nos, la posi­ción con­cre­ta de cada uno de los aspec­tos de cada con­tra­dic­ción y las inter­re­la­cio­nes con­cre­tas de las con­tra­dic­cio­nes. A nues­tros dog­má­ti­cos les fal­ta esta acti­tud en el estu­dio y, por lo tan­to, yerran en todo. Debe­mos sacar lec­cio­nes de sus fra­ca­sos y apren­der a estu­diar con esta acti­tud, la úni­ca correc­ta.

La rela­ción entre la uni­ver­sa­li­dad y la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción es la rela­ción entre el carác­ter gene­ral y el carác­ter indi­vi­dual de la con­tra­dic­ción. Por carác­ter gene­ral de la con­tra­dic­ción enten­de­mos que ésta exis­te en todos los pro­ce­sos y los reco­rre des­de el comien­zo has­ta el fin: movi­mien­to, cosas, pro­ce­sos y pen­sa­mien­to, todo es con­tra­dic­ción. Negar la con­tra­dic­ción es negar­lo todo. Esta es una ver­dad uni­ver­sal para todos los tiem­pos y todos los paí­ses, sin excep­ción. Tal es el carác­ter gene­ral, el carác­ter abso­lu­to de la con­tra­dic­ción. Sin embar­go, lo gene­ral está con­te­ni­do en todo ser indi­vi­dual; sin carác­ter indi­vi­dual no pue­de haber carác­ter gene­ral. Si todo lo indi­vi­dual fue­ra exclui­do, ¿qué sería de lo gene­ral? Cada con­tra­dic­ción es par­ti­cu­lar y de ahí lo indi­vi­dual. Lo indi­vi­dual exis­te con­di­cio­nal y tem­po­ral­men­te y es, por tan­to, rela­ti­vo.

Esta ver­dad refe­ren­te a lo gene­ral y lo indi­vi­dual, a lo abso­lu­to y lo rela­ti­vo, es la quin­tae­sen­cia del pro­ble­ma de la con­tra­dic­ción en las cosas; no com­pren­der­la equi­va­le a aban­do­nar la dia­léc­ti­ca.

La con­tra­dic­ción prin­ci­pal y el aspec­to prin­ci­pal de la con­tra­dic­ción

En lo tocan­te a la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción, que­dan dos cues­tio­nes que requie­ren un aná­li­sis espe­cial: la con­tra­dic­ción prin­ci­pal y el aspec­to prin­ci­pal de la con­tra­dic­ción.

En el pro­ce­so de desa­rro­llo de una cosa com­ple­ja hay muchas con­tra­dic­cio­nes y, de ellas, una es nece­sa­ria­men­te la prin­ci­pal, cuya exis­ten­cia y desa­rro­llo deter­mi­na o influ­ye en la exis­ten­cia y desa­rro­llo de las demás con­tra­dic­cio­nes.

Por ejem­plo: en la socie­dad capi­ta­lis­ta, las dos fuer­zas con­tra­dic­to­rias, el pro­le­ta­ria­do y la bur­gue­sía, cons­ti­tu­yen la con­tra­dic­ción prin­ci­pal. Las otras con­tra­dic­cio­nes, como las que exis­ten entre los rema­nen­tes de la cla­se feu­dal y la bur­gue­sía, entre la peque­ña bur­gue­sía cam­pe­si­na y la bur­gue­sía, entre el pro­le­ta­ria­do y la peque­ña bur­gue­sía cam­pe­si­na, entre la bur­gue­sía no mono­po­lis­ta y la mono­po­lis­ta, entre la demo­cra­cia y el fas­cis­mo en el seno de la bur­gue­sía, entre los diver­sos paí­ses capi­ta­lis­ta, entre el impe­ria­lis­mo y las colo­nias, etc., son todas deter­mi­na­das por esta con­tra­dic­ción prin­ci­pal o suje­tas a su influen­cia.

En un país semi­co­lo­nial como Chi­na, la rela­ción entre la con­tra­dic­ción prin­ci­pal y las con­tra­dic­cio­nes no prin­ci­pa­les ofre­ce un cua­dro com­ple­jo.

Cuan­do el impe­ria­lis­mo des­ata una gue­rra de agre­sión con­tra un país así, las dife­ren­tes cla­ses de éste, excep­to un peque­ño núme­ro de trai­do­res, pue­den unir­se tem­po­ral­men­te en una gue­rra nacio­nal con­tra el impe­ria­lis­mo. Enton­ces, la con­tra­dic­ción entre el impe­ria­lis­mo y el país en cues­tión pasa a ser la con­tra­dic­ción prin­ci­pal, mien­tras todas las con­tra­dic­cio­nes entre las dife­ren­tes cla­ses den­tro del país (inclui­da la con­tra­dic­ción, que era la prin­ci­pal, entre el sis­te­ma feu­dal y las gran­des masas popu­la­res) que­dan rele­ga­das tem­po­ral­men­te a una posi­ción secun­da­ria y subor­di­na­da. Tal fue el caso en Chi­na duran­te la Gue­rra del Opio de 184020, la Gue­rra Chino-Japo­ne­sa de 189421, la Gue­rra de Yije­tuan de 1900, y tal es tam­bién el caso de la actual gue­rra chino-japo­ne­sa.

En otras cir­cuns­tan­cias, sin embar­go, las con­tra­dic­cio­nes cam­bian de posi­ción. Cuan­do el impe­ria­lis­mo no recu­rre a la gue­rra, sino a medios polí­ti­cos, eco­nó­mi­cos y cul­tu­ra­les, para lle­var ade­lan­te su opre­sión, la cla­se domi­nan­te del país semi­co­lo­nial en cues­tión capi­tu­la ante el impe­ria­lis­mo y for­ma con él una alian­za para opri­mir con­jun­ta­men­te a las masas popu­la­res. En esas cir­cuns­tan­cias, las masas popu­la­res sue­len recu­rrir a la gue­rra civil con­tra la alian­za del impe­ria­lis­mo y la cla­se feu­dal, en tan­to que el impe­ria­lis­mo emplea a menu­do méto­dos indi­rec­tos, y no la acción direc­ta para ayu­dar a los reac­cio­na­rios de dicho país a opri­mir al pue­blo, y así las con­tra­dic­cio­nes inter­nas se vuel­ven par­ti­cu­lar­men­te agu­das. Esto suce­dió en Chi­na duran­te la Gue­rra Revo­lu­cio­na­ria de 1911, la Gue­rra Revo­lu­cio­na­ria de 1924 – 1927 y los diez años de la Gue­rra Revo­lu­cio­na­ria Agra­ria, ini­cia­da en 1927. Tam­bién entran en esta cate­go­ría las gue­rras intes­ti­nas entre los diver­sos gru­pos domi­nan­tes reac­cio­na­rios de los paí­ses semi­co­lo­nia­les, como por ejem­plo las gue­rras entre los cau­di­llos mili­ta­res de Chi­na.

Cuan­do la gue­rra civil revo­lu­cio­na­ria se desa­rro­lla has­ta el pun­to en que ame­na­za la exis­ten­cia mis­ma del impe­ria­lis­mo y de sus laca­yos, los reac­cio­na­rios inter­nos, sue­le adop­tar otros méto­dos para man­te­ner su domi­na­ción; o bien tra­ta de divi­dir el fren­te revo­lu­cio­na­rio, o bien envía fuer­zas arma­das para ayu­dar direc­ta­men­te a los reac­cio­na­rios inter­nos. En tal caso, el impe­ria­lis­mo extran­je­ro y la reac­ción inter­na se colo­can, sin el menor disi­mu­lo, en un polo, y las amplias masas popu­la­res se agru­pan en el otro, y así se for­ma la con­tra­dic­ción prin­ci­pal, que deter­mi­na o influ­ye en el desa­rro­llo de las demás con­tra­dic­cio­nes. La ayu­da pres­ta­da por diver­sos paí­ses capi­ta­lis­tas a los reac­cio­na­rios rusos des­pués de la Revo­lu­ción de Octu­bre es un ejem­plo de inter­ven­ción arma­da. La trai­ción de Chiang Kai-shek en 1927 es un ejem­plo de divi­sión del fren­te revo­lu­cio­na­rio.

Pero, ocu­rra lo que ocu­rra, no cabe nin­gu­na duda de que en cada eta­pa de desa­rro­llo de un pro­ce­so hay sólo una con­tra­dic­ción prin­ci­pal, que desem­pe­ña el papel diri­gen­te.

De este modo, si en un pro­ce­so hay varias con­tra­dic­cio­nes, nece­sa­ria­men­te una de ellas es la prin­ci­pal, la que desem­pe­ña el papel diri­gen­te y deci­si­vo, mien­tras las demás ocu­pan una posi­ción secun­da­ria y subor­di­na­da. Por lo tan­to, al estu­diar cual­quier pro­ce­so com­ple­jo en el que exis­tan dos o más con­tra­dic­cio­nes debe­mos esfor­zar­nos al máxi­mo por des­cu­brir la con­tra­dic­ción prin­ci­pal. Una vez aprehen­di­da la con­tra­dic­ción prin­ci­pal, todos los pro­ble­mas pue­den resol­ver­se con faci­li­dad. Tal es el méto­do que nos ense­ñó Marx en su estu­dio de la socie­dad capi­ta­lis­ta. Lo mis­mo nos ense­ña­ron Lenin y Sta­lin al estu­diar el impe­ria­lis­mo y la cri­sis gene­ral del capi­ta­lis­mo y al estu­diar la eco­no­mía sovié­ti­ca. Miles de estu­dio­sos y hom­bres de acción no com­pren­den este méto­do, y el resul­ta­do es que, per­di­dos en un mar de humo, no son capa­ces de lle­gar a la médu­la de los pro­ble­mas y, por con­si­guien­te, no logran encon­trar la mane­ra de resol­ver las con­tra­dic­cio­nes.

