El fas­cis­mo ita­liano

Al tra­tar del fas­cis­mo, lo pri­me­ro que se impo­ne es pre­ci­sar la sig­ni­fi­ca­ción del voca­blo. Con fre­cuen­cia, es erró­nea­men­te con­si­de­ra­do como fas­cis­ta todo gobierno bur­gués que pres­cin­de, como tal, de las ins­ti­tu­cio­nes demo­crá­ti­cas y se dis­tin­gue por su polí­ti­ca repre­si­va. Si esta apre­cia­ción fue­se jus­ta, habría que con­si­de­rar como fas­cis­tas, por ejem­plo, al zaris­mo ruso, la dic­ta­du­ra de Por­fi­rio Díaz en Méji­co antes de la gue­rra, la dic­ta­du­ra que rei­na en Yugos­la­via o la de pri­mo de Rive­ra, que aca­ba de hun­dir­se tan poco glo­rio­sa­men­te en Espa­ña. Es evi­den­te que la apli­ca­ción de méto­dos dic­ta­to­ria­les y repre­si­vos no cons­ti­tu­ye el úni­co ras­go carac­te­rís­ti­co del fas­cis­mo.

Inten­ta­re­mos resu­mir, en una for­ma con­ci­sa, las cau­sas y las pecu­lia­ri­da­des de este movi­mien­to.

A nues­tro jui­cio, sus cau­sas fun­da­men­ta­les son las siguien­tes:

  1. el des­en­can­to pro­du­ci­do por los resul­ta­dos de la gue­rra;
  2. la incon­sis­ten­cia de las rela­cio­nes capi­ta­lis­tas y la nece­si­dad de con­so­li­dar­las por medios dic­ta­to­ria­les;
  3. la ame­na­za o el fra­ca­so de la revo­lu­ción pro­le­ta­ria;
  4. la exis­ten­cia de un gran núme­ro de ele­men­tos socia­les déclas­sés;
  5. el des­con­ten­to y la des­ilu­sión de la peque­ña bur­gue­sía

¿Cuá­les son los ras­gos carac­te­rís­ti­cos del movi­mien­to?

  1. el pro­pó­si­to deci­di­do de con­so­li­dar el pre­do­mi­nio del gran capi­tal;
  2. el aban­dono y menos­pre­cio de las ins­ti­tu­cio­nes demo­crá­ti­cas y su sus­ti­tu­ción por méto­dos neta­men­te dic­ta­to­ria­les;
  3. la repre­sión encar­ni­za­da con­tra el pro­le­ta­ria­do (des­truc­ción de las orga­ni­za­cio­nes obre­ras por recur­sos ple­be­yos, según la acer­ta­da expre­sión de Trotsky, medi­das de extre­ma vio­len­cia, sin dete­ner­se ante la des­truc­ción físi­ca, con­tra los mili­tan­tes obre­ros, supre­sión de las mejo­ras con­quis­ta­das para la cla­se tra­ba­ja­do­ra, esta­ble­ci­mien­to de un régi­men de escla­vi­tud en las fabri­cas, etc.);
  4. la uti­li­za­ción, como base del movi­mien­to, de la peque­ña bur­gue­sía urba­na y rural y de los ele­men­tos déclas­sés (espe­cial­men­te de los ex-ofi­cia­les del ejér­ci­to regre­sa­dos del fren­te);
  5. una polí­ti­ca exte­rior de expan­sión impe­ria­lis­ta

Este aná­li­sis esque­má­ti­co no se basa en con­si­de­ra­cio­nes aprio­rís­ti­cas, como los jui­cios del Sr. Cam­bó, sino en el estu­dio de la expe­rien­cia del movi­mien­to fas­cis­ta no solo en Ita­lia, sino tam­bién en Ale­ma­nia, Polo­nia, Aus­tria, Che­cos­lo­va­quia, etc. El examen más deta­lla­do del fas­cis­mo ita­liano nos demos­tra­rá la jus­te­za de nues­tro aná­li­sis.

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