Como que­da dicho, no hay que tra­tar de un mis­mo modo todas las con­tra­dic­cio­nes de un pro­ce­so, sino dis­tin­guir entre la prin­ci­pal y la secun­da­rias y con­cen­trar­se en aprehen­der la prin­ci­pal. Aho­ra bien, en cada con­tra­dic­ción, sea prin­ci­pal o secun­da­ria, ¿cabe tra­tar de un mis­mo modo sus dos aspec­tos con­tra­dic­to­rios? Tam­po­co. En toda con­tra­dic­ción, el desa­rro­llo de los aspec­tos con­tra­dic­to­rios es des­igual. A veces ambos pare­cen estar en equi­li­brio, pero tal situa­ción es sólo tem­po­ral y rela­ti­va, en tan­to que la des­igual­dad es el esta­do fun­da­men­tal. De los dos aspec­tos con­tra­dic­to­rios, uno ha de ser el prin­ci­pal y el otro el secun­da­rio. El aspec­to prin­ci­pal es el que desem­pe­ña el papel diri­gen­te en la con­tra­dic­ción. La natu­ra­le­za de una cosa es deter­mi­na­da fun­da­men­tal­men­te por el aspec­to prin­ci­pal de su con­tra­dic­ción, aspec­to que ocu­pa la posi­ción pre­do­mi­nan­te.

Pero esta situa­ción no es está­ti­ca; el aspec­to prin­ci­pal y el no prin­ci­pal de una con­tra­dic­ción se trans­for­man el uno en el otro y, en con­se­cuen­cia, cam­bia la natu­ra­le­za de la cosa. En un deter­mi­na­do pro­ce­so de desa­rro­llo de una con­tra­dic­ción o en una eta­pa dada de éste, el aspec­to prin­ci­pal es A y el aspec­to no prin­ci­pal es B, pero en otra eta­pa o pro­ce­so, los pape­les se invier­ten; este cam­bio lo deter­mi­na el gra­do en que ha cre­ci­do o dis­mi­nui­do la fuer­za de cada aspec­to en su lucha con­tra el otro duran­te el desa­rro­llo de la cosa.

Habla­mos corrien­te­men­te del «reem­pla­zo de lo vie­jo por lo nue­vo». El reem­pla­zo de lo vie­jo por lo nue­vo es una ley uni­ver­sal, eter­na e inelu­di­ble. Una cosa se trans­for­ma en otra median­te un sal­to cuya for­ma varía según la natu­ra­le­za de la cosa y las con­di­cio­nes: este es el pro­ce­so del reem­pla­zo de lo vie­jo por lo nue­vo. Den­tro de toda cosa exis­te la con­tra­dic­ción entre lo nue­vo y lo vie­jo, que da ori­gen a una serie de luchas lle­nas de vici­si­tu­des. Como resul­ta­do de estas luchas, lo nue­vo pasa de peque­ño a gran­de y lle­ga a ser pre­do­mi­nan­te; en cam­bio, lo vie­jo pasa de gran­de a peque­ño y se apro­xi­ma gra­dual­men­te a su des­apa­ri­ción. En el momen­to en que lo nue­vo logra pre­do­mi­nar sobre lo vie­jo, la cosa vie­ja se trans­for­ma cua­li­ta­ti­va­men­te en una cosa nue­va. De esto se des­pren­de que la natu­ra­le­za de una cosa es deter­mi­na­da fun­da­men­tal­men­te por el aspec­to prin­ci­pal de su con­tra­dic­ción, el que ocu­pa la posi­ción pre­do­mi­nan­te. Al cam­biar dicho aspec­to, cam­bia en con­se­cuen­cia la natu­ra­le­za de la cosa.

El capi­ta­lis­mo, que en la vie­ja épo­ca feu­dal ocu­pa una posi­ción subor­di­na­da, pasa a ser la fuer­za pre­do­mi­nan­te en la socie­dad capi­ta­lis­ta y, con ello, la natu­ra­le­za de la socie­dad se con­vier­te de feu­dal en capi­ta­lis­ta. Las fuer­zas feu­da­les pasan de su anti­gua posi­ción domi­nan­te a una posi­ción subor­di­na­da en la nue­va era capi­ta­lis­ta, y se acer­can pau­la­ti­na­men­te a su des­apa­ri­ción. Así suce­dió, por ejem­plo, en Ingla­te­rra y Fran­cia. A medi­da que se desa­rro­llan las fuer­zas pro­duc­ti­vas, la bur­gue­sía se trans­for­ma de cla­se nue­va, que jue­ga un papel pro­gre­sis­ta, en cla­se vie­ja, que jue­ga un papel reac­cio­na­rio. Y final­men­te es derro­ca­da por el pro­le­ta­ria­do, pasan­do a ser una cla­se des­po­ja­da de sus medios pri­va­dos de pro­duc­ción y del Poder; enton­ces tam­bién se apro­xi­ma de mane­ra gra­dual a su des­apa­ri­ción. El pro­le­ta­ria­do, muy supe­rior en núme­ro a la bur­gue­sía y que cre­ce simul­tá­nea­men­te con ésta, pero bajo su domi­na­ción, es una fuer­za nue­va que, depen­dien­te de la bur­gue­sía en un comien­zo, se robus­te­ce poco a poco, lle­ga a ser una cla­se inde­pen­dien­te y que desem­pe­ña el papel diri­gen­te en la his­to­ria, y final­men­te toma el Poder con­vir­tién­do­se en la cla­se domi­nan­te. Enton­ces la socie­dad cam­bia de natu­ra­le­za: la vie­ja socie­dad capi­ta­lis­ta se trans­for­ma en la nue­va socie­dad socia­lis­ta. Este es el camino reco­rri­do ya por la Unión Sovié­ti­ca y que segui­rán for­zo­sa­men­te todos los demás paí­ses.

Vea­mos el caso de Chi­na. El impe­ria­lis­mo ocu­pa la posi­ción prin­ci­pal en la con­tra­dic­ción en que Chi­na se ve redu­ci­da al esta­do de semi­co­lo­nia; opri­me al pue­blo chino, mien­tras Chi­na ha sido con­ver­ti­da de país inde­pen­dien­te en país semi­co­lo­nial. Pero este esta­do de cosas cam­bia­rá inevi­ta­ble­men­te; en la lucha entre las dos par­tes, la fuer­za del pue­blo chino, cre­cien­te bajo la direc­ción del pro­le­ta­ria­do, trans­for­ma­rá inevi­ta­ble­men­te a Chi­na de semi­co­lo­nia en país inde­pen­dien­te, al paso que el impe­ria­lis­mo será derro­ca­do. La vie­ja Chi­na se trans­for­ma­rá inevi­ta­ble­men­te en una nue­va Chi­na.

La trans­for­ma­ción de la vie­ja Chi­na en una nue­va Chi­na entra­ña ade­más, den­tro del país, la trans­for­ma­ción de la rela­ción entre las vie­jas fuer­zas feu­da­les y las nue­vas fuer­zas popu­la­res. La vie­ja cla­se terra­te­nien­te feu­dal será derro­ca­da, de domi­nan­te se con­ver­ti­rá en domi­na­da, y tam­bién se apro­xi­ma­rá gra­dual­men­te a su des­apa­ri­ción. Y el pue­blo, bajo la direc­ción del pro­le­ta­ria­do, pasa­rá de domi­na­do a domi­nan­te. Enton­ces cam­bia­rá la natu­ra­le­za de la socie­dad chi­na: la vie­ja socie­dad, semi­co­lo­nial y semi­feu­dal, se trans­for­ma­rá en una nue­va socie­dad demo­crá­ti­ca.

Trans­for­ma­cio­nes seme­jan­tes se han pro­du­ci­do ya en el pasa­do. La dinas­tía Ching, que gober­nó a Chi­na duran­te casi tres­cien­tos años, fue derri­ba­da en la Revo­lu­ción de 1911, en tan­to que la Keming Tung­meng­jui (Liga Revo­lu­cio­na­ria), diri­gi­da por Sun Yat-sen, que­dó triun­fan­te por algún tiem­po. En la Gue­rra Revo­lu­cio­na­ria de 1924 – 1927, las fuer­zas revo­lu­cio­na­rias de la alian­za entre el Kuo­min­tang y el Par­ti­do Comu­nis­ta en el sur se trans­for­ma­ron de débi­les en fuer­tes y obtu­vie­ron la vic­to­ria en la Expe­di­ción al Nor­te, mien­tras que los cau­di­llos mili­ta­res del nor­te, al comien­zo due­ños de la situa­ción, fue­ron derro­ca­dos. En 1927, las fuer­zas popu­la­res, enca­be­za­das por el Par­ti­do Comu­nis­ta, se vie­ron seria­men­te redu­ci­das bajo los gol­pes de la reac­ción kuo­min­ta­nis­ta; pero, des­pués de eli­mi­nar de sus filas el opor­tu­nis­mo, vol­vie­ron a cre­cer pau­la­ti­na­men­te. En las bases de apo­yo revo­lu­cio­na­rias, que diri­ge el Par­ti­do Comu­nis­ta, los cam­pe­si­nos se han trans­for­ma­do de domi­na­dos en domi­nan­tes, en tan­to que los terra­te­nien­tes han sufri­do la trans­for­ma­ción inver­sa. Siem­pre ocu­rre así en el mun­do: lo nue­vo des­pla­za a lo vie­jo, lo vie­jo es reem­pla­za­do por lo nue­vo, lo vie­jo es eli­mi­na­do para dejar paso a lo nue­vo, lo nue­vo sur­ge de lo vie­jo.

En cier­tos momen­tos de la lucha revo­lu­cio­na­ria, las difi­cul­ta­des pre­va­le­cen sobre las con­di­cio­nes favo­ra­bles y cons­ti­tu­yen, enton­ces, el aspec­to prin­ci­pal de la con­tra­dic­ción, mien­tras las con­di­cio­nes favo­ra­bles cons­ti­tu­yen el aspec­to secun­da­rio. Sin embar­go, los revo­lu­cio­na­rios pue­den, median­te sus esfuer­zos, supe­rar gra­dual­men­te las difi­cul­ta­des y crear una situa­ción nue­va, favo­ra­ble; así, una situa­ción difí­cil cede su lugar a una situa­ción favo­ra­ble. Tal fue el caso des­pués de la derro­ta de la Revo­lu­ción chi­na en 1927 y duran­te la Gran Mar­cha del Ejér­ci­to Rojo de Chi­na. En la actual gue­rra chino-japo­ne­sa, nues­tro país se encuen­tra de nue­vo en una posi­ción difí­cil; pero pode­mos cam­biar este esta­do de cosas y trans­for­mar radi­cal­men­te la situa­ción de Chi­na y la del Japón. A la inver­sa, las con­di­cio­nes favo­ra­bles pue­den trans­for­mar­se en difi­cul­ta­des si los revo­lu­cio­na­rios come­ten erro­res. Así, la vic­to­ria de la Revo­lu­ción de 1924 – 1927 se trans­for­mó en derro­ta. Las bases de apo­yo revo­lu­cio­na­rias que se desa­rro­lla­ron a par­tir de 1927 en las pro­vin­cias del Sur, habían sido todas derro­ta­das hacia 1934.

En el estu­dio, suce­de lo mis­mo con la con­tra­dic­ción en el paso del no saber al saber. Cuan­do comen­za­mos a estu­diar el mar­xis­mo, exis­te una con­tra­dic­ción entre nues­tra igno­ran­cia o esca­sa noción del mar­xis­mo y el cono­ci­mien­to del mar­xis­mo. Pero, a tra­vés de un estu­dio tenaz, pode­mos lle­gar a trans­for­mar esa igno­ran­cia en cono­ci­mien­to, ese cono­ci­mien­to esca­so, en cono­ci­mien­to amplio, y la cegue­ra en la apli­ca­ción del mar­xis­mo, en liber­tad en su apli­ca­ción.

Algu­nos esti­man que no ocu­rre así con cier­tas con­tra­dic­cio­nes. Por ejem­plo, según ellos, en la con­tra­dic­ción entre las fuer­zas pro­duc­ti­vas y las rela­cio­nes de pro­duc­ción, las fuer­zas pro­duc­ti­vas cons­ti­tu­yen el aspec­to prin­ci­pal; en la con­tra­dic­ción entre la prác­ti­ca y la teo­ría, la prác­ti­ca cons­ti­tu­ye el aspec­to prin­ci­pal; en la con­tra­dic­ción entre la base eco­nó­mi­ca y la super­es­truc­tu­ra, la base eco­nó­mi­ca cons­ti­tu­ye el aspec­to prin­ci­pal; y los aspec­tos no cam­bian de posi­ción entre sí. Esta es una con­cep­ción mate­ria­lis­ta meca­ni­cis­ta, y no mate­ria­lis­ta dia­léc­ti­ca. Es ver­dad que las fuer­zas pro­duc­ti­vas, la prác­ti­ca y la base eco­nó­mi­ca desem­pe­ñan por regla gene­ral el papel prin­ci­pal y deci­si­vo; quien nie­gue esto no es mate­ria­lis­ta. Pero hay que admi­tir tam­bién que, bajo cier­tas con­di­cio­nes, las rela­cio­nes de pro­duc­ción, la teo­ría y la super­es­truc­tu­ra desem­pe­ñan, a su vez, el papel prin­ci­pal y deci­si­vo. Cuan­do el desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas se hace impo­si­ble sin un cam­bio de las rela­cio­nes de pro­duc­ción, este cam­bio desem­pe­ña el papel prin­ci­pal y deci­si­vo. La crea­ción y divul­ga­ción de una teo­ría revo­lu­cio­na­ria desem­pe­ña el papel prin­ci­pal y deci­si­vo en deter­mi­na­dos momen­tos, refi­rién­do­se a los cua­les dijo Lenin: «Sin teo­ría revo­lu­cio­na­ria, no pue­de haber tam­po­co movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio»22. Cuan­do hay una tarea por cum­plir (sea la que fue­re), pero se care­ce toda­vía de orien­ta­ción, méto­do, plan o polí­ti­ca, lo prin­ci­pal y deci­si­vo es deter­mi­nar una orien­ta­ción, méto­do, plan o polí­ti­ca. Cuan­do la super­es­truc­tu­ra (polí­ti­ca, cul­tu­ra, etc.) obs­ta­cu­li­za el desa­rro­llo de la base eco­nó­mi­ca, las trans­for­ma­cio­nes polí­ti­cas y cul­tu­ra­les pasan a ser lo prin­ci­pal y deci­si­vo. ¿Esta­mos yen­do en con­tra del mate­ria­lis­mo al afir­mar esto? No. La razón es que, jun­to con reco­no­cer que, en el cur­so gene­ral del desa­rro­llo his­tó­ri­co, lo mate­rial deter­mi­na lo espi­ri­tual y el ser social deter­mi­na la con­cien­cia social, tam­bién reco­no­ce­mos y debe­mos reco­no­cer la reac­ción que a su vez ejer­ce lo espi­ri­tual sobre lo mate­rial, la con­cien­cia social sobre el ser social, y la super­es­truc­tu­ra sobre la base eco­nó­mi­ca. No vamos así en con­tra del mate­ria­lis­mo, sino que evi­ta­mos el mate­ria­lis­mo meca­ni­cis­ta y defen­de­mos fir­me­men­te el mate­ria­lis­mo dia­léc­ti­co.

Al estu­diar la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción, a no ser que exa­mi­ne­mos estas dos cues­tio­nes —las con­tra­dic­cio­nes prin­ci­pal y no prin­ci­pa­les de un pro­ce­so, y los aspec­tos prin­ci­pal y no prin­ci­pal de la con­tra­dic­ción — , es decir, a no ser que exa­mi­ne­mos lo que dis­tin­gue a un tér­mino del otro en cada una de estas dos cues­tio­nes, nos vere­mos empan­ta­na­dos en un estu­dio abs­trac­to, sere­mos inca­pa­ces de com­pren­der con­cre­ta­men­te las con­tra­dic­cio­nes y, por ende, no podre­mos encon­trar el méto­do correc­to para resol­ver­las. Lo dis­tin­ti­vo o lo par­ti­cu­lar en cada una de estas dos cues­tio­nes repre­sen­ta la des­igual­dad de las fuer­zas en con­tra­dic­ción. Nada en el mun­do se desa­rro­lla en for­ma abso­lu­ta­men­te uni­for­me; debe­mos com­ba­tir la teo­ría del desa­rro­llo uni­for­me o teo­ría del equi­li­brio. Más aún, es esta carac­te­rís­ti­ca con­cre­ta de la con­tra­dic­ción y el cam­bio de los aspec­tos prin­ci­pal y no prin­ci­pal de una con­tra­dic­ción en el cur­so de su desa­rro­llo lo que mues­tra la fuer­za de lo nue­vo que reem­pla­za a lo vie­jo. El estu­dio de las dis­tin­tas moda­li­da­des de la des­igual­dad en las con­tra­dic­cio­nes, el estu­dio de la con­tra­dic­ción prin­ci­pal y las no prin­ci­pa­les y de los aspec­tos prin­ci­pal y no prin­ci­pal de la con­tra­dic­ción, es uno de los méto­dos impor­tan­tes que per­mi­ten a un par­ti­do revo­lu­cio­na­rio deter­mi­nar correc­ta­men­te su estra­te­gia y tác­ti­ca en lo polí­ti­co y lo mili­tar; todos los comu­nis­tas deben pres­tar aten­ción a este méto­do.

La iden­ti­dad y la lucha entre los aspec­tos de la con­tra­dic­ción

Des­pués de com­pren­di­das la uni­ver­sa­li­dad y la par­ti­cu­la­ri­dad de la con­tra­dic­ción, debe­mos pro­ce­der al estu­dio de la iden­ti­dad y la lucha entre los aspec­tos de la con­tra­dic­ción.

Iden­ti­dad, uni­dad, coin­ci­den­cia, inter­pe­ne­tra­ción, impreg­na­ción recí­pro­ca, inter­de­pen­den­cia (o mutua depen­den­cia para exis­tir), inter­co­ne­xión o coope­ra­ción; todos estos varia­dos tér­mi­nos sig­ni­fi­can lo mis­mo y se refie­ren a los dos pun­to siguien­tes: pri­me­ro, la exis­ten­cia de cada uno de los dos aspec­tos de una con­tra­dic­ción en el pro­ce­so de desa­rro­llo de una cosa pre­su­po­ne la exis­ten­cia de su con­tra­rio, y ambos aspec­tos coexis­ten en un todo úni­co; segun­do, sobre la base de deter­mi­na­das con­di­cio­nes, cada uno de los dos aspec­tos con­tra­dic­to­rios se trans­for­ma en su con­tra­rio. Esto es lo que se entien­de por iden­ti­dad.

Lenin dijo:

La dia­léc­ti­ca es la doc­tri­na de cómo los con­tra­rios pue­den ser y cómo sue­len ser (cómo devie­nen) idén­ti­cos —en qué con­di­cio­nes pue­den ser idén­ti­cos, con­vir­tién­do­se el uno en el otro — , por qué el enten­di­mien­to humano no debe con­si­de­rar estos con­tra­rios como muer­tos, petri­fi­ca­dos, sino como vivos, con­di­cio­na­les, móvi­les y que se con­vier­ten el uno en el otro»23.

¿Qué sig­ni­fi­can estas pala­bras de Lenin?

En todo pro­ce­so, los aspec­tos de una con­tra­dic­ción se exclu­yen, luchan y se opo­nen entre sí. Los pro­ce­sos de desa­rro­llo de todas las cosas del mun­do y todo pen­sa­mien­to del hom­bre, sin excep­ción, con­tie­nen tales aspec­tos con­tra­dic­to­rios. Un pro­ce­so sim­ple con­tie­ne sola­men­te una pare­ja de con­tra­rios, mien­tras un pro­ce­so com­ple­jo con­tie­ne más de una. Las dife­ren­tes pare­jas de con­tra­rios, a su vez, se hallan en con­tra­dic­ción. Es así como están cons­ti­tui­das todas las cosas del mun­do obje­ti­vo y todo pen­sa­mien­to del hom­bre, y de ahí su movi­mien­to.

Podría pare­cer enton­ces que no hay nin­gu­na iden­ti­dad o uni­dad. En tal caso, ¿cómo se pue­de hablar de iden­ti­dad o uni­dad?

El caso es que nin­guno de los dos aspec­tos con­tra­dic­to­rios pue­de exis­tir inde­pen­dien­te­men­te del otro. Si fal­ta uno de los dos con­tra­rios, fal­ta la con­di­ción para la exis­ten­cia del otro. Pien­sen: de una pare­ja de cosas con­tra­dic­to­rias o de dos con­cep­tos con­tra­dic­to­rios en la con­cien­cia huma­na, ¿pue­de uno de los aspec­tos exis­tir inde­pen­dien­te­men­te? Sin vida no habría muer­te; sin muer­te tam­po­co había vida. Sin «arri­ba» no habría «aba­jo»; sin «aba­jo» tam­po­co habría «arri­ba». Sin des­gra­cia no habría feli­ci­dad; sin feli­ci­dad tam­po­co habría des­gra­cia. Sin faci­li­dad no habría difi­cul­tad; sin difi­cul­tad tam­po­co habría faci­li­dad. Sin terra­te­nien­tes no habría cam­pe­si­nos arren­da­ta­rios; sin cam­pe­si­nos arren­da­ta­rios tam­po­co habría terra­te­nien­tes. Sin bur­gue­sía no habría pro­le­ta­ria­do; sin pro­le­ta­ria­do tam­po­co habría bur­gue­sía. Sin opre­sión nacio­nal por par­te del impe­ria­lis­mo no habría colo­nias ni semi­co­lo­nias; sin colo­nias ni semi­co­lo­nias tam­po­co habría opre­sión nacio­nal por par­te del impe­ria­lis­mo. Así suce­de con todos los con­tra­rios: en vir­tud de deter­mi­na­das con­di­cio­nes, jun­to con opo­ner­se el uno al otro, están inter­co­nec­ta­dos, se impreg­nan recí­pro­ca­men­te, se inter­pe­ne­tran y depen­den el uno del otro; esto es lo que se deno­mi­na iden­ti­dad. Los aspec­tos de toda con­tra­dic­ción se lla­man con­tra­rios por­que, en vir­tud de deter­mi­na­das con­di­cio­nes, exis­te entre ellos no-iden­ti­dad. Pero tam­bién exis­te entre ellos iden­ti­dad, y por eso están inter­co­nec­ta­dos. A esto se refe­ría Lenin cuan­do dijo que la dia­léc­ti­ca estu­dia «cómo los con­tra­rios pue­den […] ser idén­ti­cos». ¿Por qué pue­den ser­lo? Por­que cada uno cons­ti­tu­ye la con­di­ción para la exis­ten­cia del otro. Este es el pri­mer sen­ti­do de la iden­ti­dad.

Pero ¿bas­ta con afir­mar que cada uno de los dos aspec­tos con­tra­dic­to­rios es la con­di­ción para la exis­ten­cia de su opues­to, que hay iden­ti­dad entre uno y otro, y que, por con­si­guien­te, ambos pue­den coexis­tir en un todo úni­co? No, no bas­ta. La cues­tión no se limi­ta a la inter­de­pen­den­cia de los con­tra­rios; más impor­tan­te aún es la trans­for­ma­ción del uno en el otro. Esto sig­ni­fi­ca que, en razón de deter­mi­na­das con­di­cio­nes, cada uno de los aspec­tos con­tra­dic­to­rios de una cosa se trans­for­ma en su con­tra­rio cam­bian­do su posi­ción por la de éste. Tal es el segun­do sen­ti­do de la iden­ti­dad de los con­tra­rios.

¿Por qué exis­te iden­ti­dad aquí tam­bién? Obsér­ve­se cómo, a tra­vés de la revo­lu­ción, el pro­le­ta­ria­do se trans­for­ma de cla­se domi­na­da en cla­se domi­nan­te, en tan­to que la bur­gue­sía, has­ta enton­ces domi­nan­te, se trans­for­ma en domi­na­da. Cam­bian­do cada cual su posi­ción por la que ori­gi­nal­men­te ocu­pa­ba su con­tra­rio. Esto ha teni­do lugar ya en la Unión Sovié­ti­ca, y ocu­rri­rá en todo el mun­do. De no exis­tir, bajo deter­mi­na­das con­di­cio­nes, la inter­co­ne­xión y la iden­ti­dad entre los con­tra­rios, ¿cómo podría pro­du­cir­se seme­jan­te cam­bio?

El Kou­min­tang, que desem­pe­ñó un papel has­ta cier­to pun­to posi­ti­vo en una deter­mi­na­da eta­pa de la his­to­ria con­tem­po­rá­nea de Chi­na, pasó a ser un par­ti­do con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rio en 1927 debi­do a su inhe­ren­te natu­ra­le­za de cla­se y a la seduc­ción por el impe­ria­lis­mo (éstas son las con­di­cio­nes); pero, des­pués se ha vis­to obli­ga­do a acep­tar la resis­ten­cia al Japón debi­do a la agu­di­za­ción de la con­tra­dic­ción entre Chi­na y el Japón y a la polí­ti­ca de fren­te úni­co del Par­ti­do Comu­nis­ta (éstas son las con­di­cio­nes). Los con­tra­rios se trans­for­man el uno en el otro, pues entre ellos exis­te una deter­mi­na­da iden­ti­dad.

Nues­tra revo­lu­ción agra­ria ha sido y será un pro­ce­so en que la cla­se terra­te­nien­te, posee­do­ra de tie­rras, se trans­for­ma en una cla­se que ha per­di­do sus tie­rras, mien­tras los cam­pe­si­nos, antes des­po­ja­dos de sus tie­rras, se trans­for­man en peque­ños pro­pie­ta­rios que han obte­ni­do tie­rras. Debi­do a deter­mi­na­das con­di­cio­nes, poseer y no poseer, obte­ner y per­der, están inter­co­nec­ta­dos; hay iden­ti­dad entre lo uno y lo otro. Bajo el socia­lis­mo, la pro­pie­dad pri­va­da de los cam­pe­si­nos, a su vez, se trans­for­ma en la pro­pie­dad social de la agri­cul­tu­ra socia­lis­ta; esto ya ha ocu­rri­do en la Unión Sovié­ti­ca, y ocu­rri­rá tam­bién en todo el mun­do. Hay un puen­te que con­du­ce de la pro­pie­dad pri­va­da a la pro­pie­dad social; en filo­so­fía, esto se lla­ma iden­ti­dad o trans­for­ma­ción recí­pro­ca o inter­pe­ne­tra­ción.

Con­so­li­dar la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do, o del pue­blo, sig­ni­fi­ca, jus­ta­men­te, pre­pa­rar las con­di­cio­nes para abo­lir dicha dic­ta­du­ra y pasar a una eta­pa más ele­va­da, en la cual no habrá nin­gún tipo de sis­te­ma esta­tal. Fun­dar y desa­rro­llar el Par­ti­do Comu­nis­ta sig­ni­fi­ca, pre­ci­sa­men­te, pre­pa­rar las con­di­cio­nes para la des­apa­ri­ción del Par­ti­do Comu­nis­ta y de todos los par­ti­dos polí­ti­cos. Crear un ejér­ci­to revo­lu­cio­na­rio bajo la direc­ción del Par­ti­do Comu­nis­ta y lle­var ade­lan­te la gue­rra revo­lu­cio­na­ria sig­ni­fi­ca, jus­ta­men­te, pre­pa­rar las con­di­cio­nes para aca­bar para siem­pre con las gue­rras. En cada una de estas pare­jas, los con­tra­rios se sos­tie­nen mutua­men­te.

Como todos saben, la gue­rra y la paz se trans­for­man la una en la otra. La gue­rra se trans­for­ma en paz; por ejem­plo, la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial se trans­for­mó en la paz de la pos­gue­rra, y la gue­rra civil en Chi­na ha cesa­do aho­ra, cedien­do su lugar a la paz inter­na. La paz se trans­for­ma en gue­rra; por ejem­plo, en 1927, la coope­ra­ción entre el Kou­min­tang y el Par­ti­do Comu­nis­ta se trans­for­mó en gue­rra, y la actual situa­ción de paz mun­dial pue­de tam­bién trans­for­mar­se en una segun­da gue­rra mun­dial. ¿Por qué suce­de esto? Por­que en la socie­dad de cla­ses, bajo deter­mi­na­das con­di­cio­nes exis­te iden­ti­dad entre cosas con­tra­rias como la gue­rra y la paz.

Todos los con­tra­rios están inter­co­nec­ta­dos; no sólo coexis­ten en un todo úni­co bajo deter­mi­na­das con­di­cio­nes, sino que, tam­bién bajo deter­mi­na­das con­di­cio­nes, se trans­for­man el uno en el otro; éste es el sig­ni­fi­ca­do inte­gro de la iden­ti­dad de lo con­tra­rios. A esto se refe­ría Lenin al hablar de «cómo los con­tra­rios […] sue­len ser (cómo devie­nen) idén­ti­cos, en qué con­di­cio­nes sue­len ser idén­ti­cos, con­vir­tién­do­se el uno en el otro».

¿Por qué «el enten­di­mien­to humano no debe con­si­de­rar estos con­tra­rios como muer­tos, petri­fi­ca­dos, sino como vivos, con­di­cio­na­les, móvi­les y que se con­vier­ten el uno en el otro»? Por­que pre­ci­sa­men­te así son las cosas obje­ti­vas. El caso es que la uni­dad o iden­ti­dad de los con­tra­rios en las cosas obje­ti­vas no es algo muer­to o petri­fi­ca­do, sino algo vivo, con­di­cio­nal, móvil, tem­po­ral y rela­ti­vo; sobre la base de deter­mi­na­das con­di­cio­nes, cada uno de los aspec­tos de la con­tra­dic­ción se trans­for­ma en su con­tra­rio. Y el refle­jo de esto en el pen­sa­mien­to humano cons­ti­tu­ye la con­cep­ción mar­xis­ta, dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta, del mun­do. Sólo las cla­ses domi­nan­tes reac­cio­na­rias del pasa­do y del pre­sen­te, y la meta­fí­si­ca a su ser­vi­cio, no con­si­de­ran los con­tra­rios como vivos, con­di­cio­na­les, móvi­les y que se con­vier­ten el uno en el otro, sino como muer­tos y petri­fi­ca­dos, y pro­pa­gan esta fala­cia por todas par­tes para enga­ñar a las masas popu­la­res, en el inten­to de per­pe­tuar su domi­na­ción. Es tarea de los comu­nis­tas denun­ciar esta fala­cia de los reac­cio­na­rios y de la meta­fí­si­ca, divul­gar la dia­léc­ti­ca inhe­ren­te a las cosas y ace­le­rar la trans­for­ma­ción de las cosas, a fin de alcan­zar los obje­ti­vos de la revo­lu­ción.

Cuan­do deci­mos que, bajo deter­mi­na­das con­di­cio­nes, exis­te la iden­ti­dad de los con­tra­rios, nos refe­ri­mos a con­tra­rios reales y con­cre­tos, y con­si­de­ra­mos que la trans­for­ma­ción del uno en el otro es igual­men­te real y con­cre­ta. En la mito­lo­gía se habla de innu­me­ra­bles trans­for­ma­cio­nes, por ejem­plo, en los mitos de la carre­ra de Kua Fu tras el Sol en el Libro de las mon­ta­ñas y los mares,2425 del derri­bo de nue­ve soles a fle­cha­zos por Yi, en el Juai Nan Tsi,26 de las seten­ta y dos meta­mor­fo­sis de Sun Wu-kung en Pere­gri­na­ción al Oes­te,27 en los nume­ro­sos epi­so­dios de fan­tas­mas y zorros meta­mor­fo­sea­dos en seres huma­nos en los Cuen­tos extra­ños de Liao­chai,28 etc. Estas trans­for­ma­cio­nes de los con­tra­rios, de las que habla la mito­lo­gía, no son cam­bios con­cre­tos que refle­jan con­tra­dic­cio­nes con­cre­tas, sino trans­for­ma­cio­nes inge­nuas, ima­gi­na­rias, fan­tás­ti­cas, ins­pi­ra­das a los hom­bres por las innu­me­ra­bles y com­ple­jas trans­for­ma­cio­nes reales de los con­tra­rios el uno en el otro. Marx decía: «Toda mito­lo­gía con­quis­ta, domi­na y da for­mas a las fuer­zas de la natu­ra­le­za, en la ima­gi­na­ción y median­te ella, y des­apa­re­ce cuan­do las fuer­zas de la natu­ra­le­za son domi­na­das real­men­te»29. Las innu­me­ra­bles meta­mor­fo­sis en la mito­lo­gía (y tam­bién en los cuen­tos infan­ti­les) delei­tan a la gen­te por­que des­cri­ben ima­gi­na­ti­va­men­te la con­quis­ta de las fuer­zas de la natu­ra­le­za por el hom­bre, y los mejo­res mitos poseen, como seña­ló Marx, «un encan­to eterno», pero los mitos no se crean basán­do­se en situa­cio­nes deter­mi­na­das sur­gi­das de con­tra­dic­cio­nes con­cre­tas y, por lo tan­to, no son un refle­jo cien­tí­fi­co de la reali­dad. Esto sig­ni­fi­ca que en los mitos o en los cuen­tos infan­ti­les exis­te sólo una iden­ti­dad ima­gi­na­ria y no con­cre­ta entre los aspec­tos que cons­ti­tu­yen la con­tra­dic­ción. Es la dia­léc­ti­ca mar­xis­ta la que refle­ja cien­tí­fi­ca­men­te la iden­ti­dad en las trans­for­ma­cio­nes reales.

¿Por qué pue­de un hue­vo, y no una pie­dra, trans­for­mar­se en un pollo? ¿Por qué exis­te iden­ti­dad entre la gue­rra y la paz pero no entre la gue­rra y una pie­dra? ¿Por qué los seres huma­nos son capa­ces de engen­drar sólo seres huma­nos y no otra cosa? La úni­ca razón es que la iden­ti­dad de los con­tra­rios exi­ge deter­mi­na­das con­di­cio­nes nece­sa­rias. En ausen­cia de éstas, no pue­de haber nin­gu­na iden­ti­dad.

¿Por qué en Rusia la revo­lu­ción demo­crá­ti­co-bur­gue­sa de febre­ro de 1917 se ligó direc­ta­men­te a la revo­lu­ción socia­lis­ta pro­le­ta­ria de octu­bre del mis­mo año, mien­tras que en Fran­cia la revo­lu­ción bur­gue­sa no se ligó direc­ta­men­te a una revo­lu­ción socia­lis­ta y la Comu­na de París de 187130 ter­mi­nó en derro­ta? ¿Por qué, en cam­bio, el sis­te­ma nóma­da de Mon­go­lia y Asia Cen­tral empal­mó direc­ta­men­te con el socia­lis­mo? ¿Por qué pue­de la Revo­lu­ción chi­na evi­tar un futu­ro capi­ta­lis­ta y entron­car direc­ta­men­te con el socia­lis­mo, sin seguir el vie­jo camino his­tó­ri­co reco­rri­do por los paí­ses occi­den­ta­les, sin pasar por un perio­do de dic­ta­du­ra bur­gue­sa? Todo esto no se debe sino a las con­di­cio­nes con­cre­tas de la épo­ca. Cuan­do se pre­sen­tan deter­mi­na­das con­di­cio­nes nece­sa­rias, en el pro­ce­so de desa­rro­llo de las cosas sur­gen deter­mi­na­das pare­jas de con­tra­rios, y estos con­tra­rios son inter­de­pen­dien­tes y se trans­for­man el uno en el otro. De no pre­sen­tar­se tales con­di­cio­nes, nada de esto podría suce­der.

Has­ta aquí el pro­ble­ma de la iden­ti­dad. Aho­ra bien, ¿qué es la lucha? ¿Cuál es la rela­ción entre la iden­ti­dad y la lucha?

Lenin seña­la:

La uni­dad (coin­ci­den­cia, iden­ti­dad, equi­va­len­cia) de los con­tra­rios es con­di­cio­nal, tem­po­ral, tran­si­to­ria, rela­ti­va. La lucha de los con­tra­rios, mutua­men­te exclu­yen­tes, es abso­lu­ta, como es abso­lu­to el desa­rro­llo, el movi­mien­to31.

¿Qué sig­ni­fi­can estas pala­bras de Lenin?

Todo pro­ce­so tie­ne comien­zo y fin, todo pro­ce­so se trans­for­ma en su con­tra­rio. La per­ma­nen­cia de todo pro­ce­so es rela­ti­va, en tan­to que la muta­bi­li­dad, mani­fes­ta­da en la trans­for­ma­ción de un pro­ce­so en otro, es abso­lu­ta.

En todas las cosas se pre­sen­tan dos esta­dos de movi­mien­to: el de repo­so rela­ti­vo y el de cam­bio mani­fies­to. Ambos tie­nen su ori­gen en la lucha entre los dos ele­men­tos con­tra­dic­to­rios que con­tie­ne cada cosa. En el pri­mer esta­do de movi­mien­to, la cosa expe­ri­men­ta sólo cam­bios cuan­ti­ta­ti­vos y no cua­li­ta­ti­vos y, en con­se­cuen­cia, pare­ce estar en repo­so. La cosa pasa al segun­do esta­do de movi­mien­to cuan­do los cam­bios cuan­ti­ta­ti­vos pro­du­ci­dos en el pri­mer esta­do alcan­zan ya su pun­to cul­mi­nan­te dan­do ori­gen a la diso­lu­ción de la cosa como todo úni­co, esto es, a un cam­bio cua­li­ta­ti­vo; de este modo apa­re­ce el esta­do de cam­bio mani­fies­to. La uni­dad, la cohe­sión, la unión, la armo­nía, el equi­li­brio, el impas­se, el pun­to muer­to, el repo­so, la per­ma­nen­cia, la uni­for­mi­dad, el aglu­ti­na­mien­to, la atrac­ción, etc., que vemos en la vida dia­ria, son todas mani­fes­ta­cio­nes del esta­do de cam­bio cuan­ti­ta­ti­vo de las cosas. A la inver­sa, la diso­lu­ción del todo úni­co, es decir, la des­truc­ción de esa cohe­sión, unión, armo­nía, equi­li­brio, impas­se, pun­to muer­to, repo­so, per­ma­nen­cia, uni­for­mi­dad, aglu­ti­na­mien­to, atrac­ción, y su trans­for­ma­ción en sus res­pec­ti­vos con­tra­rios, son todas mani­fes­ta­cio­nes del esta­do de cam­bio cua­li­ta­ti­vo de las cosas, es decir, de la trans­for­ma­ción de un pro­ce­so en otro. La cosas cam­bian cons­tan­te­men­te, pasan­do del pri­me­ro al segun­do esta­do; la lucha de los con­tra­rios exis­te en ambos esta­dos, y la con­tra­dic­ción se resuel­ve a tra­vés del segun­do esta­do. Es por esto que la uni­dad de los con­tra­rios es con­di­cio­nal, tem­po­ral y rela­ti­va, en tan­to que la lucha de los con­tra­rios, mutua­men­te exclu­yen­tes, es abso­lu­ta.

Al afir­mar más arri­ba que entre los con­tra­rios exis­te iden­ti­dad y que, por esta razón, ambos pue­den coexis­tir en un todo úni­co y, ade­más, trans­for­mar­se el uno en el otro, nos hemos refe­ri­do a la con­di­cio­na­li­dad; esto es, bajo deter­mi­na­das con­di­cio­nes, dos cosas con­tra­rias pue­den unir­se y trans­for­mar­se la una en la otra; en ausen­cia de tales con­di­cio­nes, no pue­den for­mar una con­tra­dic­ción, no pue­den coexis­tir en un todo úni­co ni trans­for­mar­se la una en la otra. La iden­ti­dad de los con­tra­rios se pro­du­ce sólo a cau­sa de deter­mi­na­das con­di­cio­nes, y por eso deci­mos que es con­di­cio­nal y rela­ti­va. Aho­ra, agre­ga­mos que la lucha entre los con­tra­rios reco­rre los pro­ce­sos des­de el comien­zo has­ta el fin y ori­gi­na la trans­for­ma­ción de un pro­ce­so en otro; la lucha entre los con­tra­rios es omni­pre­sen­te, y por lo tan­to deci­mos que es incon­di­cio­nal y abso­lu­ta.

La com­bi­na­ción entre la iden­ti­dad, con­di­cio­nal y rela­ti­va, y la lucha, incon­di­cio­nal y abso­lu­ta, for­ma el movi­mien­to de los con­tra­rios en todas las cosas.

Los chi­nos acos­tum­bra­mos a decir: «Cosas que se opo­nen, se sos­tie­nen entre sí»32. En otras pala­bras, exis­te iden­ti­dad entre cosas que se opo­nen una a otra. Este dicho es dia­léc­ti­co y con­tra­rio a la meta­fí­si­ca. «Se opo­nen» sig­ni­fi­ca que los dos aspec­tos con­tra­dic­to­rios se exclu­yen mutua­men­te o luchan entre sí. «Se sos­tie­nen entre sí» sig­ni­fi­ca que, bajo deter­mi­na­das con­di­cio­nes, los dos aspec­tos con­tra­dic­to­rios se inter­co­nec­tan y adquie­ren iden­ti­dad. Sin embar­go, la lucha está implí­ci­ta en la iden­ti­dad; sin lucha no hay iden­ti­dad.

En la iden­ti­dad exis­te la lucha, en lo par­ti­cu­lar exis­te lo uni­ver­sal, en lo indi­vi­dual exis­te lo gene­ral. Para citar a Lenin, «en lo rela­ti­vo exis­te lo abso­lu­to»33.

El papel del anta­go­nis­mo en la con­tra­dic­ción

El pro­ble­ma de la lucha de los con­tra­rios inclu­ye la cues­tión de qué es anta­go­nis­mo. Nues­tra res­pues­ta es que el anta­go­nis­mo cons­ti­tu­ye una for­ma, pero no la úni­ca, de la lucha de los con­tra­rios.

En la his­to­ria de la huma­ni­dad exis­te el anta­go­nis­mo de cla­se, que es una mani­fes­ta­ción par­ti­cu­lar de la lucha de los con­tra­rios. Vea­mos la con­tra­dic­ción entre la cla­se explo­ta­do­ra y la cla­se explo­ta­da. En una mis­ma socie­dad, sea la escla­vis­ta, la feu­dal o la capi­ta­lis­ta, estas dos cla­ses con­tra­dic­to­rias coexis­ten por lar­go tiem­po y luchan entre sí; pero sólo al alcan­zar cier­ta eta­pa en su desa­rro­llo, la con­tra­dic­ción entre las dos cla­ses adop­ta la for­ma de anta­go­nis­mo abier­to y se con­vier­te en revo­lu­ción. De igual mane­ra se veri­fi­ca la trans­for­ma­ción de la paz en gue­rra den­tro de la socie­dad de cla­ses.

Antes de esta­llar, una bom­ba es un todo úni­co en el cual los con­tra­rios coexis­ten debi­do a deter­mi­na­das con­di­cio­nes. La explo­sión tie­ne lugar sólo cuan­do se hace pre­sen­te una nue­va con­di­ción: la igni­ción. Aná­lo­ga situa­ción se pre­sen­ta en todos aque­llos fenó­me­nos de la natu­ra­le­za en los que la solu­ción de la vie­ja con­tra­dic­ción y el naci­mien­to de una cosa nue­va se pro­du­cen final­men­te, bajo la for­ma de un con­flic­to abier­to.

Es extre­ma­da­men­te impor­tan­te adqui­rir con­cien­cia de este hecho, pues nos per­mi­te com­pren­der que, en la socie­dad de cla­ses, son inevi­ta­bles las revo­lu­cio­nes y las gue­rras revo­lu­cio­na­rias y que sin ellas es impo­si­ble rea­li­zar sal­tos en el desa­rro­llo social y derro­car a las cla­ses domi­nan­tes reac­cio­na­rias, y, por lo tan­to, es impo­si­ble que el pue­blo con­quis­te el poder. Los comu­nis­tas deben denun­ciar la enga­ño­sa pro­pa­gan­da de los reac­cio­na­rios, quie­nes afir­man, entre otras cosas, que la revo­lu­ción social es inne­ce­sa­ria e impo­si­ble; deben per­se­ve­rar fir­me­men­te en la teo­ría mar­xis­ta-leni­nis­ta de la revo­lu­ción social y ayu­dar al pue­blo a com­pren­der que la revo­lu­ción no sólo es abso­lu­ta­men­te nece­sa­ria, sino tam­bién ente­ra­men­te posi­ble, y que esta ver­dad cien­tí­fi­ca ha sido con­fir­ma­da ya por toda la his­to­ria de la huma­ni­dad y por el triun­fo en la Unión Sovié­ti­ca.

Sin embar­go, debe­mos estu­diar con­cre­ta­men­te la situa­ción de cada lucha de con­tra­rios y no apli­car impro­pia­men­te y a todas las cosas la fór­mu­la arri­ba men­cio­na­da. La con­tra­dic­ción y la lucha son uni­ver­sa­les y abso­lu­tas, pero los méto­dos para resol­ver las con­tra­dic­cio­nes, esto es, las for­mas de lucha, varían según el carác­ter de las con­tra­dic­cio­nes. Algu­nas con­tra­dic­cio­nes tie­nen un carác­ter anta­gó­ni­co abier­to, mien­tras que otras no. Siguien­do el desa­rro­llo con­cre­to de las cosas, algu­nas con­tra­dic­cio­nes ori­gi­nal­men­te no anta­gó­ni­cas, se trans­for­man en anta­gó­ni­cas, en tan­to que otras, ori­gi­nal­men­te anta­gó­ni­cas, se trans­for­man en no anta­gó­ni­cas.

Como ya lo hemos seña­la­do, mien­tras exis­tan las cla­ses, las con­tra­dic­cio­nes entre las ideas correc­tas e inco­rrec­tas den­tro del Par­ti­do Comu­nis­ta son un refle­jo, en su seno, de las con­tra­dic­cio­nes de cla­se. Al comien­zo o en algu­nos pro­ble­mas, tales con­tra­dic­cio­nes pue­den no mani­fes­tar­se inme­dia­ta­men­te como anta­gó­ni­cas. Pero, a medi­da que se des­en­vuel­ve la lucha de cla­ses, pue­den lle­gar a trans­for­mar­se en anta­gó­ni­cas. La his­to­ria del Par­ti­do Comu­nis­ta de la Unión Sovié­ti­ca nos ense­ña que la con­tra­dic­ción entre las ideas correc­tas de Lenin y Sta­lin y las erró­neas ideas de Trotsky, Buja­rin y otros no se mani­fes­tó como anta­gó­ni­ca al prin­ci­pio, pero pos­te­rior­men­te se desa­rro­lló has­ta con­ver­tir­se en anta­gó­ni­ca. Casos simi­la­res se han dado en la his­to­ria del Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na. La con­tra­dic­ción entre las ideas correc­tas de muchos de nues­tros cama­ra­das del Par­ti­do y las erró­neas ideas de Chen Tu-siu, Chang Kou-tao y otros, tam­po­co se mani­fes­tó en un comien­zo como anta­gó­ni­ca, pero pos­te­rior­men­te se desa­rro­lló y se con­vir­tió en anta­gó­ni­ca. Actual­men­te, la con­tra­dic­ción entre las ideas correc­tas y las inco­rrec­tas en nues­tro Par­ti­do no se mani­fies­ta como anta­gó­ni­ca y, si los cama­ra­das que han come­ti­do erro­res son capa­ces de corre­gir­los, no lle­ga­rá a con­ver­tir­se en anta­gó­ni­ca. En vis­ta de ello, el Par­ti­do debe lle­var a cabo, por un lado, una seria lucha con­tra las ideas erró­neas y, por el otro, dar a los cama­ra­das que han come­ti­do erro­res ple­na opor­tu­ni­dad para que adquie­ran con­cien­cia. En estas cir­cuns­tan­cias, una lucha exce­si­va es obvia­men­te inade­cua­da. Pero, si aque­llos que han come­ti­do erro­res per­sis­ten en ellos y los agra­van, habrá posi­bi­li­dad de que esta con­tra­dic­ción des­em­bo­que en anta­go­nis­mo.

En lo eco­nó­mi­co, la con­tra­dic­ción entre la ciu­dad y el cam­po es extre­ma­da­men­te anta­gó­ni­ca, tan­to en la socie­dad capi­ta­lis­ta (don­de la ciu­dad domi­na­da por la bur­gue­sía saquea impla­ca­ble­men­te al cam­po) como en las zonas con­tro­la­das por el Kou­min­tang en Chi­na (don­de la ciu­dad domi­na­da por el impe­ria­lis­mo extran­je­ro y la gran bur­gue­sía com­pra­do­ra chi­na saquea al cam­po con extre­ma­da fero­ci­dad). Pero en un país socia­lis­ta y en nues­tras bases de apo­yo revo­lu­cio­na­rias, esta con­tra­dic­ción anta­gó­ni­ca se ha trans­for­ma­do en no anta­gó­ni­ca, y des­apa­re­ce­rá con la lle­ga­da de la socie­dad comu­nis­ta.

Lenin dijo: «El anta­go­nis­mo y la con­tra­dic­ción no son en abso­lu­to una y la mis­ma cosa. Bajo el socia­lis­mo, des­apa­re­ce­rá el pri­me­ro, sub­sis­ti­rá la segun­da»34. Esto sig­ni­fi­ca que el anta­go­nis­mo es una for­ma, pero no la úni­ca, de la lucha de los con­tra­rios; no se pue­de apli­car esta for­mu­la de mane­ra mecá­ni­ca y en todas par­tes.

Con­clu­sión

Diga­mos aho­ra algu­nas pala­bras a modo de resu­men. La ley de la con­tra­dic­ción en las cosas, esto es, la ley de la uni­dad de los con­tra­rios, es la ley fun­da­men­tal de la natu­ra­le­za y la socie­dad y, por con­si­guien­te, tam­bién la ley fun­da­men­tal del pen­sa­mien­to. Esta ley se opo­ne a la con­cep­ción meta­fí­si­ca del mun­do. Su des­cu­bri­mien­to repre­sen­tó una gran revo­lu­ción en la his­to­ria del cono­ci­mien­to humano. Según el mate­ria­lis­mo dia­léc­ti­co, la con­tra­dic­ción exis­te en todos los pro­ce­sos de las cosas obje­ti­vas y del pen­sa­mien­to sub­je­ti­vo, y los reco­rre des­de el comien­zo has­ta el fin; esto cons­ti­tu­ye la uni­ver­sa­li­dad o carác­ter abso­lu­to de la con­tra­dic­ción. Cada con­tra­dic­ción y cada uno de sus dos aspec­tos tie­nen sus res­pec­ti­vas carac­te­rís­ti­cas; esto cons­ti­tu­ye la par­ti­cu­la­ri­dad o rela­ti­vi­dad de la con­tra­dic­ción. Sobre la base de deter­mi­na­das con­di­cio­nes, entre cosas con­tra­rias exis­te iden­ti­dad y, por lo tan­to, ambas pue­den coexis­tir en un todo úni­co y trans­for­mar­se la una en la otra; esto tam­bién cons­ti­tu­ye la par­ti­cu­la­ri­dad o rela­ti­vi­dad de la con­tra­dic­ción. Pero la lucha de los con­tra­rios es inin­te­rrum­pi­da, y está pre­sen­te tan­to cuan­do los con­tra­rios coexis­ten como cuan­do se trans­for­man el uno en el otro; espe­cial­men­te en el últi­mo caso la lucha se mani­fies­ta de una mane­ra más evi­den­te; esto tam­bién cons­ti­tu­ye la uni­ver­sa­li­dad o carác­ter abso­lu­to de la con­tra­dic­ción. Al estu­diar la par­ti­cu­la­ri­dad o rela­ti­vi­dad de la con­tra­dic­ción, debe­mos pres­tar aten­ción a dis­tin­guir entre la con­tra­dic­ción prin­ci­pal y las con­tra­dic­cio­nes no prin­ci­pa­les, así como entre el aspec­to prin­ci­pal y el aspec­to no prin­ci­pal de la con­tra­dic­ción; al estu­diar la uni­ver­sa­li­dad de la con­tra­dic­ción y la lucha de los con­tra­rios, debe­mos pres­tar aten­ción a dis­tin­guir entre las dife­ren­tes for­mas de lucha. De otro modo, come­te­re­mos erro­res. Si, median­te el estu­dio, lle­ga­mos a com­pren­der real­men­te las tesis esen­cia­les expues­tas más arri­ba, podre­mos des­truir el pen­sa­mien­to dog­má­ti­co, opues­to a los prin­ci­pios fun­da­men­ta­les del mar­xis­mo-leni­nis­mo y per­ju­di­cial para nues­tra cau­sa revo­lu­cio­na­ria, y los cama­ra­das que tie­nen expe­rien­cia esta­rán en con­di­cio­nes de sis­te­ma­ti­zar­la y ele­var­la a la cate­go­ría de prin­ci­pios y evi­tar la repe­ti­ción de los erro­res de empi­ris­mo. Tal es, en pocas pala­bras, la con­clu­sión a que nos con­du­ce el estu­dio de la ley de la con­tra­dic­ción.

Agos­to de 1937

  1. V. I. Lenin: Resu­men del libro de Hegel Lec­cio­nes de his­to­ria de la filo­so­fía (1915), notas sobre «La escue­la eleá­ti­ca», Lec­cio­nes de his­to­ria de la filo­so­fía de Hegel, vol. I.
  2. En su escri­to En torno a la cues­tión de la dia­léc­ti­ca (1915), Lenin dice: «El des­do­bla­mien­to de un todo y el cono­ci­mien­to de sus par­tes con­tra­dic­to­rias […] es la esen­cia […] de la dia­léc­ti­ca». En su Resu­men del libro de Hegel Cien­cia de la lógi­ca (sep­tiem­bre-diciem­bre de 1914), notas sobre «La idea», Cien­cia de la lógi­ca de Hegel, libro ter­ce­ro, ter­ce­ra sec­ción, dice tam­bién: «En una pala­bra, la dia­léc­ti­ca pue­de ser defi­ni­da como la doc­tri­na acer­ca de la uni­dad de los con­tra­rios. Esto aprehen­de el núcleo de la dia­léc­ti­ca, pero exi­ge expli­ca­cio­nes y desa­rro­llo».
  3. A. M. Debo­rin (1881−1963), filó­so­fo sovié­ti­co y miem­bro de la Aca­de­mia de Cien­cias de la URSS. En 1930, los círcu­los filo­só­fi­cos sovié­ti­cos ini­cia­ron una crí­ti­ca a la escue­la de Debo­rin y seña­la­ron que los par­ti­da­rios de esta escue­la come­tie­ron erro­res de carác­ter idea­lis­ta al sepa­rar la teo­ría de la prác­ti­ca y la filo­so­fía de la polí­ti­ca.
  4. V. I. Lenin: En torno a la cuess­tión de la dia­léc­ti­ca.
  5. Pala­bra de Tung Chung-chu (179−104 a.n.e.), céle­bre expo­nen­te del con­fu­cio­nis­mo duran­te la dinas­tía Jan. Una vez Tung dijo al empe­ra­dor Wuti: «El Tao se ori­gi­na en el cie­lo. El cie­lo no cam­bia y el Tao tam­po­co». «Tao», tér­mino común­men­te usa­do por los filó­so­fos chi­nos de la Anti­güe­dad, sig­ni­fi­ca «camino», «razón» y tam­bién «ley».
  6. F. Engels: Anti-Düh­ring (1877−1878), pri­me­ra sec­ción, XII, «Dia­léc­ti­ca. Can­ti­dad y cali­dad».
  7. V. I. Lenin: En torno a la cues­tión dia­léc­ti­ca.
  8. F. Engels: Anti-Düh­ring, pri­me­ra sec­ción, XII, «Dia­léc­ti­ca. Can­ti­dad y cali­dad.
  9. V. I. Lenin: En torno a la cues­tión de la dia­léc­ti­ca.
  10. Buja­rin (1888−1938), par­ti­ci­pó acti­va­men­te en la Revo­lu­ción bol­che­vi­que, debi­do a su opo­si­ción a Sta­lin fue expul­sa­do del Par­ti­do en 1937, dete­ni­do y eje­cu­ta­do en 1938. Lo que aquí cri­ti­ca Mao Zedong es uno de los pun­tos de vis­ta erró­neos sos­te­ni­dos por Buja­rin duran­te lar­go tiem­po, que resi­de en encu­brir las con­tra­dic­cio­nes de cla­se y sus­ti­tuir la lucha de cla­ses por la cola­bo­ra­ción de cla­ses. En los años 1928 – 1929, cuan­do la Unión Sovié­ti­ca se pro­po­nía rea­li­zar la colec­ti­vi­za­ción com­ple­ta de la agri­cul­tu­ra, Buja­rin plan­teó toda­vía más des­ca­ra­da­men­te este pun­to de vis­ta erró­neo a fin de ocul­tar las con­tra­dic­cio­nes de cla­se entre los kulaks por un lado y, los cam­pe­si­nos pobres y medios por el otro, opo­nién­do­se así a la lucha resuel­ta con­tra los kulaks. Ade­más sos­tu­vo de mane­ra absur­da que la cla­se obre­ra podía for­mar una alian­za con los kulaks y que éstos podían «inte­grar­se pací­fi­ca­men­te en el socia­lis­mo».
  11. V. I. Lenin: En torno a la cues­tión de la dia­léc­ti­ca.
  12. Véa­se V. I. Lenin, Comu­nis­mo (12 de junio de 1920), en el que, al cri­ti­car a Bela Kun, diri­gen­te del Par­ti­do Comu­nis­ta de Hun­gría, Lenin dice que éste «olvi­da lo que es la esen­cia mis­ma, el alma viva del mar­xis­mo: el aná­li­sis con­cre­to de la situa­ción con­cre­ta».
  13. Sun Tsi: Plan de ata­que.
  14. Wei Cheng (580−643), esta­dis­ta e his­to­ria­dor de la dinas­tía Tang.
  15. Famo­sa nove­la chi­na que des­cri­be una gue­rra cam­pe­si­na ocu­rri­da a fina­les de la dinas­tía Sung del Nor­te. Sung Chiang es uno de los pro­ta­go­nis­tas de la nove­la. La aldea de Chu, bajo la domi­na­ción de un terra­te­nien­te des­pó­ti­co lla­ma­do Chu Chao-feng, esta­ba cer­ca de Liang-shan­po, base de apo­yo de esa gue­rra cam­pe­si­na.
  16. V. I. Lenin: Una vez más sobre los sin­di­ca­tos, el momen­to actual y los erro­res de Trotsky y Buja­rin (enero de 1921).
  17. Las cua­tro pro­vin­cias del nor­des­te eran enton­ces Liao­ning, Chi­lin, Jei­lung­chiang y Yejé, que corres­pon­den a las actua­les pro­vin­cias de Liao­ning, Chi­lin y Jei­lung­chiang más la par­te nor­des­te de Jopei situa­da al nor­te de la Gran Mura­lla. Des­pués del Inci­den­te del 18 de sep­tiem­bre de 1931, los inva­so­res japo­ne­ses se apo­de­ra­ron pri­me­ro de Liao­ning, Chi­lin y Jei­lung­chiang y más tar­de, en 1933, ocu­pa­ron Yejé.
  18. Bajo la influen­cia del Ejér­ci­to Rojo de Chi­na y del movi­mien­to popu­lar anti­ja­po­nés, el Ejér­ci­to del Nor­des­te del Kuo­min­tang al man­do de Chang Süe-liang y el XVII Ejér­ci­to del Kuo­min­tang al man­do de Yang Ju-cheng apo­ya­ron la polí­ti­ca del Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na de esta­ble­cer un fren­te úni­co nacio­nal anti­ja­po­nés y exi­gie­ron a Chiang Kai-shek que se alia­ra con el Par­ti­do Comu­nis­ta para hacer fren­te a Japón. Chiang Kai-shek no sólo recha­zó esta exi­gen­cia, sino que, yen­do con­tra la corrien­te, se mos­tró más acti­vo en sus pre­pa­ra­ti­vos mili­ta­res para el «exter­mi­nio de los comu­nis­tas» y empren­dió la repre­sión con­tra el movi­mien­to anti­ja­po­nés estu­dian­til en Sían. El 12 de diciem­bre de 1936, Chang Süe-liang y Yang Ju-cheng des­en­ca­de­na­ron el inci­den­te de Sían, arres­tan­do a Chiang Kai-shek. Des­pués del Inci­den­te, el Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na expre­só su fir­me apo­yo a Chang y Yang por sus accio­nes patrió­ti­cas y, al mis­mo tiem­po, se pro­nun­ció por una solu­ción del Inci­den­te sobre la base de la uni­dad con­tra el Japón. El 25 de diciem­bre Chiang Kai-shek fue obli­ga­do a acep­tar la exi­gen­cia de aliar­se con el Par­ti­do Comu­nis­ta para resis­tir al Japón y fue enton­ces pues­to en liber­tad y vol­vió a Nan­kin.
  19. Por algún tiem­po pro­fe­sor de la Uni­ver­si­dad de Pekin, se hizo famo­so como redac­tor en jefe de la revis­ta Nue­va Juven­tud. Fue uno de los fun­da­do­res del Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na y, debi­do a su renom­bre en la épo­ca del Movi­mien­to del 4 de Mayo y a la inma­du­rez del Par­ti­do en sus pri­me­ros años, lle­gó a ser su secre­ta­rio gene­ral. En el últi­mo perio­do de la Revo­lu­ción de 1924 – 1927, las ideas de dere­cha den­tro del Par­ti­do, repre­sen­ta­das por Chen Tu-siu, se con­vir­tie­ron en línea capi­tu­la­cio­nis­ta. Los capi­tu­la­cio­nis­tas de ese tiem­po «renun­cia­ron volun­ta­ria­men­te a la direc­ción de las masas cam­pe­si­nas, de la peque­ña bur­gue­sía urba­na y la bur­gue­sía media y, en par­ti­cu­lar, de las fuer­zas arma­das, cau­san­do así la derro­ta de la Revo­lu­ción» (La situa­ción actual y nues­tras tareas, Obra Esco­gi­das de Mao Tse-tung, t. IV). Des­pués de la derro­ta de la Revo­lu­ción de 1927, Chen Tu-siu y un puña­do de otros capi­tu­la­cio­nis­tas se vol­vie­ron pesi­mis­ta, per­die­ron la fe en el futu­ro de la revo­lu­ción y caye­ron en el liqui­da­cio­nis­mo. Adop­ta­ron la posi­ción reac­cio­na­ria de los trots­kis­tas y, jun­to con ellos, for­ma­ron un peque­ño gru­po anti­par­ti­do. En con­se­cuen­cia, Chen Tu-siu fue expul­sa­do del Par­ti­do en noviem­bre de 1929. Murió en 1942. Con refe­ren­cia al opor­tu­nis­mo de dere­cha de Chen Tu-siu, véan­se las notas pre­li­mi­na­res a Aná­li­sis de las cla­ses de la socie­dad chi­naInfor­me sobre una inves­ti­ga­ción del movi­mien­to cam­pe­sino en Junán, Obras Esco­gi­das de Mao Tse-tung, t. II.
  20. Duran­te varios dece­nios, des­de fines del siglo XVIII, Ingla­te­rra impu­so a Chi­na un trá­fi­co de opio cada vez en mayor can­ti­dad. Por medio de la impor­ta­ción del opio, que enve­ne­nó terri­ble­men­te al pue­blo chino, se lle­vó gran can­ti­dad de pla­ta. En 1840, ante la opo­si­ción del pue­blo chino a su trá­fi­co de opio, el gobierno inglés, bajo el pre­tex­to de pro­te­ger el comer­cio, envió tro­pas a inva­dir a Chi­na. Las tro­pas chi­nas man­tu­vie­ron una gue­rra de resis­ten­cia bajo el man­do de Ling-Tse-sü. Los ciu­da­da­nos de Kuang­chou orga­ni­za­ron espon­tá­nea­men­te el «Regi­mien­to con­tra los ingle­ses» y ases­ta­ron duros gol­pes a los agre­so­res bri­tá­ni­cos. En 1842, el corrom­pi­do gobierno de la dinas­tía Ching y los inva­so­res ingle­ses lle­ga­ron a fir­mar el «Tra­ta­do de Nan­kin», según el cual Chi­na ave­nía a ceder a Ingla­te­rra Hong-kong; a pagar indem­ni­za­ción; a abrir como puer­tos comer­cia­les Shan­gai, Fuchou, Amoy, Ning­po y Kuang­chou; y a deter­mi­nar, por ambas par­tes, Chi­na e Ingla­te­rra, las tari­fas adua­ne­ras de las mer­can­cías ingle­sas envia­das a Chi­na.
  21. Esta gue­rra se pro­du­jo a con­se­cuen­cia de la agre­sión del Japón a Corea y de sus pro­vo­ca­cio­nes con­tra las fuer­zas terres­tres y marí­ti­mas de Chi­na. En ella, las fuer­zas arma­das chi­nas com­ba­tie­ron con valen­tía, pero Chi­na fue derro­ta­da a cau­sa de la corrup­ción rei­nan­te en el gobierno de la dinas­tía Ching y de la fal­ta de pre­pa­ra­ción para una deci­di­da resis­ten­cia a la agre­sión. Como resul­ta­do, el gobierno de la dinas­tía Ching con­clu­yó con el Japón, el ver­gon­zo­sa Tra­ta­do de Shi­mo­no­se­ki.
  22. V. I. Lenin: ¿Qué hacer? (oto­ño de 1901-febre­ro de 1902), I, d.
  23. V. I. Lenin: Resu­men del libro de Hegel Cien­cia de la lógi­ca, notas sobre «Deter­mi­na­ción (cua­li­dad), Cien­cia de la lógi­ca de Hegel, libro pri­me­ro, pri­me­ra sec­ción.
  24. Libro escri­to duran­te la Era de los Rei­nos Com­ba­tien­tes (403−221 a.n.e.). En una de sus leyen­das se rela­ta que Kua Fu, un ser sobre­na­tu­ral, corrió en per­se­cu­ción del Sol. Pero murió de sed en el camino. El bácu­lo que lle­va­ba se trans­for­mó en un bos­que.
  25. Libro escri­to duran­te la Era de los Rei­nos Com­ba­tien­tes (403−221 a.n.e.). En una de sus leyen­das se rela­ta que Kua Fu, un ser sobre­na­tu­ral, corrió en per­se­cu­ción del Sol. Pero murió de sed en el camino. El bácu­lo que lle­va­ba se trans­for­mó en un bos­que.
  26. Yi es el héroe de una anti­gua leyen­da chi­na, famo­so por su des­tre­za en el mane­jo del arco. Según una leyen­da con­ta­da en el Juai Nan Tsi, obra com­pi­la­da en el siglo II a.n.e., había en tiem­pos del empe­ra­dor Yao, diez soles en el cie­lo. Para aca­bar con los daños cau­sa­dos a la vege­ta­ción por los abra­sa­do­res rayos de los astros, Yao orde­nó a Yi que derri­ba­ra los soles. Otra leyen­da, regis­tra­da por Wang Yi (siglo II), cuen­ta que el arque­ro derri­bó nue­ve de los diez soles.
  27. Nove­la mito­ló­gi­ca escri­ta en el siglo XVI. Sun Wu-kung, el Rey Mono, es valien­te e inge­nio­so y está dota­do del poder mági­co de adqui­rir a volun­tad seten­ta y dos for­mas dife­ren­tes, tales como pája­ro, bes­tia, plan­ta, etc.
  28. Famo­sa colec­ción de cuen­tos fan­tás­ti­cos, redac­ta­dos por Pu Sung-ling en el siglo XVII. Cons­ta en total de 431 cuen­tos que en su mayo­ría hablan de hadas, fan­tas­mas y zorros.
  29. K. Marx: Intro­duc­ción a la crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca (1857−1858), Con­tri­bu­ción a la crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca.
  30. Pri­mer poder del pro­le­ta­ria­do ins­ta­la­do en la his­to­ria mun­dial. El 18 de mar­zo de 1871, el pro­le­ta­ria­do de Fran­cia se suble­vó en París y con­quis­tó el poder. El 28 del mis­mo mes, se fun­dó, median­te elec­cio­nes, la Comu­na de París diri­gi­da por el pro­le­ta­ria­do, que cons­ti­tu­ye la pri­me­ra ten­ta­ti­va para des­truir la máqui­na esta­tal bur­gue­sa median­te la revo­lu­ción pro­le­ta­ria y una gran ini­cia­ti­va para sus­ti­tuir el poder bur­gués derro­ca­do por el Poder pro­le­ta­rio. Debi­do a su fal­ta de madu­rez en aquel momen­to, el pro­le­ta­ria­do fran­cés no pres­tó aten­ción a la uni­dad con sus alia­dos, las gran­des masas cam­pe­si­nas, tra­tó con exce­si­va indul­gen­cia a los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios y no lan­za­ron opor­tu­na y resuel­ta­men­te ata­ques mili­ta­res con­tra éstos. Todo esto per­mi­tió que la con­tra­rre­vo­lu­ción reagru­pa­ra sose­ga­da­men­te sus fuer­zas dis­per­sas y pasa­ra de nue­vo a la ofen­si­va, y per­pe­tra­ra una sal­va­je matan­za con­tra las masas rebel­des. El 28 de mayo la Comu­na que­dó derro­ta­da.
  31. V. I. Lenin: En torno a la cues­tión de la dia­léc­ti­ca.
  32. Esta fra­se apa­re­ció por pri­me­ra vez en la His­to­ria de la pri­me­ra dinas­tía Jan, escri­ta por Pan Ku, céle­bre his­to­ria­dor del siglo I, y ha sido siem­pre un dicho popu­lar.
  33. V. I. Lenin: En torno a la cues­tión de la dia­léc­ti­ca.
  34. V. I. Lenin: Obser­va­cio­nes crí­ti­cas sobre el libro de Buja­rin Eco­no­mía del perio­do de tran­si­ción (mayo de 1920).

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Share on facebook
Share on Facebook
Share on twitter
Share on Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *